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miércoles, 15 de agosto de 2012

El Caballero de la Noche se despide con un tiroteo.


La noticia es algo vieja al momento de escribir esto, pero no he dejado de darle un par de vueltas. Me refiero al tiroteo que se produjo en el estreno de la película "The Dark Knight Rises". Recapitularé los hechos para memoria del lector, tal y como entiendo que ocurrieron. El 20 de Julio de 2012 se estrenó la tercera parte de la Trilogía del Caballero de la Noche, como me referiré a ella tanto acá como en la entrega de Interminablelogías que estoy preparando acerca de la historia de Batman según Christopher Nolan. En un cine de Aurora, ciudad del estado de Colorado en Estados Unidos, se programó una función especial de estreno a medianoche. El cine se llenó de fanáticos, muchos de ellos con disfraces. Uno de ellos salió del cine, y luego volvió a entrar, arrojando alguna clase de gas a los espectadores y disparando a mansalva. La gente no se dio cuenta de manera inicial, pensando que todo era parte de una campaña de promoción de la película, y que los disparos eran parte de los efectos especiales de la película. 12 muertos, 58 heridos, el saldo macabro de la matanza. Todos ellos, no participando en una actividad política o terrorista, sino simplemente divirtiéndose con una de las películas más esperadas del año. El sospechoso arrestado declaró ser el Joker, y que su casa estaba llena de bombas. Esto último fue verdad.

Para mí, la explicación de que el asesino de masas está desquiciado, es sólo una explicación a medias. Eso explica por qué tomó un arma, pero no explica por qué declaró ser el Guasón. ¿Por qué eligió el estreno de Batman para su matanza, y no por ejemplo una comedia romántica de Jennifer Lopez o Katherine Heigl? La idea de que determinadas películas promueven la violencia me parece ridícula. La gente no consumiría esa clase de productos si es que no tuvieran un apelativo para ellas. Es cierto que algo de cierto hay en que el cine influye sobre las conductas de las personas, promoviendo patrones y modelos a seguir. Pero por otra parte, el cine tiene a su vez que dejarse influir por las corrientes sociales para ser atractivo y poder sustentarse como el negocio que es. De manera que si aceptamos que la culpa es de las películas por incitar a la violencia en la sociedad, debemos también asumir que la culpa es de la violencia en la sociedad por incitar a los productores a rodar películas en donde dicha violencia quede reflejada. Es un círculo que se alimenta a sí mismo.

Y aquí es donde entro en vereda. Marcando una diferencia bien significativa con el Batman de Tim Burton, o el Batman de Joel Schumacher con mayor razón, la trilogía de Nolan tiene una fuerte carga social. Tengo entendido que el señor Nolan ha negado que sus películas sean manifiestos políticos, y me inclino a creer que no lo hizo con esa intención; pero por otra parte, no es menos cierto que se desprenden muchas lecturas políticas sobre lo que significa vivir en la civilización occidental y a comienzos del siglo XXI, viendo estas películas. Supongo que eso era inevitable, considerando que la filosofía de Nolan era rodar un Batman más sucio, oscuro y realista, y por lo tanto más alejado del cuento de hadas gótico de Tim Burton y más cercano a nuestro aquí y nuestro ahora.

Creo que el Guasón es el personaje más popular de la trilogía no sólo por la esforzada interpretación de Heath Ledger, sin desmerecer, sino también porque el personaje conecta de manera suprema con la violencia social actual. El Guasón es lisa y llanamente la voz de los que no tienen voz. La voz de su ira, de su irritación. El Guasón es antisistema en grado sumo. No sólo está en contra del sistema actual, está en contra de cualquier sistema. Su deseo no es derribar el capitalismo: su deseo es ver al mundo arder. No se puede ser más antisistema que ser como un perro persiguiendo automóviles, sin tener ni idea de qué hacer en caso de llegar a agarrar uno.



Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad llena de indignados. Y es que el viejo y querido estado del bienestar que se trató de erigir a mediados del siglo XX, en donde había un lugar para cada persona, hace rato que viene siendo dinamitado en pos de los intereses corporativos de una pequeña camarilla de encumbrados que no pareciera querer detenerse hasta sepultarnos a todos de regreso a la condición medieval de siervos de la gleba, en donde ni el talento ni el esfuerzo personales sirven para nada más que la glorificación de unos pocos, no como mecanismo de encumbramiento social como debería ser en una meritocracia que se precie de tal. Esto crea dos clases de violencia: la violencia de la camarilla, que es legítima y correcta porque está amparada por la legalidad y la legitimidad que ellos mismos han creado, y la violencia que lleva a cabo el resto de la sociedad en defensa propia contra esa camarilla, que por ir activamente en contra de la anterior es ilegítima y terrorista. Adivinen en qué lado cae el Guasón. Y adivinen por qué el Guasón, a pesar de ser un villano diabólico, es tan querido por la gente.

En cierta medida, creo que el tiroteo que se produjo en el estreno de la película electrizó las noticias precisamente por esto, porque es un reflejo de las tensiones sociales que estamos viviendo hoy en día. Repito, el tiroteo no se produjo en el estreno de "La era del hielo 4", de la última de Pixar, o incluso de otra oscura película de superhéroes como el reboot de Spiderman. El tiroteo se produjo precisamente en el estreno de una película con un larvado pero potente discurso social. La tensión social que se vive en el universo de la trilogía de Nolan, viene de la tensión social que vivimos en nuestros propios días, y en un ejercicio de recursividad digno de Escher, regresó al mundo real y azotó un cine en Arizona. Puede que el asesino de masas tenga un par de desperfectos en la azotea, pero eso sólo funcionó como mecanismo para apretar el gatillo: el revólver social ya viene cargado desde hace mucho, y puede incluso irse agravando aún más con el paso del tiempo. No hemos visto el final de los indignados todavía.

Hay un punto de interés en que la gente no haya reaccionado inicialmente, pensando en que todo era parte de la película o de la promoción. Después de más de un siglo de cine, el cine terminó por devorar la realidad. En 1895, el público se tomó el tren de la ficción que aparecía en la pantalla como la realidad, y salió despavorido del espectáculo. En 2012, a la inversa, el público se tomó el asesino de masas de la realidad como algo que debía ser incluido en la ficción de la pantalla. Estamos tan metidos en la cultura de la imagen, en la virtualidad que nos rodea por todos lados, que vivimos la existencia entera como si fuera una película o un videojuego. Hemos perdido la capacidad de distinguir entre la ficción y la realidad. Hay algo de ficción en que un actor como Christian Bale se disfrace de murciélago de noche de brujas para interpretar a Batman, pero también hay algo de ficción en que un puñado de fanáticos también se vistan como Batman para honrar a una película. Eso no es negativo en sí... pero llega a serlo si la barrera se hace tan indivisible, que el control de los medios de comunicación pasa a ser el control de las masas incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Un asesino de masas no fue capaz de hacer la distinción y se puso a disparar en nombre de su personaje favorito, y un grupo de personas no reaccionó hasta que fue demasiado tarde, porque tampoco fue capaz de hacer la distinción. Y cuando la ficción habla de una sociedad dividida, fragmentada en contra de sí misma, y a punto de aniquilar su propia democracia si es que no la ha destruido ya, esa incapacidad para hacer la distinción entre dicha ficción y la realidad se transforma en una muy peligrosa bomba de tiempo.


2 comentarios:

Seanna dijo...

Debo decir que éste es mi primer comentario en la Guillermocracia (eso es obvio), y antes de pasar a comentar propiamente dicho, debo agradecer por todo el trabajo que te tomas, mis partes preferidas son los Ministerios de Sociedad e Historia, que me parecen muy interesantes.
Ahora sí. Sé que el post es algo viejo, pero aún así quería dejar mis impresiones. La gente admira al Joker porque es antisistema, pero creo que no comprende muy bien que implica todo eso. Si lo comprendiesen bien, no lo admirarían. Me explico. El Joker en sí mismo es alguien egoísta, tiene secuaces, pero para él apenas son objetos a usar (como Harley Quinn). Ya sé que el actual sistema es horrendo y con muchas fallas, pero el camino no pasa por derrumbarlo todo, porque eso no necesariamente significa que algo mejor surgirá de las cenizas. Porque la gente no comprende que si el Joker existiese, ellos serían de los primeros en caer. A la gente le gusta ver cómo otros son aplastados, por eso entronizan a gente como a Charles Manson y a Alex DeLarge, pero ¿a que no les gustaría ser ellos los aplastados? Podrá ser muy antisistema y todo, pero eso tiene consecuencias que la mayoría de la gente en su hipocresía no está dispuesta a aceptar. La prueba está en The Dark. Knight Rises. La gente quiere que caigan todos los ricos, todos los que los usaron, pero luego caen también los policías, luego siguen ellos, y ya no les gusta, no les gusta para nada. Tampoco estoy haciendo apología del sistema.

Guillermo Ríos dijo...

Absolutamente de acuerdo. De hecho, toqué el tema de manera tangencial en otro posteo (Nadie es un zombi durante el apocalipsis zombi), comentando que los fanáticos del Imperio en Star Wars quieren ser todos Darth Vader, ninguno quiere ser un stormtrooper raso. Es muy poco popular defender el sistema por muchos motivos, y yo mismo soy bastante crítico de éste, pero la simple evidencia histórica muestra que apenas pueden, todas las civilizaciones tienden a estructurarse en sociedades cada vez más complejas, y no al revés. Y no creo que la gente sea estúpida al respecto; la Historia muestra una y otra vez que un sistema político debe llegar a ser sumamente opresivo como para que la gente prefiera rebelarse y echar el orden social al demonio. Algunos sistemas son mejores que otros, y vivir bajo el sistema a veces es un fastidio, pero la alternativa de vivir en el caos, la anarquía o la guerra civil no es atractiva cuando uno no es Mad Max o Arnold Schwarzenegger como para tener asegurado un boleto a la supervivencia.

Y soy yo el que agradece el reconocimiento, y seguimos adelante con la Guillermocracia.

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