¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

miércoles, 18 de enero de 2012

High Fantasy Manga 3 - "¡Choque de titanes! Se desata la batalla por ser el más grande héroe del universo".


Drakkon Inferno Tremendis soltó una risilla, tal y como cientos de veces había escuchado que lo hacían los héroes de sus animes favoritos, y tiró con lentitud y potencia de la empuñadura de la espada clavada en el suelo, mientras Rodrigo Díaz esperaba en posición de comenzar la batalla.

Sólo que la porfiada espada no se movió casi ni un solo centímetro.

Drakkon Inferno Tremendis volvió a tirar. Luego, contorsionando los gestos de la cara hasta niveles caricaturescos, tiró y tiró. Finalmente, luego de que su rostro hubiera enrojecido por el esfuerzo, la espada cedió en un solo instante. Llevado por su propio peso e impulso, Drakkon Inferno Tremendis cayó sentado sobre su propio trasero, el que se golpeó dolorosamente en el proceso.

Todos los habitantes del pueblo, así como los hombres de Rodrigo Díaz, y Rodrigo Díaz mismo, rompieron a reir de buena gana.

Drakkon Inferno Tremendis tomó la claymore con las dos manos. Era más pesada de lo que podía sostener, incluso haciendo tal cosa con ambas manos.

– Rendíos, villano – dijo Rodrigo Díaz, con firmeza insultantemente paternal, pero sin hostilidad. Luego añadió con calma: – Apenas podéis con vuestras propias palabras, menos con una espada.

– ¡Jamás! – dijo Drakkon Inferno Tremendis, jadeando de manera potente, así como lo hacían los héroes del anime de manera melodramática, para remarcar la enorme seriedad del conflicto, y la justicia de la causa por la que luchaban. – ¡Enfréntame, Rodrigo Díaz!

Rodrigo Díaz meneó la cabeza, avanzó con pasos firmes y lentos hacia Drakkon Inferno Tremendis, y descargó un fiero golpe, tan solo uno, contra la espada del retador. La claymore en cuestión salió limpiamente lanzada por el golpe, y fue a caer muy lejos, por completo inerte. Luego, Rodrigo Díaz golpeó la cabeza de Drakkon Inferno Tremendis con su propia claymore, sin usar el filo, sino la parte plana de la hoja. Drakkon Inferno Tremendis cayó en tierra, sentado otra vez, con la cabeza como si campanas y pajaritos estuvieran haciendo una competición de quién grita más fuerte.

Todos volvieron a reir aún más.

– No me tomaré en serio vuestras palabras y os consideraré como al idiota de la aldea – dijo Rodrigo Díaz, desdeñoso. – De esa manera no me veré obligado a mataros para defender mi honor.

Dicho lo cual, Rodrigo Díaz se volvió hacia su montura, hablándole con ternura:

– ¡Ah, Babieca! De cuantos duelos he afrontado en mi vida, habéis visto el más extraño de todos. ¡Que no caiga deshonra sobre Rodrigo Díaz, por haber tomado en serio a un pobre loco!

(Entretanto, aunque no sea relevante para nuestra historia, mencionemos que el caballero que había ofrecido su claymore a Drakkon Inferno Tremendis, desmontó para recoger y recobrar su arma).

Drakkon Inferno Tremendis, mientras tanto, se paró, aún sobándose la cabeza con una mano y el gordo trasero con la otra. Como hemos dicho, las únicas heridas que causan verdadero daño son las que abren la piel y hacen saltar chorros y litros de sangre, de manera que Drakkon Inferno Tremendis estaba en realidad bien, más allá del intenso dolor.

En ese minuto, Drakkon Inferno Tremendis discurrió hacer lo que había visto tantas veces en los dibujos animados japoneses: ponerse a llorar. De manera que cayó de rodillas en el suelo, apretó los dientes, así como los labios de una peculiar manera que permitía verse las comisuras abiertas por los lados mientras apretaba la sección central de los mismos, hundió los puños en tierra, y se puso a sollozar. Y luego, entre lágrimas, lanzó su discurso:

– No es justo. ¡No es justo! ¡He sido... derrotado! Yo he creado este universo, yo los he creado a ustedes, y he sido... ¡¡¡DERROTADO!!! ¡¡¡NO ES JUSTO!!! ¡¡¡NO ES...!!! Justo...

Haber hecho una demostración de tanta nobleza de corazón y de sentimientos escondidos, debería haber impresionado a la gente a su alrededor, pero en vez de ello, todos se largaron a reir.

– ¡Miren, llora y se queja como una mujer! ¡Apártenlo, que es del gusto del vicio contra natura!

Dándose cuenta de que llorar como un héroe trágico no resolvía nada, Drakkon Inferno Tremendis volvió a pararse. Y con voz queda, anunció que seguiría a Rodrigo Díaz de todas maneras.

– Como queráis – dijo Rodrigo Díaz. – Mas, vos tendréis que conseguir vuestra cabalgadura. Vamos a tranco lento, pero aún así os cansaréis si nos seguís a pie.

De esta manera, Rodrigo Díaz y su comitiva abandonó la aldea y siguió camino. Un camino que, siguiendo los habituales cánones de la fantasía medieval a lo Tolkien que Drakkon Inferno Tremendis había imaginado para su universo narrado, era un sendero en medio de un bosque enormemente frondoso y milenario, tan viejo como los huesos mismos de la Tierra. Es poco probable que el Rodrigo Díaz de Vivar histórico, o el Cid literario, hubieran alguna vez marchado por bosques brumosos más cercanos a la fisiografía de la Germania pagana, que a la Castilla histórica, pero así lo había escrito Drakkon Inferno Tremendis, y así había quedado. En cuanto a éste, iba a pie, cansado por entero, detrás de los jinetes que iban a paso bastante cansino.

Mientras caminaba, Drakkon Inferno Tremendis reflexionaba. ¿Qué había fallado? Había luchado una pelea para determinar quién era el más grande héroe del universo. Drakkon Inferno Tremendis debía de haberlo sido: él había creado el universo en el que se encontraba inmerso. Eran sus invenciones, sus reglas, su todo. En verdad, debería haberse convertido en una especie de inmenso superguerrero, pelear una pelea que hubiera durado sus buenos cuatro o cinco capítulos, y haberle rajado el gaznate al Cid para tomar su lugar y transformarse en el héroe absoluto. En vez de ello, la batalla había sido ridículamente corta y... bueno... ridícula en todo, si valiera la redundancia. ¿Qué había fallado? Drakkon Inferno Tremendis estaba confundido al respecto. Demasiado confundido.

Finalmente llegaron a Burgos. La ciudad era grande, inmensa, bulliciosa, cosmopolita. Si Drakkon Inferno Tremendis hubiera leído Historia a conciencia alguna vez, quizás hubiera sabido que las ciudades medievales solían ser pequeñas, de pocas casas, amuralladas sí, pero de callejuelas estrechas y malolientes. En vez de ello, la ciudad tenía casas inmensas y avenidas anchísimas. Según lo había escrito Drakkon Inferno Tremendis, los arquitectos no eran humanos sino elfos.

Al centro, se erigía una monumental catedral que debía tener por lo menos sus cien metros de alto, y con naves interiores que hubiera podido albergar una ciudad medieval entera cada una en su interior. Era la Catedral de Santa Gadea de Burgos. Que poco tenía que ver con la auténtica, claro.

– ¡Yo! – gritó un hombre grande, con una enorme capa detrás, y una gigantesca corona que estaba tachonada de brillantes como lo estaría de frutas un sombrero de Carmen Miranda. – ¡Yo... soy...! ¡¡¡ALFONSO VI!!! ¡¡¡SOY VUESTRO SEÑOR!!! ¡¡¡VOSOTROS ME DEBÉIS OBEDIENCIA!!! ¡¡¡Y PLEITESÍA!!! ¡¡¡Y POR ESO, OS ORDENO!!! ¡¡¡ARRODILLÁOS!!! ¡¡¡JURADME OBEDIENCIA!!! ¡¡¡ES LA LEY DE LA DINASTÍA, QUE ES TAMBIÉN LA LEY DE DIOS!!!

– ¿¿¿JURÁIS QUE NO SOIS PERJURO CONTRA LA LEY DE DIOS??? – bramó entonces Rodrigo Díaz, entrando con enorme aparato en la nave principal, sin desmontar de Babieca.

Ante la mirada atónita de los presentes ante el atrevimiento, Rodrigo Díaz avanzó sin detenerse, a paso calmo, como si contara todas y cada una de las pisadas que hiciera Babieca con sus herraduras.

– ¡¡¡CÓMO OS ATREVÉIS!!! – dijo Alfonso VI, con el rostro crispado, los ojos tiritando de ira, la boca contorsionada de una manera ridícula, el cabello en completo desorden, todos rasgos éstos que convienen a un villano en los dibujos animados japoneses.

– Sabido es que vuestro hermano no murió en batalla, que vuestro hermano murió... ¡¡¡ASESINADO!!! – gritó Rodrigo Díaz, y ante sus palabras, toda la catedral enmudeció.

– ¡¡¡BELLACO, MALVADO!!! – gritó Alfonso VI. – ¿¿¿ACASO SOSTENÉIS QUE MATÉ A MI PROPIO HERMANO PARA HEREDAR LA CORONA???

– Vuestras palabras. No las mías – dijo Rodrigo Díaz con calma épica. – Sólo es de esperar que el asesinato no haya contado con testigos.

El rostro de Alfonso VI palideció, su boca se abrió en una mueca de asombro, y sólo sonidos inarticulados consiguieron arrancar desde su garganta. Pero luego se repuso, y se deshizo de su capa arrojándola melodramáticamente a una ráfaga de viento que entró oportunamente en la catedral, justo en ese instante, para desvanecerse al instante después.

– Vos sois un envidioso, Rodrigo Díaz. ¡Sois un envidioso y un mal vasallo! ¡¡¡RENDIDME JURAMENTO DE VASALLAJE, O ENFRENTÁOS A VUESTRO DESTINO!!!

– ¡¡¡JAMÁS!!! ¡¡¡AQUÍ, EN LA CATEDRAL DE SANTA GADEA, ES DONDE DEBÉIS JURAR QUE NO TENÉIS NADA QUE VER CON LA MUERTE DE VUESTRO HERMANO!!!

Y ante la vacilación de Alfonso VI, Rodrigo Díaz abrió la boca nuevamente:

– ¡¡¡JURADLO!!! ¡¡¡JURADLO POR DIOS Y POR TODOS LOS SANTOS!!!

– ¡¡¡NADIE ES QUIEN PARA HACER JURAR A UN REY!!! – gritó Alfonso VI, sacando su espada. – ¡¡¡DESENVAINAD!!!

– ¡Detenéos, caballeros! ¡Estáis en suelo sagrado! – gritó el sacerdote, pero Alfonso VI lo proyectó por el aire con un solo gran manotazo de su manopla de hierro. El sacerdote se movió por el aire a cámara lenta, y tardó cerca de tres minutos en caer y golpearse el cráneo contra el suelo.

– Ahora, Rodrigo Díaz... ¡¡¡AHORA TE ENSEÑARÉ QUE YO...!!! ¡¡¡ALFONSO...!!! ¡¡¡SEXTO...!!! ¡¡¡SOY EL MÁS GRANDE...!!! ¡¡¡GUERRERO...!!! ¡¡¡DEL UNIVERSO...!!!

Frente a frente estaban los dos hombres, el justiciero Rodrigo Díaz, y el arrogante Alfonso VI. Se miraban, se estudiaban, ganaban minutos para que se viera bien en el anime... y se lanzaron al unísono a la batalla por ser el guerrero más poderoso del universo.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?