¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

¡La Guillermocracia te llama a las filas! ¡Vota, expresa tu opinión, cuáles son los mejores artículos que se han publicado en estos (casi) siete años de vida en línea! La encuesta se encuentra en la parte inferior de esta columna. ¿Más detalles? Pincha aquí. ¡Haz oir tu voz!

miércoles, 6 de junio de 2012

"Prófugos": Una temporada es suficiente.


El año 2011 vio llegar a las pantallas televisivas la primera coproducción entre Chile y HBO. Esta fue en concreto la miniserie "Prófugos", que se extendió durante trece episodios. Hasta donde tengo entendido, la serie fue renovada para una segunda temporada, pero después de haber visto con santa paciencia la primera, la verdad es que no me quedaron ganas de más. Les comentaré por qué.

"Prófugos" parte de la vieja premisa de los cuatro personajes que no pueden ser más distintos entre sí, y sin embargo se ven obligados a enterrar sus diferencias y colaborar entre sí para evitar que el mundo se les venga encima. En este caso se trata del hijo de una narcotraficante encarcelada, de un antiguo miembro de la guerrilla antipinochetista, de un torturador de la CNI devenido en traficante, y de un policía encubierto. Los cuatro viajan a Bolivia para sacar un cargamento de droga y llevarlo hasta Iquique. Por alguna razón, las instrucciones cambian y deben llevarlo a Valparaíso. En ese lugar, en el punto del intercambio, ocurre una celada y les roban la droga y el dinero. Los cuatro se transforman entonces en lo que dice el título de la serie, en prófugos, obligados a escapar tanto de los detectives de la Brigada Antinarcóticos como de un poderoso cartel de narcotraficantes. Y las cosas se van a complicar todavía más cuando se descubra que un detective antinarcóticos está en efecto vinculado al narcotráfico, y trabaja a dos bandas, moviendo todos los resortes institucionales para sus propios aviesos fines.

Planteado así, la miniserie prometía ser algo interesante. Sólo que el resultado no lo es. En el primer capítulo se describe el operativo frustrado, y termina con la emboscada en Valparaíso. En el segundo asistimos a la organización de la fuga. A pesar de ser capítulos de presentación de personajes y situaciones, son percutantes en grado extremo, llenos de acción y suspenso, en particular el segundo. El nivel se mantiene más o menos hasta la altura del quinto capítulo, momento en que los prófugos están tratando de salir de Chile por el sur, y en donde llega una serie de capítulos de alargue que alcanzan el colmo del surrealismo en una escena en donde uno de los prófugos participa en una especie de ritual de machi mapuche para buscar el autoconocimiento interior. Así es, como lo cuento. La historia vuelve a ponerse movida cuando los prófugos hacen lo que debieron hacer en primer lugar, o sea, esconderse en Santiago e ir a la caza de quienes los han emboscado, para por fin obtener la tranquilidad, aunque me pregunto cuántos a esas alturas seguían embarcados en la serie. En definitiva, un primer problema es que la premisa y los personajes podían haberse agotado en seis o siete capítulos, pero fueron alargados artificialmente a trece. En cuanto al final, termina con un personaje largando a un asesino con una orden de matar, dentro de un complot rayano en lo absurdo, y que sólo tiene sentido dentro de la lógica narrativa de imponerle una vuelta de tuerca final a la historia.

A eso debemos sumarle los constantes esfuerzos por apartarse del modelo de serie de televisión de acción estadounidense. Lo que no deja de ser risible, habida cuenta de lo mucho que las escenas de acción le deben a "24" u otras del mismo estilo. Pero los productores parecieran estar empeñados en crear no sólo un escapismo inocente o una trama llena de aventuras y suspenso, sino además una historia con personajes, y un producto artístico. Tales pretensiones no tienen nada de malo, si se ejecutan bien. Sólo que aquí no lo están.

Explosión en Valparaíso. Capítulo 1 de "Prófugos".


Así, el guión trata por todos los medios de aprovechar el tema policial para hacer comentarios sociales, un poco en la vena de lo que los teóricos franceses dijeron que habían hecho los novelistas de novela negra con Los Angeles en la década de 1940. Sólo que los guionistas acá no son Raymond Chandler o Dashiell Hammett. La historia trata de crear una parábola sobre el Chile fracturado en que vivimos, sobre las maniobras y entresijos del poder, y su relación con la criminalidad y el bajo mundo. Sólo que no se atreven a hacer el viaje completo, y todo se queda en apuntes, bocetos, borradores. Vemos un Chile corrupto hasta la médula, pero sólo lo arañamos, sin que la serie se atreva a hacerse cargo de las consecuencias. Con sus personajes de novela negra venida a menos, la serie como que quisiera hacer que nos preguntemos: ¿son todos los congresistas homosexuales?, ¿son todos los detectives corruptos, o tienen las manos atadas por el sistema?, etcétera. Pero la serie nos presenta los personajes, sin reflexionar sobre ellos, por lo que la crítica social se pierde. Nunca vemos si estos personajes son así porque el sistema también lo es, o si todo es parte de un elaborado complot por parte de gentes particularmente siniestras. Ni Chandler ni Hammett cometían esos errores a la hora de escribir, ni dejaban que el comentario social arruinara la diversión; por algo eran maestros en lo suyo.

La banda sonora por su parte resulta bastante pobre. Alguien pensó que era buena idea incluir de manera prominente en la banda sonora las canciones de Camila Moreno. No voy a discutir acerca de la cantautora en sí, pero alguien dentro de los que tomaron las decisiones en la producción, debería haberse puesto a reflexionar que una intérprete cantando en solitario canciones artificiosas y lisérgicas con una guitarra de palo no era precisamente la mejor opción para inyectar adrenalina en una serie de acción. O acaso lo hicieron para transformar la serie de acción en un drama de personajes, con la acción sólo como condimento. Sólo que...

...la lápida final de la serie, lo constituyen las actuaciones. El único que realmente se manda una actuación más o menos buena es Luis Gnecco como el torturador medio desquiciado: es cosa de verlo, y sabemos que algo no anda bien dentro de su cabeza. Pero los demás actores parecieran haber sido instruidos para actuar de manera artística, y esto significa en cine y televisión, ser contenidos. De manera que los personajes se están jugando su carrera profesional, su reputación, y en el caso de los prófugos sus propias vidas y las de sus seres queridos, y nunca los vemos reaccionar como seres humanos desesperados o al borde del colapso. Cuando mucho, algún que otro personaje hace un gesto de fastidio, suelta un suspiro, o grita como se reta al hijo que dio vuelta la taza de té sobre la mesa. Nadie reacciona con violencia de verdad, nadie odia, y lo que es peor, nadie parece amar aunque se supone que hay romance en la trama. En cuanto a los diálogos, son recitados de manera atonal, como si estuvieran ensayando su dicción dentro de un programa extranjero para aprender el idioma castellano. El resultado son personajes casi robóticos, que se mueven por el fastuoso tablero chileno un poco porque sí, porque el guión les manda ir a la siguiente estación, sin que sintamos en carne propia cuáles son sus motivaciones para seguir luchando o simplemente para mantenerse vivos. Se nos informa que dos personajes se aman y que ese amor los estimula a seguir adelante y ayudarse mutuamente, pero nunca llegamos a ver esa pasión que debería incendiarlos para afrontarlo todo y a todos con tal de salir adelante. El único al que vemos de verdad sentir algo es, como decíamos, a Luis Gnecco, en la escalofriante escena en que por fin le echa mano al tipo que mató a su familia, y se venga de él, y en donde con su sola mirada adivinamos la determinación de hacer sufrir el infierno al pobre diablo en cuestión, en uno de los pocos momentos realmente logrados de la serie fuera de las escenas de acción.

Para no terminar de manera tan amarga este comentario, hablemos un poco sobre los puntos positivos de la serie, que también los tiene. Hemos comentado las escenas de acción, y debemos insistir en que son muy buenas y percutantes, hasta el punto que capítulos enteros valen la pena de ser vistos por ellas, y cuando estamos en capítulos de remanso y calma, como que algo nos falta para seguir adelante. El otro punto a favor de la serie es el extraordinario uso de las maravillas naturales de Chile. La serie está grabada en locaciones de verdad, incluso en escenas tan fugaces como aquella ambientada en la entrada de Iquique, y en donde sólo se puede ver que es Iquique fijándose mucho en el fondo; pero aún así es Iquique, en vez de haber rodado en otra parte, lo que habla del cuidado con estos detalles. Vemos Valparaíso, también un montón de escenas del sur más campestre y rutal, y en las escenas de Santiago vemos una ciudad con personalidad propia, no el enésimo escenario genérico de teleserie patria. Si la trama y los personajes son débiles, al menos con todo este despliegue de escenografía se puede distraer la vista. No se me ocurre otra serie televisiva que haya retratado tan bien la naturaleza o la ciudad chilena, y desde luego que eso no se consigue en las teleseries chilenas promedio por mucha segunda unidad que despachen a regiones.

En resumen, la serie tenía una propuesta interesante, y no estaba exenta de pretensiones. Sólo que los traicionó el espíritu de "no es televisión, es HBO" y el intento por hacer algo artístico, para que en definitiva les saliera un producto bastante forzado. Es diferente a otras cosas que se han grabado, tanto en la televisión de acción, en la televisión de drama de personajes, y en la televisión de Chile, pero en este caso, diferente no significa necesariamente mejor.


4 comentarios:

sofia martínez dijo...

Las serie prófugos me encantó, creo que HBO ha sabido muy bien como explotar las series latinas. Hace poco me enteré de una serie brasileña que está por estrenar una serie llamada Psi y me llama mucho la atención por que promete ser una excelente serie.

Guillermo Ríos dijo...

Opinión pues a mí sí me gustó, es buena, alabanzas para HBO, falta de argumentos, promoción de una nueva serie también de HBO... ¿Estás segura de que no eres una spammer a sueldo? Porque si no es el caso, entonces al menos lo parece.

Francisco Miranda dijo...

Años después de publicado el post, aquí llega mi aportación desde España, donde la serie ha cosechado muy buenas críticas.

El primer capítulo de la primera temporada es lo único que he visto y me ha encantado.

Comprendo las críticas que haces a la serie, aunque hay que tener en cuenta que si corrigieran todos los defectos que comentas, se trataría de una obra maestra. Los actores me parecen bastante buenos, para lo que estamos acostumbrados por aquí.

Por lo menos se demuestra que en Chile se pueden elaborar productos audiovisuales exportables, tal y como hacen en Dinamarca y Suecia.

En lo que te doy la razón es en lo de alargar las series innecesariamente. En Inglaterra han hecho Happy Valley o Hinterland, con temporadas de seis capítulos largos y con eso sobra.

Me encanta ver la frescura de las series ajenas al típico estilo norteamericano.

Una vez que acabe la serie igual te acabo dando toda la razón...

Guillermo Ríos dijo...

Me llama la atención que la serie sea alabada en España, porque hasta donde yo sé, la televisión española es bastante más audaz que la chilena en cuanto a tocar tales o cuales tópicos. Aunque no veo demasiado de televisión española, así es que puedo estar equivocado.

El primer capítulo de Prófugos es excelente, sí. Es más adelante que la serie empieza a renguear, creo yo. De cualquier manera, si la sigues viendo, me dices si te parece que se mantiene o que no. Como siempre digo, todas las apreciaciones y críticas son siempre en última instancia personales... incluyendo las mías.

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

Related Posts with Thumbnails