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miércoles, 18 de abril de 2012

¿Se hace más productiva la sociedad si disminuyen los impuestos?


Uno de los mantras más repetidos por parte de cierta ala de economistas, es que los impuestos deberían disminuir para que la sociedad como un todo sea más productiva. Según este razonamiento, el impuesto es una distorsión a la asignación de recursos, ya que quienes deben pagarlos, los perciben como un costo que lo traspasan a los consumidores. Por lo tanto, los impuestos hacen que la gente consuma menos y produzca menos, y son un freno a la competitividad. Supongamos como ejemplo que el óptimo social de la producción del producto X es 20, pero hay un impuesto. Entonces, del producto X ya no se producirán 20 sino 18, porque los productores estarán menos entusiasmados al percibir que sus ganancias se irán a los bolsillos del Fisco. Y la sociedad entera como un todo pierde dos enteros de dicho producto.

Suena razonable. Pero las cosas en Economía nunca suelen ser tan sencillas. El contraargumento obvio para esto, es que los impuestos ayudan a financiar políticas públicas. Por ejemplo, planes de salud o educación públicas. Sin embargo, razonan los partidarios de disminuir los impuestos, el Estado es ineficiente para asignar recursos, porque los funcionarios siempre están más interesados en llenarse los bolsillos que en financiar dichos programas. Además, si los privados se financian tales cosas directamente, se elimina el costo de tener que pagarle al funcionario respectivo. Disminuir los impuestos significa que los privados tendrán así más dinero para costearse estas cosas, en vez de esperar a que el Estado se las provea, y que de paso les provea lo que no quieren, o les provea un producto público de calidad dudosa.

Si entendemos la Economía como una ciencia, entonces debemos atenernos a los resultados de las observaciones. Desde la década de 1980 en adelante, que el mundo ha atravesado por una oleada desreguladora que, entre otras cosas, implica disminuir impuestos. Y sin embargo, dichas disminuciones de impuestos no necesariamente van acompañado de un aumento de la productividad de la sociedad como un todo. ¿A qué se debe esta paradoja?

En realidad, hay varios puntos de fuga a partir de los cuales el ahorro procedente de la disminución de impuestos se desvanece. El razonamiento de que menos impuestos equivalen a mayor productividad, requiere como premisa no confesada que la totalidad de dicho ahorro será destinado a producir. Es decir, será invertido. Por ejemplo, si pago menos impuestos, me va a ser más fácil comprarme una máquina para fabricar algo. O bien, si soy un profesional liberal, voy a poder comprarme más y mejores útiles para el desenvolvimiento de mi profesión. Es una idea bienintencionada, pero...

No siempre las personas dedican sus ahorros a la inversión. La posibilidad alternativa es que lo destinen al consumo. El ABC del asunto es que si usted tiene dinero, puede gastárselo en bienes que lo recompensarán con ingresos futuros (inversión) o que no le darán tal recompensa (consumo). En muchos casos, este consumo es de productos que son por naturaleza efímeros. Pensemos por ejemplo en la comida. Usted se come un plato de comida, y esa comida se destruye en sus dientes y en su estómago. Ahora bien, puede usted razonar que ese es un costo inevitable porque usted debe comer o se muere, ¿no? Sí, pero existen comidas y comidas. Los privados por ejemplo pueden elegir no comer lechuga u otro plato saludable, sino comida chatarra; los privados pueden elegir envenenarse el hígado con papas fritas y huevos fritos. Podemos decir que es su propia responsabilidad, es cierto, pero a la larga, la obesidad representa un costo mayor para el sistema de salud como un todo. Después de todo, los recursos invertidos en salud son recursos que no pueden ser destinados a otras dolencias más inevitables, o simplemente a cosas más constructivas.

Vamos más allá y pensemos en el alcohol: si usted se toma un trago en un bar, estará consumiendo dinero que se destruirá. Usted no necesita realmente el trago desde el punto de vista de que le aporte vitaminas o minerales. Y como instancia de socialización, un trago en un lugar fino y elegante puede ser considerado como más costoso que otros medios de socialización, como por ejemplo comprarse una cerveza y consumirla entre cuatro amigotes en un departamento. Disminuir los impuestos especiales al alcohol hará el trago más barato, pero eso sólo estimulará al consumo de un producto que se destruye. Es cierto que existe toda una industria asociada al servicio de alcohol, incluyendo los pubs y los mozos que llevan el trago a las mesas, pero puede pensarse seriamente si ello compensa los costos de, digamos, manejar borracho por las calles.

Además, las personas pueden simplemente optar por no invertir ni consumir, sino simplemente ahorrar. En este caso, el dinero se queda estancado, sin circular hacia ninguna parte. En la economía chilena se da un caso monstruoso de esto con el llamado Fondo de Utilidades Tributables, mejor conocido como FUT. Este es un fondo contable a donde van a parar todas las ganancias de la empresa que no son retiradas. No siempre lo que hay en el FUT se reinvierte, pero como no se paga impuestos hasta que se retira, entonces ahí existe un enorme fondo de utilidades sobre las cuales no se ha pagado ningún impuesto. El FUT es técnicamente ahorro, pero es un ahorro que está estancado ahí, para que no pague impuestos. Pero la única manera de destrabar esto sería eliminar el impuesto a la renta de las empresas, lo que por supuesto sería una atrocidad mayor. La única manera de evitar este tapón no es disminuir los impuestos, sino por el contrario aumentarlos, creando en este caso alguna clase de impuesto que grave al FUT. O eliminándolo derechamente, y cobrando el impuesto a la renta sobre las rentas que ingresan a la empresa, no sobre las que se retiran.

Además, los impuestos permiten corregir problemas puntuales de la sociedad. Es el caso por ejemplo de los impuestos al consumo suntuario. Si usted consume alcohol o cigarrillos, es probable que mucho del precio que está pagando en realidad sean impuestos extraordinarios que el Estado se lleva en compensación por consumir productos que ocasionan daño o riesgo social. Después de todo, un borracho es un delincuente potencial, si llega a perder la cabeza, y un adicto a la nicotina es un enfermo de cáncer en potencia, por lo que puede a la larga recargar el sistema de salud. No todos los impuestos son así de útiles, y de hecho algunos pueden ser muy desacertados. Pero no es cierto que todos los impuestos introducen distorsiones: en el caso que comentamos, lo que hace el impuesto en realidad es corregir una distorsión que se produce por riesgo social inherente al consumo de estos productos.

Y el argumento más notorio es que mientras más disminuyen los impuestos, más disminuyen los fondos para financiar programas esenciales para la mantención de la sociedad. Imagínese usted una sociedad donde usted no pudiera cruzar una calle muy concurrida porque no hubiera semáforos. O una sin tribunales de justicia en donde usted pudiera reclamar si alguien no le paga una deuda. O una en donde los privados tuvieran que financiar directamente a la policía, y por lo tanto, los policías no perseguirían a un ladrón que lo ha asaltado in fraganti a usted hasta que usted le pagara por los servicios prestados. Suena ridículo, pero sin un Estado que pague tales cosas, así es como debería financiarse la policía. O eso, o la ley del más fuerte, y rece porque usted tenga el garrote más grande y las mayores fuerzas para usarlo. Y ya se imagina usted quién financia al Ejército, ¿verdad? Por alguna razón, los que argumentan sobre disminuir los impuestos nunca se atreven a tocar a los valientes soldados y decirles que, bien, deberían buscar cómo financiarse solitos. Y esas cosas hacen más productiva a una sociedad: el empresario está más seguro de que no asaltarán su establecimiento si hay policías cuidando allá afuera, y está también más seguro de que los contratos que firme serán respetados con tribunales que se encarguen de hacerlos cumplir. Todas esas cosas mejoran la productividad, pero requieren de impuestos para financiarse.

Por lo tanto, afirmar que si disminuyen los impuestos la sociedad se hará más productiva de manera automática es una simplificación del problema. Puede que en efecto, eliminar o rebajar ciertos impuestos ayuden a potenciar la actividad económica en tales o cuales rubros, eso nadie lo niega. Pero de ahí a afirmar que cualquier disminución de impuestos ayuda a mejorar la productividad porque sí, por consecuencia necesaria o inflexible ley de la sociedad, eso no es ciencia económica sino dogma. Un dogma harto conveniente a ciertos sectores muy reducidos de la sociedad, por supuesto, pero no a toda ella como un conjunto.

2 comentarios:

Gaby Fonseca dijo...

Obviamente los impuestos son los que mantieonen vivo a un Estado, pero no son los unicos ingresos que pueden tener, pienso que con el modelo actual, como dices, de bajar impuestos, solo funciona para las grandes empresas, que ironicamente, son los que mayores cantidades de dinero en forma de impuesto podrian dar al Estado, por lo menos aqui en Mexico, hay muchas maneras de que las grandes empresas, nacionales como extrajeras, eviten hacer el pago de impuestos o deducirlos a cantidades ridiculas, mientras los ciudadanos normales son los que tienen que pagar mas y mas impuestos en varias formas, como en articulos de primera mano o en pagos de impuestos y cosas por el estilo. Los que mas tienen pagan menos, pues.

Guillermo Ríos dijo...

Los impuestos no son el único ingreso de los Estados, pero sí es el principal, en particular desde el desmantelamiento de los Estados empresarios luego de la caída del Comunismo.

Una de las maldiciones de cualquier sistema impositivo, es que resulta más fácil fiscalizar el impuesto al consumo, que el impuesto a la renta. Fiscalizar el consumo es tan fácil como revisar boletas y facturas de venta, mientras que fiscalizar la renta es mucho más complicado. Pero a su vez, los impuestos sobre el consumo son regresivos porque la gente de menores recursos invierte una proporción mayor de sus ingresos en consumo, ya que casi no tienen capacidad de ahorro. O sea, una buena política tributaria debe elegir entre dos soluciones insatisfactorias: preferir gravar el consumo sobre la renta y cargarle a los más pobres, o preferir gravar la renta sobre el consumo y echarse encima la mochila de agudizar la fiscalización.

El problema de la evasión y elusión tributaria tiene que ver con la tendencia de los sistemas tributarios a volverse más complejos con el tiempo. Se instala un sistema tributario, y luego comienzan a metérsele parches en forma de exenciones, prebendas, incentivos, gravámenes, etcétera, por lo general para incentivar o desincentivar políticas públicas, o para responder a los intereses y presiones de tal o cual lobby, y al interactuar unas normas con otras, empiezan a producirse vacíos que se utilizan para evadir o eludir impuestos. Desafortunadamente, los que tienen que dictar leyes para corregir estos problemas, por lo general ven sus campañas políticas financiadas por los mismos grandes grupos económicos que se supone deberían pagar esos impuestos, y... el resultado es imaginable.

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