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domingo, 29 de enero de 2012

Crónicas Antrópicas 05 - "Los bibliotecarios".


A primera vista pudiera parecer que no existe una conexión firme entre ambas, pero la manera en que registramos los eventos del mundo influye mucho en la percepción que tenemos de éste. La primera forma que tenemos de registrar el mundo es almacenar la documentación en nuestros propios cerebros en forma de recuerdos, pero esto presenta algunos problemas. En primer lugar, la memoria es frágil, y datos claves pueden ser olvidados o distorsionados. En segundo término, la única posibilidad de comunicar información es mediante la transmisión oral, que es ineficiente debido a los malentendidos en la comunicación, y la escasa velocidad de circulación de los datos. No es raro entonces que las culturas dependientes de la transmisión oral como mecanismo para preservar la información sean más débiles y tengan una visión muy primaria del mundo. Parte importante de desarrollar las civilizaciones implicó mejorar los mecanismos de transmisión del conocimiento, creando las bibliotecas. A su vez, la existencia de bibliotecas y bibliotecarios permitió un efecto bola de nieve: los sucesivos conocimientos acumulados fueron ampliando y generando una visión cada vez mayor y más compleja sobre el universo, y el rol de la Humanidad en él.


Un buen mecanismo de preservación de la información exige dos condiciones a lo menos. Por un lado su soporte, el material sobre el que se confecciona, debe ser barato y versátil. Además, debe desarrollarse un sistema que permita codificar la información de una manera tal, que sea sencillo tanto registrarla en el soporte, como recobrarla desde el mismo. Puede parecer algo básico, pero la invención de mecanismos eficaces fue lenta y laboriosa, y no todas las civilizaciones pudieron resolver el problema de manera realmente satisfactoria. Los incas, por ejemplo, recurrieron a un sistema de nudos llamados quipus. Nadie duda de que fue una solución elegante e ingeniosa desde el punto de vista del material, pero desde el punto de vista del código, el quipu apenas servía para algo más que para manejar la contabilidad fiscal, algo útil para mantener la gestión de un imperio, pero no para preservar la memoria histórica o para acumular datos científicos. Los antiguos sumerios, por su parte, encontraron un material barato en las tablillas de barro, sobre las cuales se incrustaban signos con forma de cuñas (la escritura cuneiforme, llamada justamente por esto) mientras la tablilla aún estaba fresca; pero la cantidad de información a registrar y almacenar era limitada, debido al volumen que ocupaban todas las tablillas. Algo que los arqueólogos han tenido ocasión de comprobar cuando han excavado lugares tales como la Biblioteca de Asurbanipal en Nínive, cuyas tablillas parecieran ser suficientes para ser usadas de ladrillos y levantar una casa de respetable tamaño con ellas. Los antiguos egipcios desarrollaron el papiro, que es muy versátil, pero que se puede romper y de hecho, seco resulta tremendamente frágil.


Pero superada la tarea de desarrollar soportes en los cuales grabar la información, la tarea de dar con un código de comunicación resultó mucho más compleja. Muchas civilizaciones desarrollaron la escritura, parece ser que de manera independiente entre sí. Pero el primer paso fue transformar cada palabra en un signo distinto. Una persona china culta debe manejar aproximadamente unos 4.000 caracteres para escribir adecuadamente alguno de los dialectos chinos en uso, lo que habla a las claras de la pesadilla que fue aprender a leer y escribir dentro de la civilización china histórica. No es raro que la casta de letrados estuviera conformada por unos pocos eruditos, y que el vasto pueblo no hiciera contribuciones importantes a la cultura. Otro tanto ocurrió en las primeras fases del Egipto faraónico, con la escritura jeroglífica primitiva.



Pero en algunos lugares se dio el salto hacia la siguiente fase: simplificar la escritura. Los propios egipcios dieron ese paso, saltando de la escritura jeroglífica tradicional a una versión simplificada que los griegos llamaron “demótico”. También la escritura en el mundo mesopotámico parece haber querido evolucionar en la misma dirección. Pero quienes dieron con la clave del asunto, fueron los fenicios. Este pueblo de comerciantes parece haber sido el primero que dio el salto completo desde una escritura en que cada signo es una palabra, a otro en que cada signo representa un sonido del habla articulada. De esta manera, el alfabeto fenicio se redujo drásticamente a apenas una veintena de signos; agrupando varios de ellos en hilera, era posible escribir cualquier palabra. El alfabeto fenicio, con todo, era sólo de consonantes, y hubo que esperar a que dicha innovación fuera importada por los griegos, para que éstos añadieran las vocales.




La invención del alfabeto tuvo una importancia crucial en la manera cómo los seres humanos perciben y creen formar parte del mundo. Al simplificar la manera de leer y escribir, el redactar libros estuvo disponible a cantidades mucho mayores de personas, expropiando ese privilegio a una casta burócrata sacerdotal. La civilización griega parece haber sido la primera que desarrolló a gran escala pensadores, científicos y artistas fuera de una casta de escribas palaciegos alrededor de un rey, pudiendo así acumular información hasta límites inimaginables. El desarrollo científico, que había dado sus primeros balbuceos en muchos lugares del mundo, a menudo combinado con leyendas míticas de distinto tipo, se independizó por primera vez así de la religión, en la Grecia Clásica. Que los griegos fueran la primera civilización de la historia en poseer un alfabeto por completo funcional, es por supuesto sólo un factor de varios por los cuales ellos cambiaron la visión del mundo, pero sin duda que dicho elemento ayudó en gran medida a la propagación de sus conceptos; los griegos tomaron muchas cosas de civilizaciones más antiguas, pero también introdujeron muchas innovaciones, y el escribir sobre visiones del mundo que ya no necesariamente respondían a lo sagrado fue una de ellas.

Próxima entrega: "Der Achsenzeit".

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