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miércoles, 11 de abril de 2012

Temporada 1 de "Game of Thrones": El sueño húmedo de Maquiavelo.


Por alguna razón, no había despachado todavía mi comentario acerca de la primera temporada de Game of Thrones, y entre medio llegó la segunda temporada, estrenada ahora en abril de 2.012. De manera que, aprovechando el impulso, hablemos un poco de esta serie de televisión, en particular de la primera temporada, que es la primera incursión de las clásicas series de HBO en terreno fantástico. Tengamos en cuenta que yo no me leído las novelas originales, de manera que comento sólo por la serie en sí, y a riesgo de repetirme, más en concreto por la primera temporada únicamente. Y en segundo término, ya he escrito de antemano un artículo sobre el paralelo entre Game of Thrones y la Guerra de las Rosas en Inglaterra, de manera que no me repetiré sobre eso aquí.

La serie en cuestión fue estrenada en 2.011, y se extendió en su primera temporada por diez capítulos. Aunque fue promocionada un poco como una serie en donde los buenos no son tan buenos, los malos no son tan malos, y en definitiva hay muchos personajes principales, todos ellos de diversa importancia, lo cierto es que no es necesario ahondar demasiado para darse cuenta de que los verdaderos protagonistas son la familia Stark. Un poco como los Corleone en El Padrino, los Stark podrán ser presentados como políticos y maquiavélicos, pero son los más honorables dentro del corro de familias luchando por el poder imperial, de manera que la delineación entre héroes y villanos, aunque traten de difuminarla, sigue estando ahí. Se supone que los Stark son una de las siete grandes casas reales que gobiernan la región civilizada del continente de Westeros, todos ellos unificados bajo un solo monarca universal, que es el rey Robert Baratheon. Que para condimentar la historia, no ha llegado al trono por herencia, sino usurpándoselo a un rey antiguo que era un déspota sanguinario. Así como se presenta, el sistema político son puras monarquías al estilo de El príncipe de Maquiavelo, sin repúblicas o sistemas políticos más abiertos, en otra muestra de que la imaginación sociopolítica no es el fuerte de los escritores de Fantasía Epica.

La trama de los diez capítulos se desarrolla en torno a tres historias que corren en paralelo, tocándose muy poco a lo largo de la historia, por lo menos en lo que a esta temporada se refiere. Una de ellas se refiere a Ned Stark, interpretado por Sean Bean, que es la cabeza de la familia Stark. Este es llamado por Robert Baratheon a Desembarco del Rey, la capital de los siete reinos, para ser la Mano del Rey, una especie de segundo al mando por debajo del rey supremo. La segunda trama se refiere al Muro, una ciclópea muralla que separa a los siete reinos de las tierras del norte en donde sólo hay frío, hielo y leyendas sobre bestias míticas que podría ser que estuvieran resucitando, porque como reza el lema de la serie, el invierno está llegando. La tercera trama se ambienta más allá del estrecho oriental, en unas grandes planicies en donde vemos a Daenerys Targaryen hacerse mujer y luchar para recobrar la herencia de sus ancestros, porque el rey derrocado por Robert Baratheon era su padre.



Lo primero que llama la atención de la serie, es la enorme complejidad del escenario. A pesar de tratar de ser lo más didácticos que pueden en los primeros dos o tres episodios, es fácil marearse con la cantidad de personajes y situaciones presentados. La recomendación aquí es, si se puede, ver el primero y segundo episodio un par de veces, antes de seguir adelante. Puede afirmarse que es recién entre el tercer o cuarto episodio que la presentación de personajes y situaciones termina, y comienza la intriga propiamente tal. Esta característica será un lastre y maldición de la serie: hay tantas cosas presentadas de maneras a veces demasiado fugaces, que es fácil perderle la pista a las tramas, y lo que es peor, a los personajes que son principales. Aún así, los guionistas se las arreglan para mantener las cosas interesantes, introduciendo continuos giros argumentales que mantienen todo movido, y con ganas de averiguar cómo va a terminar tal o cual situación. Uno de los más interesantes es que ningún personaje pareciera tener una armadura por conveniencias del guión, y por lo tanto, cualquiera puede morir.

Otro aspecto muy interesante de la serie, es el tratamiento de los personajes. Aunque decíamos que la serie no consigue eliminar la diferencia entre héroes y villanos, no es menos cierto que cada personaje está muy bien caracterizado en sus características psicológicas y su visión del mundo. Ningún personaje tiene motivos simples, y aunque la mayor parte de ellos están en la lucha por el trono debido a la ambición, el motor que impulsa estas ambiciones suele ser distinto en cada caso. En definitiva, el elenco entero pareciera estar integrado por personajes que oscilan entre antihéroes, protagonistas oscuros, héroes byronianos y villanos con corazón o bien intencionados, lo que es algo un poco inusual en la fantasía heroica, género demasiado habituado a mostrar la confrontación entre una fuerza etiquetada como el bien y otra etiquetada como el mal de manera simplista ambas.

Que la serie sea producida por HBO es un plus y un contra al mismo tiempo. Por el lado positivo, tenemos toda la experticia de HBO a la hora de crear series. Como en otras series antes, HBO hace notar muy bien ese antiguo eslogan que era no es televisión, es HBO. La producción puede ser un tanto roñosa a ratos, considerando que estamos acostumbrados a la fantasía heroica con el presupuesto más dispendioso del cine, pero le sacan un muy buen partido a los escenarios y locaciones diversos. El uso de fondos por computadora también ayuda a crear una atmósfera algo onírica alrededor de los personajes. El único punto en donde de verdad se nota la falta de presupuesto, es tirando a los capítulos finales en donde ocurren batallas, y para ahorrar en costos, simplemente se las saltan y nos cuentan el resultado por boca de los personajes. El truco estaba bueno para Los persas de Esquilo, habida cuenta de lo limitado del presupuesto del teatro, pero en televisión esperaríamos un poco más de espectacularidad al respecto. En definitiva, la serie pierde enteros cuando sale de la atmósfera de intriga maquiavélica y se adentra en los terrenos de la gran épica. O de lo que debería ser gran épica, al menos.



Además tenemos el encorsetamiento rígido que pareciera ser propio de las series de HBO. Ellos parecieran creerse en serio que son la crema de la crema de las series televisivas, y por lo tanto, tratan de obtener el resultado más artístico posible, aunque tengan que sacrificar naturalidad en el camino. Por lo tanto, las actuaciones son contenidas y quizás algo planas, aunque el elenco de actores escogidos en general está bien. Por otra parte, el tratamiento de muchas situaciones a veces hace olvidar que estamos en otro mundo: es como si estuvieran avergonzados de estar rodando una producción escapista fantástica porque las series de HBO deben tener una tendencia al comentario social, y por lo tanto, tratan de rebajar todo lo posible lo que de fantástico tenga el escenario, para que sea como un trasunto del mundo real. Y en este esfuerzo, la serie adquiere un tinte extraño, ni muy de nuestro mundo, ni muy del otro. Incluso la banda sonora, más allá del imponente tema principal, tiende a ser más bien aburrida o anodina.

Haciendo una valoración general, la serie tiende a ser más bien irregular, con sus puntos altos y sus puntos bajos. Pero por otra parte, la historia narrada y el universo descrito son de una complejidad enorme para lo que es el estándar de las series televisivas, y por lo tanto, se puede quedar a mitad de camino y aún así seguir siendo muy buena. Sin embargo, es probable que la primera temporada quede sólo como un largo proemio, y sean necesarias nuevas temporadas para seguir explorando el universo y sus personajes, y alcanzar todo lo que esta serie podría ser. Y si de confirmar esto se trata ya tenemos en nuestras pantallas la segunda temporada para salir de dudas.



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