¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

domingo, 8 de abril de 2012

Crónicas Antrópicas 15 - "Bajo el signo de la Iglesia Católica".


La deposición oficial del último Emperador romano de Occidente, Rómulo Augústulo en el año 476, no fue el cataclismo social que algunos historiadores tremendistas del Renacimiento pintaron. En realidad, el paso desde la Antigüedad Clásica a la Edad Media en la Europa Occidental fue un proceso lento y paulatino que se extendió cerca de medio milenio, desde la llamada crisis del siglo III hasta la época de la consolidación de los francos en el siglo VIII. En medio de todo esto, la gran institución que operó como ancla de la sociedad fue la Iglesia Católica. Es lógico y natural por lo tanto que fuera ésta con sus doctrinas la que impusiera su visión del universo, así como el rol del hombre dentro del mismo.



El corpus doctrinal del Cristianismo, al menos en la Edad Media, arranca de tres grandes fuentes. En primer lugar están todos los textos sagrados heredados del Judaísmo, que son herederos de una mentalidad religiosa común al resto del Medio Oriente, y que pasaron a ser el Antiguo Testamento. En segundo término está el canon de escritos redactados por los primeros en identificarse como cristianos, y que por haber sido redactados en la época del Imperio Romano están mucho más impregnados de las ideas y conceptos propios del pensamiento filosófico griego. Y en tercera está todo el denso cuerpo de la Patrística griega y latina, que hizo un elaborado esfuerzo por reconciliar ambos legados contradictorios en una única doctrina coherente. De ahí que el Cristianismo en sus distintas formas y variantes, se haya movido entre dos polos conceptuales distintos, el hebraizante impregnado de la mencionada mentalidad religiosa del Medio Oriente, y el helenizante impregnado de la mentalidad humanista y racionalista griega.



Dentro de la cosmovisión cristiana clásica, el ser humano tiene una relación privilegiada con Dios, ya que su alma ha sido hecha a imagen y semejanza suya. El ser humano es así señor de la Creación, y puede utilizar de la Tierra y de sus pobladores como mejor le plazca, completando con ello la obra de la Creación. Pero también, a consecuencia del Pecado Original, es una criatura caída que necesita de la gracia para la salvación. Salvación que, según la doctrina más tradicional de la Iglesia Católica, sólo pasa por Cristo y por la intermediación de ella. De ahí que en la doctrina cristiana coexistan, a veces de manera bastante incómoda, la idea griega de la confianza en el ser humano y en sus capacidades, expresada en el concepto de que el hombre es hijo de Dios, junto con el desamparo de esta criatura desvalida frente al Dios Omnipotente. En la primera etapa de la Edad Media, como respuesta psicológica ante el caos y desorden imperantes, esta segunda visión tuvo la primacía; no es casualidad que en este tiempo la decoración de las iglesias fuera invadida por el Pantocrator, la representación pictórica del Cristo como Todopoderoso Señor de la Creación.



Todo esto por supuesto va a tener consecuencias para la investigación naturalista del mundo. Al contrario de lo que usualmente se presupone, la Iglesia Católica no tuvo a comienzos de la Edad Media una actitud hostil hacia las ciencias naturales; aunque considerándose depositaria de todas las verdades universales, tampoco consideró necesario desarrollarlas e implementarlas, toda vez que no consideraron necesario añadir nuevas investigaciones suplementarias a lo que ya se sabía. Lo que hicieron los hombres de religión en ese tiempo no fue arrumbar la ciencia o destruirla, sino que por el contrario, hacer sus más vivos esfuerzos en compendiarla y salvarla de la destrucción y el pillaje provocado por los incendios de bibliotecas durante los saqueos bárbaros y las querellas feudales. Es en esta época que comenzó a obrar el batallón de monjes copistas medievales que, en las celdas de sus monasterios, se encargaron de crear puentes culturales para la posteridad; los monjes irlandeses, bien aislados y fortificados en su isla occidental, fueron quienes tomaron la cabeza por varios siglos. A nivel individual, el más importante esfuerzo en este sentido y en su época, fue el desplegado por Isidoro de Sevilla, un canónigo hispánico de comienzos del siglo VII que en sus "Etimologías" compendió todo el saber universal de su época, en una única enciclopedia que fue obra de consulta obligada para los eruditos durante cerca de un milenio. Toda esta labor ayudó a salvaguardar la cultura grecorromana, pero por otra parte, partían desde sus propios prejuicios e ideas preconcebidas, y además trabajaban con fragmentos o jirones de conocimientos salvados desde el diluvio social, lo que le dio quizás demasiada primacía a pensadores de ideas no siempre acertadas, como Aristóteles o Claudio Ptolomeo, en perjuicio de otros pensadores con visiones más certeras de la realidad. De este modo, contribuyeron a crear una visión del mundo que iba a quedar consagrada como canónica por la Iglesia Católica: Claudio Ptolomeo, en particular, fue sacralizado hasta el punto que ir en contra de sus ideas científicas convertidas en doctrina religiosa podía llegar a costar un juicio por herejía frente a la Inquisición. Un milenio después, Giordano Bruno iba a pagar con la hoguera, y Galileo Galilei con arresto domiciliario de por vida, debido a esta situación.



De esta manera, los inicios de la Edad Media no fueron la Edad Oscura ni el apagón cultural que los historiadores clásicos del Renacimiento o del siglo XVIII predicaron en sus días, ya que si bien gravemente mermada, la cultura grecorromana se las arregló para sobrevivir de una manera u otra en el seno de la sociedad europea occidental. Sin embargo, esta supervivencia estuvo condicionada por el azar de que tales o cuales bibliotecas ardieran en llamas bajo las herraduras de los caballos de los conquistadores bárbaros, o bien por el sesgo de los propios primeros escritores medievales en hacer una transmisión selectiva del conocimiento. Y cuando ese conocimiento terminara por transformarse en dogma, la visión medieval sobre el mundo se fosilizaría. Sería necesario nada menos que todo el Renacimiento para hacer saltar en definitiva esa costra, y retomar el legado racionalista griego allí donde había sido interrumpido por la decadencia del mundo grecorromano.

Próxima entrega: "En el caldero cultural bizantino".

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?