domingo, 25 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 13 - "Bajo el Imperio Romano".


En el período de tiempo que va desde el estallido de la Primera Guerra Púnica (264 antes de Cristo) hasta el Combate Naval de Accio (31 antes de Cristo), la República Romana pasó de ser una potencia regional en Italia, a la soberana absoluta del Mar Mediterráneo, transformándose en el Imperio Romano de paso. La imposición de una única Pax Romana al mundo mediterráneo llevó consigo varios cambios sociales. Por un lado, la mayor parte de las guerras fueron desterradas a las fronteras y más allá. Por el otro, una única administración se hizo cargo de la Ecumene; en verdad, la Ecumene misma que había sido adelantada como concepto por los pensadores, se hizo una realidad sociopolítica y llegó a identificarse con el Imperio Romano. En la mentalidad de los romanos, el Imperio Romano no era un Estado como lo entendemos hoy en día, y el concepto de la "cosa pública", la "res publica" en latín, había quedado subsumido en el patrimonio de la familia de los Césares, y más o menos confundido con éste. Para dicha mentalidad, el Imperio Romano era la colección de todas las tierras civilizadas conocidas, es decir, un espacio geográfico y humano, no sólo una entidad política.



Sin embargo, la ciencia romana iba a pagar un precio por los trastornos debidos a la imposición del Imperio Romano. Durante el mismo, grandes masas proletarias habían quedado varadas y empobrecidas, a merced de los capitalistas romanos que especularon con las conquistas y se enriquecieron a cuenta del botín arrebatado a los reinos orientales. En este caldo de cultivo social en que se mezclaron soldados empobrecidos, campesinos arruinados y esclavos orientales desarraigados, no hubo mucho espacio para la cultura. Por el contrario, fueron el misticismo y las ideas religiosas las que fueron progresando y ganando la partida. La mentalidad de la época retrocedió. Esta nunca había abandonado la superstición, y teniendo la ocasión de levantar cabeza otra vez, ésta se apoderó en la práctica totalidad del campo, atacando al gran bastión de la misma: la clase alta, erudita e ilustrada. La cultura científica que estaba entonces contenida en la misma, incluso dentro de ella misma retrocedió.



Los romanos tomaron las ideas filosóficas y científicas procedentes de los griegos, en particular desde Alejandría, pero no se preocuparon por innovar más allá. Incluso el foco cultural de Alejandría pareció apagarse: su Biblioteca siguió en activo, pero había sido gravemente lastrada después del incendio del año 47 antes de Cristo, que aconteció a resultas de cuando Julio César atacó militarmente Alejandría. Los romanos que más aportaron a la ciencia y a la concepción del mundo, fueron los tratadistas. El más importante de ellos fue probablemente Plinio el Viejo, quien escribió hacia el año 70, y falleció en la erupción del volcán Vesubio del año 79. La "Historia natural" de Plinio recopiló lo más granado y avanzado de la ciencia de su tiempo, en una verdadera enciclopedia del conocimiento de su época; todavía después del Renacimiento seguía siendo un libro de cabecera para muchas materias. Otros tratadistas incluyen a Dioscórides, cuyo tratado sobre herbolaria fue esencial hasta el Renacimiento. El más importante de los romanos tratadistas es probablemente Galeno, cuyos textos de Medicina fueron la base de la disciplina durante la Edad Media.


Con el estancamiento de la ciencia bajo los romanos, sucedió otro tanto con su visión de mundo, la que ya no evolucionó. Unicamente dentro de las paredes de la Biblioteca de Alejandría se seguía produciendo conocimiento útil. E incluso adentro, la labor de investigación estaba siendo sustituida por la labor de compilación. Hacia el año 150, el astrónomo griego Claudio Ptolomeo escribió un texto que después los árabes llamarán "Almagesto". El "Almagesto" es la recopilación de todo el saber astronómico de su tiempo, un trabajo honesto para compendiar en un solo volumen todo lo que un astrónomo debía saber sobre su materia. Desafortunadamente, a pesar de que los alejandrinos conocían la teoría heliocéntrica postulada con argumentos científicos por Aristarco de Samos, Ptolomeo se decantó por el geocentrismo. Para explicar las órbitas planetarias tomó el complicado sistema de círculos llamados epiciclos y deferentes, postulados en detalle por Hiparco. Con Ptolomeo, quedaba asentado que la Tierra, como cuna de la Humanidad, era el centro del universo. Ese antropocentrismo aplicado a la Astronomía, pesaría lo suyo después.



En el siglo III, incluso el centro cultural alejandrino colapsó. El Imperio Romano sufrió una serie de desórdenes y guerras civiles, en que la cultura urbana se empobreció a tal punto, que muchas áreas del imperio se ruralizaron de nuevo. Alejandría quedó atrapada en el fuego cruzado, y su escuela de pensamiento se secó en su mayor parte. Aún así, el mismo siglo III produjo aún otro gran matemático griego, en la figura de Diofanto. Por desgracia, su obra posterior se perderá en buena medida, pero lo que queda, evidencia que desarrolló mucho del álgebra que los europeos deberán después redescubrir trabajosamente durante el Renacimiento. Fue el último destello de genio en un mundo en que la ciencia, después de su espectacular despegue jonio, se hundía de nuevo en el crepúsculo. Y aún faltaba el más poderoso ataque que iba a recibir la ciencia grecorromana, el decisivo: la irrupción del Cristianismo.

Próxima entrega: "El final del mundo pagano".

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails