¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

¡La Guillermocracia te llama a las filas! ¡Vota, expresa tu opinión, cuáles son los mejores artículos que se han publicado en estos (casi) siete años de vida en línea! La encuesta se encuentra en la parte inferior de esta columna. ¿Más detalles? Pincha aquí. ¡Haz oir tu voz!

sábado, 9 de junio de 2012

High Fantasy Manga 4 - "¡Injusticia! Un buen caballero resulta mal recompensado por su señor".



Rodrigo Díaz el campeón. Alfonso VI el rey. Ambos con sus claymores enarboladas, dispuestos a luchar por ver quién es el más grande guerrero del universo. Ambos lanzándose al choque.

Las espadas chocaron. La atmósfera entera pareció paralizarse a su alrededor, incluso las chispas del choque de espadas quedaron suspendidas por un instante en el aire.

Luego vino el entrechocar furioso. A pesar de que una claymore por definición es una espada de un peso enorme, tanto Rodrigo Díaz como Alfonso VI manejaban las suyas propias con soltura, como si se tratara apenas de vulgares estoques. En verdad se requería una fuerza magnífica, sobrehumana, para acometer semejante hazaña.

Ante los golpes furiosos de Alfonso VI, Rodrigo Díaz retrocedió primero un paso, luego otro, luego otro más, con el rostro congestionado, los dientes bien visibles y apretados, los ojos entrecerrados al máximo, abiertos lo justo y preciso para ver a su oponente. Alfonso VI no lucía mucho mejor.

De pronto, Alfonso VI lanzó un golpe tan demoledor, que Rodrigo Díaz hubo de retroceder de un salto para no ser zanjado en dos. Se puso a la defensiva.

– Nunca lograrás vencerme, Rodrigo Díaz – dijo Alfonso VI, jadeando. – Yo... SOY EL REY.

– Existe un rey más alto que tú y que yo, que es Dios – dijo Rodrigo Díaz, con tono calmado pero desafiante. – Que sea el Dios de Justicia quien decida.

– No sabéis nada, Rodrigo – dijo Alfonso VI, y soltó a continuación una risilla desdeñosa. – Yo soy rey por la Voluntad de Dios. YO soy la Justicia, Rodrigo.

– En esta Casa de Dios es que se decidirá qué tan legítimo rey eres – dijo Rodrigo Díaz.

Los ojos de Alfonso VI se abrieron grandemente ante la insolencia; a continuación, abriendo con enormidad las fauces, el rey se lanzó al ataque, dispuesto a rebanar a Rodrigo Díaz.

– ¡¡¡TU INSOLENCIA TE COSTARÁ CARO, INFANZÓN!!! – gritó, mientras descargaba golpe tras golpe de manera casi maquinal, como una imparable máquina de matar.

Rodrigo Díaz, obligado a retroceder y retroceder aún más, terminó por tropezar y rodar por el suelo.

– ¡¡¡MUERE!!! – gritó Alfonso VI con los ojos inyectados en sangre, al tiempo que descargaba un golpe tan fiero, que ante el filo de su claymore hasta el empedrado mismo del suelo se rompió y astilló en varios pedazos. Pero Rodrigo Díaz había rodado sobre sí mismo, y con ello se había puesto a salvo.

Alfonso VI, jadeando, se dio la media vuelta, no para quedar por completo frente a frente de Rodrigo Díaz, sino para poder mirarlo por encima del hombro, ya que de esa manera la escena quedaba más melodramática.

– Tu insolencia, tu insubordinación contra todas las leyes divinas y humanas ha llegado a un colmo, Alfonso. Ahora, habrás de ser restituido a la obediencia de Dios – dijo Rodrigo Díaz, y luego, con voz profunda y estentórea, rugió de modo tal que hasta los cimientos mismos de la Catedral de Santa Gadea se estremecieron: – ¡¡¡ESPAÑA... A MÍ!!!

Y se lanzó a una serie de ataques fieros, uno detrás del otro, sin parar, haciendo retroceder a Alfonso VI.

Drakkon Inferno Tremendis, sin siquiera darse cuenta, maravillado como estaba, empezó a silbar la melodía principal de alguna serie televisiva japonesa, y luego, sin darse cuenta también, empezó a cantar sílabas sin sentido que sonaran como a japonés:

– Te-to-ko-tu-bi-ki-ni... Te-to-ko-tu-te-ta... Te-sa-co-tu-bi-ki-ni... Te-co-mo-tu-co-saaaaa...

Rodrigo Díaz siguió cargando, hasta que finalmente Alfonso VI tropezó en el suelo, y rodó sobre el mismo. Su claymore fue a parar lejos. Rodrigo Díaz apoyó la punta de su propia claymore contra la manzana de adán del rey. Este, inmovilizado, era presa de visibles temblores, ansioso por el destino final. Rodrigo Díaz se quedó en esa posición, clavado como una estatua.

– ¡¡¡VAMOS!!! – gritó Alfonso VI. – ¡¡¡QUÉ ESPERAS!!! ¡¡¡MÁTAME!!! ¡¡¡MÁTAME!!!

Rodrigo Díaz retiró su claymore con mucha lentitud, y la envainó de nuevo.

– ¿Jurarás? – preguntó.

Alfonso VI, sin poder pararse del suelo por la conmoción, vaciló por un instante, pero ante la fiera mirada de Rodrigo Díaz, y la visión de los parroquianos mudos de asombro, gritó:

– ¡¡¡JURARÉ!!!

Dos caballeros se acercaron a Alfonso VI y le ayudaron a incorporarse. El sacerdote, un sacerdote nuevo en reemplazo de aquel cuyo cráneo había terminado rajado contra el suelo, se acercó portando una Biblia.

– ¿Juráis, Alfonso, que no tenéis nada que ver con la muerte de vuestro hermano, juráis ante el Dios que os castigará poniéndoos en manos de villanos o de moros de vuestro perjurio, juráis ante el Dios que os acarreará hambre, sed, pestes, enfermedades y duelos en vuestro perjurio, juráis ante el Dios que os reventará con hechicería y magia negra y os arrojará en las garras de Satán el Malo en vuestro perjurio? ¿Juráis, Alfonso?

Alfonso, presa de un conflicto interno como debe ser con todos los villanos derrotados en un animé o manga, tembló por un minuto. Luego, con un gesto melodramático, dejó caer la mano sobre la Biblia, y con voz potente, afirmó:

– ¡¡¡JURO!!!

Toda la concurrencia entonces estalló en vítores.

Alfonso VI se paró delante de ellos, y los silenció con un gesto. Luego, habló:

– ¡Venid, don Rodrigo!

Rodrigo Díaz acudió ante Alfonso VI con paso calmo.

– Prosternáos ante vuestro rey, jurad vasallaje – dijo Alfonso VI.

Rodrigo Díaz, obediente, hincó una rodilla en tierra, tomó la mano que le extendía Alfonso VI, y la besó con humildad.

– Ahora que todas las dudas han sido aclaradas y que os habéis sometido a mi autoridad real, consagrada por Dios mismo a través de su Voluntad, os digo cuál será mi primera sentencia de este reinado. ¡¡¡QUE ESTE MAL CABALLERO, QUE ESTE FELÓN DON RODRIGO, SEA DESTERRADO DE MIS REINOS, DESDE AHORA Y HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS TIEMPOS!!! ¡¡¡IDOS, RODRIGO, IDOS Y NO VOLVED NUNCA MÁS!!!

Todo el mundo quedó consternado al escuchar estas palabras.

Rodrigo Díaz se incorporó. Una vez de pie, sus ojos se cruzaron con la de Alfonso VI. Su mirada era tan profunda, que Alfonso VI, aunque intentó retenerla por un instante, no pudo, y debió desviarla un segundo. Rodrigo Díaz, sin que se le moviera un solo músculo de la cara, se dio la media vuelta, y empezó la retirada.

Drakkon Inferno Tremendis, impresionado, corrió al lado de Rodrigo Díaz.

– ¿Y ahora qué haréis, don Rodrigo? ¿Acaso no vais a pelear por vuestro puesto?

– He recibido una orden de mi señor el rey don Alfonso – dijo Rodrigo Díaz. – Y una orden de un señor investido de acuerdo a la ley de Dios, es una orden que se acata y cumple.

– ¡Pero vos habéis tenido motivos para sospechar...!

– ¡La orden de un señor se cumple! – dijo Rodrigo Díaz, exudando grandeza en cada palabra.

– ¡Pero, don Rodrigo...! – replicó Drakkon Inferno Tremendis, prisionero de la visión de mundo tan característica de los adolescentes otakus según la cual el bien y la justicia lo permiten todo, incluso saltarse las reglas, porque los héroes hacen sus propias reglas. – ¡Don Rodrigo...! ¡Vos sois un héroe! ¡Vos impartís justicia, y...!

Rodrigo Díaz miró a Drakkon Inferno Tremendis con ojos cansados.

– Si vos decís que es legítimo rebelarse contra la autoridad constituida sin pruebas, entonces vos no servís para caballero. En verdad, vos no servís ni para traerle el pienso a mi Babieca.

– ¡Pero vos acabáis de hacer eso! – dijo Drakkon Inferno Tremendis.

– No. Yo no he jurado vasallaje a mi rey bajo una sospecha legítima. Habiendo jurado...

– ¡Pudo haber jurado en falso!

Rodrigo Díaz miró a Drakkon Inferno Tremendis.

– Vos sois una serpiente, un reptil insidioso. ¿Os creéis acaso que un rey jura en falso...?

– ¿Y a dónde vamos entonces?

– Lo ignoro eso de vos. Lo que es yo, tengo ya mi camino fijado. El exilio...


No hay comentarios:

¡Vota por lo mejor de los primeros siete años de la Guillermocracia!

Related Posts with Thumbnails