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- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

miércoles, 29 de agosto de 2012

"Los pilares de la Tierra": Un desenfadado culebrón medieval.

Estos créditos te dicen que vas a ver algo imponente.
Con más de un año de retraso llegó a las pantallas de Latinoamérica la miniserie "Los pilares de la Tierra", ya que debimos esperar hasta finales del 2011 por una serie estrenada a mediados del 2010 en Starz. Y acá en la Guillermocracia la estamos presentando en el segundo semestre de 2012, para no romper la tendencia. La miniserie está basada en la mastodóntica novela de Ken Follett, novelista conocido anteriormente por sus éxitos en el thriller de espías, y que con este tocho se desencasilló del género para adentrarse en el culebrón histórico. Como no he leído la novela, me veo forzado a referirme a la serie ayuno de otras referencias. Ya me comentarán quienes hayan leído la novela original.

La miniserie de ocho capítulos gira en torno a dos ejes narrativos. Uno de ellos es la guerra de sucesión desatada en la Inglaterra del siglo XII, y que llevará a la entronización de Enrique II de Inglaterra. Sí, dije cómo terminaba, pero así como a la Academia de Platón no debía entrar nadie que no supiera Geometría, a la Guillermocracia no debería entrar nadie que no sepa de Historia. Además, Enrique II o más precisamente su madre la princesa Maud son "los buenos", así es que por ese lado tampoco es la gran revelación. El otro eje narrativo es la construcción de una catedral en la ficticia aldea de Kingsbridge; en la realidad, la edificación usada es la Catedral de Salisbury, por si a alguien le interesa el dato.

Que no se note pobreza contratando una cantidad de actores principales.

Alrededor de estos eventos se entrecruzan las vidas de un numeroso pelotón de personajes relacionados de las maneras más revueltas posibles. Simplificando por afán de brevedad, podemos clasificar fácilmente a los personajes en los héroes y los villanos. La serie no se esfuerza demasiado por cosas como la psicología y la caracterización, y recurre a los clichés estándares del género: los buenos son nobles, generosos, idealistas, y aman tanto el arte, arquitectónico en este caso, como a Dios. Los malos por su parte son egoístas, zafios, ruines, intrigantes, y se entretienen haciéndole imposible la vida a los buenos un poco porque sí, porque son los buenos y suponemos que el mal siempre odia al bien.

Entre los héroes tenemos a Tom Builder el arquitecto que planifica la catedral, a Jack su aprendiz que llena las suelas de genio atormentado, a Elaine que es la madre de Jack y tiene reputación de bruja, al padre Philip que es el encargado de la abadía de Kingsbridge y que debe moverse entre un mar de intrigas para conseguir que se construya la catedral, y a Aliena que es la hija de un caballero desheredado que se transforma en una pionera del mundo de los negocios burgueses de la Edad Media. Elaine y Tom se emparejarán y verán su amor turbado por los villanos, mientras que Jack y Aliena se atraerán, pero verán su amor turbado por los villanos. No necesito insistir en la palabra "fórmula" aquí.

Hay que ser caradura para promocionar a Donald Sutherland como uno de los principales protagonistas, considerando lo poco que aparece en total.


Entre los villanos por su parte destaca con colores propios el padre Waleran, que a pesar de estar metido hasta el cuello en las intrigas palaciegas, siempre encuentra tiempo para impedir que la abadía de Kingsbridge llegue a buen puerto. Está también Regan la mujer malvada y manipuladora, junto con su hijo William que oficia de bruto en todo esto. Alfred por su parte es el hijo de Tom Builder que es un perdedor porque su padre prefiere a Jack, y su amada Aliena prefiere a Jack, y por lo tanto, dedica toda la serie a tratar de hacerle la vida imposible a Jack.

De todo lo anterior, podría parecer que la serie es otro de esos melodramas olvidables. Pero no. El primer episodio incide en una presentación de personajes y situaciones algo confusa, debido a la cantidad de material que debe ponerse en escena, pero ya para el segundo, todo va más o menos enrielado. Aún así, no es sino hasta el tercer o cuarto capítulo que comienza la erección de la catedral propiamente tal: todo lo anterior son preparativos y preliminares. A estas alturas, el motor de la serie lo constituyen los constantes esfuerzos de los malos para atajar la construcción de la catedral. En cierto modo, puede decirse que la catedral es un símbolo religioso para su época, pero también, un símbolo de la pureza y la capacidad de soñar que poseen las almas bondadosas. La catedral se transformará así en el catalizador que extraerá lo mejor y más noble de los "buenos", así como lo más bajo y ruin de los "villanos".

¿Necesito añadir que este personaje es el villano principal?
Parte importante de por qué la serie es tan atractiva, más allá de su planteamiento quizás algo simple, y por descontado que maniqueo, es su honradez. En ningún minuto el guión o los personajes tratan de disfrazarse como un producto artístico o de alturas. Asistimos a una telenovela como las de toda la vida, y la serie no se avergüenza de ello en lo más mínimo. Esta honestidad es lo que le confiere mayor valor a la historia como un todo. Es lo que es, y los espectadores que la sigan pueden hacerlo como un entretenimiento o como un placer culpable, pero no trata nunca de justificarse a sí misma o a quienes la sigan. Más allá del segundo o tercer capítulo, el sector más pedante de la audiencia ya se habrá desembarcado, mientras que el resto ya estará enganchado. Y ninguno de los dos lados quedará engañado por los capítulos que vienen después.

Debemos decir además que la realización está a la altura. Si bien algunos escenarios hechos por computadora chirrían un poco, el resto está más que bien. Las actuaciones son buenas, destacándose sobre todo Rufus Sewell como Tom Builder, Matthew Macfadyen como Philip, y en particular Ian McShane como el malvado arzobispo Waleran. A la larga, mientras más avanza la serie, más pareciera recaer en los hombros de Ian McShane, y la verdad es que éste responde muy bien al desafío, creando un hombre detestable en su condescendencia estilo "yo soy más sagrado que tú". La banda sonora de Trevor Morris también ayuda mucho a levantar el nivel general de la producción.

Esa cara la tiene porque ser rey en la Edad Media no es un trabajo fácil.

En donde "Los pilares de la Tierra" abandona el terreno del culebrón promedio y se alza como una gran serie televisiva, es en momentos puntuales y muy emotivos. La muerte de Agnes, la mujer de Tom Builder, en el primer episodio, es una escena que rompe el corazón. Los momentos en que vemos a Tom Builder soñar e inspirarse para planificar su catedral, consiguen que veamos sus esfuerzos creativos casi a través de sus ojos. Y el discurso final con el que se termina la historia, es de una belleza increíble, cerrando de manera hermosa un tema que se desliza a lo largo de toda la trama, que es el problema de por qué se construye la catedral, si por verdadera veneración a Dios, o por orgullo personal.

Y aunque estemos dentro de las coordenadas del culebrón más tradicional, y algunos eventos históricos, en particular de la guerra civil entre Esteban y Maud, hayan sido cambiados y simplificados por licencias dramáticas, existen detalles históricos muy acertados. La descripción de la mentalidad supersticiosa de la Edad Media, siempre dispuesta a creer en señales, en milagros y en lo sobrenatural, está muy bien abordada, sin intentar modernizarla ni disminuirla para que empaticemos más con los personajes. Es decir, más allá del maniqueísmo tenemos personajes verdaderamente medievales, no personajes modernos disfrazados con trajes de época. Y lo más interesante, hay escenas en las que se plantea cómo se va a construir la catedral, asistiendo a eventos tan cruciales como el desarrollo de las bóvedas en crucería y de los contrafuertes, todas ellas características arquitectónicas de las catedrales medievales. Que dicha evolución arquitectónica se transforme a veces en fuente de conflicto para la trama, dice mucho sobre el nivel con el que se abordaron esta producción.

La Catedral de Salisbury sirvió de modelo para la ficticia Catedral de Kingsbridge en la serie.

A continuación, para terminar, el trailer de la miniserie. Se recomienda verlo con precaución porque tiene más de algún spoiler de importancia.

domingo, 26 de agosto de 2012

Crónicas Antrópicas 34 - "El bienio milagroso".


El mundillo científico en la segunda mitad del siglo XVII presentaba una cara distinta a la de un siglo antes. Mientras que en la época de Tycho Brahe la ciencia era todavía una actividad cortesana, o bien hecha por gentes con mucho dinero a disposición, y practicada en un relativo aislamiento, un siglo después ya existía una sólida red de corresponsales, así como incipientes comunidades científicas dentro de las cuales se consolidaba el círculo virtuoso de las propuestas, las formulaciones teóricas, los experimentos y las revisiones de los mismos; existía lo que configura el método científico, en definitiva. Pero mientras las vetustas formulaciones medievales acerca del cosmos habían saltado en pedazos, aún nadie encontraba la manera en que todo podía encajar dentro de un nuevo modelo. Galileo Galilei y sus experimentos sobre la inercia habían revolucionado la mecánica terrestre, y Johannes Kepler con sus leyes del movimiento planetario por su parte había revolucionado la mecánica celeste, pero nadie entendía cuál era el punto de relación entre estos dos ámbitos de la realidad. Para la física medieval, por descontado, no había conexión: el mundo celeste era diferente y más perfecto que el terrestre. Pero esta propuesta ya no podía ser sostenida en serio a finales del siglo XVII.




El 8 de Enero de 1642 por el Calendario Gregoriano falleció Galileo Galilei; el 25 de Diciembre del mismo año por el Calendario Juliano nació Isaac Newton, ya que Inglaterra no adoptaba todavía la reforma gregoriana del calendario, en la cual la fecha de nacimiento es el 4 de Enero de 1643. Newton tuvo una vida familiar no diremos desgraciada, pero sí complicada: su madre no pareció entender su devoción hacia las ciencias, y trató de convertirlo en un granjero. En 1661 ingresó al Trinity College de la Universidad de Cambridge; pero en Agosto de 1665, la institución cerró sus puertas por la amenaza de la peste, que al año siguiente se cebaría sobre Londres. El bienio entre 1665 y 1667 es seguramente el más revolucionario en toda la historia científica humana: Isaac Newton, vuelto a su hogar natal, tuvo el tiempo y el genio para desarrollar no una, sino tres innovaciones científicas absolutamente decisivas. Estas son el cálculo infinitesimal por un lado, sus descubrimientos acerca de la naturaleza de la luz por el otro... y la formulación de la ley de gravitación universal.


En realidad, los esbozos de las matemáticas que iba a usar Newton estaban en el aire por aquellas fechas. Durante el siglo XVII, una retahíla de matemáticos en particular italianos, habían conseguido sentar las bases del álgebra moderna tal y como se la conoce. Esto llevó a que el cálculo infinitesimal fuera descubierto de manera independiente por el erudito alemán Gottfried Leibniz. Surgió entonces una amarga disputa entre ambos sabios, y luego entre ambas escuelas de matemáticos, la inglesa y la alemana, por el tema de la prioridad. Newton era hombre de carácter retraído y odiaba las polémicas, y estuvo a punto de no publicar sus trabajos. Pero su amigo Edmond Halley lo convenció de lo contrario, además de apoyarlo financieramente. El resultado es la publicación en 1687 de "Principios matemáticos de filosofía natural", uno de los más importantes libros científicos de todos los tiempos. Como el título revela, en la época todavía se consideraba "filosofía" a la actividad científica, una muestra de que el escolasticismo todavía no estaba en completa retirada en la época de Newton. El propio Newton, además de revolucionar la ciencia moderna, trabajó en actividades tan espirituosas como la alquimia, o los intentos por computar la fecha del fin del mundo a partir del descifrado de los códigos numéricos de la Biblia. Además, consideraba su trabajo como una especie de cruzada religiosa: desarrollar las matemáticas que rigen el movimiento del universo era algo así como descifrar la mismísima mente de Dios.



Isaac Newton hizo un interesante ejercicio de abstracción, partiendo su tratado con las leyes que rigen el movimiento de los cuerpos que no sufren fuerzas sobre sí. Estas son las famosas leyes del movimiento newtoniano: un cuerpo permanece en reposo o en movimiento uniforme si no es afectado por una fuerza externa, la aceleración de un cuerpo es directamente proporcional a la fuerza aplicada al mismo e inversamente proporcional a su masa, y dos cuerpos que ejercen fuerza mutuamente lo hacen en iguales magnitudes pero en direcciones opuestas. Con este set de leyes, más la aplicación del cálculo infinitesimal, Newton fue capaz de construir un cuerpo matemático que explicara las leyes keplerianas. La joya de la corona fue la incorporación de un nuevo concepto que explicara los movimientos planetarios: la fuerza de gravedad.


Con la incorporación de la misma al modelo, Newton consiguió el milagro de cerrar la brecha entre la mecánica celeste y la terrestre: la misma fuerza de gravedad que explicaba la caída de las manzanas en nuestro mundo, explicaba también por qué la Luna se mantenía orbitando alrededor de la Tierra. Esta idea, que hoy en día se nos antoja de una obviedad absoluta, en la época de Newton fue una revolución. Newton dedicó una buena parte de su tratado a desmontar los absurdos matemáticos que se seguían de la entonces más o menos aceptada teoría de los vórtices de Descartes, lo que motivó una oleada de críticas especialmente en Francia y Holanda, en donde la defensa de Descartes se tornó un asunto de orgullo nacional. Pero a la larga la ciencia mostró su enorme capacidad para corregirse a sí misma: el peso superior de la evidencia a favor de las tesis newtonianas terminaría por imponerse a comienzos del siglo XVIII. Destacando una vez más que lo importante de la ciencia no es que sea a prueba de errores, sino su enorme capacidad de autocorrección de los mismos. Parte importante de la fuerza de la mecánica newtoniana es que por fin permitía explicar cómo funciona el modelo heliocéntrico; no en balde, hacía apenas unos poquitos años que se había obtenido al fin la prueba experimental definitiva que permitió descartar para siempre tanto el modelo geocéntrico como el ticónico.

Próxima entrega: "La confirmación del modelo heliocéntrico".

sábado, 25 de agosto de 2012

ZOOCINE - "Desde Noruega con amor".


LAURENCIO: Bienvenidos a la cineteca de mi Escuela de Cine. Soy su anfitrión, Laurencio, y...

CHILEKENT69: ¡Ya, ya, Laurencio! Menos teatro y directo a la acción. Ya que vamos a ver alguna aburrida película europea, entonces... A propósito, ¿qué vamos a ver? Presumo que no una nazixplotation. Ni una alemana sobre conventos del vicio. Ni una italiana de bárbaros, ¿no?

JORDAN: ¡Chilekent, no seas mal educado! Laurencio... Elige lo que quieras.

VÍCTOR: ¡Sht, Jordan, no le des malas ideas! Eh... Laurencio... ¿Qué dijiste que había?

LAURENCIO: “Desfloramiento en el silencio de Dios”. Una joyita de 1958, candidata al Oscar a la Mejor Película Extranjera, ganadora del Oso Hibernando de Oro del Festival del Círculo Polar... Es de un director austro-noruego llamado Herrson Bjönotengoghonorreajniattir.

CHILEKENT69: Me gustó la mitad del título de la película. Sólo la mitad. En fin, si al menos la mitad de la película está buena...

LAURENCIO: ¡Vamos, vamos, siéntense mientras coloco la cinta en el proyector...! Y... Ahí... vamos... ¡Listo! ¿Están listos? ¿Sí? Allá va...

JORDAN: Pucha, igual que bonito el paisaje. Así como bosque, con fiordos... ¿Siempre rodaba así en blanco y negro? Yo creía que ya se había inventado el cine a color...

LAURENCIO: Es que no tenían presupuesto.

CHILEKENT69: Y mira esa rubiecita, igual está buena... ¡Ah, qué bacán! ¡Mira esos enanos deformes! Oye, hueón, está peli igual está buena... Y, mira, mira, mira... ¡se la van a agarrar...! Oh, hueón, como grita la marrana ésa... Chuuuu...

JORDAN: Chilekent... ¿Puedes dejar de transmitir la película...?

LAURENCIO: Por favor, fíjense en ese detalle, el plano del ojo... ¡Hitchcock se lo robó para “Psicosis”! Mira... Qué expresión más mayestática... y ahí está... ahí... ahí... ¡Ahí! ¡Miren!

CHILEKENT69: ¿Cuándo va a cambiar el plano...? Y, oye... ¿qué pasó con la violación? Ahora tenemos árboles moviéndose al viento...

LAURENCIO: Es el mensaje. Es un simbolismo. Es el silencio de Dios. Es la naturaleza como un todo. La chica ha sido violada, y Dios guarda silencio...

VÍCTOR: Laurencio, perdóname, pero no le veo el asunto. Para mí son sólo árboles...

CHILEKENT69: ¿Y ahora la chica está mirando a la lejanía? Laurencio, la acaban de violar, cómo puede ser que...

LAURENCIO: Es que la narración es subjetiva, sigue el punto de vista del personaje, no lo que pasa en la realidad objetiva... Es típico de Bjönotengoghonorreajniattir, utilizó la misma técnica en “Ser humano”, en “El nido de la serpiente”, en “El cineasta y la Luna”, en... Bueno, en como la mitad de su filmografía, en realidad.

CHILEKENT69: Pucha, mira, se mató... Estaba buena... Mira, y ahora la mamá está chillando. Pucha, nos cambiaron a la minorra rica por una vieja 'e mierda. Laurencio...

LAURENCIO: Miren esta escena. El padre está en el confesionario, y el sacerdote le ofrece jugar una partida de ajedrez.

CHILEKENT69: ¡Qué idiotez, ningún cura anda con un tablero en el confesionario!

LAURENCIO: Es un simbolismo, Chilekent. Simboliza que somos peones en una existencia más allá de nuestro control. Mira la biblioteca al fondo... Esas alusiones borgianas son muy típicas.

VÍCTOR: ¿Y ya conocían a Borges allá en el norte?

LAURENCIO: Sí, si lo conocían. ¿O pensabas que no le dieron el Nobel por desconocimiento...?

CHILEKENT69: ¿Y quién es el tipo ése de negro que contempla de fondo? Parece la Muerte...

LAURENCIO: ¡Bien, Chilekent, estás entendiendo!

CHILEKENT69: ¡Qué bueno, apareció un caballero cruzado! ¡Que saque la espada y mate gente, así la cosa se pone buena! Aunque en blanco y negro va a ser bien penquita la sangre que se vea, pero en fin... Ah, claro. Película noruega, va a tres por hora. De aquí a que saque la espada...

VÍCTOR: Es como Dragonball Z, se la pasan veinte minutos insultándose y cinco peleando. Bueno, cinco, y tres capítulos más. No sabía que los japoneses le habían copiado a los noruegos...

LAURENCIO: ¡Es que no entienden nada! Miren, miren, el caballero cruzado ahora está elevando el alfil al cielo... Acuérdense, el alfil es el obispo, así es que metafóricamente está pidiendo respuestas...

CHILEKENT69: ¿Y por qué ahora aparece un huevo de gallina? No, esperen, eso es un gallo...

LAURENCIO: Es que ésa es la respuesta de Dios. Es una cita de Shakespeare, sobre el huevo de la serpiente. ¿Ven? ¡Todo tiene sentido!

VÍCTOR: Laurencio, igual la película está buena, pero podría ser... no sé, más simple...

LAURENCIO: ¡No se supone que sea simple! ¡¡¡ES ARTE!!!

JORDAN: A mí me gustó... Está bonita. No sé si la entendí, pero... está bonita. Pucha, me dio pena la mina que se la violaron y la mataron... Porque eso fue, ¿verdad...?

CHILEKENT69: ¡Pues es una mierda! En realidad es que se la están tirando. O sea, se están tirando las bolas, no a la mina. No una mina en bolas, quiero decir. Es que... nada tiene sentido, todo son estampitas de... de... de... ¡casha! ¡Se está empelotando! ¡¡¡LA MEDIA MIIIINAAAA...!!! Hueón, ahora entiendo por qué hay que ver películas de ésas: por las suecas que se bañan en pelotas en los manantiales...

LAURENCIO: Y pensar que Woody Allen veía estas películas por la misma razón que Chilekent...

miércoles, 22 de agosto de 2012

Ahora que existe inscripción automática y voto voluntario...


Chile, año 2012. Se ha producido el más importante y trascendental cambio en el sistema político desde que comenzaron a asumir presidentes llevados al poder por elecciones populares en 1990. En 2012 se eliminó el antiguo sistema de inscripción voluntaria en los registros electorales con voto obligatorio, y se cambió por uno de inscripción automática, con posibilidad de votar de manera voluntaria. A primera vista, los cambios más importantes en materia de política electoral deberían ser sobre las circunscripciones o sobre los cupos de los congresistas, pero esto es aún más trascendental, porque modifica el corazón mismo del sistema electoral: los electores en sí.

Repasemos un poco. Bajo el antiguo sistema existía voluntariedad a la hora de inscribirse en los Registros Electorales, pero una vez inscrito, votar era obligatorio, so pena de pagar una multa por infringir el deber cívico. La excusa para obligar a los inscritos a votar, era que el participar dentro de un proceso cívico no sólo es un derecho sino también un deber. Aunque con ese mismo argumento debería haberse obligado a todo mayor de 18 años a inscribirse también, pero eso se quedó en voluntario, en una incongruencia del sistema antiguo que ningún defensor del mismo consiguió responder de manera coherente.

El sistema se estrenó en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 1989, bajo el cual hubo una alta participación, ya que mucha gente acudió a inscribirse y votar motivadas por la posibilidad de desbancar al candidato continuista del pinochetismo, y elegir en cambio a uno que fuera de la oposición. Pero para la siguiente elección, la de 1993, el sistema había colisionado de frente contra la otra gran institución electoral chilena, que es el sistema electoral binominal. Explicado en breve, el sistema electoral binominal consiste en que cada distrito o circunscripción electoral para senador o diputado otorga dos cupos. Si la primera lista consigue duplicar a la segunda lista, se lleva los dos cupos. Pero si la primera lista NO consigue duplicar a la segunda, la segunda también accede a un cupo. Dentro de una realidad electoral en donde un tercio era de izquierda, un tercio de centro y un tercio de derecha, y aliadas más o menos la izquierda y el centro contra la derecha debido a la manera en que se estructuró la sociedad postpinochetista, era claro que una lista de centroizquierda podía alcanzar la mayoría absoluta, pero a la lista de derecha le bastaba obtener un 34% de los votos, más o menos su propio tercio, para obtener un cupo en el Congreso. El resultado es que la lista de centroizquierda tenía dos opciones, o derechizarse o irse aún más a la izquierda, y en ninguno de los dos casos conseguía doblar de manera significativa a la derecha, sea porque si se derechiza obliga a la extrema izquierda a levantar sus propios candidatos, y si se va demasiado a la izquierda lleva a los votantes de centro a inclinarse hacia la derecha. El sistema era perfecto para producir un equilibrio de fuerzas entre los dos polos del espectro político en Chile; que la democracia y la representatividad se resintieran de ello, los diseñadores del sistema no lo consideraron importante.

Ahora bien, decíamos que el sistema binominal produjo un efecto nocivo sobre la inscripción. Debido al incómodo equilibrio entre izquierda y derecha, a la larga sucedió que la Concertación acabó por derechizarse no en su discurso, pero sí en su praxis, transformándose en continuista del modelo social y económico heredado por Pinochet. El resultado es que los votantes inscritos, que ya no se podían salir, empezaron a decepcionarse cada vez más y a votar un poco por costumbre entre dos candidatos principales que eran en esencia lo mismo, mientras que los nuevos mayores de edad, aquellos nacidos después de 1972 que por lo tanto ya se hacían mayores de edad en democracia, empezaron a no inscribirse porque eso les significa la obligación de ir a votar por candidatos que no los representaban en lo absoluto.

Como resultado, en el año 2010 la clase política era elegida por una base de votantes tremendamente envejecida, que iba desde cerca de 40 años hacia arriba, y que por lo tanto eran tanto votantes como elegidos mucho más conservadores que la sociedad chilena como un todo, que en el intertanto se estaba haciendo cada vez más liberal. A la vez, las propias mesas electorales empezaron a cerrarse o fusionarse, porque los electores más viejos iban muriendo, con el resultado de que la masa de electores amenazaba con encogerse. Afortunadamente, después de muchos años, la clase política recogió el guante y se dio cuenta de que con cada vez menos electores no hay democracia posible, de manera que dieron el paso lógico de darle paso a la inscripción automática.


La nueva participación en el proceso electoral.

Bajo la nueva ley, la inscripción es automática y el voto es voluntario. Es decir, cualquiera mayor de 18 años, por el solo hecho de serlo, certificado por el Registro Civil, es inscrito de manera automática en los registros electorales. Esto, sin que el ahora nuevo elector deba hacer ningún trámite por su cuenta. En resumidas cuentas, cumpliendo 18 años se encuentra habilitado para votar sin más trámite.

Por su parte el voto es voluntario. Es decir, si el votante siente que ningún candidato lo representa, ahora no debe necesariamente votar a regañadientes por el menos malo, o recurrir a la opción alternativa de anular el voto rayándolo con alguna inscripción injuriosa contra la clase política. En vez de eso, puede quedarse tranquilamente en casa, indiferente al proceso.

Me atrevo a vaticinar, con todo, que el cambio no va a ser visible ni en las elecciones municiplaes a finales del 2012, ni en las presidenciales y parlamentarias a finales del 2013. Después de todo, existen dos grandes bloques políticos consolidados, con sus respectivas colas de clientelas y cacicazgos, y éstos no van a cambiar, reajustarse o desaparecer en el lapso de uno o dos años. Me atrevo a vaticinar que los candidatos a ser presentados para las mencionadas elecciones van a ser tradicionales y con un discurso tradicional, y apoyados por los políticos tradicionales de siempre. Muchos que estén ilusionados de que el nuevo sistema represente una ventaja, van a salir desilusionados porque van a tener que votar por los mismos de siempre, los mismos que no han tenido ni la voluntad ni la capacidad para corregir el modelo, y aminorar sus cada vez más evidentes injusticias sociales.

Pero para las elecciones presidenciales de finales del 2017, es posible que las cosas sean distintas. Acá en la Guillermocracia vamos a hacer un poco de futurología, y haremos la predicción de dos escenarios posibles para el 2017.


El escenario 1: Ampliación de la crisis social.

Parte importante de la crisis social que vive Chile, y que estalló con fuerza a través de la rebelión de los estudiantes el año 2011, radica en la alienación de la clase política respecto de la sociedad chilena como un todo. La clase política en general tiene buenos trabajos, está bien remunerada, lleva a sus hijos a buenos colegios, y es endogámica en el sentido de que se relacionan, se casan y se aparean entre sí. Los chilenos como un todo en cambio están mal pagados y siempre expuestos a perder su trabajo, tienen acceso a una educación cara y de pésima calidad, y no puede mejorar su situación entrando en relaciones con la gente de la cota mil debido a que estas gentes se han ido precisamente más arriba de la cota mil para no tener que tratar con la plebe. Dicho factor puede pesar mucho a la hora de que la nueva modificación cambie el sistema.

El punto es que ahora nadie está obligado a votar. Para los años 2012 y 2013, el sistema no va a cambiar de manera fundamental, ni los políticos que lo integran. Por lo tanto, puede acrecentarse la desilusión general. Los que van a tener motivación para votar son justamente los que tienen que ganar algo con su voto, y éstos son los clientes de los partidos políticos, quienes ya estaban inscritos antes de la modificación de la ley electoral de todas maneras. Como además ahora nadie está obligado a votar, los desilusionados no contribuirán con su voto para nada, y seguirán canalizando su decepción a través de movimientos sociales cada vez más violentos y contestatarios. El resultado sería un país más inestable, más necesitado de orden, en definitiva un país cada vez más parecido a la crisis que vivió antes del advenimiento de Augusto Pinochet. Sería la catástrofe, en definitiva. Incluso para muchos de los actores del mundo político actual, que deberían comenzar a pensar en hacer lo que el resto de los chilenos: trabajar.


El escenario 2: El golpe sobre el tablero.

Como en las elecciones de 2012 y 2013 no va a cambiar nada de manera substancial, será la misma clase política de siempre la que continuará a cargo. El resultado es que eso abrirá frente para que algún nuevo protagonista, un outsider del sistema, entre para ganarse el afecto de los desilusionados. Es pura economía: si existe demanda para un candidato diferente, terminará por surgir la oferta de un candidato diferente. Si este candidato tiene carisma, puede obtener una victoria avasalladora. Es lo que pasó en Estados Unidos con Barack Obama, que se presentó como la alternativa a Washington, entendiendo Washington como la política de siempre. Es lo que pasó también en Chile en 1920, cuando dentro de la viciada y paralítica República Parlamentaria el candidato tradicionalista Luis Barros Borgoño, representante de la política de siempre, fue desafiado exitosamente por Arturo Alessandri quien por primera vez apeló a la creciente clase media como fuerza política, al grito de "¡mi querida chusma!". Aunque después Alessandri haya resultado un Presidente bastante más conservador de lo que prometía ser.

Suponiendo dicho escenario, sería posible que el candidato alternativo obtenga una victoria bastante contundente sobre el o los candidatos tradicionalistas, que en este modelo saldrían del piñerismo o del bacheletismo. ¿Cómo sería eventualmente este candidato? Existen dos posibilidades.

Por un lado, tenemos la posibilidad de que sea un político serio y responsable, un estadista en todo el sentido del término. Eso es algo que en Chile no ha existido desde cuando menos un par de décadas, debido a que al tener sus cupos políticos asegurados, la clase política no siente presión ninguna por superarse ni hacer las cosas bien; en este escenario, un estadista supone una amenaza contra los políticos tradicionales, que tienen muchos incentivos a cerrar filas en su contra, perpetuando así la política de siempre. Pero si llegara a surgir, este hipotético estadista sería capaz de aglutinar lo mejor de las fuerzas políticas, tanto antiguas como nuevas, y muñequear hasta rebajarle presión al dique social que vivimos en Chile debido a la demasiado desigual distribución del ingreso. En definitiva, lo que tendríamos sería un nuevo Pedro Aguirre Cerda capaz de dirigir a la sociedad y ponerla en una senda de desarrollo y en un ciclo virtuoso social.

La segunda posibilidad es que ese nuevo contendiente sea un líder populista, un seductor de masas que las lisonjee hasta convertirse en el líder supremo, y una vez en dicho puesto, fomentar un autoritarismo que, en principio, nadie cuestionaría debido a que la gente está desilusionada de la democracia de todos modos. Tendríamos en Chile entonces una réplica de la Venezuela de Hugo Chávez, con conflictos sociales aún más agudos que los actuales, y con un resultado difícil de avizorar.


¿Y en definitiva...?

En definitiva, el resultado no dependerá de la clase política. Ellos son políticos porque alguien vota por ellos: si nadie lo hace, dejan de ser políticos. El resultado depende de los votantes. Si el votante promedio chileno saca su espíritu cívico, hace sus deberes, se informa sobre la institucionalidad vigente, tiene una idea clara de qué cambios deben introducirse para mejorar la sociedad como un todo, y se aboca a exigirle a sus políticos que pongan en ejecución dichos cambios, el resultado podría ser un verdadero milagro chileno. Si por el contrario, el votante promedio chileno se inclina hacia la flojera, no se informa, y no vota de manera responsable bajo las manidas excusas de que todos son lo mismo y de que un solo voto no cambia nada, entonces estamos condenados al desastre, aún en escala mayor debido a la posibilidad de negarse a votar. Una cosa sí es segura: ahora que la base de votantes se ha ampliado hasta hacerse coextensiva a virtualmente toda la población chilena mayor de 18 años, tendremos por fin un retrato fiel de qué clase de sociedad tenemos, y de cuánto amor a sus tradiciones cívicas siente el chileno en su corazón.

domingo, 19 de agosto de 2012

Crónicas Antrópicas 33 - "El descubrimiento del mundo microscópico".


Mientras en el siglo XVII se sentaban las bases conceptuales de la ciencia moderna, incluyendo la codificación del método científico, las ciencias de la vida iban a experimentar una muy profunda sacudida por el descubrimiento de todo un nuevo ámbito de investigación hasta entonces desconocido: el mundo microscópico. En realidad, mientras la Medicina, la Física y la Astronomía vivían profundas revoluciones, la Biología había permanecido un poco estancada en la Edad Media. En el siglo XVI, los estudiosos de la vida sólo se habían dedicado a clasificar plantas y animales, labor importante en sí misma, por supuesto, pero que no ayudaba a responder la cuestión más candente de todas: ¿qué es la vida, qué separa a lo vivo de lo inerte? En la época se aceptaban conceptos como la generación espontánea, por la cual lo vivo puede salir sin más de lo inerte. El principio de que toda vida procede de otra vida, que hoy en día es parte de la cultura común, en esa época era desconocido.



En el campo de la Optica, los titanes de los siglos XVI y XVII eran sin lugar a dudas los artesanos holandeses. Aunque perfeccionado por Galileo Galilei, el telescopio había sido en principio un invento holandés. A comienzos del siglo XVII ya había prototipos de un aparato que funcionaba en sentido inverso, para escudriñar en lo infinitamente pequeño, incluyendo un primitivo prototipo de microscopio creado por Galileo Galilei. Pero el salto de gigante fue dado por un especialista holandés llamado Antonie van Leeuwenhoek. La dedicación casi maniática de Leeuwenhoek a sus microscopios lo llevó pronto a hacer uno de los más trascendentales descubrimientos en la historia científica de todos los tiempos: la vida microscópica.



Van Leeuwenhoek es el primer estudioso dedicado ciento por ciento a la investigación de lo microscópico. Su curiosidad insaciable no conoció límites. Su hallazgo más desconcertante fue la existencia de pequeños animalitos invisibles a simple vista: van Leeuwenhoek había dado con los microbios. Hoy en día estamos acostumbrados a que el universo funciona a distintas escalas desde lo atómico a lo cósmico, y por lo tanto este descubrimiento pareciera no demasiada cosa. Y sin embargo, en la época significó una revolución mental: se trataba de admitir nada menos que la existencia de todo un universo nuevo y distinto, más allá del campo de observación habitual del ser humano. Poco a poco, la mentalidad científica debió habituarse a que el universo estaba lejos de haber sido diseñado para el ser humano, y que había cosas que serían quizás desconocidas para siempre, si no se contaba con los aparatos para escudriñarlas. Van Leeuwenhoek le sacó un enorme partido a sus microscopios, de los cuales llegó a fabricar unos doscientos, y descubrió también los capilares sanguíneos, los patrones microscópicos de las fibras musculares, y los espermatozoides, a los cuales bautizó (el nombre significa "animalito semilla" en griego).


Van Leeuwenhoek comunicó sus descubrimientos a la Royal Society de Londres, que en ese tiempo se consolidaba como uno de los primeros centros científicos en el sentido moderno del término. La relación al principio tímida se vio fortalecida con los años. Pero cuando van Leeuwenhoek anunció la existencia de vida microscópica, los miembros de la Royal Society temieron que su corresponsal holandés se hubiera vuelto loco; como mínimo, que se había vuelto demasiado maniático y estaba forzándose a ver cosas que no existían. De manera que despacharon una comisión a Delft, la ciudad de van Leeuwenhoek, y confirmaron el descubrimiento. Como signo de los tiempos, digamos que en la comisión no sólo iban sabios científicos, sino también un teólogo: aunque estaban rompiendo con la religión establecida, los científicos todavía creían estar investigando el plan de Dios. Este era también el punto de vista de Leeuwenhoek, quien era calvinista, y consideraba su labor de investigación como una ayuda para la mejor comprensión de la voluntad divina.



Mientras tanto un miembro de la Royal Society, Robert Hooke, hizo un descubrimiento trascendental: observando pedazos de corcho bajo el microscopio, descubrió que éste parecía elaborarse a partir de pequeños espacios que le recordaron a las celdas de los conventos; los bautizó de esta manera con la palabra latina equivalente a "celdilla", que es "célula". Aunque Hooke descubrió la existencia de las células, no llegó a adivinar la importancia de las mismas: inadvertidamente, había dado nada menos que con la unidad anatómica básica para todas las formas de vida sobre la Tierra. Pero faltaba todavía cerca de siglo y medio antes de que se propusiera de manera más o menos definitiva este aserto.

Próxima entrega: "El bienio milagroso".

sábado, 18 de agosto de 2012

ZOOCINE - "The Dark Knight Knifes".


CHILEKENT69: ¡¡¡La cagó, The Dark Knight es... es... LA... ME...!!!

JORDAN: ¡¡¡LA MEJOR PELÍCULA DE SUPERHÉROES, SI, YA LO SABEMOS, CHILEKENT!!! A veces me pregunto si conoces el significado de “punto intermedio”...

VÍCTOR: Oye, Chilekent, ¿no que la mejor película de superhéroes era la de los Avengers?

CHILEKENT69: Bueno, ésa también es la mejor película de superhéroes que he visto, sí... Bueno, estas dos son la mejor película de superhéroes que he visto. Empatadas.

LAURENCIO: Ex-aequo.

CHILEKENT69: Tú lo serás. Y... Mmmmmm... Laurencio estás muy callado, para variar. Podría apostar, sólo para variar, que no te gustó.

LAURENCIO: Bueno, qué puedo decir, es una de superhéroes, uno nunca se espera con filosofía aquí. Pero como entretenimiento enviado desde Hollywood, pues, está buena.

VÍCTOR: Listo, terminamos. Fue la tanda de comentarios post-película más corta que hemos tenido. Ahora que terminamos, ¿qué tal si vamos a...?

CHILEKENT69: ¡Nada se ha terminado! ¡Nada nunca se termina, Ozymandias! A ver, Laurencio. Si ésta no es la mejor película que has visto, entonces es que voy a la Escuela de Cine en donde haces clases, y pido que te pongan de patitas en la calle. Es que, o sea, no podís ser tan cuadrado y cerrao, perrín...

JORDAN: ¿Chilekent acusando a Laurencio de cerrado? ¡El diablo llamando a misa!

LAURENCIO: Pero es que la película no explica nada. Por ejemplo, ¿por qué Batman y el comisario Gordon mintieron en primer lugar, en vez de decirle al mundo la verdad sobre no sé quién era el tipo sobre el que estaban mintiendo? ¿Y por qué si hay otras dos películas de Batman, en que suponemos Batman salvó dos veces a Ciudad Gótica, todos lo odian?

CHILEKENT69: Todo eso está respondido en “The Dark Knight”, pues, perrín, la segunda entrega de la saga... ¿No te acuerdas? ¿En donde aparecía el Joker...?

LAURENCIO: Pues... No... Pero a ver, otra cosa que no se explica. ¿De dónde salió la mina del final? ¿Quién era el tipo que visitó en la cárcel a Batman? ¿Estaba de verdad o estaba alucinando? ¿Por qué se quieren vengar de no sé qué...?

CHILEKENT69: Pues es que todo eso está respondido en “Batman Begins”, pues, perrín, la primera entrega de la saga... ¿No te acuerdas? ¿Aparece Reissshhh-ashgúl?

LAURENCIO: Pues... No... Y otra cosa que no se explica, de dónde salió Gatúbela.

CHILEKENT69: Er, bueno, eso... No lo explican. Pero oye, está mejor que esa otra en que Gatúbela se volvía Gatúbela porque se caía ventana abajo, y la lamían los gatos, y... mmmmmm... No, pensándolo bien, esa otra estaba mejor. Aunque la mina de acá igual está buena.

JORDAN: A mí me gustó la mina... Aunque igual cuática la transformación final, igual se hace buena porque sí... Porque a ver a qué mina le gusta un hueón tan patético como ese Batman.

CHILEKENT69: Ya salió la feminazi. Te estábamos esperando, Jordan, chica, qué bueno contamos con tu presencia.

VÍCTOR: ¡Hey! ¿A nadie se le hizo un poco larga? Igual hubo un rato en que me dormí...

CHILEKENT69: ¿Y cuánto te perdiste?

VÍCTOR: Bueno, parece que parte de la batalla final. Pero es que igual, Batman estaba peleando con Bane en las alcantarillas con Gatúbela mirando, y después estaban a cielo abierto... igual como que me desconecté un poco.

CHILEKENT69: ¡Te desconectaste la mitad de la película, hueón! ¡Es que te mato! ¡Hueón...! ¡Es... que...! ¿Saben una cosa? Parece que soy el único que aprecia el... déjenme respirar profundo... ya, ahora sí. Soy el único que aprecia EL ARTE, mierda. Que es un peliculón.

VÍCTOR: Qué bueno te lo tomaste bien. Por un momento creí que ibas a despotricar contra ella. Igual hay quien dice que no es tan buena como la segunda.

CHILEKENT69: Bueno, es que igual la segunda es mejor.

JORDAN: A-er, a-er, a-er, es que no entiendo, es que no me cuadra... Acabas de decir que ésta es la mejor película que has visto, y junto con “Los Vengadores”. Empatadas. ¿Y ahora sales con que “The Dark Knight” es incluso mejor? Mira, Chilekent, la coherencia no es tu fuerte...

VÍCTOR: ¿Chilekent? ¿Chile... kent...? ¿Chilekent69...? Jordan, mira... Dejaste callado a Chilekent... ¡Jordan, eres increíble, cómo lo hiciste...!

LAURENCIO: Jordan, se te pasó la mano... Mira, pobre Chilekent...

VÍCTOR: ¿Pobre Chilekent? ¡Laurencio, aprovéchate! ¡Ahora que le dio el pantallazo azul de la muerte, invítalo a que vea películas en la cineteca tuya!

LAURENCIO: ¡Oye, Víctor, tienes razón! Además, los voy a invitar a ustedes también. ¡Así vamos a ver CINE DE VERDAD!

JORDAN: No, eh, yo... er... creo que paso. Es decir, tengo un compromiso, y...

LAURENCIO: Pero si ni siquiera he dicho qué día...

VÍCTOR: No importa, ella va a ir. Después de todo... Jordan... ¿Te vas a perder la cara de Chilekent69 ese día...?

JORDAN: Tienes razón, no me la voy a perder. Lo que sea que haya en la agenda, lo postergo.

LAURENCIO: Entonces está decidido. Los invito el próximo sábado a la cineteca de la Escuela de Cine en donde hago clases, y vamos a ver clásicos cinematográficos de verdad. Tú también, Chi... ¿Chilekent...? ¿Chile... Kent...? Jordan, estoy empezando a preocuparme. ¡Chilekent no reacciona!

miércoles, 15 de agosto de 2012

El Caballero de la Noche se despide con un tiroteo.


La noticia es algo vieja al momento de escribir esto, pero no he dejado de darle un par de vueltas. Me refiero al tiroteo que se produjo en el estreno de la película "The Dark Knight Rises". Recapitularé los hechos para memoria del lector, tal y como entiendo que ocurrieron. El 20 de Julio de 2012 se estrenó la tercera parte de la Trilogía del Caballero de la Noche, como me referiré a ella tanto acá como en la entrega de Interminablelogías que estoy preparando acerca de la historia de Batman según Christopher Nolan. En un cine de Aurora, ciudad del estado de Colorado en Estados Unidos, se programó una función especial de estreno a medianoche. El cine se llenó de fanáticos, muchos de ellos con disfraces. Uno de ellos salió del cine, y luego volvió a entrar, arrojando alguna clase de gas a los espectadores y disparando a mansalva. La gente no se dio cuenta de manera inicial, pensando que todo era parte de una campaña de promoción de la película, y que los disparos eran parte de los efectos especiales de la película. 12 muertos, 58 heridos, el saldo macabro de la matanza. Todos ellos, no participando en una actividad política o terrorista, sino simplemente divirtiéndose con una de las películas más esperadas del año. El sospechoso arrestado declaró ser el Joker, y que su casa estaba llena de bombas. Esto último fue verdad.

Para mí, la explicación de que el asesino de masas está desquiciado, es sólo una explicación a medias. Eso explica por qué tomó un arma, pero no explica por qué declaró ser el Guasón. ¿Por qué eligió el estreno de Batman para su matanza, y no por ejemplo una comedia romántica de Jennifer Lopez o Katherine Heigl? La idea de que determinadas películas promueven la violencia me parece ridícula. La gente no consumiría esa clase de productos si es que no tuvieran un apelativo para ellas. Es cierto que algo de cierto hay en que el cine influye sobre las conductas de las personas, promoviendo patrones y modelos a seguir. Pero por otra parte, el cine tiene a su vez que dejarse influir por las corrientes sociales para ser atractivo y poder sustentarse como el negocio que es. De manera que si aceptamos que la culpa es de las películas por incitar a la violencia en la sociedad, debemos también asumir que la culpa es de la violencia en la sociedad por incitar a los productores a rodar películas en donde dicha violencia quede reflejada. Es un círculo que se alimenta a sí mismo.

Y aquí es donde entro en vereda. Marcando una diferencia bien significativa con el Batman de Tim Burton, o el Batman de Joel Schumacher con mayor razón, la trilogía de Nolan tiene una fuerte carga social. Tengo entendido que el señor Nolan ha negado que sus películas sean manifiestos políticos, y me inclino a creer que no lo hizo con esa intención; pero por otra parte, no es menos cierto que se desprenden muchas lecturas políticas sobre lo que significa vivir en la civilización occidental y a comienzos del siglo XXI, viendo estas películas. Supongo que eso era inevitable, considerando que la filosofía de Nolan era rodar un Batman más sucio, oscuro y realista, y por lo tanto más alejado del cuento de hadas gótico de Tim Burton y más cercano a nuestro aquí y nuestro ahora.

Creo que el Guasón es el personaje más popular de la trilogía no sólo por la esforzada interpretación de Heath Ledger, sin desmerecer, sino también porque el personaje conecta de manera suprema con la violencia social actual. El Guasón es lisa y llanamente la voz de los que no tienen voz. La voz de su ira, de su irritación. El Guasón es antisistema en grado sumo. No sólo está en contra del sistema actual, está en contra de cualquier sistema. Su deseo no es derribar el capitalismo: su deseo es ver al mundo arder. No se puede ser más antisistema que ser como un perro persiguiendo automóviles, sin tener ni idea de qué hacer en caso de llegar a agarrar uno.



Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad llena de indignados. Y es que el viejo y querido estado del bienestar que se trató de erigir a mediados del siglo XX, en donde había un lugar para cada persona, hace rato que viene siendo dinamitado en pos de los intereses corporativos de una pequeña camarilla de encumbrados que no pareciera querer detenerse hasta sepultarnos a todos de regreso a la condición medieval de siervos de la gleba, en donde ni el talento ni el esfuerzo personales sirven para nada más que la glorificación de unos pocos, no como mecanismo de encumbramiento social como debería ser en una meritocracia que se precie de tal. Esto crea dos clases de violencia: la violencia de la camarilla, que es legítima y correcta porque está amparada por la legalidad y la legitimidad que ellos mismos han creado, y la violencia que lleva a cabo el resto de la sociedad en defensa propia contra esa camarilla, que por ir activamente en contra de la anterior es ilegítima y terrorista. Adivinen en qué lado cae el Guasón. Y adivinen por qué el Guasón, a pesar de ser un villano diabólico, es tan querido por la gente.

En cierta medida, creo que el tiroteo que se produjo en el estreno de la película electrizó las noticias precisamente por esto, porque es un reflejo de las tensiones sociales que estamos viviendo hoy en día. Repito, el tiroteo no se produjo en el estreno de "La era del hielo 4", de la última de Pixar, o incluso de otra oscura película de superhéroes como el reboot de Spiderman. El tiroteo se produjo precisamente en el estreno de una película con un larvado pero potente discurso social. La tensión social que se vive en el universo de la trilogía de Nolan, viene de la tensión social que vivimos en nuestros propios días, y en un ejercicio de recursividad digno de Escher, regresó al mundo real y azotó un cine en Arizona. Puede que el asesino de masas tenga un par de desperfectos en la azotea, pero eso sólo funcionó como mecanismo para apretar el gatillo: el revólver social ya viene cargado desde hace mucho, y puede incluso irse agravando aún más con el paso del tiempo. No hemos visto el final de los indignados todavía.

Hay un punto de interés en que la gente no haya reaccionado inicialmente, pensando en que todo era parte de la película o de la promoción. Después de más de un siglo de cine, el cine terminó por devorar la realidad. En 1895, el público se tomó el tren de la ficción que aparecía en la pantalla como la realidad, y salió despavorido del espectáculo. En 2012, a la inversa, el público se tomó el asesino de masas de la realidad como algo que debía ser incluido en la ficción de la pantalla. Estamos tan metidos en la cultura de la imagen, en la virtualidad que nos rodea por todos lados, que vivimos la existencia entera como si fuera una película o un videojuego. Hemos perdido la capacidad de distinguir entre la ficción y la realidad. Hay algo de ficción en que un actor como Christian Bale se disfrace de murciélago de noche de brujas para interpretar a Batman, pero también hay algo de ficción en que un puñado de fanáticos también se vistan como Batman para honrar a una película. Eso no es negativo en sí... pero llega a serlo si la barrera se hace tan indivisible, que el control de los medios de comunicación pasa a ser el control de las masas incapaces de distinguir la realidad de la ficción. Un asesino de masas no fue capaz de hacer la distinción y se puso a disparar en nombre de su personaje favorito, y un grupo de personas no reaccionó hasta que fue demasiado tarde, porque tampoco fue capaz de hacer la distinción. Y cuando la ficción habla de una sociedad dividida, fragmentada en contra de sí misma, y a punto de aniquilar su propia democracia si es que no la ha destruido ya, esa incapacidad para hacer la distinción entre dicha ficción y la realidad se transforma en una muy peligrosa bomba de tiempo.


domingo, 12 de agosto de 2012

Crónicas Antrópicas 32 - "El camino del empirismo científico".


Galileo Galilei con su defensa de la observación empírica por sobre el dogmatismo religioso como manera de entender el mundo, es un heraldo de los nuevos tiempos del desarrollo mental de la civilización, mientras que René Descartes, en su afán de tratar de comprender el universo a partir de la especulación pura, es quizás el último gran representante científico occidental de la manera escolástica de entender el universo. La enconada defensa del heliocentrismo por Galileo suele hacer olvidar otro aporte mucho más precioso: el desarrollo del método científico. Hoy en día, el método científico nos parece una obviedad. Pero en los días de Galileo, era todo un enfoque nuevo y diferente acerca de cómo entender el mundo. El método escolástico era formular o plantear dogmas que sonaran razonables, y deducir desde allí verdades sobre el mundo. El método científico opera justamente al revés: a partir de los hechos puntuales se deducen las leyes generales del universo. La Mecánica de Galileo resultó mucho más perfecta que la aristotélica porque su formulación de las leyes del péndulo las hizo midiendo un péndulo de verdad, y las leyes de la inercia las hizo analizando matemáticamente móviles de verdad, no especulando sobre ellos.



En esto no debemos minimizar una importantísima revolución conceptual que operó a finales del siglo XVI. Nos referimos en concreto al desarrollo de la notación algebraica. El álgebra era una disciplina conocida desde la Edad Media en Europa, y durante el Renacimiento se independizó por primera vez de su herencia arábiga para comenzar su propio desarrollo. Pero los textos sobre álgebra no eran todo lo precisos que se hubiera deseado. Y entonces vino la labor combinada de dos sabios. Rafael Bombelli (1526-1572) fue el primer matemático occidental que pudo habérselas con los números imaginarios. Estos fueron llamados así de manera posterior por René Descartes, en lo esencial para burlarse de ellos. Pero los números imaginarios fueron un gran salto hacia adelante en las Matemáticas, ya que eran los primeros que no tenían relación con algo de la naturaleza como los números negativos, que pueden entenderse como la resta de algo (sacar manzanas de un canasto, por ejemplo), o los números racionales que pueden verse como la división de algo (repartir una torta entre varias porciones, por ejemplo). Los números imaginarios son una pura abstracción matemática independiente de la naturaleza, o al menos, la naturaleza más evidente a los ojos, ya que no hay manera alguna de realizar con objetos materiales la operación matemática para obtenerlos (en concreto, extraer la raíz cuadrada de un número negativo). Por otra parte su colega François Viète (1540-1603) tuvo una idea que hoy en día se nos antoja obvia, pero que en su tiempo fue revolucionaria: si en el álgebra tratamos con cantidades abstractas que no representan números aritméticos sino relaciones entre ellos, ¿por qué no simbolizamos estas cantidades abstractas con letras del alfabeto? Viète, en efecto, inventó la notación algebraica moderna tal y como la conocemos. Estos aportes permitieron dividir aguas entre la naturaleza material por una parte, y el razonamiento matemático abstracto por la otra, lo que ayudó a su vez a aplicar herramientas matemáticas al análisis de los resultados de los experimentos en que se aplicara el método científico. El poder de esta nueva combinación iba a desplegarse con toda su fuerza con la obra de Isaac Newton, un siglo después.



A comienzos del siglo XVII, estas nuevas concepciones cristalizaron en la obra de Francis Bacon. Los mitógrafos suelen decir que Francis Bacon inventó el método científico. En realidad su contribución es mucho más modesta: el método científico ya existía, como lo prueba Galileo Galilei, e incluso científicos muy anteriores; lo que hizo Bacon fue meramente formularlo en términos teóricos, en  crear un marco conceptual a lo que los científicos modernos ya venían haciendo por instinto. Aún así, hubo una pequeña batalla intelectual entre los partidarios del empirismo a lo Bacon, y del racionalismo a lo Descartes. Descartes recelaba de los sentidos porque una mala percepción puede engañarnos, y prefería confiar en la razón; Bacon por el contrario recelaba de la razón porque un mal razonamiento puede engañarnos, y prefería contar con la observación de lo percibido por los sentidos. A la larga, fue el punto de vista baconiano el que terminó por imponerse, debido a que una de las consecuencias de aplicar el método científico es la posibilidad de autocorrección.



En definitiva, a partir del siglo XVII la investigación científica fue codificada de acuerdo a un sistema. El método científico consiste en varios pasos. Primero, observar hechos determinados, y formular una hipótesis que los explique. Luego, a partir de esa hipótesis, formular predicciones para otros hechos distintos. A continuación se realizan experimentos bajo condiciones controladas que permiten verificar si las predicciones en cuestión se cumplen de acuerdo a la hipótesis planteada. Si no se cumple, debe formularse una hipótesis distinta. Si se cumple, la hipótesis es elevada al rango de ley natural. A su vez, dicha ley natural permanecerá vigente tanto tiempo como los hechos la confirmen: si llegan nuevos hechos, habrá que explicarlos con una nueva hipótesis, y la ley natural tal y como está planteada deberá ser ajustada. El consenso en dicho método permitió construir la actual comunidad científica occidental, ya que los propios científicos, obrando como pares entre sí, adoptaron la costumbre de replicar los experimentos ajenos para verificar los resultados por sí mismos. De esta manera, sucesivas hipótesis erróneas pueden descartarse en favor de los experimentos exitosos que conducen a la formulación de leyes naturales cada vez más precisas. El método científico así se consolidó como la más perfecta manera de entender la naturaleza, y la razón misma por la cual el conocimiento científico es superior en todos los sentidos al dogma religioso como manera de entenderla e interpretarla.



A partir de este punto comenzó también la revuelta de la religión en contra de la ciencia. La gente que abraza la religión, lo hace en busca de verdades trascendentes e inmutables, y es por lo tanto incapaz de aceptar el golpe a la mesa que resulta cada nueva revelación según el método científico. La ciencia no puede ofrecer verdades totales, ni puede aceptarlas tampoco: todo lo que puede hacer es trabajar con verdades parciales relacionadas con las investigaciones que hayan arribado a resultados exitosos, y poner en cuestión todo el resto, ya que una ley natural formulada hoy en día de acuerdo a una hipótesis verificada, podría revelarse como inexacta o errónea más adelante si surgen nuevos hechos que la invaliden. Y esto choca con las inseguridades de la gente religiosa, por no hablar de su sed de dominio y su ambición de poder. El dogma religioso pretende ser verificable sin serlo, ya que se basa en un decreto del poder religioso, el que se arroga por sí la autoridad moral por vía de revelación espiritual más allá del mundo material. El conocimiento científico por su parte no es verificable, ya que toda ley natural se expone a ser defenestrada si llega una nueva tanda de hechos que la desbanque; por eso decimos que el conocimiento científico sólo es falsable, pero no verificable. En ese sentido el conocimiento científico es humilde, ya que sólo pretende explicar la realidad en el estado actual de nuestro conocimiento, mientras que el dogma religioso es arrogante, porque pretende explicar toda la realidad con observaciones insuficientes. Aunque por cierto que es posible encontrar gente dogmática y autoritaria dentro del mundo científico, pero los daños que éstos pueden provocar al conocimiento en sí son morigerados por la presión de los pares y su estricto ceñirse a la observación empírica como árbitro final, en vez del decreto arbitrario de una autoridad eclesiástica. Pero la Historia probará que la ciencia, aunque más perfecta que la religión para explicar el mundo, no tendrá la batalla ganada. Durante el siguiente medio milenio, la ciencia librará una enconada lucha en dos frentes, por un lado arrancándole cada vez más parcelas de conocimiento a la naturaleza, y por la otra batallando de manera constante contra el fanatismo, la estupidez, la fe ciega, el dogmatismo, la superstición, la ignorancia, las seudociencias que se presentan como verdades alternativas con iguales derechos democráticos, incluso la sicopatía de numerosos líderes religiosos que se sienten el alfa y el omega del conocimiento, y el por otra parte comprensible afán de pertenencia que lleva a la gente a inclinarse hacia las supuestas verdades de la religión.

Próxima entrega: "El descubrimiento del mundo microscópico".

sábado, 11 de agosto de 2012

"Después de haberlo dado todo".


Yo lo di todo por ella
y hubiera dado más si hubiera tenido.
Le hubiera regalado estrellas,
soles incandescendentes de haber podido.
Y ahora que se ha marchado,
que hacia quien sabe donde se ha ido,
me he quedado en tierra varado,
pobre, solitario, finalmente vencido.
¿Quién antes te dio tanta importancia?
¿Quién antes te escuchó llorar?
¿No fui yo quien te dio tu prestancia?
¿No fui yo quien te ayudó a levantar?
Ahora tú sigues bien y yo sigo hundido,
y no me quejo porque así es la apuesta:
hay que estar a lo ganado y a lo perdido,
hay que seguir en el llano y en la cuesta.
Yo no pido que vuelvas o regreses,
ni que alguna vez mires atrás;
conforme van pasando días y meses,
lo muerto muere por siempre jamás.
Pero sí le grito a la vida alto y fuerte
que así como ahora te tocó a ti,
¿cuándo va a volver tornas la suerte?
¿cuándo al fin me va a tocar a mí...?

miércoles, 8 de agosto de 2012

Los personajes de Themo Lobos.

Hace algunas semanas recibimos la dolorosa noticia del fallecimiento de Themo Lobos (1928-2012). Dolorosa porque Temístocles Lobos, su verdadero nombre, era prácticamente una institución dentro de los dibujantes en Chile. A diferencia de Pepo, cuyo gran puntal era Condorito a pesar de haber creado otros personajes, Themo Lobos consiguió crear al lado de su Mampato personajes igualmente memorables, aunque no tan populares. Además, Themo Lobos tenía un talento único para la sátira política, que conseguía la rara alquimia de ser amable sin perder un ápice de gracejo o mordacidad. A manera de tributo, aquí en la Guillermocracia recordaremos a los principales personajes de Themo Lobos.

Mampato.

El personaje más famoso de Themo Lobos no fue creado por Themo Lobos. El creador de Mampato fue Eduardo Armstrong, un dibujante contratado por la revista Mampato precisamente para darle vida a sus aventuras. A poco andar, Eduardo Armstrong abandonó al personaje, y Themo Lobos lo tomó a su cargo de una manera tan brillante, que lo hizo absolutamente suyo. El planteamiento de Mampato no podía ser más sencillo: Mampato es un niño chileno que haciendo amistad con el cavernícola Ogú y con Rena la chica del siglo 40, en cada aventura siente curiosidad por un determinado evento o época histórica, y usando su cinto espacio-temporal, viaja al mismo para vivir excitantes aventuras en dicho período. La premisa era lo suficientemente sencilla y flexible como para que Themo Lobos le sacara mucha punta a lo largo de una enorme cantidad de peripecias que llevaron a Mampato desde la Prehistoria hasta el futuro, desde la Guerra de Troya hasta la independencia chilena, desde el rey Arturo hasta los cazadores de ballenas del siglo XIX. Las aventuras tenían un toque de humor del llamado slapstick, en particular a cargo de las palizas que Ogú les proporcionaba regularmente a sus oponentes, muy en la línea de Asterix y Obelix; pero tanto las historias como el trasfondo mostraban el enorme trabajo de erudición e investigación de fondo, tanto en historia propiamente tal como en mitología, construyendo entornos muy creíbles para las aventuras de los personajes. La caricatura, o más en concreto su aventura en el pasado de Isla de Pascua, fue adaptada en una exitosa película de animación del año 2003, llamada "Ogú y Mampato en Rapa Nui", aunque el guión se tomó las inevitables libertades respecto de la historia original.

Alaraco.

Exactamente lo que el nombre del personaje dice. La característica primaria de Alaraco y la fuente de su humor, era su exagerada sobrerreacción ante las situaciones más banales de la vida cotidiana. Valga un ejemplo. En una historieta, Alaraco detiene a una niñita chica que va a cruzar imprudentemente la calle, y la sermonea diciéndole que debe siempre fijarse, que más vale perder un minuto en la vida que la vida en un minuto, y sólo después de su discurso, la lleva de la mano cruzando a través de una calle... con un gigantesco cartel de cerrada por reparaciones. El personaje saltó a la televisión en la década de 1980, como un gag recurrente dentro del programa Jappening con Ja, interpretado por el actor Fernando Alarcón y una prominente prótesis nasal; es la única caricatura de Themo Lobos que ha dado el salto a ser interpretada por actores de carne y hueso.

Ferrilo.

Ferrilo era un robot antropomórfico de tamaño humano, que al haber sido sido creado por un científico loco, tenía la ingenuidad propia de un niño. Precisamente por esto, el inocente Ferrilo hacía cosas con toda la buena intención del mundo, que solían terminar en desastre debido a que el robot no tomaba en cuenta su propia fuerza a la hora de hacer las cosas. Solía pasar que Ferrilo rompiera una pared sin querer, o dejara hecho trizas algún automóvil, además de su desconocimiento inocente de convenciones sociales como por ejemplo el uso de las puertas. Lo que solía partir como una inocente aventura, solía terminar con una maratón de destrozos varios.

Máximo Chambónez.

Una vez más, el nombre lo dice todo. Máximo Chambónez es un personaje siempre entusiasmado con distintos proyectos, y que tiende a creerse más listo de lo que realmente es a la hora de ejecutarlos. El resultado es que alguna cosa siempre se sale de madre, acabando en una chambonada mayúscula que ocasiona estropicios al por mayor. Aunque Máximo Chambónez no es el personaje más popular de Themo Lobos, puede decirse que ha conservado una cierta base de fanáticos debido a representar muy bien el carácter del chileno improvisador y siempre tratando de pasarse de listo. Y por lo general, con los mismos resultados que obtiene el pobre Máximo.

Nick Obre.

Nick Obre es una especie de cruza entre detective privado a lo Sherlock Holmes, investigador de novela negra, y espía internacional. Es en realidad una sátira a todos estos prototipos de historia policíaca, siempre con un tono mucho más amable e infantil que los modelos parodiados, por supuesto. Dicho infantil en el buen sentido de la palabra, por supuesto. Debido al tono liviano de Nick Obre, podía darse el lujo de investigar toda clase de casos, desde aparatosas operaciones de sabotaje y terrorismo internacional, hasta vulgares casos de robo. Todo en un tono de sana comedia familiar.

Lokán el Bárbaro.

Este personaje apareció por entregas en la publicación infantil Icarito en el diario La Tercera; a diferencia de otras creaciones de Themo Lobos, no he tenido noticias de que haya sido reeditado en forma de libro. Lokán es un joven aventurero que, acompañado de una esfera metálica parlante y capaz de volar (a la que Lokán siempre responde con un malhumorado "¡pedante de hojalata!"), vive aventuras en un planeta exótico de ambientación similar a la de una historia tradicional de bárbaros. Piénsese en una especie de Mampato algo más crecido y con espada, acompañado de una esfera volante a lo profesor Simon de El Capitán Futuro, en un escenario similar al cómic europeo de Ciencia Ficción de la década de 1970 aunque sin sus dosis de sexo o violencia por aquello de que estaba destinado a un público infantil, y se tendrá una idea muy aproximada de lo que eran las aventuras de Lokán.

domingo, 5 de agosto de 2012

Crónicas Antrópicas 31 - "Holanda a la cabeza del progreso científico".


Durante el siglo XVII se produjo la traslación definitiva de la cultura científica europea desde Italia y Europa Central hasta las protestantes Inglaterra y Holanda. Su espíritu libertario, su emprendimiento mercantil, y su fomento a la libre discusión de las ideas, fueron el caldo de cultivo ideal para que los aportes de gigantes como Galileo Galilei y Johannes Kepler encontraran asidero. La labor combinada de ambos había hecho dar a nuestro conocimiento de la naturaleza un salto colosal hacia adelante, pero esto no venía sin problemas. Galileo y Kepler habían hecho una magnífica labor de demolición del aristotelismo, pero el heliocentrismo aún no estaba probado. Además, si bien se sabía que la mecánica aristotélica no funcionaba, aún no quedaba claro qué la iba a reemplazar. Las leyes del movimiento planetario de Kepler no eran por completo aceptadas, y las observaciones de Galileo, si bien importantísimas en sí mismas, iban un tanto ayunas de un respaldo teórico sólido por detrás. El mayor aporte de Galileo en el campo estrictamente teórico no fue la defensa del heliocentrismo, labor en la que se probó quizás algo torpe, sino en la enunciación de varias leyes científicas relativas al movimiento de los cuerpos terrestres, y que rematan en su concepto de inercia. Pero nadie adivinaba cómo encajaba todo esto dentro de un nuevo marco teórico.



Quién se lanzó a la empresa fue René Descartes. Hoy en día, Descartes es un nombre olvidado en la historia científica, hundido como está debajo de su etiqueta de filósofo. Su obra más importante es el "Discurso del método" de 1637, en donde defiende la idea de que puede dudarse de todo, ya que conocemos las cosas con los sentidos, y los sentidos pueden engañarnos. Pero no se puede dudar del propio pensamiento, de donde sale su famosa expresión "cogito ergo sum" (pienso, luego existo). Se ha argumentado, y con razón, que Descartes y su promoción del solipsismo en realidad es un callejón sin salida filosófico, por mucho que Descartes trate de probar (infructuosamente) la existencia de Dios, el alma y el mundo a partir de este postulado, pero no debe olvidarse lo que esta afirmación significó en su contexto histórico: el rechazo absoluto a toda clase de dogma de autoridad. En una época en donde todavía la autoridad eclesiástica, sea de la Iglesia Católica o de los pastores protestantes, era un argumento de peso que podía arrojarse a la mesa de cualquier discusión intelectual, esta propuesta ideológica cartesiana estaba bastante cerca de calificar como peligroso terrorista revolucionario del intelecto. Por mucho menos, Galileo había estado a un pelo de caminar hacia la hoguera en la católica Italia. Pero Descartes escribía en la protestante Holanda, y fue aclamado como una de las mayores luminarias de su tiempo.



En realidad, la Holanda del siglo XVII era probablemente la nación más ilustrada del planeta. En ella, la Guerra de los Treinta Años fue tan solo el epílogo de un conflicto mayor de ochenta años contra España, que se libró entre 1568 y 1648. Holanda florecía gracias al comercio y la industria, y había abrazado el protestantismo como reacción contra el dominio de un Imperio Español cada vez más católico, reaccionario, y sobre todo atrasado institucionalmente. Como resultado, los holandeses defendieron a ultranza la libertad intelectual. Además, se benefició de la inmigración de trabajadores e intelectuales capacitados que escapaban de naciones más opresivas para poder desarrollarse profesionalmente. En los salones holandeses se congregaron las mayores luminarias intelectuales de su tiempo: Hugo Grocio sentó las bases del Derecho Internacional; Galileo Galilei envió allí su último manuscrito científico; Christiaan Huygens inventó el reloj de péndulo y se transformó en la mayor eminencia astronómica y matemática de la época entre Kepler y Newton; Simon Stevin desarrolló la Hidrostática; Anton van Leeuwenhoek descubrió el mundo microscópico... Y esto sin considerar la constelación de pintores como Rubens o Rembrandt, y sus grandes aportes a la historia del arte universal.



Fue en este medio ambiente, que Descartes ofreció la primera teoría científica moderna que trataba de explicar el universo con prescindencia de la Iglesia Católica. Hoy en día solemos olvidar que en el siglo XVII la Filosofía y las Ciencias eran actividades íntimamente ligadas, y que a la ciencia todavía se la llamaba "filosofía natural". Descartes describió un mundo lleno de partículas, en el cual la fricción entre las mismas crea el fuego, la agitación entre ellas crea los fluidos, y la cohesión de éstas crea los objetos sólidos. Descartes creó también la primera teoría sobre la génesis del Sistema Solar, argumentando que como la naturaleza no permite el vacío y por lo tanto cada espacio vacío dejado por una partícula debe ser ocupado por otra, entonces esto debe crear vórtices circulares que, a la larga, deben haber generado a los planetas. Descartes ofrece también una explicación sobre por qué los objetos caen hacia la Tierra, y lo que se explicaría porque las partículas sólidas de la Tierra no dejan hueco, mientras que las partículas de la atmósfera, al estar agitadas, sí crearían huecos a través de los cuales la materia debería deslizarse. Es una explicación precaria, pero al menos es mejor que la ofrecida por Johannes Kepler para explicar las órbitas planetarias alrededor del Sol. Descartes también teoriza que la luz se desplaza de manera instantánea, a velocidad infinita, lo que en su tiempo podía pasar por cierto porque, en efecto, nadie había medido la velocidad de la luz.



Hoy en día es fácil ridiculizar las teorías cartesianas porque sabemos hasta qué punto son grotescos los errores científicos de Descartes. Tampoco ayuda que Descartes fuera un intelectual puramente teórico, que confiaba en la fuerza de la razón, en particular la suya propia, por encima de la comprobación empírica. Ni que la teoría de los torbellinos de Descartes fue un obstáculo significativo al progreso científico durante cerca de tres cuartos de siglo. Pero debemos considerar que es el primer esfuerzo vasto por entender la mecánica del universo en términos puramente científicos y no religiosos y en particular no bíblicos, después del caos generalizado en que el mundo científico estaba sumido después de las desconcertantes revelaciones de Galileo y Kepler. Podemos decir de Descartes que se equivocó intentándolo, en vez de equivocarse sin intentar nada en lo absoluto. Aún la oposición contra Descartes resultó fructífera, toda vez que obligó a afianzar aún más los argumentos a favor de la nueva mecánica que estaba por venir, la llamada Mecánica Newtoniana que iba a arribar a finales del mismo siglo.

Próxima entrega: "El camino del empirismo científico".
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