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miércoles, 27 de junio de 2012

Gankutsuou: El Conde de Montecristo en el espacio.


"Yo no soy el hombre que solía ser. Y lo que ves, no es lo que parece ser. He viajado a través del espacio para estar contigo. Lo que tú no conoces, no deberías temer... No me verás venir, no me verás venir, hasta que yo golpee" - "You Won't See Me Coming", ending de "Gankutsuou".

Después de haberme zampado en YouTube los veinticuatro capítulos de la serie de animación japonesa "Gankutsuou", me he quedado simplemente boquiabierto. No sólo porque es un muy buen anime en general, sino también porque, dentro de su propio estilo, es una formidable adaptación de "El Conde de Montecristo" de Alejandro Dumas, con una fidelidad a la fuente que no la tienen otras versiones supuestamente más "realistas". Y es que, después de haberme leído el novelón original en su versión completa de 1000 páginas, no pude menos que detestar la película "Montecristo" del 2002, en que no rescataron nada de lo que hace a la novela original ser grande en primer lugar. Lo curioso es que "Gankutsuou" no está ambientada en el siglo XIX original... sino a inicios del sexto milenio, en el año 5053. Y en París... y el espacio.

Para los no enterados, la novela original es un folletín de los que se publican por capítulos en los diarios del siglo XIX, un poco como las teleseries por capítulos de hoy en día, o como "Corona de Amenofis" por mi producción propia. "El Conde de Montecristo" original tiene tantas vueltas de argumento que a ratos parece casi salido de la imaginación de un guionista venezolano. El personaje que le da título a la novela es un millonario misterioso y excéntrico, y también algo vampiresco, que se da a conocer en la sociedad de París. De manera inadvertida para todos, desarrolla un complejo esquema para destruir a tres grandes poderosos: Danglars el banquero, Villefort el juez, y Fernando el militar, quienes tienen cadáveres en el armario por los cuales Montecristo ha venido a pedirles cuenta. La venganza de Montecristo se extiende a lo largo de las últimas 600 páginas de la novela, y cae poco a poco y de manera implacable sobre estos desdichados que con sus maquinaciones se han atraído la ira del protagonista.



Parte importante de la gracia de "Gankutsuou" es que mantuvieron el justo equilibrio entre ser fieles hasta lo literal de la novela por un lado, y desentenderse completamente de ella por el otro. El anime introduce una tonelada de cambios argumentales, lógico si se piensa que hablamos de una adaptación en clave de ciencia ficción, pero todos ellos desarrollados de una manera que no choquen demasiado con el espíritu del material de base. Quizás la única ostensible salida de tiesto sean los capítulos 22 y 23, antepenúltimo y penúltimo, en donde el villano principal hace una jugada que va no digamos contra el personaje de la novela, sino incluso contra lo establecido sobre dicho personaje en el mismo anime. Pero es un pequeño defecto a cambio de muchos puntos positivos de "Gankutsuou", y de todas maneras, lo que pueda quedar de mal trago se arregla con un muy emotivo capítulo 24 y final.

El principal cambio introducido, es alterar el punto de entrada en la historia y el personaje protagónico. Mientras que Alberto de Morcerf es un personaje importante, pero en definitiva algo secundario en la novela, en el anime se transforma en el protagonista absoluto, y Montecristo que es el protagonista de la novela, pasa a ocupar un rol que sigue siendo importante, pero que se mueve más en la trastienda. La historia empieza cuando Alberto conoce a Montecristo en la Luna, sin sospechar que su encuentro casual en realidad ha sido preparado por Montecristo de antemano para ganarse la confianza de Alberto y utilizarlo. Este incidente en la novela original, incluyendo el secuestro a manos de Luigi Vampa, ocurre algo pasado un tercio de la novela: lo ocurrido hasta ahí en la novela, trasladado al anime, será recreado después a través de flashbacks, so pretexto de recuerdos o averiguaciones de los personajes según sea el caso.



Un punto importante del anime es que rescata a un montón de personajes que en otras adaptaciones, por problemas de tiempo o por simple flojera, se los dejan abajo. De esta manera vemos a la familia de Danglars, a Haydée, a Cavalcanti, a Maximiliano Morrel, a Caderousse, a los distintos sicarios del Conde, algunos de ellos con roles más o menos mínimos, pero siempre con un instante en que se nos perfilan bien. Algunos de ellos han sufrido un lavado de cara, como Eugenia que pasa de tener una sexualidad sospechosa en la novela original, a ser el interés romántico del protagonista. Otros como Maximiliano se mantienen más o menos fieles, aunque en lo personal yo hubiera preferido un Maximiliano menos... gigante. Esto lleva a que en "Gankutsuou" aparezcan muchas situaciones usualmente omitidas en otras adaptaciones: el incidente con los caballos desbocados, el misterio que rodea a la mansión Villefort, la intriga en torno al matrimonio arreglado de Eugenia y Cavalcanti, etcétera. En el caso de la emblemática escena del duelo entre Alberto y Montecristo, éste es subvertido por completo, pero de una manera tan asombrosa y emotiva, que no podemos quejarnos por la falta de fidelidad al original.

El retrato de Montecristo también experimenta un cambio interesante. En la novela le hemos seguido desde sus humildes inicios, y por lo tanto entendemos sus motivaciones y su afán de venganza. En el anime aparece como alguien ajeno y extraño, realzándose el detalle de que parezca un vampiro con el que se jugaba en la novela. No se preocupen, Montecristo acá no es un vampiro, pero ha pasado con él algo mucho más interesante, que lo convierte de antihéroe en un terrible villano. Y aunque el Montecristo del anime difiere mucho del protagonista de la novela, por debajo ambos tienen en común el terrible subtexto, que Alejandro Dumas explota de manera muy eficiente y el anime también, de que la venganza lo ha convertido en un monstruo tan odioso y criminal como los villanos a los que pretende castigar.



Hasta el momento hemos hablado de "Gankutsuou" en tanto adaptación de la novela, pero veamos ahora cómo funciona en cuanto obra por sí misma. En esto, "Gankutsuou" está hecha con un enorme cuidado. El escenario es una mezcla de estéticas de la época de la novela original, particularmente algunos ropajes y escenarios parisinos, con dieselpunk de comienzos del siglo XX, en lo relativo a la tecnología, y con elementos de ciencia ficción más generales tratándose de las secuencias espaciales. El tratamiento de las ropas y vestimentas parecieran estar inspirados en el simbolismo vienés; estos personajes podrían muy bien haber sido diseñados por Gustav Klimt en persona. Y lo más agradecido, en ningún minuto la obra se degrada con soluciones fáciles como incluir rabietas de personajes tsundere, o al menos lo hace de manera más realista de lo habitual. La historia tiene momentos de alivio dramático en la forma de diálogos significativos o momentos de intimidad, pero en general se mantiene siempre firmemente enclavada en el dramatismo propio de la obra original.

El soundtrack también es muy potente, inspirado particularmente en la música clásica; eso, cuando no utilizan música clásica de manera directa. Quizás el ejemplo más egregio sea el tema de Montecristo, que es una reelaboración con bases electrónicas de la sinfonía "Manfredo" de Tchaikovsky. Lo que no es casual, porque a su vez, Tchaikovsky basó dicha sinfonía en el poema del mismo título de Lord Byron... con cuyo protagonista el Conde de Montecristo de la novela original es comparado a veces.



Invirtiendo la relación habitual de que el opening es vibrante y épico para calentar motores, y el ending es calmado para dejar tranquilos y satisfechos a los espectadores, acá es exactamente al revés. "We Were Lovers", el tema de entrada, es una hermosísima balada inspirada nada menos que en Frederic Chopin ("Étude Op. 10, No. 3", en concreto), lo que debe ser un guiño porque en la época de la novela original, el polaco Chopin estaba haciendo carrera en París.



Al final de cada capítulo, uno queda con hambre de pasar de inmediato al siguiente debido a que cada uno está cortado en momentos cruciales del desarrollo dramático. Pero ayuda a esto la potentísima imaginería del ending, sobre el cual se ha impreso el potente tema "You Won't See Me Coming". Si "We Were Lovers" era el tema de Edmundo Dantés soñador y desilusionado, "You Won't See Me Coming" se refiere claramente a un Conde de Montecristo que en su afán de venganza quizás incluso se ha salido de la mismísima humanidad:




En cuanto ciencia ficción, puede dudarse de la adscripción de "Gankutsuou" al Steampunk, debido a ambientarse no en un pasado de la Humanidad con tecnología alternativa a la que conocemos, sino en el futuro. Pero en dicho futuro nos encontramos con elementos propios del siglo XIX y comienzos del XX, tales como locaciones, elementos tecnológicos o imaginería, de manera que al menos por el uso de tópicos del género, podría calificar dentro del mismo. Sea que lo asumamos como Steampunk, o como una intriga de Ciencia Ficción con elementos de dicho género, el caso es que los usa con mucha imaginación y con mano maestra, de manera que cualquier aficionado a la Ciencia Ficción quedará agradado con esta serie, a lo menos en lo que a la descripción del universo se refiere.



De manera que obviando la rareza de la combinación de elementos presentes en la serie, "Gankutsuou" puede ser una agradable sorpresa tanto para los fanáticos de la Ciencia Ficción, como para los entusiastas del folletín decimonónico, y en general para cualquiera que desee ver una emotiva serie que se salga de lo común y habitual.





domingo, 24 de junio de 2012

Crónicas Antrópicas 26 - "Comienza la batalla intelectual por el heliocentrismo".


La revolución copernicana es uno de los eventos más importantes de toda la Historia Universal. Significó un cambio de paradigma sin precedentes al sacar a la Tierra desde el centro del universo. Pero también, y esto no es menor, fue la primera gran rebelión del pensamiento racional en contra del oscurantismo religioso. Como hemos dicho en las Crónicas Antrópicas, la religión es un primer medio, más o menos imperfecto, para tratar de comprender y esbozar la realidad. Debido a su predominio social, la religión tiene en la mayor parte de las sociedades la posibilidad de cooptar a la ciencia, estableciendo verdades sobre el universo como dogma de fe y retardando el desarrollo de la misma o manipulando sus resultados para reforzar la credibilidad de su fe. Aunque Nicolás Copérnico era sacerdote, su teoría heliocéntrica no le debía nada a la Iglesia Católica, e incluso iba directamente en contra de su enseñanza. El apoyo a la teoría copernicana no fue sólo un hecho científico, sino también político: significó la defensa de la libertad de pensamiento y de la investigación secular por sobre la prepotencia intelectual de la Iglesia Católica, que con su brazo armado de la Inquisición, más tarde o más temprano iba a ponerse en campaña para reestablecer los dogmas de toda la vida, ahogar el desarrollo científico, y reestablecer el imperio católico sin contemplaciones.



En realidad, las hostilidades tardaron en estallar por varios motivos. La Iglesia Católica a mediados del siglo XVI tenía un vivo interés en la Astronomía, debido al siempre pendiente tema de la reforma del calendario, que se resolvería finalmente en 1582 con la implementación del calendario gregoriano. De esta manera, cuando la teoría heliocéntrica saltó al ruedo, se tomó las noticias con cautela. Copérnico había tenido la prudencia de presentar su sistema como un modelo matemático, sin la pretensión de que fuera la realidad. De esta manera, el heliocentrismo en principio no era herético. Los defensores del heliocentrismo podían aducir, y la Iglesia Católica concordó a lo menos en principio, que la teoría copernicana respetaba la idea de que el Sol gira alrededor de la Tierra, pero para efectos prácticos, sólo en lo que a los cálculos se refiere, se tratarían las matemáticas del universo como si es que fuera al revés. Pero este acomodo no podía funcionar por demasiado tiempo. En primer lugar, más tarde o más temprano, como efectivamente sucedió, los astrónomos abandonaron la máscara de la sutileza teológica y empezaron a defender lisa y llanamente que si las matemáticas heliocéntricas funcionaban mejor que las geocéntricas, era porque el universo en sí debía ser heliocéntrico.



Y en segundo término, la actitud de la religión se hizo mucho más dura en la segunda mitad del siglo XVI. En 1517, el monje alemán Martín Lutero había lanzado la Reforma Protestante, y había quebrado a la Cristiandad europea en dos. Al enterarse de las ideas copernicanas, el ya anciano Lutero despotricó tachando a Copérnico de loco y refutando sus ideas no con ciencia sino con las Sagradas Escrituras. En el paso del siglo XVI al XVII, la Iglesia Católica obligada a defender su legitimidad, debió endurecer su doctrina en el proceso histórico conocido como la Contrarreforma. Una de las consecuencias de que la Contrarreforma acabara con la Iglesia del Renacimiento, es que cualquier resabio de tolerancia intelectual desapareció, y el poder y la disposición de la Inquisición para perseguir la herejía se vio reforzado. Y esto eran muy malas noticias para los astrónomos o teóricos que quisieran defender el heliocentrismo dentro de los países católicos.



El ejemplo más egregio de esto es quizás Giordano Bruno. Este teórico en realidad no era astrónomo, pero se permitió algunos vuelos intelectuales en los cuales llevó el heliocentrismo hasta sus conclusiones lógicas. Nicolás Copérnico seguía sosteniendo que el universo era finito, en realidad del tamaño del Sistema Solar, sólo que con el Sol en el centro. Bruno en cambio se dio cuenta de que si consideramos al Sol como una estrella, entonces las restantes estrellas pueden no ser fuegos tachonados contra la esfera celeste, sino otros soles que también pueden tener sus propios planetas alrededor. Inspirándose en los filósofos griegos, Giordano Bruno postuló un universo infinito en el tiempo y en el espacio, algo inaudito para la mentalidad de la época, y que por supuesto contradice la cosmovisión que la Biblia desarrolla en el Génesis, incluyendo el dogma de la creación ex nihilo, o sea, que Dios haya creado el universo desde el caos informe. La Inquisición respondió a las ideas de Giordano Bruno con el muy intelectual expediente de apoderarse de su persona, forzarle a abjurar, y cuando esto último fracasó, quemarle en la hoguera como hereje en 1600.



En la segunda mitad del siglo XVI, apareció un pensador que intentó reconciliar el geocentrismo con el heliocentrismo. Este astrónomo se llamó Tycho Brahe, y postuló un sistema híbrido llamado el "modelo ticónico". En el modelo ticónico, todos los planetas giran alrededor de la Tierra, pero a su vez la Tierra gira alrededor del Sol. El sistema tiene la virtud intelectual de mezclar el heliocentrismo y el geocentrismo en una única solución de compromiso. Por lo mismo, resultó una teoría inesperadamente popular entre los astrónomos. Irónicamente, Tycho Brahe sería también maestro del primer matemático que crearía un modelo de las órbitas planetarias, tal y como se ajustan al heliocentrismo: Johannes Kepler.

Próxima entrega: "Europa ya no es una isla".

sábado, 23 de junio de 2012

ZOOCINE - "You Are Terminated!".

Nos vemos en algunos añitos más, mequetrefe.

CHILEKENT69: Pero dejándose de huevadas, la mejor peli de todos los tiempos es... ¡Terminator!

LAURENCIO: Bueno, en realidad la mejor película de todos los tiempos es “Ciudadano Kane”...

VÍCTOR: Laurencio... Salvo yo y tus estudiantes de cine, nadie menor de 40 años ha visto “Ciudadano Kane” jamás.

JORDAN: ¿Qué es el “Ciudadano Kane”?

VÍCTOR: ¿Lo ves?

CHILEKENT69: En cambio, mi querida Jordan... SÍ ha visto “Terminator”, ¿cierto?

JORDAN: Sí, pero... no sé... no me pareció tan buena...

CHILEKENT69: ¡Cómo que no...! ¡Cuando la vi de chico, me cagué de miedo! O sea, va un tipo a tu puerta, te pregunta “¿Sarah Connor?”, le dices que sí... ¡BANG! Tiro en tu cabeza. ¿Qué pasaría si un tipo con chaqueta de cuero y lentes fuera y te preguntara si eres Jordan, y...?

LAURENCIO: Hay más valores en el cine que ver como matan a una pobre vieja, Chilekent.

JORDAN: Además... Mira la tontera, va Terminator y mata a una vieja que por la cara que tiene, hace rato que pasó la menopausia y por lo tanto no puede tener hijos... y la matan porque puede ser la futura madre del tipo ése, el mesías, ¿cómo se llama?

VÍCTOR: John Connor. Alias J.C. Como otro gran J.C. de la historia... Jimmy Carter.

JORDAN: No sé, para ser una máquina asesina imparable, me parece tonto como el Terminator gasta una bala en la señora, y además, pone sobre aviso a la policía de que alguien está matando a las Sarah Connor de por ahí. Además, ¿cómo la computadora del futuro no sabía...?

CHILEKENT69: Guerra nuclear... Pulso electromagnético... Registros borrados... Ya. Pero mira tú, Terminator va y encuentra a la chica en un bar, en el Tech Noir, y si no es porque Kyle Reese le dice “¡Ven conmigo si quieres vivir...!”.

LAURENCIO: El héroe es rubio y delgado, y tú... cabeza rapada... y delgado no eres, Chilekent.

VÍCTOR: Bueno, pero el tipo de “Ciudadano Kane” era un tremendo obeso, y tú, Laurencio, bueno... estás un poco flaco, qué quieres que te diga. Incluso yo que soy hombre, me doy cuenta.

LAURENCIO: Orson Welles, cuando rodó “Ciudadano Kane”, tenía 25 años. Y estaba delgado. Engordó después, pero eso es otra cosa.

CHILEKENT69: Ya, ya, pero dejemos de hablar de pelis lateras, ¿quieren? El caso es que Kyle y Sarah salen corriendo, y va el Terminator detrás... No puede ser detenido a disparos... No se puede negociar con él... Está determinado a llegar hasta el último para conseguir sus objetivos.

JORDAN: O sea, la misma tontera de todas las películas de asesino maniático suelto. Como las de Scream o las de Jason... Sólo es que es cibernético, mira tú qué gran cosa, ¿no?

CHILEKENT69: ¡Pues eso! ¡Es CIBERNÉTICO!

VÍCTOR: OK, Chilekent, yo te apoyo. Yo también prefiero un asesino cibernético a Jason Vorhees.

JORDAN: Además... Es la típica fantasía machista del hueón bueno pa' la patá' y el combo, que siempre se ha querido agarrar a la mina ideal, tiene la oportunidad de hacerlo, va y la salva, y ella cae rendida y enamorada de él como en... ¿cuánto? ¿24 horas?

CHILEKENT69: ¡Sí! ¡Y además ella muestra...! Bueno, no las tenía muy grandes, la Linda Hamilton... Pero suficiente para casarse con James Cameron.

VÍCTOR: Chilekent... James Cameron se ha casado como no sé cuántas veces, y además, se casó con la mina que dirigió “The Hurt Locker” también. Si es por eso, yo me quedo con el tipo que se agarró a la Kate Beckinsale.

CHILEKENT69: ¿Len Wiseman? Bueno... Sí, también... Primero la vistió de cuero como vampiro en “Underworld”, y después... Bueno, Víctor, qué te puedo decir, tú ganas el punto. Y yo que creía que eras gay... No me mires así, hombre, que es broma. Chuta, éste no aguanta ni una...

JORDAN: Sigue siendo una fantasía machista. El macho bueno y el macho malo se agarran, y el que le pega mejor un garrotazo al otro, se lleva a la mina a la cueva por el pelo.

LAURENCIO: Ahora que lo mencionas, está también presente la profunda dinámica psicosexual del jovencito hipersexualizado que a través de sus dotes de macho rinde a la chica, enfrentado a un villano completamente asexual que... es la misma dinámica que las películas de James Bond y de muchas otras, por cierto. Creo que voy a empezar a revalorizar la película, después de todo.

JORDAN: ¡No lo puedo creer, estoy rodeada de dinosaurios machistas! ¡Oigan, despierten! ¡Ya estamos en el siglo XXI...!

CHILEKENT69: Además que al final al macho lo matan, y es la mina la que mata al Terminator. No podís decir que eso es machista, ¿no?

JORDAN: Es la misma hueá que las películas de asesino en serie con cuchillo... o motosierra, para dejarte contento... en que la mina final pura y virginal mata al malo.

CHILEKENT69: Pero la mina ya no es pura ni virginal, ni viste camisón. Ahora es una sucia machorra que se tiraba a otro compadre que la dejó plantada... luego se tiró al Kyle Reese...

VÍCTOR: El otro compadre murió en la explosión nuclear desatada por Skynet años después, eso seguro. Y el Kyle Reese murió después de acostarse con ella... La mina es una mantis, oye.

LAURENCIO: No importa qué tan futurista quiera ser una película, al final siempre regresa a los clásicos. Por eso “Ciudadano Kane”...

VÍCTOR: ¿“Ciudadano Kane” no es la peli en que el compadre se queda pegado en su infancia a pesar de ser el hombre más poderoso del mundo...? ¿Y cuál es la diferencia con un fanático de “Terminator” entonces, que años después sueña con matar al robot y tirarse a la mina?

CHILEKENT69: ¡Oye, qué quieres decir! ¡“Terminator” es mejor porque tiene un robot...!

miércoles, 20 de junio de 2012

INTERMINABLELOGÍAS: El universo animado de DC Comics.



Más allá de los iniciados en el asunto de los cómics, es necesario decir que el llamado “universo DC” es el escenario compartido de los superhéroes de la editorial DC Comics; en concreto de Superman, Batman, Wonder Woman, y un larguísimo etcétera de ellos. Huelga decir que han tenido una buena cantidad de adaptaciones para la pantalla chica y grande, en particular los “tres grandes” que son los mencionados más arriba. Para los más veteranos, la serie por antonomasia que los reunía a todos era por supuesto “Los Superamigos”, que se emitió en las décadas de 1970 y 1980. Sin embargo, cuando se habla de “universo animado” en términos más modernos, lo usual es referirse a las series que fueron desarrolladas por Bruce Timm en las décadas de 1990 y 2000, y en menor medida por Paul Dini. En general, cada una de ellas es más o menos independiente, pero el estar los mismos productores detrás, permitió varios capítulos que hicieron alusiones a historias anteriores, convirtiéndolas así en un universo más amplio que cada serie por separado.

La primera serie fue “Batman: La serie animada”. Estrenada en 1992, duró hasta 1993 con 65 capítulos emitidos; después vino una segunda temporada bajo el título de “Las nuevas aventuras de Batman y Robin”, con veinte capítulos adicionales. Esta serie recibió vía libre en parte debido a la batimanía desatada por las películas “Batman” y “Batman regresa” de Tim Burton. En la serie es muy notoria la influencia de ambas películas en la serie. A diferencia de encarnaciones animadas anteriores, Batman no es un héroe de una sola pieza ni un justiciero por el afán de serlo, sino que se presenta todo su trauma de infancia, así como sus demonios interiores. Los villanos por su parte son presentados con personalidades complejas y motivaciones particulares para cometer sus tropelías. Los escenarios bebieron bastante de las películas de Tim Burton, enfatizando una Ciudad Gótica con enormes rascacielos art decó. Para la banda sonora se quiso incluir a Danny Elfman, el mismo compositor de las bandas sonoras de las películas de Tim Burton, aunque esta colaboración finalmente no pudo fructificar; Shirley Walker se hizo cargo, con un estilo muy similar al de Elfman.

La serie parte con Batman ya establecido como justiciero en Ciudad Gótica, aunque en los primeros capítulos es todavía una especie de leyenda urbana. En algunos casos, ya existen villanos establecidos, como por ejemplo el Guasón; en otros, veremos cómo determinados personajes se transformarán en villanos a su vez. Uno de los primeros episodios está dedicado a la transformación de Pamela Isley en Poison Ivy, y el rol que juega Harvey Dent en ello; en un capítulo posterior veremos cómo Harvey Dent se transformará en Two Faces. Esto no quita que en algunos capítulos, y más adelante en algunas películas, veamos flashbacks que nos refieran el pasado de Bruce Wayne antes de transformarse en Batman.

Uno de los puntos fuertes de esta primera serie, fue la elevadísima calidad de los guiones. El capítulo “Punto de vista” por ejemplo, presenta una investigación policial al estilo “Rashomon”, con la historia referida desde el punto de vista de varios testigos; “Cuidado con el Fantasma Gris” es un emocionante homenaje a las seriales antiguas; “Casi lo atrapo” se centra en cuatro villanos reunidos y comentando acerca de cómo en alguna ocasión, casi han atrapado a Batman; y “Su alma de silicón” presenta un dilema existencial al estilo “Blade Runner” en que un falso Batman asume y cree a pie juntillas ser el verdadero. Huelga decir que guiones de este nivel son infrecuentes en las producciones animadas para público infantil, del cual se suele suponer que no resisten algo más complejo que una vulgar lucha maniquea de buenos contra villanos.

Esta primera serie tuvo varias continuaciones. Debemos incluir la serie televisiva “Las nuevas aventuras de Batman”, en la cual vimos un salto de cinco años en que el primer Robin se ha convertido en Nightwing, y otro Robin ha tomado su lugar; esta serie de 24 capítulos tuvo un buen nivel de guiones, pero una bajada en el presupuesto para animación hizo que la misma se resintiera de manera dramática. Siguieron tres filmes, que son “Batman: La máscara del Fantasma”, “Batman: Sub Cero” y “Batman: El misterio de la Batimujer”, que redondearon algunos aspectos del mito. La primera tiene además el mérito de haber condensado toda la experiencia de los productores y equipo creativo, en un filme más o menos definitivo acerca del personaje.

A destacar también el estreno en 1999 de “Batman del futuro”, serie que sirve como epílogo a “Batman: La serie animada”. En la misma, Batman sufre un ataque cardíaco mientras está rescatando a una chica, y se ve obligado a retirarse. Veinte años después aparece el joven Terry McGuinnis, cuyo padre ha sido asesinado como parte de un complot corporativo; después de despreciarse ambos, Bruce Wayne termina adoptando a Terry como el nuevo Batman, transformándose en su mentor mientras Terry va aprendiendo el oficio de superhéroe. En “El llamado” se presenta a varios integrantes de la Liga de la Justicia, incluyendo a un Superman maduro y envejecido, además de que dicha historia presenta un nodo de continuidad con un episodio de “Superman: La serie animada”, por entonces ya estrenada, y de la que hablaremos.

“Batman del futuro” dio origen a la película “El regreso del Guasón”. Esta se presenta como un punto de continuidad entre “Batman: La serie animada” y “Batman del futuro”, al describir no sólo la suerte del Guasón, sino también el destino de Tim Drake, el nuevo Robin presentado en la tercera temporada de la serie de Batman. Todos estos eventos desembocarán en un enfrentamiento final entre el Guasón y el nuevo Batman que es Terry McGuinnis.



Mientras pasaban estas cosas, en 1998 y en paralelo se estrenó “Superman: La serie animada”. La misma intentó mantener la calidad de “Batman: La serie animada”, aunque se quedó corta debido al menor presupuesto para animación, así como en el hecho de que Superman mismo es un personaje más de una pieza que Batman, y por lo tanto sus conflictos narrativos también son más convencionales. Aún así, la saga de tres episodios “El último hijo de Kriptón” es una emocionante rendición a los orígenes del héroe, y algún que otro episodio juega muy bien con el mito del héroe, como por ejemplo “El difunto sr. Kent” en donde éste debe falsificar su muerte, o las dos partes de “Apokopolips Ahora” en que Superman tiene un duelo decisivo con el villano Darkside, y un bienamado personaje de la franquicia muere defendiendo heroicamente a la Tierra. Las palabras que Superman le dedica en la tumba (“Al final el mundo no necesitaba un superhéroe, sólo un hombre valiente”) son una sucinta y emotiva reflexión acerca del poder y los límites de una personalidad heroica. En la historia de tres capítulos “Lo mejor del mundo”, esta serie se conecta con “Batman: La serie animada”, ya que el Guasón y Lex Luthor unen fuerzas para tratar de batir a Superman y Batman. Otro episodio a destacar es el episodio doble “El número uno”, no sólo por presentar a Lobo, sino también porque en los eventos de este episodio se origina la crisis que dará lugar a “El llamado” en “Batman del futuro”.

Entre medio se produjo otra serie de animación, que fue “Static Shock”. A pesar de que el superpoder de su protagonista es el control de la electricidad, en general puede decirse que “Static Shock” presentaba un enfoque menos superheroico y más centrado en la cotidianeidad de un superhéroe joven. Es quizás la serie menos relacionada con el resto del universo DC, aunque tiene algunos episodios en que se entrecruza con ellas.

El siguiente paso lógico en materia de ir escalando el universo narrado, parecía reunir a varios superhéroes, de manera que la siguiente serie fue dedicada a la Liga de la Justicia en pleno. Las dos primeras temporadas constaron de 26 episodios cada una, aunque cada historia se extendía por dos episodios, salvo por algunos especiales que tomaron tres. Para la serie cambiaron el estatus de Lex Luthor, quitándole el aura de respetabilidad que lo protegía en “Superman: La serie animada” y convirtiéndolo en un convicto, permitiéndole así ensamblar alrededor suyo a la Liga de la Injusticia. En general, las historias de estas dos temporadas eran más simples que las de “Batman: La serie animada” y “Superman: La serie animada”, con personajes más de cartón piedra, divididos entre héroes y villanos de manera más convencional. Incluso hicieron caso omiso del final de “Superman: La serie animada”, que había dejado al superhéroe en el ojo de la desconfianza mundial luego de haber sufrido un lavado de cerebro a manos de Darkside; en “La Liga de la Justicia”, Superman aparece como habiendo vuelto a recuperar la confianza mundial, sin que se explique bien cómo. Batman por su parte ha sido despojado de toda la complejidad psicológica mostrada en “Batman: La serie animada”, conservando sólo su carácter hosco y paranoico como seña de identidad personal.



Aunque “La Liga de la Justicia” resulta inferior en nivel a las dos series madres, las cosas se recompusieron para “Liga de la Justicia Ilimitada”. En realidad, aunque haya mediado un cambio de nombre, esta serie son dos temporadas más de la “Liga de la Justicia” original. Los eventos del capítulo doble “Legado”, el mencionado final de “Superman: La serie animada”, son traídos de nuevo a colación por parte del Proyecto Cadmus, los villanos oficiales. El objetivo del Proyecto Cadmus es que el Gobierno de Estados Unidos pueda controlar a los superhéroes, ante el muy justificable temor de que éstos alguna vez, por cualquier motivo, puedan volverse contra la Tierra. El profesor Hamilton, personaje recurrente de “Superman: La serie animada” que ha colaborado con Superman un tanto por idealismo, ahora se pasa al Proyecto Cadmus justamente por el temor de que Superman vuelva a perder el seso y ataque el planeta otra vez con sus superpoderes.

La historia del conflicto de la Liga de la Justicia contra el Proyecto Cadmus aborda muy bien el viejo problema de quién vigila a los vigilantes. En efecto, dicha saga constituye una reflexión acerca de los límites del superheroísmo, y de lo que significa que un grupo de héroes se tome la ética y la justicia en sus manos sin consultarle a nadie. Uno de los mejores puntos de esta nueva temporada, es haber endurecido la posición de Superman, haciéndolo pasar de un idealista un tanto ingenuo, a un hombre de convicciones tan sólidas que llega a infligir terror. Uno de los mejores segmentos de la serie, que no creo exagerado considerar también como parte de los mejores minutos de televisión jamás vistos, consiste en un discurso de Green Arrow a sus colegas con superpoderes: como el único humano sin poderes dentro de la reunión (Batman no está presente), les espeta que, a pesar de ser su colega de trabajo, les tiene miedo porque están tan convencidos de que su poder les permite ir a tomar a cualquiera que ellos consideren estar mal, que bien podrían estar borrando alguna clase de límite moral. Y esto, en un episodio emitido en tiempos en que el Presidente de Estados Unidos el señor George W. Bush, estaba aplicando justamente esta política en el Medio Oriente, en represalia por los ataques de Al Qaeda en 2001.

Después de esto, quizás por falta de entusiasmo de los promotores, quizás por falta de nuevo público que reemplazara a la generación que había crecido siguiendo a estas series por cerca de una década y media, quizás porque ya no había ningún concepto más grande hacia el cual ir, es que no hubo nuevas series. De hecho, lo siguiente que vino fueron una serie de películas de animación que no tenían nada que ver con lo presentado en este universo, el cual ya se puede considerar por lo tanto como un canon cerrado, una de las más interesantes visiones que se han creado sobre los superhéroes.

domingo, 17 de junio de 2012

Crónicas Antrópicas 25 - "El heliocentrismo".


Todo ser humano está en el centro de su propio campo de visión, y salirse de él para transformarse en un "observador externo" implica un considerable esfuerzo intelectual y de voluntad. El concepto de estar en el centro del universo es entonces una prolongación casi natural de la psicología humana. Esa es la idea subyacente a cada gran imperio llamándose con un nombre que expresara ser "el universo conocido", desde la China del "Celeste Imperio" pasando por el Egipto faraónico de las "Dos Tierras", hasta llegar al Tahuantisuyo o las "Cuatro Regiones" del Imperio Inca. Es también el concepto común en muchas culturas primitivas acerca de que el mundo es plano y el cielo es una gigantesca bóveda en donde están tachonadas las estrellas; esta visión incluso figura en el primer capítulo del Génesis en la Biblia. Los griegos desarrollaron la idea de que la Tierra era redonda, pero incluso ellos por lo general la concibieron como "el centro del universo". Esta idea era apoyada por Aristóteles bajo la intuición de que los objetos caen porque en su concepto, su lugar natural es el centro de la Tierra. Parece habérsele pasado por alto la posibilidad de que otros cuerpos encontraran como lugar natural, el centro de algún planeta que no fuera la Tierra, al menos en la cercanía de dichos planetas.



Aún así, algunos griegos se atrevieron a aventurarse un poco más allá. En un brillante ejercicio de intuición, el filósofo Filolao de Crotona, inspirándose en las enseñanzas pitagóricas, afirmó que la Tierra y los planetas giran alrededor de un gigantesco fuego central; lástima que incluyera el sol entre los cuerpos en órbita de ese fuego central, y lástima además que no parezca haber apoyado sus ideas con algún argumento científico de peso. Pero en el siglo III antes de Cristo apareció Aristarco de Samos, quien entregó una primera evidencia. Es poco lo que se sabe de Aristarco, e incluso la única obra que se le atribuye, "De los tamaños y distancias (del Sol y de la Luna)", hay dudas sobre su autoría. Aún así, parece ser que Aristarco midió la distancia del Sol y de la Luna a la Tierra. Cuando encontró que la distancia del Sol era veinte veces mayor que la de la Luna, parece haber tenido una intuición de que quizás el Sol fuera el centro del universo, después de todo, y la Tierra giraba a su alrededor, con la Luna alrededor de la Tierra; en realidad el Sol está cerca de 400 veces más lejos que la Luna, pero lo que cuenta aquí es el razonamiento. Cerca de un siglo después, otro astrónomo llamado Seleuco de Seleucia parece haber llegado a conclusiones similares, según anota el historiador griego Plutarco, pero el razonamiento de Seleuco se ha perdido para la posteridad.



Durante la Edad Media, tanto en el mundo árabe como en el cristiano, al adoptarse el "Almagesto" de Claudio Ptolomeo como el gran manual de Astronomía, el geocentrismo primó, ya que Ptolomeo era adepto de dicha doctrina, siguiendo a Hiparco de Nicea. Además, sus observaciones eran congruentes con el fragmento de la Biblia en que Dios detiene el Sol y la Luna a favor de los israelitas. Pero andando el tiempo, habían cada vez más dudas de que éste fuera el verdadero sistema del universo. Sólo que para dar el salto siguiente, el sacar a la Tierra del centro del universo, se debía no sólo saltarse la autoridad de la Iglesia Católica, sino además atreverse a una revolución mental que trastocaba todo lo conocido hasta la fecha.



Resulta irónico que este salto lo diera un sacerdote católico. Nacido en 1473, fue un hombre versado en muchas cosas, incluyendo Medicina y Derecho Canónico, además de estudiar Astronomía en la Universidad de Cracovia. En la Universidad de Padua en Italia reforzó sus conocimientos de Medicina, pero de manera igualmente irónica, no le prestó atención a la Astrología, que debido a la tradición ocultista se consideraba como de importancia vital para la práctica médica en la época. Cerca de la cuarentena, ya había desarrollado las ideas claves del heliocentrismo, pero intimidado por el peso de la Iglesia Católica, se decidió a no publicarlas sino hasta edad muy tardía. En 1533, la tesis fue expuesta a una comisión de la Iglesia Católica, que lejos de censurarla, alentó a Copérnico en la misma; debemos recordar que por el tema del calendario, la Iglesia tenía vivo interés en los temas astronómicos por aquellos días. Finalmente la teoría heliocéntrica de Copérnico vio la luz en 1543: un ejemplar de la misma llegó hasta las manos de su autor cuando éste ya se encontraba en su lecho de muerte, con 70 años.



El libro "De las revoluciones de las esferas celestes" ("De revolutionibus orbium coelestium"), publicado el mismo año en que Vesalio revolucionó la Medicina, es considerado una de las obras más influyentes del pensamiento humano. En realidad, la idea central de Copérnico es muy simple: los planetas avanzan en su órbita, pero a veces retrogradan, y la teoría geocéntrica debe postular los epiciclos y deferentes para arreglar esto. Pero si asumimos un modelo heliocéntrico, dichos "rizos" que hacen los planetas en sus órbitas se explican de manera muy sencilla, como meras ilusiones ópticas relacionadas con la posición cambiante de la Tierra, el punto de observación, al lado de órbitas planetarias de distinta velocidad, proyectadas contra un fondo de esferas fijas. Todo esto, apoyado con algunos cálculos basados en observaciones al movimiento de los planetas. De manera brusca, todo el esquema del cielo se simplificaba maravillosamente. Pero a la vez implicaba una profunda revolución mental: la Tierra, el cuerpo celeste habitado por el hombre como señor del universo bajo Dios, ya no era el centro de todo lo que existe. Ahora el Sol pasaba a ser el centro del universo, y la Tierra una mera comparsa. Era un sorbo difícil de tragar para la mentalidad de la época, y la teoría heliocéntrica pronto levantaría una tormenta académica e incluso religiosa a su alrededor.

Próxima entrega: "Comienza la batalla intelectual por el heliocentrismo".

sábado, 16 de junio de 2012

High Fantasy Manga 5 - "¡Belleza deslumbrante! Ximena, la prometida de Rodrigo Díaz".



Con paso lento, cansino, las huestes de Rodrigo Díaz salieron siguiendo a su líder hacia el destierro. Al fondo, uno de los campesinos que contemplaban a los caballeros con respeto y fervor casi religiosos, comentó:

– ¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!

Drakkon Inferno Tremendis vaciló por un instante en qué debía hacer: ¿seguir a Rodrigo Díaz, o quedarse en Burgos y tratar de profitar de alguna manera? Estaba en este debate interior, cuando de pronto un caballero se le acercó y le espetó a voz en cuello, señalando a la hueste de Rodrigo Díaz:

– ¡Por qué no os largáis con los vuestros!

– Pero ellos no son...

– ¡Yo os vi venir con ellos, así es que con ellos os váis, bellaco!

– ¡Pero ni siquiera tengo cabalgadura...!

– ¡Hala! – gritó el caballero. – ¡Traed a esa mula vieja y desdentada! ¡Traédmela, he dicho!

– ¡Pero, mi señor...! – protestó un hombre. – ¡Esa mula es mía, es toda mi posesión, es...!

– ¡Que me la traigáis, he dicho! ¡Si no me la dáis, reo seréis de cómo le moleré a este infeliz las costillas a palos, por no largarse con su hueste!

En ese instante se acercó Rodrigo Díaz.

– ¡Decidme qué ocurre, García Ordóñez!

– No hablaré con voz, infanzón, que vos habéis...

– ¿Deseáis que os haga mi prisionero otra vez? Porque mi voto he dado de obedecer al Rey, pero no de obedeceros a vos, tanto mas que yo os mantuve prisionero, y no vos prisionero a mí.

García Ordóñez apretó los dientes.

– Este villano ha llegado con vos, y con vos se larga. En esa mula vieja y desdentada, que este viejo va a entregar.

– ¡Mi mula! ¡Mi mula! ¿Con qué labraré la tierra si no...? – protestó el viejo.

– ¡Decidme, buen hombre! – soltó Rodrigo Díaz. – En cuánto avaluáis vuestra mula.

El viejo lo meditó por un minuto y, temblando ante la incertidumbre, lanzó una cifra más bien baja.

– Tened – dijo Rodrigo Díaz, estirando mano desde su faltriquera hasta la palma del pobre viejo. La cantidad de monedas que habían en la mano de Rodrigo Díaz, eran más o menos el doble de la cifra que había dicho el viejo.

– ¡Pero, mi señor...! ¡No podéis!

– Tomadlo – dijo Rodrigo Díaz, con una sonrisa benevolente, y luego, mirando con severidad a García Ordóñez, añadió: – Que la merced de un infanzón os sirva de consuelo por la prepotencia de un conde.

– Es vuestro dinero, y vos sabéis en qué lo malgastáis – soltó García Ordóñez, tratando de distanciarse de la situación con las palabras, para no tener que llegar a los hechos: bien había visto la fulminante derrota de Alfonso VI a manos de Rodrigo Díaz, para querer enfrentarle ahora.

El viejo, por su parte, se retiró con la felicidad pintada en el rostro, y las monedas bien sujetas en la mano, yendo a casa para guardarlas.

De esta manera partieron otra vez desde Burgos don Rodrigo Díaz y su comitiva, integrada ahora por Drakkon Inferno Tremendis y su mula vieja y desdentada.

– ¡Muy bien! – dijo Alvar, con jovialidad. – ¡Ahora sólo te hace falta bautizar a tu mula!

– Creo que la llamaré... Rocinante – dijo Drakkon Inferno Tremendis.

Alvar lanzó una sonora carcajada.

– ¡Esa cosa flaca ni para rocín le da! ¡Vamos, dadle un nombre serio!

– ¿Un nombre serio? – dijo Drakkon Inferno Tremendis para sí. – Bien. Tendrá un nombre serio. Se llamará... ¡¡¡STORMSLAYER!!!

– ¿Esturlaya...? – preguntó Alvar, rascándose la cabeza de manera inconscientemente inútil, porque llevaba un yelmo que le cubría el pelo. – ¿Qué clase de nombre es ése?

– Se llama Esturlaya y punto – intervino Rodrigo Díaz, sin voltearse hacia atrás para ver a quienes conversaban, y con toda la seriedad del mundo. Luego, dirigiéndose con severidad a Drakkon Inferno Tremendis, siguiendo sin voltearse para mirarlo, le dijo: – Sólo cuida que Esturlaya no sea de mala laya.

Ahora fue toda la caravana la que se rio a carcajadas con la ocurrencia, y éste, que ni siquiera había entendido porque ignoraba que “laya” fuere una palabra castellana, se rehundió en sí mismo.

Drakkon Inferno Tremendis tenía sentimientos encontrados. Por una parte, Rodrigo Díaz lo despreciaba, e incluso le había hecho pasar el ridículo de su vida, habiéndose atrevido a vencerle en batalla. ¡A él, a Drakkon Inferno Tremendis, a él que había inventado todo el universo en donde vivían! Pero luego, había luchado nada más y nada menos que contra Alfonso VI.

Drakkon Inferno Tremendis recordaba las clases del profesor que se había ensañado con sus alumnos metiéndoles el Cantar de Mio Cid a mansalva. La obra ni siquiera comenzaba con el Juramento de Santa Gadea. O al menos eso le parecía recordar, que al profesor ése era muy fácil perderle el hilo. En cambio, este Rodrigo Díaz había librado un intenso duelo. Drakkon Inferno Tremendis era terco, orgulloso y tenía una vena de resentimiento, pero no se podía decir que era una mala persona, de manera que, muy a su pesar, comenzaba a simpatizarle Rodrigo Díaz.

– ¿Y a dónde vamos, don Rodrigo...? – se atrevió a preguntar finalmente.

– Al monasterio de San Pedro de Cardeña – dijo Rodrigo Díaz.

– ¿Y qué hay allá? – preguntó Drakkon Inferno Tremendis.

Pero Rodrigo Díaz nada respondió. Drakkon Inferno Tremendis se acercó un poco más, pero al ver el ceño adusto de Rodrigo Díaz, no se atrevió a decir nada.

– No seas impertinente, mozo – le censuró Alvar. – ¿Acaso no sabes que doña Ximena, la prometida de don Rodrigo, está en ese monasterio...?

– No lo sabía – dijo Drakkon Inferno Tremendis, y estuvo a punto de disculparse con Rodrigo Díaz por haberlo ofendido, pero luego reflexionó en que un caballero bien parado que se gana el respeto de los demás, no anda por la vida disculpándose. Y Drakkon Inferno Tremendis no había perdido de vista su objetivo.

Después de un tiempo marchando, arribaron hasta un monasterio. Drakkon Inferno Tremendis en realidad nunca se había detenido a imaginarlo cuando había creado el universo en donde estaban inmersos, de manera que no cabía la esperanza de imaginarse cómo sería. En todo caso, le había parecido una buena idea que los sacerdotes, por aquello de ser personas más espirituales que el resto, sea esto en dirección hacia el Cielo o hacia el Infierno, no fueran humanos sino elfos. De manera que cuando llegó al monasterio, que era una construcción antigua estándar para la cultura de Drakkon Inferno Tremendis, lo vio repleto de monjes con hábitos, tonsuras... y de raza élfica.

– Bienvenido seáis, don Rodrigo – dijo uno de los elfos, con mucha amabilidad, un rasgo que hasta el minuto Drakkon Inferno Tremendis no había tenido ocasión de observar.

– Don Sancho, os saludo, y os agradezco por haberle dado hospitalidad a mi prometida.

– Sancho es el abad del monasterio – le explicó Alvar a Drakkon Inferno Tremendis, hablándole de cerca. – Para que no vayáis a mandaros otra de las vuestras.

En ese instante salió desde el monasterio una presencia cegadora: una doncella embutida en una armadura de exquisitas terminaciones, con amplias hombreras, amplio espacio para el busto, talle ceñido, y caderas revestidas de placas que lucían como una especie de minifalda; los muslos estaban al descubierto, pero hasta encima de la rodilla llegaban una especie de botas de metal. La tripulante de tal atavío guerrero era una dama de pelo azulino, ojos gatunos y de color rojo, pómulos algo salientes, labios finos y algo taimados, y una expresión facial que indicaba una gran concentración de voluntad. Irradiaba un potente ki de ella que dejó turulato a Drakkon Inferno Tremendis.

– Ximena, mi amada – dijo Rodrigo Díaz.

Un sordo gusano verde empezó a moverse (de manera figurada) por el estómago de Drakkon Inferno Tremendis. Esa dama de formas rotundas, guerreras, que sería capaz de apalearlo, machacarlo, hacerlo sufrir, torturarlo, y en general reducir a Drakkon Inferno Tremendis a una pulpa balbuceante y llorosa, era todo lo que éste quería en una compañera de vida. Y en ese minuto odió con todas sus fuerzas a Rodrigo Díaz porque ÉL era quien tenía a la dama. A partir de ese minuto, Drakkon Inferno Tremendis se hizo el juramento de que, costara lo que costara, haría suya a Ximena. La epopeya medieval decía otra cosa, pero no la escrita por Drakkon Inferno Tremendis. El pondría el punto final, y costara lo que costara, lo haría dentro de doña Ximena...

つづく

miércoles, 13 de junio de 2012

Temporada 2 de "Game of Thrones": ¡El caos!

Por fin vemos realmente GUERRA en una serie de televisión sobre guerra.
Hace pocos días atrás acaba de terminar la segunda temporada de "Game of Thrones", que me senté religiosamente a verla como gran serie del año, después de una magnífica primera temporada. Sólo que esta vez no quedé tan conforme. Lo expresaré con una anécdota para dejar claro el punto desde el inicio.

Sé de una persona que era seguidora de la serie, pero que a mitad de la segunda temporada, por distintos motivos, se descolgó de la misma. No es que le dejara de gustar, aunque a ratos se le hizo pesado el comienzo, sino que hubo circunstancias de vida que obligaron a dejar de lado la serie. Cuando retomó la misma, esta persona quedó impactada con un espectacular capítulo y lista para seguir adelante con la misma. A "Game of Thrones" no le quedaba sino subir, después del impactante continuará... y se llevó un gran chasco y decepción cuando le dije que no habría capítulo el próximo domingo porque era en efecto el último episodio de la temporada.

Sansa Stark aprendiendo que debes tener cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir.

Cuando el continuará verdaderamente bueno de una serie es el último, entonces la serie en cuestión tiene problemas. No ignoro que "Game of Thrones" está muy supeditada al material de base y los guionistas no tienen carta blanca para inventarse sucesos e hilarlos, pero como no he leído los libros, tengo derecho a esperar que si invierto tiempo en la serie, me entreguen una serie en donde pasen cosas, no sólo relleno. Repasemos la misma para darnos una idea.

Lo que viene está trufado de spoilers de las dos temporadas, de manera que quienes quieran ver la serie, no deberían seguir leyendo.

Muchos personajes nuevos para que no tengas la sensación de que estás entendiendo de dónde vienen o para dónde van.

Después del caos generado con la muerte de Robert Baratheon, la ejecución de Ned Stark y la rebelión del Norte al final de la primera temporada, el reino ha caído en guerra civil, ya que varios personajes tratan o bien de apoderarse del trono, o bien de quedar en la mejor posición posible cuando algún otro se lo apodere. En medio de esto, los Stark seguirán pasando penurias, ya que la guerra del Norte, aunque bien llevada, enfrenta dificultades para dar un decisivo golpe final. Al este, Daenerys está ahora a cargo de la horda, y tiene que convertir esta base de seguidores en un poder respetable si quiere regresar al oeste y reclamar el trono que le pertenece. Y más allá del Norte, la Guardia emprende una audaz expedición militar ante la inminencia del invierno y los rumores de los caminantes rondando por ahí. Suena bien sobre el papel, pero desde la idea a la realización hay un buen trecho.

El peor lastre de esta segunda temporada es la sensación permanente de que nada se resuelve. La primera dejó varios cabos abiertos, pero hubo cierres significativos: la muerte de Ned Stark, el entronizamiento de Joffrey Baratheon, Daenerys asumiendo su destino. En cambio, en la segunda no tenemos ninguna trama verdaderamente central. El único hilo que empuja los capítulos hacia un clímax es la inminente invasión contra Desembarco del Rey por parte de Stannis Baratheon, porque todo el mundo espera que culmine con una batalla final; además, el encargado de parar la invasión es Tyrion Lannister, uno de los personajes favoritos de la saga, lo que origina un interesante duelo de caracteres y voluntades. Todas las otras subtramas, en cambio, venían de la primera temporada, y seguirán hacia la tercera. En cuanto a ésta, se resuelve de manera bastante anodina, con una batalla después de la cual el status quo queda casi intocado. En dicha batalla hay cerca de una decena de personajes principales comprometidos, y no muere nadie ni por casualidad, lo que le hace mucho daño a una serie que se fundamentaba en la premisa de "cualquiera puede morir" como reclamo para incrementar el suspenso.

Tiene esta cara porque traicionó a la única gente que lo quería para tratar de ganarse a su familia que lo desprecia. Infructuosamente.

Además, viene el peso añadido de tramas que no parecen ir a ninguna parte, y que de hecho al final quedan más o menos sin resolver. Está Daenerys, cuya historia sigue sin intrincarse con la principal, pero que es aceptable porque venía de la primera temporada. Está la expedición más allá del Muro, que podría haber dado de sí, pero en la que no sucede nada de demasiada relevancia hasta la última escena de la temporada. Está la subtrama de la niña Arya fugitiva disfrazada de niño, que tampoco interactúa con el resto de los personajes. Está la subtrama de Theon Greyjoy buscando redención frente a su padre. Y está la subtrama de Jamie Lannister prisionero de los Stark, que tampoco aporta ningún desarrollo al resto de los eventos. Supongamos que estas tramas no pueden omitirse porque sirven de preparativos para sucesos que vienen después, pero en ese caso, ¿no podrían los guionistas haberlas abreviado? O mejor aún, ¿no podrían haber dedicado algún capítulo especial a las mismas, o que algún personaje las hubiera contado en retrospectiva apoyado con flashbacks? A lo mejor en las novelas son tramas importantes y se intrincan con alguna arquitectura maravillosa, pero estamos hablando de televisión aquí, y la televisión debe ser rápida y ágil, no perderse en los meandros de una hilera interminable de personajes. No por casualidad, el mejor capítulo de las dos temporadas es "Blackwater", en donde se describe el asalto final de Stannis Baratheon contra Desembarco del Rey, no sólo porque vemos la batalla más épica en toda la serie, sino además porque los guionistas se olvidan de todas las tramas y subtramas paralelas y se centran en el núcleo de personajes que defienden o que atacan Desembarco del Rey, sin distracciones de ninguna clase.

Después de ver esta segunda temporada, me llevé una impresión muy pobre del talento del señor Martin para contar buenas historias. Una buena historia puede tener un elenco coral y varias subtramas corriendo en paralelo. Pero también una buena historia debe saber en dónde cortar. El secreto de contar una historia con varias tramas paralelas, es no perder de vista nunca cuál es el hilo conductor principal, e ir haciendo aparecer y desaparecer los personajes del horizonte narrativo en la medida que interactúan con ese hilo principal. Cuando uno escribe historias corales con muchos personajes, existe la tentación permanente de referirse a todos ellos en profundidad porque, como héroes o villanos, uno les cobra cariño y siente curiosidad por saber si están bien o mal, además de que sirven para explorar otros aspectos del universo narrativo y de dotarlo con una sensación de vastedad que aumente la épica. Pero el buen escritor sabe que su lector no siempre va a poder seguirlo en todas direcciones, y no cuenta con la misma biblia de personajes que el escritor se ha ido creando a medida que los hace evolucionar por el tablero, de manera que debe resistir esa tentación. Una historia coral debe mantener un delicado equilibrio entre que una trama no sofoque todo el resto, y a la vez que no se disperse tanto que al final ninguna trama termine por ser de interés.

Tiene escena en casi todos los capítulos de la segunda temporada, pero su subtrama podría haberse pateado como un flashback para la tercera temporada en un compendio de veinte minutos.

En cuanto al nivel de producción, "Game of Thrones" está bien. La mejora substancial del presupuesto es notoria en que tenemos mejores escenarios, incluyendo los monumentales paisajes de Islandia para las escenas más allá del Muro. También tenemos más escenas de masas, que no son tan imponentes como para mostrar ejércitos enteros, pero vemos batallas al menos, algo que se echaba de menos en una primera temporada en donde sabíamos que había guerra porque algún mensajero entraba en escena informando de tal o cual batalla. En general, puede decirse que el descenso de calidad en los guiones se ha visto compensado por una mejora en los valores de producción, lo que ha permitido mantener a flote la serie.

A estas alturas del partido, cabe preguntarse si vale la pena seguir la serie en una tercera temporada. Mi decisión personal es que yo seguiré adelante. Si la segunda temporada es un bache, puede que se corrijan estos problemas en la tercera, olvidándose un poco de la fidelidad a los libros y acomodando mejor el argumento a lo que se espera de una serie televisiva. Porque a veces los guionistas y los fanáticos olvidan que son formatos distintos, y lo que funciona en una novela no necesariamente funciona en una serie de televisión por capítulos. Puede también que después de la tercera temporada la serie termine perdida irremisiblemente, en cuyo caso ya no cuenten conmigo. Habrá que esperar hasta el 2013 para salir de dudas.

Hasta el próximo año. Y NO ME FALLEN ESTA VEZ.

domingo, 10 de junio de 2012

Crónicas Antrópicas 24 - "Hacia la revolución astronómica".


Durante la Edad Media europea, la Astronomía fue dominada por completo por las doctrinas de Claudio Ptolomeo. Este erudito alejandrino escribió hacia el año 150 después de Cristo un manual que los árabes al traducirlo llamaron "Almagesto", que significa "Lo más grande". En la época de Ptolomeo, existían eruditos que sostenían la idea de que la Tierra gira alrededor del Sol, pero en la materia, Ptolomeo prefirió seguir a un sabio llamado Hiparco de Nicea. Hiparco sostenía lo contrario, es decir, que el Sol es quien gira alrededor de la Tierra. Esto provocaba un problema con las observaciones astronómicas, ya que al ser observados, los planetas tienen un movimiento muy peculiar en el cielo: por lo general avanzan en su órbita, pero a veces y con regularidad, retroceden un poco haciendo un rizo, y luego siguen avanzando en su dirección primitiva. Hiparco era heredero intelectual de Aristóteles, un sabio que acertó en muchas cosas, pero que cometió el error de considerar la Tierra como el centro del universo, con un añadido: más allá de la órbita de la Luna todo es perfecto e inmutable, mientras que abajo de la misma, todo está sometido a la muerte y la corrupción. Y como la forma perfecta es el círculo, Hiparco se obligó a si mismo a explicar el problema de las órbitas planetarias considerándolas un gran círculo llamado epiciclo, en el cual se insertaban otros círculos más pequeños llamados deferentes. Con este sistema de círculos en círculos, Hiparco explicaba el peregrino movimiento de los planetas. Ptolomeo lo siguió, y después la Iglesia Católica adoptó esto como verdad científica oficial, porque permitía explicar el pasaje de la Biblia en donde el patriarca Josué pide a Dios que detenga al Sol y la Luna para terminar una masacre contra sus enemigos, a lo que Dios por supuesto accede, siempre según la Biblia.



Sólo que éste no fue el final de la historia. En medio de todo esto, y siguiendo a otros manuales grecorromanos distintos, traducidos también por los árabes, una serie de ideas antiguas sobre el universo se abrieron paso. Entre ellas, las nociones que hoy en día llamamos la Astrología occidental. La Iglesia Católica condenó una y otra vez la actividad astrológica, en teoría porque según el dogma cristiano, el futuro sólo puede ser conocido por Dios, siendo la Astrología por lo tanto un engaño del demonio; en realidad, lo que la Iglesia temía era que los astrólogos abrieran una brecha en su monopolio del conocimiento, ya que si los astrólogos en verdad podían predecir el futuro leyendo las estrellas, entonces se debilitaba la voluntad de las personas de recurrir al Dios cristiano para obtener su gracia, y por supuesto, con ello la mismísima Iglesia perdía parte de su base de fieles. Aún así, la supuesta seriedad de la Astrología le valió que los reyes durante muchos siglos encargaran tablas y horóscopos a sus astrónomos reales, y los protegieran dentro de sus cortes. Nostradamus en el siglo XVI vivió entre otras cosas de confeccionar horóscopos, así como varios de los más notables astrónomos de la posterior Revolución Científica, tales como Tycho Brahe o Johannes Kepler.



Durante el siglo XIII vino la revolución de las universidades, y dentro de ellas, la Astronomía se hizo de un lugar. El texto más destacado de la época fue "Tractatus de Sphaera", un manual escrito por Juan de Sacrobosco en el cual se detalla la teoría geocéntrica. Con el paso del tiempo, los astrónomos europeos empezaron a hacer observaciones cada vez más detalladas del cielo, en parte por un propósito utilitario: además de confeccionar horóscopos, haciendo mapas de los cielos podían ayudar a los navegantes a guiarse por las estrellas, lo que no era menor en los orígenes de la Era de los Descubrimientos geográficos. Pero esto trajo consigo un problema. Las observaciones más detalladas fueron revelando nuevas anomalías en el movimiento de los planetas. La respuesta de los sabios y eruditos fue ir introduciendo más deferentes en los epiciclos, para así mantener la teoría de Hiparco de Nicea en vigencia. El modelo geocéntrico fue haciéndose entonces mucho más complicado y difícil de entender, y más aún, de aplicar a la realidad cotidiana de los cielos.



En paralelo, se gestó un nuevo problema. El calendario al uso, el llamado Calendario Juliano, llevaba varios días desfasado. Julio César, o mejor dicho su astrónomo particular Sosígenes, habían enfrentado el problema de que el año calendario se quedaba "corto" en casi seis horas cada año, ya que la Tierra gira alrededor del Sol no en 365 días cabales, sino que tarda una fracción adicional de día en ello. Sumadas estas horas, daban un día entero de desfase cada cuatro años; este problema lo había arreglado metiendo un día adicional cada cuatro años, que son nuestros actuales años bisiestos. Pero entonces se suscitó el problema inverso, ya que el año calendario quedó "largo" por algunos minutos, los cuales al acumularse a lo largo de quince siglos, habían producido nada menos que un desfase de diez días, lo que introdujo el caos en el cómputo de las fiestas móviles de la Iglesia Católica, entre ellas nada menos que la Semana Santa. Por lo mismo, ésta mandó llamar al astrónomo Regiomontano para investigar el tema y proponer una solución; lástima que Regiomontano falleció en 1476, por causas desconocidas y con apenas cuarenta años. Por distintos motivos, el problema de la reforma del calendario quedó en el aire durante un siglo entero más.



Por todo lo anterior, la actitud de la Iglesia Católica frente a la Astronomía debió relajarse un tanto, y ahora fueron los propios escolásticos empezaron a poner en duda la teoría geocéntrica. En el siglo XIV, Nicolás Oresme consideró en su "Livre du ciel et du monde" que es erróneo considerar que la Biblia apoya un modelo geocéntrico, y que si la Tierra girara en torno a su eje en vez de los cielos, veríamos exactamente lo mismo que en un modelo geocéntrico. Asimismo, tuvo la brillante intuición de rebatir el argumento según el cual si la Tierra girara entonces todos saldríamos despedidos debido a los vientos racheados, contestando que eso no ocurriría si la atmósfera terrestre viajara con el mismo impulso acompañando a la superficie del planeta: esto, dicho nada menos que un cuarto de milenio antes de que Galileo Galilei desarrollara la teoría de la inercia. Pero quien llegó más lejos fue Nicolás de Cusa, quien escribió ya entrado el siglo XV. Este erudito no contraría la teoría geocéntrica, pero visualiza al universo como un todo en el cual Dios es a la vez centro y circunferencia; en consecuencia, deben existir otros mundos, incluso posiblemente habitados, cada uno de los cuales consideraría ser ellos mismos el centro del universo. El universo así tendría su "centro en todas partes, y su circunferencia en ninguna"; esta expresión no era nueva... sólo que los escolásticos solían aplicársela a Dios, no al universo en sí como lo hace Nicolás de Cusa. Esta idea asimismo va en contra del dogma aristotélico de un mundo supralunar perfecto versus uno sublunar corrupto. De esta manera, la atmósfera mental ya estaba allanada, en materia astronómica, para que alguien diera el siguiente paso lógico conceptual: considerar que el modelo astronómico se simplificaría notablemente si desecháramos el modelo geocéntrico y adoptáramos uno heliocéntrico. Para ello, habría que esperar hasta el advenimiento de Nicolás Copérnico.

Próxima entrega: "El heliocentrismo".

sábado, 9 de junio de 2012

High Fantasy Manga 4 - "¡Injusticia! Un buen caballero resulta mal recompensado por su señor".



Rodrigo Díaz el campeón. Alfonso VI el rey. Ambos con sus claymores enarboladas, dispuestos a luchar por ver quién es el más grande guerrero del universo. Ambos lanzándose al choque.

Las espadas chocaron. La atmósfera entera pareció paralizarse a su alrededor, incluso las chispas del choque de espadas quedaron suspendidas por un instante en el aire.

Luego vino el entrechocar furioso. A pesar de que una claymore por definición es una espada de un peso enorme, tanto Rodrigo Díaz como Alfonso VI manejaban las suyas propias con soltura, como si se tratara apenas de vulgares estoques. En verdad se requería una fuerza magnífica, sobrehumana, para acometer semejante hazaña.

Ante los golpes furiosos de Alfonso VI, Rodrigo Díaz retrocedió primero un paso, luego otro, luego otro más, con el rostro congestionado, los dientes bien visibles y apretados, los ojos entrecerrados al máximo, abiertos lo justo y preciso para ver a su oponente. Alfonso VI no lucía mucho mejor.

De pronto, Alfonso VI lanzó un golpe tan demoledor, que Rodrigo Díaz hubo de retroceder de un salto para no ser zanjado en dos. Se puso a la defensiva.

– Nunca lograrás vencerme, Rodrigo Díaz – dijo Alfonso VI, jadeando. – Yo... SOY EL REY.

– Existe un rey más alto que tú y que yo, que es Dios – dijo Rodrigo Díaz, con tono calmado pero desafiante. – Que sea el Dios de Justicia quien decida.

– No sabéis nada, Rodrigo – dijo Alfonso VI, y soltó a continuación una risilla desdeñosa. – Yo soy rey por la Voluntad de Dios. YO soy la Justicia, Rodrigo.

– En esta Casa de Dios es que se decidirá qué tan legítimo rey eres – dijo Rodrigo Díaz.

Los ojos de Alfonso VI se abrieron grandemente ante la insolencia; a continuación, abriendo con enormidad las fauces, el rey se lanzó al ataque, dispuesto a rebanar a Rodrigo Díaz.

– ¡¡¡TU INSOLENCIA TE COSTARÁ CARO, INFANZÓN!!! – gritó, mientras descargaba golpe tras golpe de manera casi maquinal, como una imparable máquina de matar.

Rodrigo Díaz, obligado a retroceder y retroceder aún más, terminó por tropezar y rodar por el suelo.

– ¡¡¡MUERE!!! – gritó Alfonso VI con los ojos inyectados en sangre, al tiempo que descargaba un golpe tan fiero, que ante el filo de su claymore hasta el empedrado mismo del suelo se rompió y astilló en varios pedazos. Pero Rodrigo Díaz había rodado sobre sí mismo, y con ello se había puesto a salvo.

Alfonso VI, jadeando, se dio la media vuelta, no para quedar por completo frente a frente de Rodrigo Díaz, sino para poder mirarlo por encima del hombro, ya que de esa manera la escena quedaba más melodramática.

– Tu insolencia, tu insubordinación contra todas las leyes divinas y humanas ha llegado a un colmo, Alfonso. Ahora, habrás de ser restituido a la obediencia de Dios – dijo Rodrigo Díaz, y luego, con voz profunda y estentórea, rugió de modo tal que hasta los cimientos mismos de la Catedral de Santa Gadea se estremecieron: – ¡¡¡ESPAÑA... A MÍ!!!

Y se lanzó a una serie de ataques fieros, uno detrás del otro, sin parar, haciendo retroceder a Alfonso VI.

Drakkon Inferno Tremendis, sin siquiera darse cuenta, maravillado como estaba, empezó a silbar la melodía principal de alguna serie televisiva japonesa, y luego, sin darse cuenta también, empezó a cantar sílabas sin sentido que sonaran como a japonés:

– Te-to-ko-tu-bi-ki-ni... Te-to-ko-tu-te-ta... Te-sa-co-tu-bi-ki-ni... Te-co-mo-tu-co-saaaaa...

Rodrigo Díaz siguió cargando, hasta que finalmente Alfonso VI tropezó en el suelo, y rodó sobre el mismo. Su claymore fue a parar lejos. Rodrigo Díaz apoyó la punta de su propia claymore contra la manzana de adán del rey. Este, inmovilizado, era presa de visibles temblores, ansioso por el destino final. Rodrigo Díaz se quedó en esa posición, clavado como una estatua.

– ¡¡¡VAMOS!!! – gritó Alfonso VI. – ¡¡¡QUÉ ESPERAS!!! ¡¡¡MÁTAME!!! ¡¡¡MÁTAME!!!

Rodrigo Díaz retiró su claymore con mucha lentitud, y la envainó de nuevo.

– ¿Jurarás? – preguntó.

Alfonso VI, sin poder pararse del suelo por la conmoción, vaciló por un instante, pero ante la fiera mirada de Rodrigo Díaz, y la visión de los parroquianos mudos de asombro, gritó:

– ¡¡¡JURARÉ!!!

Dos caballeros se acercaron a Alfonso VI y le ayudaron a incorporarse. El sacerdote, un sacerdote nuevo en reemplazo de aquel cuyo cráneo había terminado rajado contra el suelo, se acercó portando una Biblia.

– ¿Juráis, Alfonso, que no tenéis nada que ver con la muerte de vuestro hermano, juráis ante el Dios que os castigará poniéndoos en manos de villanos o de moros de vuestro perjurio, juráis ante el Dios que os acarreará hambre, sed, pestes, enfermedades y duelos en vuestro perjurio, juráis ante el Dios que os reventará con hechicería y magia negra y os arrojará en las garras de Satán el Malo en vuestro perjurio? ¿Juráis, Alfonso?

Alfonso, presa de un conflicto interno como debe ser con todos los villanos derrotados en un animé o manga, tembló por un minuto. Luego, con un gesto melodramático, dejó caer la mano sobre la Biblia, y con voz potente, afirmó:

– ¡¡¡JURO!!!

Toda la concurrencia entonces estalló en vítores.

Alfonso VI se paró delante de ellos, y los silenció con un gesto. Luego, habló:

– ¡Venid, don Rodrigo!

Rodrigo Díaz acudió ante Alfonso VI con paso calmo.

– Prosternáos ante vuestro rey, jurad vasallaje – dijo Alfonso VI.

Rodrigo Díaz, obediente, hincó una rodilla en tierra, tomó la mano que le extendía Alfonso VI, y la besó con humildad.

– Ahora que todas las dudas han sido aclaradas y que os habéis sometido a mi autoridad real, consagrada por Dios mismo a través de su Voluntad, os digo cuál será mi primera sentencia de este reinado. ¡¡¡QUE ESTE MAL CABALLERO, QUE ESTE FELÓN DON RODRIGO, SEA DESTERRADO DE MIS REINOS, DESDE AHORA Y HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS TIEMPOS!!! ¡¡¡IDOS, RODRIGO, IDOS Y NO VOLVED NUNCA MÁS!!!

Todo el mundo quedó consternado al escuchar estas palabras.

Rodrigo Díaz se incorporó. Una vez de pie, sus ojos se cruzaron con la de Alfonso VI. Su mirada era tan profunda, que Alfonso VI, aunque intentó retenerla por un instante, no pudo, y debió desviarla un segundo. Rodrigo Díaz, sin que se le moviera un solo músculo de la cara, se dio la media vuelta, y empezó la retirada.

Drakkon Inferno Tremendis, impresionado, corrió al lado de Rodrigo Díaz.

– ¿Y ahora qué haréis, don Rodrigo? ¿Acaso no vais a pelear por vuestro puesto?

– He recibido una orden de mi señor el rey don Alfonso – dijo Rodrigo Díaz. – Y una orden de un señor investido de acuerdo a la ley de Dios, es una orden que se acata y cumple.

– ¡Pero vos habéis tenido motivos para sospechar...!

– ¡La orden de un señor se cumple! – dijo Rodrigo Díaz, exudando grandeza en cada palabra.

– ¡Pero, don Rodrigo...! – replicó Drakkon Inferno Tremendis, prisionero de la visión de mundo tan característica de los adolescentes otakus según la cual el bien y la justicia lo permiten todo, incluso saltarse las reglas, porque los héroes hacen sus propias reglas. – ¡Don Rodrigo...! ¡Vos sois un héroe! ¡Vos impartís justicia, y...!

Rodrigo Díaz miró a Drakkon Inferno Tremendis con ojos cansados.

– Si vos decís que es legítimo rebelarse contra la autoridad constituida sin pruebas, entonces vos no servís para caballero. En verdad, vos no servís ni para traerle el pienso a mi Babieca.

– ¡Pero vos acabáis de hacer eso! – dijo Drakkon Inferno Tremendis.

– No. Yo no he jurado vasallaje a mi rey bajo una sospecha legítima. Habiendo jurado...

– ¡Pudo haber jurado en falso!

Rodrigo Díaz miró a Drakkon Inferno Tremendis.

– Vos sois una serpiente, un reptil insidioso. ¿Os creéis acaso que un rey jura en falso...?

– ¿Y a dónde vamos entonces?

– Lo ignoro eso de vos. Lo que es yo, tengo ya mi camino fijado. El exilio...


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