miércoles, 29 de agosto de 2012

"Los pilares de la Tierra": Un desenfadado culebrón medieval.

Estos créditos te dicen que vas a ver algo imponente.
Con más de un año de retraso llegó a las pantallas de Latinoamérica la miniserie "Los pilares de la Tierra", ya que debimos esperar hasta finales del 2011 por una serie estrenada a mediados del 2010 en Starz. Y acá en la Guillermocracia la estamos presentando en el segundo semestre de 2012, para no romper la tendencia. La miniserie está basada en la mastodóntica novela de Ken Follett, novelista conocido anteriormente por sus éxitos en el thriller de espías, y que con este tocho se desencasilló del género para adentrarse en el culebrón histórico. Como no he leído la novela, me veo forzado a referirme a la serie ayuno de otras referencias. Ya me comentarán quienes hayan leído la novela original.

La miniserie de ocho capítulos gira en torno a dos ejes narrativos. Uno de ellos es la guerra de sucesión desatada en la Inglaterra del siglo XII, y que llevará a la entronización de Enrique II de Inglaterra. Sí, dije cómo terminaba, pero así como a la Academia de Platón no debía entrar nadie que no supiera Geometría, a la Guillermocracia no debería entrar nadie que no sepa de Historia. Además, Enrique II o más precisamente su madre la princesa Maud son "los buenos", así es que por ese lado tampoco es la gran revelación. El otro eje narrativo es la construcción de una catedral en la ficticia aldea de Kingsbridge; en la realidad, la edificación usada es la Catedral de Salisbury, por si a alguien le interesa el dato.

Que no se note pobreza contratando una cantidad de actores principales.

Alrededor de estos eventos se entrecruzan las vidas de un numeroso pelotón de personajes relacionados de las maneras más revueltas posibles. Simplificando por afán de brevedad, podemos clasificar fácilmente a los personajes en los héroes y los villanos. La serie no se esfuerza demasiado por cosas como la psicología y la caracterización, y recurre a los clichés estándares del género: los buenos son nobles, generosos, idealistas, y aman tanto el arte, arquitectónico en este caso, como a Dios. Los malos por su parte son egoístas, zafios, ruines, intrigantes, y se entretienen haciéndole imposible la vida a los buenos un poco porque sí, porque son los buenos y suponemos que el mal siempre odia al bien.

Entre los héroes tenemos a Tom Builder el arquitecto que planifica la catedral, a Jack su aprendiz que llena las suelas de genio atormentado, a Elaine que es la madre de Jack y tiene reputación de bruja, al padre Philip que es el encargado de la abadía de Kingsbridge y que debe moverse entre un mar de intrigas para conseguir que se construya la catedral, y a Aliena que es la hija de un caballero desheredado que se transforma en una pionera del mundo de los negocios burgueses de la Edad Media. Elaine y Tom se emparejarán y verán su amor turbado por los villanos, mientras que Jack y Aliena se atraerán, pero verán su amor turbado por los villanos. No necesito insistir en la palabra "fórmula" aquí.

Hay que ser caradura para promocionar a Donald Sutherland como uno de los principales protagonistas, considerando lo poco que aparece en total.


Entre los villanos por su parte destaca con colores propios el padre Waleran, que a pesar de estar metido hasta el cuello en las intrigas palaciegas, siempre encuentra tiempo para impedir que la abadía de Kingsbridge llegue a buen puerto. Está también Regan la mujer malvada y manipuladora, junto con su hijo William que oficia de bruto en todo esto. Alfred por su parte es el hijo de Tom Builder que es un perdedor porque su padre prefiere a Jack, y su amada Aliena prefiere a Jack, y por lo tanto, dedica toda la serie a tratar de hacerle la vida imposible a Jack.

De todo lo anterior, podría parecer que la serie es otro de esos melodramas olvidables. Pero no. El primer episodio incide en una presentación de personajes y situaciones algo confusa, debido a la cantidad de material que debe ponerse en escena, pero ya para el segundo, todo va más o menos enrielado. Aún así, no es sino hasta el tercer o cuarto capítulo que comienza la erección de la catedral propiamente tal: todo lo anterior son preparativos y preliminares. A estas alturas, el motor de la serie lo constituyen los constantes esfuerzos de los malos para atajar la construcción de la catedral. En cierto modo, puede decirse que la catedral es un símbolo religioso para su época, pero también, un símbolo de la pureza y la capacidad de soñar que poseen las almas bondadosas. La catedral se transformará así en el catalizador que extraerá lo mejor y más noble de los "buenos", así como lo más bajo y ruin de los "villanos".

¿Necesito añadir que este personaje es el villano principal?
Parte importante de por qué la serie es tan atractiva, más allá de su planteamiento quizás algo simple, y por descontado que maniqueo, es su honradez. En ningún minuto el guión o los personajes tratan de disfrazarse como un producto artístico o de alturas. Asistimos a una telenovela como las de toda la vida, y la serie no se avergüenza de ello en lo más mínimo. Esta honestidad es lo que le confiere mayor valor a la historia como un todo. Es lo que es, y los espectadores que la sigan pueden hacerlo como un entretenimiento o como un placer culpable, pero no trata nunca de justificarse a sí misma o a quienes la sigan. Más allá del segundo o tercer capítulo, el sector más pedante de la audiencia ya se habrá desembarcado, mientras que el resto ya estará enganchado. Y ninguno de los dos lados quedará engañado por los capítulos que vienen después.

Debemos decir además que la realización está a la altura. Si bien algunos escenarios hechos por computadora chirrían un poco, el resto está más que bien. Las actuaciones son buenas, destacándose sobre todo Rufus Sewell como Tom Builder, Matthew Macfadyen como Philip, y en particular Ian McShane como el malvado arzobispo Waleran. A la larga, mientras más avanza la serie, más pareciera recaer en los hombros de Ian McShane, y la verdad es que éste responde muy bien al desafío, creando un hombre detestable en su condescendencia estilo "yo soy más sagrado que tú". La banda sonora de Trevor Morris también ayuda mucho a levantar el nivel general de la producción.

Esa cara la tiene porque ser rey en la Edad Media no es un trabajo fácil.

En donde "Los pilares de la Tierra" abandona el terreno del culebrón promedio y se alza como una gran serie televisiva, es en momentos puntuales y muy emotivos. La muerte de Agnes, la mujer de Tom Builder, en el primer episodio, es una escena que rompe el corazón. Los momentos en que vemos a Tom Builder soñar e inspirarse para planificar su catedral, consiguen que veamos sus esfuerzos creativos casi a través de sus ojos. Y el discurso final con el que se termina la historia, es de una belleza increíble, cerrando de manera hermosa un tema que se desliza a lo largo de toda la trama, que es el problema de por qué se construye la catedral, si por verdadera veneración a Dios, o por orgullo personal.

Y aunque estemos dentro de las coordenadas del culebrón más tradicional, y algunos eventos históricos, en particular de la guerra civil entre Esteban y Maud, hayan sido cambiados y simplificados por licencias dramáticas, existen detalles históricos muy acertados. La descripción de la mentalidad supersticiosa de la Edad Media, siempre dispuesta a creer en señales, en milagros y en lo sobrenatural, está muy bien abordada, sin intentar modernizarla ni disminuirla para que empaticemos más con los personajes. Es decir, más allá del maniqueísmo tenemos personajes verdaderamente medievales, no personajes modernos disfrazados con trajes de época. Y lo más interesante, hay escenas en las que se plantea cómo se va a construir la catedral, asistiendo a eventos tan cruciales como el desarrollo de las bóvedas en crucería y de los contrafuertes, todas ellas características arquitectónicas de las catedrales medievales. Que dicha evolución arquitectónica se transforme a veces en fuente de conflicto para la trama, dice mucho sobre el nivel con el que se abordaron esta producción.

La Catedral de Salisbury sirvió de modelo para la ficticia Catedral de Kingsbridge en la serie.

A continuación, para terminar, el trailer de la miniserie. Se recomienda verlo con precaución porque tiene más de algún spoiler de importancia.

2 comentarios:

Lorenzo Miró dijo...

Mire, la tengo bajada hace ya un sin dios. Ahora que me la recuerda me pongo en ella y ya le contaré.
Saludos!

Guillermo Ríos dijo...

Bueno, de ahí me cuenta. :-)

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