domingo, 3 de junio de 2012

Crónicas Antrópicas 23 - "Revolución en la Medicina".


La Edad Media fue un período muy complicado para la Medicina. En general, bajo la férula de la Iglesia Católica solía entenderse que las enfermedades eran enviadas por Dios o provocadas por demonios, de manera que la terapia más recomendada era rezar. El mal estado de la Medicina quedó claramente en evidencia en 1348, cuando estalló la Peste Negra sobre Europa. La evidencia parece indicar que el bacilo de la Peste Negra se transmitía por la pulga de la rata, pero la Iglesia Católica prefería quemar a los gatos como supuestos aliados del demonio, permitiendo justamente que las ratas prosperaran y ayudaran a expandir aún más la peste. Además, los servicios religiosos eran una oportunidad única para la Peste Negra, ya que frente a su forma más espectacular, la peste bubónica en la que salen tumefacciones negras en distintas partes del cuerpo, hay otra forma enmascarada que se produce al atacar las vías respiratorias. De esta manera, las misas fúnebres o de expiación por los pecados eran una velocísima manera de propagar la peste: bastaba que un enfermo tosiera, aparentemente por gripe, y toda una congregación podía infectarse. Al final, por razones no del todo claras, la peste terminó por remitir al cabo de una media década, aunque aparecería en Europa de manera intermitente hasta el siglo XVII. Pero la Medicina y los médicos de la época, fue muy poco lo que pudieron hacer para contener el mal.


El gran lastre de la Medicina en la Edad Media fue la Iglesia Católica. Como en todo lo demás, la Iglesia Católica tendía a ser enemiga de la experimentación médica, sustituyéndola por el dogma de autoridad. No es que no se enseñara Medicina: ésta fue una de las primeras carreras impartidas por las universidades europeas ya desde el siglo XIII. Pero por el mencionado dogma de autoridad, la Iglesia Católica prohibió las disecciones: bastaba estudiar con los manuales de texto, bajo el supuesto de que los mismos se correspondína con la realidad interna del cuerpo humano sin que nadie se atreviera a revisar esto de manera abierta. No en balde la más reputada de todas era la Escuela de Medicina de Salerno, que estando en el sur de Italia, estaba en contacto con el mundo árabe, de lejos mucho más avanzado en materias médicas que Occidente, en parte debido a que los médicos árabes no estaban sometidos a tantas restricciones como los médicos cristianos. La Iglesia Católica asimismo perseguía bajo acusación de brujería y satanismo a todas las médicas y curanderas que desarrollaran su propio arte al margen de lo establecido.



No es raro entonces que apenas Occidente empezó a desarrollar una masa crítica de conocimientos, el campo de la Medicina se llenara de ideas ocultistas. A finales de la Edad Media se creía firmemente en la teoría de los cuatro humores. Según ésta, el cuerpo humano debe mantener un balance entre cuatro humores, que son la sangre, la flema, la bilis y la atrabilis; todas las enfermedades no eran sino un desequilibrio entre estos cuatro humores. Asimismo, la Medicina se llenó de ideas que conectaban al cuerpo humano con el universo y las estrellas. Hasta el día de hoy se conservan algunas reminiscencias de esas creencias, cuando los astrólogos afirman que tal o cual planeta rige tal o cual órgano del cuerpo humano. Increíblemente, como hemos comentado a propósito de los alquimistas, algunas de estas ideas sirvieron a algunos sabios como incitación para dedicarse a la experimentación, con lo que la Medicina dio algunos pasos por caminos ya más científicos.



El debilitamiento de la autoridad de la Iglesia Católica durante los siglos XV y XVI, sumado al desarrollo de la imprenta, permitieron que las ideas médicas fluyeran con mayor libertad a lo largo y ancho de Europa. De esta manera se difundió la obra de Girolamo Fracastoro, un estudioso de la primera mitad del siglo XVI que desarrolló la idea de que ciertas enfermedades podían ser obra no de desajustes en los humores internos, sino de agentes externos, en una preclara intuición de lo que después será la teoría microbiana de las enfermedades. Al mismo tiempo floreció la figura de Paracelso, quien tomó el seudónimo con el que se lo conoce actualmente del entonces afamado médico romano Celso; Paracelso venía a significar así "más allá de Celso", lo que da cuenta de sus ambiciones. Aunque Paracelso estaba firmemente anclado en las ideas y dogmas de los astrólogos y alquimistas, le dio el vamos a la noción de que las enfermedades podían ser tratadas no sólo con hierbas y brebajes, sino también con substancias y compuestos químicos, dando así el salto desde la herbolaria a la moderna farmacología.



Pero el giro copernicano dentro de la Medicina se produjo en 1543, circunstancialmente el mismo año en que Copérnico anunció su teoría heliocéntrica. En dicho año fue publicado "De Humani Corporis Fabrica", "De la fábrica del cuerpo humano", un tratado bellamente ilustrado con grabados en que el médico Andreas Vesalius dio paso a la moderna Anatomía. La gran revolución de Vesalius fue haber reconocido que las descripciones del médico romano Galeno, el manual de cabecera de los médicos de su época, eran erróneas en varios puntos. Vesalius descubrió que, debido a la prohibición de hacer disecciones de humanos en el Imperio Romano, Galeno había descrito la anatomía de... un gorila. El grueso de los médicos, en particular en las universidades, recibieron el libro con espanto, un poco debido a la creencia tan común entre los catedráticos de que, como enseñan una materia, ya son maestros que no necesitan aprender más. Así, el libro de Vesalius era un ataque directo a la autoridad intelectual de los médicos más sabios de su tiempo. Y sin embargo, Vesalius le dio la partida a una Medicina auténticamente científica, que no especula sobre el cuerpo humano sino que experimenta directamente dentro de él, lo que fue un cambio de paradigma absolutamente revolucionario.

Próxima entrega: "Hacia la revolución astronómica".

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