domingo, 5 de febrero de 2012

Crónicas Antrópicas 06 - "Der Achsenzeit".


Hacia el siglo VI antes de Cristo, el mundo de la filosofía, las ciencias y el pensamiento en general, experimentaron un brusco tirón hacia adelante. Este fenómeno se vivió principalmente en el cordón de civilizaciones de Eurasia: Grecia, el Medio Oriente, la India y China. Los más tempranos antecedentes arrancan desde quizás el siglo VIII antes de Cristo, y sus últimos exponentes pueden rastrearse un medio milenio después. Los nombres de muchos de estos personajes son conocidos: los filósofos griegos Tales, Anaximandro, Parménides o Pitágoras, los profetas hebreos Elías, Isaías y Jeremías, el predicador persa Zaratustra, los maestros indostánicos Buda y Mahavira, y las figuras semilegendarias de Confucio y Lao Tsé en China. Durante mucho tiempo, la idea de que todos ellos pudieran haber coincidido en una especie de revolución filosófica mundial, sonaba a cuento espiritista, algo que estaba mejor para la historiografía idealista del siglo XIX o para los desvaríos de la New Age del XX, pero en la actualidad tenemos razones para creer que hubo algo más de fondo, y que la irrupción de ellos y el éxito de sus ideas no es pura casualidad. Los alemanes llamaron "Der Achsenzeit" a este fenómeno, nombre que en castellano podría traducirse como "Edad Axial" o "Edad del Eje".


Hasta aproximadamente 700 antes de Cristo, las civilizaciones en Eurasia habían vivido más o menos aisladas. Es cierto que desde hacía milenios existían lazos y redes comerciales entre ellas. La única excepción significativa era China, que no entró en contacto con otras civilizaciones sino hasta iniciar su expansión militar por Asia Central ya llegados los tiempos del Imperio Han, o sea, en el siglo II antes de Cristo. Pero en general, la civilización en lo material tiende a producir efectos acumulativos, tanto en lo que a tecnología disponible como a riqueza atesorada y conocimientos acumulados se refiere. De tarde en tarde se suceden crisis y guerras devastadoras que parecieran ser un retroceso, pero hasta la fecha, siempre ha quedado algo del pasado, que ayuda a facilitar el camino de la reconstrucción en el futuro. Cualquiera que haya visto un mapa histórico de Mesopotamia, sabe que el Imperio Asirio (hacia 700 antes de Cristo) sobrepasó las fronteras del Imperio de Hamurabi (hacia 1750 antes de Cristo), que el Imperio Caldeo (hacia 600 antes de Cristo) a su vez sobrepasó al Imperio Asirio, y a su vez todos ellos fueron sobrepasados por el Imperio Aqueménida (hacia 500 antes de Cristo). Dicho de otra manera, cada imperio asentado y consolidado sobre el Medio Oriente resultaba más grande que el anterior, debido a que trabajaban reconstruyendo infraestructuras e instituciones que ya existían de antemano en los lugares conquistados, sin tener que reinventárselos de la nada. No es raro entonces que, hacia el año 700 antes de Cristo, las principales civilizaciones de Eurasia terminaron colisionando entre sí.



Resulta interesante observar que la mayor parte de los iluminados que suelen ser incluidos en la lista de miembros egregios de la Edad Axial, son personalidades con un pensamiento individual muy marcado. Lo que resulta novedoso en todos ellos, es el énfasis de la relación directa entre el universo y las personas en cuanto individuos, en vez de las personas como súbditos de un imperio o como acólitos de una religión más grande que ellos mismos. Por primera vez se reconoce de manera amplia el esfuerzo individual en la búsqueda del conocimiento y la verdad; aunque esto en poquísimas partes se transmutó en una visión científica del mundo, al menos ayudó a alcanzar dicha meta en algunas regiones como Grecia o la India. Así, los pensadores del amanecer racionalista griego pusieron en tela de juicio la religión de los dioses olímpicos, y ayudaron a sentar las bases de la ciencia empírica tal y como la conocemos hoy en día. Los profetas hebreos por su parte tendían a chocar contra la religión establecida por los sacerdotes, y propugnaban una purificación espiritual de su pueblo. Zaratustra en Persia por su parte predicó una religión que era una destilación de los antiguos cultos indoeuropeos, pero que no ponía tanto énfasis en los sacrificios y rituales, como en la necesidad de mantener una buena conducta y de ser misericordiosos con el prójimo: parece que fue el primero en formular la Regla de Oro tal y como la conocemos hoy ("trata a los demás como quieras que los demás te traten a ti"). Buda y Mahavira, por su parte, se rebelaron contra la religión de los ascetas y el denso ritualismo de los libros religiosos de su cultura, los Vedas, y propugnaron un acercamiento mucho más personal a la religión, que culminó en el Budismo y en el Jainismo. Y de manera mutuamente desconocida, Confucio y Lao Tsé expresaron el mismo impulso en el mundo chino.


En los siglos de la Edad Axial, el pensamiento parece haber corrido sin límites entre Oriente y Occidente gracias a un importantísimo suceso político: la consolidación del Imperio Aqueménida. En el año 538 antes de Cristo, Ciro el Grande conquistó Babilonia, y con esto unificó toda Mesopotamia, Persia, Siria y Palestina bajo una sola monarquía estable y duradera. Esto permitió que los comerciantes pudieran viajar sin problemas de manera ininterrumpida desde los límites mismos del mundo griego hasta la India. Se ha observado muchas veces el enorme paralelo que existe entre las enseñanzas de Buda y el pensamiento de muchos filósofos griegos, incluyendo a una serie que iría desde Heráclito hasta los estoicos. Los griegos a lo menos conocían el yoga: a los yoguines (practicantes del yoga) los llamaban "gimnosofistas". No se ha conseguido probar de manera definitiva que en efecto haya existido una retroalimentación entre los budistas y Occidente, pero parece bien asentado que la corte persa fue un lugar de encuentro entre distintas tradiciones culturales, y que los persas fueron bastante tolerantes con éstas. Mucho más tarde, ya terminando la Edad Axial, las conquistas chinas en Asia Central hicieron que China entrara en contacto con la India y con Persia, abriéndose la Ruta de la Seda. Por ella no sólo viajaron comerciantes y caravaneros, sino también conceptos e ideas, aunque este flujo corrió un poco con cuentagotas durante varios siglos.



La influencia de los pensadores de la Edad Axial en la posteridad ha sido inmensa. La Edad Axial nos ha legado cosas tan dispares como la ciencia moderna, la Astrología "occidental" tal y como la entendemos, el Budismo, o lo que hoy en día solemos llamar "filosofía china". Resulta significativo que el rostro de la civilización cambió con fuerza en aquellos años, y las civilizaciones eurasiáticas, que iban algo adelantadas respecto de las civilizaciones amerindias, dieron un salto de gigante en lo conceptual, científico y tecnológico, que sus colegas americanos no. La tolerancia cultural y el libre intercambio de ideas siempre han fortalecido a la civilización, y el desarrollo de la Edad Axial una vez más lo confirma.

Próxima entrega: "En el Celeste Imperio".

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