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domingo, 11 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 11 - "Hacia la Ecumene".


En la Edad Axial nacieron también algunos sentimientos intelectuales nuevos. Por primera vez surgirían filosofías y cosmovisiones que trascenderían el mero tribalismo. En ese tiempo se formularon las primeras concepciones acerca de una sola Humanidad. Un rasgo de esto parece haber aparecido por primera vez bajo la prédica de Zaratustra, que después el Imperio Persa puso en acción. El Imperio Persa o Aqueménida era religiosamente tolerante, y multicultural; se puede argumentar que esto respondía al cálculo político, pero por otra parte, parece haber mucho de sentimientos ecuménicos en esto: la idea de que todas las personas integran una única especie, sin distinción de su raza o lugar geográfico. Es cierto que los persas no llegaron a abolir la esclavitud, pero ya era una gran cosa para la época que al invadir un territorio enemigo, no saquearan sus templos y ni destruyeran a sus ídolos.



Pero son los griegos quienes consiguieron transmitir esa cultura para la posteridad. ¿La aprendieron los griegos de los persas, o la desarrollaron de manera autónoma? No lo sabemos. En realidad, en sus inicios los griegos eran bastante chauvinistas. Para los griegos, la Hélade no era una identidad política ni social, sino lingüística: los griegos eran quienes hablaban griego. A quienes no lo hablaban, y por lo tanto sólo podía entendérseles "bar-bar-bar", los llamaban "bárbaros". Entre los bárbaros incluían tanto a los salvajes ilirios de la frontera norte, como a los muy civilizados y refinados persas. Pero los griegos no miraban bien a los persas. A ellos les gustaba vivir en pequeñas ciudades estado, atendiendo por sí mismos no sólo sus asuntos civiles sino también los políticos, y delegar esa autoridad en un lejano sátrapa que a su vez respondía a déspota a cientos de kilómetros de distancia, era algo que se les antojaba antinatural.



Las cosas cambiaron poco a poco gracias a la labor de los racionalistas jonios. Como hemos dicho, a los jonios les gustaban los viajes y las aventuras. De estas experiencias, sacaron en limpio el apreciar y valorar esas culturas ajenas. Los griegos no inventaron la Historia, la que ya existía entre persas, hebreos y otras culturas en forma de crónicas; la mismísima Biblia es en buena medida un libro de crónicas históricas, si bien no objetivas en el sentido historiográfico moderno del término. Pero los griegos inventaron otro género literario: el libro de geografía y de viajes. Uno de los primeros fue Hecateo de Mileto, quien escribió hacia el año 500 antes de Cristo, y cuya obra por desgracia se ha perdido casi completa. Hecateo escribió un libro llamado "Alrededor de la Tierra" (Περίοδος γῆς), que parece haber sido a medias un libro de historia y un libro de geografía.



Después vino Heródoto de Halicarnaso, quien escribió en la primera mitad del siglo siguiente. Este es llamado el Padre de la Historia no sin buenas razones. Es un historiador discutido, ya que era bastante crédulo, y aún tenía la tendencia de adornar sus historias con mitos y leyendas, pero a cambio, era honesto para no tratar de vender sus impresiones, sino planteárselas a la inteligencia del lector para que éste sacara sus conclusiones. Los "Nueve libros de la Historia" de Heródoto son reputados como un compendio de la historia del mundo antiguo tal y como la entendían los griegos, pero además es un libro con multitud de detalles geográficos. Por detrás, respira una idea novedosa: todas las culturas y civilizaciones merecen su cuota de atención. Con Hecateo y Heródoto, el chauvinismo mental de los griegos empezaba a romperse. Empezaba a asomar lentamente la idea de la Ecumene (οἰκουμένη), el "mundo habitado", que no sólo era una concepción geográfica sino también la idea de que todos los seres humanos estamos hermanados entre nosotros.



Aunque a primera vista no lo parezca, el historiador Tucídides quien escribió hacia el año 400 antes de Cristo, también aportó su cuota al respecto. A diferencia de los anteriores, Tucídides no escribió sobre el mundo, sino sobre un asunto local griego: la Guerra del Peloponeso, en la que él mismo fue general antes de ser exiliado por Atenas. A pesar de esto, la obra de Tucídides es modelo de objetividad y rigor histórico. Con Tucídides, puede decirse que la historia alcanzó verdadero rango de estudio serio, más allá de la compilación de curiosidades y leyendas que eran sus antecesores. Los historiadores posteriores a Tucídides no siempre estuvieron a la altura del maestro, pero varios trataron de imitarle. Y aplicaron las herramientas de análisis que Tucídides había desarrollado, a un tema más amplio: la Ecumene misma. Muchas de esas obras se han perdido y las conocemos sólo por referencias, pero ayudaron a esta nueva concepción de que los seres humanos forman parte de una misma especie. Los antiguos griegos no parecen haberse puesto en plan de liberar a los esclavos, y sus mujeres eran habitantes de segunda clase, pero al menos, el trato que le daban a sus esclavos y a sus mujeres era bastante más benigno que el de otras civilizaciones antiguas.

Próxima entrega: "El esplendor de Alejandría".

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