domingo, 18 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 12 - "El esplendor de Alejandría".


En el siglo IV antes de Cristo, el mundo griego experimentó una serie de revoluciones sociales. La mayor parte de las pólis, las ciudades estado griegas, habían vivido en los siglos precedentes un proceso de apertura política, desde las primitivas monarquías aristocráticas hasta sistemas políticos bastante democráticos. Atenas era quien había llegado más lejos en este proceso. Pero a partir de esta época, el proceso dio marcha atrás. Muchas razones explican esto, pero una de ellas tiene que ver con el reemplazo de la antigua vida frugal por una llena de lujos y comodidades, como resultado de la apertura de rutas comerciales gracias al Imperio Ateniense. Con ello, el foco de la vida de cada griego se volcó de lo público a lo privado. El desinterés de los griegos en defender la democracia en las ciudades donde ésta existía, y también la degeneración de la democracia en demagogia en muchos lugares, Atenas incluída, ayudó al ascenso del caudillo Alejandro Magno. Es cierto que las ciudades estado griegas lucharon por su libertad, pero no es menos cierto que muchos griegos veían la lucha como inútil, y se habían pasado abiertamente al partido macedónico. Cuando Alejandro Magno conquistó el Imperio Persa, el destino quedó sellado: el futuro ya no pertenecería a las pequeñas ciudades democráticas, sino a extensas monarquías absolutas de corte oriental. El mundo griego, por su parte, se expandió hasta ocupar todo el Mediterráneo Oriental, así como el antiguo y ahora conquistado Imperio Persa. En el proceso, se mezcló con tradiciones orientales y formó una nueva cultura, que suele llamarse "helenística" para distinguirla de la cultura "helena" anterior.


En el mundo helenístico, el antiguo foco de cultura que era Atenas no desapareció, pero pasó a un modesto segundo lugar. La antorcha pasó a otras ciudades que eran capitales de grandes imperios. Una de esas ciudades, Pérgamo, le dio nombre a una nueva forma de almacenaje de información: el pergamino. Pero la más importante de ellas fue Alejandría. Fundada por Alejandro Magno en 332 antes de Cristo, la ciudad se transformó en centro y capital del reinado de la dinastía griega de los Tolomeo en Egipto. Los mismos engalanaron a la ciudad con, entre otras cosas, la famosa Biblioteca de Alejandría, el más grande compendio de cultura del mundo antiguo. Asimismo, le dedicaron a las musas, las diosas de la cultura, un templo que se transformó en depósito de tesoros culturales de todo el mundo antiguo: el edificio, llamado Museum, le dio nombre después a todos los museos actuales del mundo.



En Alejandría, las ciencias experimentaron un enorme desarrollo. Quizás el más grande de los científicos alejandrinos fue Eratóstenes. Hombre de vastos intereses, un contemporáneo envidioso lo llamó "beta", la segunda letra del alfabeto griego, diciendo que era el segundo mejor en todo. Pero esta anécdota refleja que Eratóstenes era sin lugar a dudas un hombre universal, quizás el Leonardo da Vinci de su tiempo. El más célebre experimento de Eratóstenes fue arribar al descubrimiento de que la circunferencia de la Tierra debía ser unas cincuenta veces la distancia entre Alejandría y una ciudad llamada Siene (la actual Asuán), comparando el largo de la sombra del Sol al mismo tiempo en ambas ciudades. Luego midió la distancia entre las dos, y arribó a un resultado que no fue mejorado sino hasta el siglo XVIII. A través de éste y otros desarrollos científicos, la noción griega de la Ecumene siguió creciendo: la ciencia comenzaba en efecto a revolucionar nuestra visión del mundo.


Con todo, si bien los primeros siglos de Alejandría deben contarse entre los más altos hitos culturales de la historia humana, tampoco debe sobreestimarse su importancia. Los científicos y sabios de Alejandría trabajaban reclusos en su pequeño mundo intelectual, cuyos resultados no iban a parar a las masas. Estas seguían tan iletradas como siempre. En Alejandría seguía existiendo la religión, y aún la superstición. Los reyes Tolomeo apoyaban y financiaban a sus científicos un poco por ver qué se podía aprovechar de sus invenciones, y un poco por genuino interés en la ciencia, pero no apoyaron nunca un programa para culturizar a las masas. Aún así, cuesta encontrar otro lugar en el mundo y en la historia en donde un rey impaciente le grita a un geómetra como Euclides acerca de un método más rápido para aprender geometría, y Euclides le responde: "En la vida existen caminos para los reyes, y caminos para la gente común, pero no hay caminos para los reyes en Geometría".



El núcleo cultural de Alejandría tuvo también otro punto de importancia: en el cristalizaron la cultura griega con la del Medio Oriente, en un solo gran todo. Dentro de Alejandría, un poco en paralelo al mundo de la Biblioteca y el Museo, vivía la más grande comunidad judía del mundo. En ella, hacia el año 250 antes de Cristo, se tradujo por primera vez el Antiguo Testamento al griego, en una edición llamada la Septuaginta. Con este movimiento, empezó a prepararse la integración de la filosofía griega con la religión hebrea primero, y cristiana después. Alejandría fue así no sólo el caldero en donde la ciencia comenzó a ampliar nuestra visión del mundo, sino también el lugar en donde las antiguas verdades religiosas que luchaban por sobrevivir, encontraron nuevas maneras y discursos para perpetuarse. El conflicto entre la religión y la ciencia en el mundo occidental empezaba así lentamente a larvarse.

Próxima entrega: "Bajo el Imperio Romano".

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