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domingo, 4 de marzo de 2012

Crónicas Antrópicas 10 - "El racionalismo griego".


Tales de Mileto fue el primero de una hilera de pensadores jónicos que, en el siglo VI antes de Cristo, revolucionaron el pensamiento griego. Más allá de las ideas a veces bastante disparatadas que estos filósofos pudieran tener, lo importante era un cambio en la mentalidad: ya no bastaba con especular y ofrecer explicaciones sobre la naturaleza a capricho, sino que éstas debían ser demostradas con argumentos racionales, y más aún si se pudiera, con alegaciones basadas en observaciones empíricas. Quizás la palma se la lleva un pensador llamado Anaximandro. Puede que algunas ideas suyas sean absurdas, como por ejemplo el que el universo entero se compone de cuatro elementos (la tierra, el agua, el aire y el fuego). Pero otras se basan en observaciones bastante sagaces. Contemplando los fósiles, Anaximandro ofreció una interesante teoría según la cual la vida se habría originado en el mar, y que luego, al evaporarse las aguas, los animales habrían tenido que adaptarse a la tierra firme. También observó con agudeza que si el ser humano no podía bastarse a sí mismo de niño, entonces los primeros hombres se habrían muerto de hambre o comidos por las fieras antes de llegar a reproducirse; por lo tanto, por fuerza, debían proceder de una especie anterior. En efecto, con pruebas sumamente precarias, Anaximandro estaba adelantando la Teoría de la Evolución y hallazgos geológicos bastante recientes.



Con todo, no debemos caer en el error contrario de considerar a estos pensadores como plenamente racionales y científicos. Los intentos de hacer misticismo barato todavía prosperaban entre ellos. Aunque todos tenían en común el rechazo implícito a la religión griega tradicional, algunos trataron de reemplazar el antiguo misticismo con uno de cuño propio. Quizás quien fue más lejos en esa dirección fue Pitágoras. Este vagó por Egipto y Babilonia y aprendió algunos trucos matemáticos en tales tierras; cuando regresó a su nativa isla de Samos, parece haberse peleado con el tirano Polícrates, y viajó a Italia. En la ciudad de Crotona fundó una escuela filosófica en donde enseñó sus teorías matemáticas mezcladas con un montón de supersticiones sin sentido, todo ello con el mensaje a los alumnos de que dichos conocimientos debían ser esotéricos, o sea, reservados sólo a los elegidos, sin que pudieran ser difundidos afuera. Parece que Pitágoras y los suyos se consideraban un grupo de iluminados, y trataron de hacerse con el gobierno de la ciudad para convertirla en una especie de imperio filosófico, pero los habitantes de Crotona, no demasiado entusiasmados con verse sojuzgados por una tiranía religiosa, se rebelaron, quemaron la escuela, y pusieron a Pitágoras en fuga. No siempre el racionalismo jónico era demasiado racional que digamos.



A finales del siglo VI antes de Cristo, el Imperio Persa conquistó Jonia, y la libertad de las ciudades jónicas se acabó. Una rebelión liderada por la ciudad de Mileto en 499 antes de Cristo terminó en la destrucción completa de la ciudad poco después, y con ello, la vida cultural jónica acabó para siempre. Pero su semilla no se perdió. Los persas intentaron atacar a Atenas, pero ésta libró una resistencia tan desesperada, que no sólo se aseguró la libertad, sino que creó a su alrededor un Imperio Ateniense; como corolario, Atenas se transformó también en la "ciudad luz" de Grecia y del mundo. Durante el siglo V antes de Cristo, en Atenas se reunieron los más destacados genios del mundo griego. Entre ellos estuvo Protágoras de Abdera, un filósofo que introdujo algunas ideas muy desafiantes para su época. Al revés que el pensamiento griego convencional, que consideraba al orden jurídico y social como parte del mundo natural, Protágoras enseñó que había una diferencia entre las leyes naturales, que son absolutas, y las leyes sociales, que siendo dependientes de la población y la opinión de las gentes y los gobiernos, por lo tanto son relativas. Esta idea nos parece obvia, pero para los antiguos griegos resultó un tanto difícil de tragar; una generación después, de hecho, Platón la combatió abiertamente en sus diálogos. Protágoras parece haber sido agnóstico, y esto fue tomado como que negaba a los dioses: en el año 429 antes de Cristo fue llevado a juicio y desterrado de Atenas, bajo acusación de impiedad. Para colmo, la nave que lo transportaba naufragó, y parece haber fallecido ahogado. Es cierto que el juicio fue amañado en parte por los enemigos políticos de Pericles, el líder de Atenas, ya que Protágoras era amigo personal de éste, pero que éste fuera un pretexto tan bueno para juzgarle, no es prueba menor de que el racionalismo griego tuvo sus límites.



Entre 431 y 404 antes de Cristo, el mundo griego padeció una cruel conflagración fraticida, la Guerra del Peloponeso. En el siglo IV antes de Cristo, como consecuencia social y espiritual de esta guerra, el mundo griego se hizo más conservador. Una nueva oleada de tradicionalismo invadió la escena, capitaneada fundamentalmente por Platón. Este consideraba que el verdadero conocimiento lo era de las cosas ideales, y que las cosas reales son sólo pálidos reflejos de esos ideales. Platón por lo tanto despreciaba la ciencia, y consideraba que sólo la especulación filosófica valía la pena, en particular si era de filósofos tan aventajados e iluminados como él mismo. Con Platón comienza el divorcio entre la filosofía y la ciencia, de hecho, así como el principio del fin para el racionalismo griego. Los seguidores de Protágoras eran llamados los "sofistas", es decir, los sabios, pero por los ataques de Platón, la palabra "sofista" adquirió su connotación negativa actual de charlatán o embustero. Lo que es una desgracia, porque los sofistas fueron pioneros en el estudio del lenguaje, no tomándolo como algo sagrado o ritual, sino como una herramienta al servicio de la comunicación humana. La ciencia griega aún seguiría adelante, pero no en Grecia, sino en un nuevo faro: en Alejandría. Pero eso es otra historia.



No podemos dejar de mencionar entre los grandes hitos del racionalismo griego del siglo V antes de Cristo, a la enorme figura de Hipócrates de Cos. Este es llamado con justicia el "Padre de la Medicina". Hipócrates no inventó los tratamientos médicos, por supuesto. Pero sí escribió un manual en donde expurgó a la Medicina de la superstición religiosa. Para Hipócrates, las enfermedades no eran producto de la ira de los dioses o de la maldad de los espíritus malignos, sino que ellas tenían causas perfectamente naturales. Hipócrates estudió así la influencia del clima y la alimentación sobre la salud de las personas, una idea que en esa época era revolucionaria en grado sumo, y que de hecho es absolutamente científica. En consecuencia, no prescribió oraciones ni ritos religiosos para la cura de sus pacientes, sino tratamientos con base científica para aliviar las dolencias. La Medicina ha avanzado mucho desde la época de Hipócrates, naturalmente, pero aún así, el espíritu que inspira sus escritos sigue bien vivo en la actualidad. Hipócrates se levanta así como una de las mayores figuras del racionalismo griego, así como del pensamiento racional de todos los tiempos.

Próxima entrega: "Hacia la Ecumene".

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