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domingo, 6 de mayo de 2012

Crónicas Antrópicas 19 - "Se abre paso el método científico".


Hoy en día, para cualquier persona ilustrada, el método científico no esconde secretos. Este consiste en hacer una serie de observaciones, luego desarrollar una hipótesis que explique las regularidades en dichas observaciones, luego experimentar en condiciones controladas para verificar la hipótesis, y en caso de que salga humo blanco de los experimentos, transformar la hipótesis en una ley científica, la que durará en su puesto hasta que nuevas observaciones la desbanquen. Y sin embargo, por muy lógica que parezca esta manera de hacer ciencia, lo cierto es que a los sabios de la Europa Occidental en la Edad Media les costó mucho asimilarlo. La razón era la presencia de la Iglesia Católica, que se había consolidado el monopolio del conocimiento sobre el universo, y lo defendía empeñándose en formular sus propios dogmas y en conseguir que todos bajo su tutela creyeran en lo que ella dijera, para conservar de esa manera las bases de su poder. Incluso por la fuerza si fuera preciso: no en balde, el siglo XIII vio la creación del Tribunal de la Inquisición, cuyas víctimas condenadas por herejía eran entregadas al brazo secular para ser ejecutados, usualmente en la hoguera. En la época, por ejemplo, la Iglesia Católica consideraba que el Sol giraba alrededor de la Tierra porque en la Biblia se señala que el Sol se detuvo por un milagro divino, para favorecer al patriarca Josué. Si se comprueba por la vía experimental que pudiera ser al revés, o sea, que la Tierra girara alrededor del Sol, entonces los más perspicaces podrían predicar que otras partes de la Biblia podrían ser erróneas, y por lo tanto, al final la Iglesia Católica perdería toda credibilidad, y lo que es peor, todo su poder. Por lo tanto, a medida que las nuevas ideas científicas modernas empezaron a desarrollarse en el siglo XII, la Iglesia Católica se embarcó en una cruzada cada vez más histérica para ponerle coto a su desarrollo, cruzada que no ha cesado incluso casi un milenio después de iniciada.



Para nuestra mentalidad, las doctrinas de los pensadores cristianos, lo que comúnmente llamamos Escolasticismo, aparecen como algo antojadizo y caprichoso. En realidad las ideas claves de la Escolástica no funcionaban al azar. Los escolásticos tenían sus propios métodos para arribar a lo que ellos consideraban la verdad. El problema es que la observación no estaba contemplado entre ellos. Los escolásticos asumían como dogma de fe que las Sagradas Escrituras eran la Revelación de la Palabra de Dios, y por lo tanto no podía ser cuestionada. Por lo tanto, para los escolásticos, el asunto era encajar la realidad tal y como la conocemos, dentro de lo que dice la Escritura. Para ellos, ante cualquier duda, la cuestión no era ¿qué podemos observar del mundo?, sino ¿qué dice la Escritura respecto de este punto? Nosotros vamos al microscopio o al telescopio; ellos iban a su Biblia. Cuando una cuestión parecía más o menos zanjada, se convertía en dogma, en magister dixit (el maestro dijo, en latín), y debía ser creído por una cuestión de autoridad. La idea de desafiar la autoridad y pensar de manera independiente les repugnaba como eventual pecado de arrogancia intelectual, y por lo tanto como ofensa a Dios, por no hablar del riesgo de herejía.



El método de los escolásticos era por lo tanto un método lógico. Ellos tomaban la Biblia o las expresiones de los teólogos de la Patrística, y los desglosaban y desmenuzaban. Allí donde la Biblia no se había pronunciado, o no podía hacerlo por cuestiones históricas, los escolásticos rellenaban utilizando reglas lógicas. Su procedimiento favorito era el razonamiento deductivo, o sea, determinar cuál es el principio general, y a partir de éste, extraer las consecuencias particulares. Este es un modo de razonar por completo opuesto al método científico, que no es de naturaleza deductiva sino inductiva: primero se determinan los particulares, y después, observando qué tienen de común estos particulares, se extrae un principio o formulación general. Eso, sumado al principio de autoridad de la Biblia, es lo que creó la atmósfera mental en que se movían los debates escolásticos.



El primer gran embate a esta manera de entender el razonamiento, llegó con la irrupción de Aristóteles. Este se encontraba vivo en el mundo islámico, desembarcó en Europa en el siglo XII, y fue ampliamente leído durante el siglo XIII, al menos entre los privilegiados que sabían leer. Entre otras cosas, Aristóteles hizo una serie de estudios sobre lógica, y con ello puso patas arriba todo lo que los escolásticos suponían acerca de su método. Finalmente, el teólogo Tomás de Aquino en su monumental "Suma Teológica" consiguió domesticar al rebelde griego, logrando una solución de compromiso entre Aristóteles y el pensamiento escolástico. Pero la batalla por la cuestión del método no se había acabado en lo absoluto. En el camino, la idea de que las palabras representan realidades objetivas, o sea, son más que simples convenciones que las personas determinamos para referirnos a las cosas, se había debilitado considerablemente.



Ya en el siglo XIV apareció la figura de William de Ockham. Este teólogo es famoso por la llamada "navaja de Ockham", aunque parece que él mismo no la formuló de una manera definitiva. En todo caso, la famosa navaja ya había sido enunciada antes por pensadores más escondidos. El caso es que dicha navaja señala más o menos que entre dos soluciones igualmente posibles, debemos escoger la más sencilla, porque tiene mayor probabilidad de ser la correcta. Esta idea es capital hasta el día de hoy en el pensamiento científico, ya que el proceso de formulación de leyes científicas consiste justamente en dar explicaciones simples a la complejidad de la naturaleza; que se pueda lograr o no, es discusión de otro cotarro, por supuesto. Lo importante de todo este proceso, es que el pensamiento medieval evolucionó en una dirección que, hacia los siglos XV y XVI, hizo posible el surgimiento de los primeros científicos occidentales propiamente tales.

Próxima entrega: "Los alquimistas".

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