jueves, 31 de marzo de 2011

¿Internet el club de la wenaonda?


Quienes me conocen estarán sorprendidos. ¿Será verdad, habré leído bien...? ¿Es que Guillermo, ese incomprendido apóstol de una a lo menos mínima corrección en el lenguaje, en verdad escribió "wenaonda" en el título del posteo, en vez de "buena onda", o más castizo aún, "buena amistad"? Sí, estimados, lo escribí bien... para que vean que también puedo escribir mal si se me apetece. Pero la principal razón no es ésa, sino remarcar mi desprecio hacia el concepto de "buena onda".

Durante muchos años se ha venido pontificando que Internet es el mundo de la libertad de expresión. Vale que de repente China se pone nerviosilla con Google y trata de echar abajo Google China, o que Hosni Mubarak trata de imponer el toque de queda cibernético echando abajo Internet ante las protestas en Egipto (no le sirvió de mucho), pero en líneas generales, parece ser que Internet llegó para quedarse. Y como cualquiera puede escribir en Internet, entonces cualquiera en principio puede exponer sus ideas, lo que se traduciría en una libertad de expresión sin fronteras.

No voy a negar el gran papel que Internet ha jugado en la vida social de la última década, desde películas como "La red social" pasando por videos virales como el de Chris Crocker gritando que dejen en paz a Britney Spears, hasta los blogueros que han desnudado las realidades de Irak o China, las protestas por Facebook y Twitter que obligaron al Gobierno de Chile a pactar con Magallanes, por no hablar de WikiLeaks y su liberación de trapos sucios respecto del mundo. Sin embargo, no deberíamos exagerar demasiado esta tendencia, porque la propia dinámica de Internet está llevando a que la misma se transforme en el "club de los buenos amigos", o por ser más crudo e insultante, el "club de la wenaonda".

Hasta comienzos de la década del 2000, Internet era un poco la tierra de nadie. Manejar un sitio en la red era algo casi esotérico. Primero que nada, debías conseguirte un sitio, algo nada fácil considerando que el nombre de dominio debías inscribirlo. La opción gratuita y online era GeoCities, claro, pero aunque consiguieras un nombre no utilizado y un cupo disponible en GeoCities, todavía debías armar la página, y para eso debías recurrir al obtuso código HTML. Porque eso es otra cosa que no se suele mencionar: se supone que la informática debía hacer más fácil la vida al usuario, y para ello, el manejo de un sitio en Internet debía hacerse cada vez más intuitivo. Y en vez de eso, al aprendizaje de HTML ahora se le ha sumado el aprendizaje de HTML dinámico para incorporarse a la web 2.0, y...


En este punto aparecieron los servidores destinados justamente a resolver ese problema, a crear interfaces intuitivas para el usuario. ¿Tener un sitio es demasiado complicado? No te preocupes, porque ahora puedes crear un blog gratuitamente y alojarlo en Blogger o WordPress. ¿Demasiado complicado tener un sitio con videos, que además te roban una tonelada de ancho de banda? ¡YouTube al rescate! ¿Quieres tener tus fotos en línea para que todos las vean? Ya no tienes que montarte una galería tú solo, porque Flickr lo hace por tí. ¿Quieres estar en contacto con tus amigos en línea? No tienes necesidad de buscarlos uno por uno e E-Mail por E-Mail, porque si ellos tienen un perfil de Facebook los puedes localizar y agarrar. ¿Te gusta la actualización frecuente? Para eso existe Twitter. ¿Necesitas una enciclopedia en línea sobre algún tópico en particular? Consulta Wikipedia. Y todo eso sin necesidad de marearte tecleando códigos. YouTube, Blogger, WordPress, Flickr, Facebook, Wikipedia, etcétera, son la web para tontos: no debes saber nada de programación para usarlos (aunque como de costumbre, se les saca más provecho si algo sabes).

Pero aquí viene lo bueno. Resulta que esos servidores te dan soporte gratis, pero su negocio es la cantidad de gente a la que relacionan y que los usa. No pueden exponerse a demandas por contenidos potencialmente ofensivos. Y esto los obliga a imponer censura. Porque admitámoslo, las "políticas de contenido" en el fondo son censura. En Wikipedia, por ejemplo (lo digo yo que fui wikipedista y ya no lo soy), el "punto de vista neutral" puede utilizarse para acosar a las minorías hasta expulsarlas virtualmente del sitio. Puede que Wikipedia descanse en la sabiduría de las multitudes, pero las multitudes a veces también se equivocan y llevan al poder al que acabará con la democracia, o al que predica que la Tierra es plana. En los sitios de imagen y videos, por su parte, una tendencia constante es la proscripción de la pornografía, incluso del erotismo, so pretexto de la protección de los menores, como si los menores de hoy en día no supieran utilizar Google con el filtro de búsqueda desactivado para ver lo que quieran ver, simplemente mintiendo al pulsar "SI" en la sección "DECLARO QUE TENGO 18 AÑOS Y SOY MAYOR DE EDAD SEGÚN LA LEGISLACIÓN DE MI PAÍS".

No estoy defendiendo por supuesto los contenidos censurados en cuanto contenidos censurados. Considero muy bien que se persiga por ejemplo a la pornografía infantil, porque una cosa es que una persona adulta se deje fotografiar o filmar en juegos de adultos, y otra muy distinta forzar a un niño aún no desarrollado a tales actos. Pero otras cosas me parecen discutibles. Los sitios de racismo o xenofobia, por ejemplo. Es cierto que el racismo y la xenofobia son cosas malas, pero ¿alguien de verdad es tan ingenuo para pensar que van a desaparecer porque los blogs y videos y perfiles de Facebook racistas o xenófobos son echados abajo de la red? En vez de hacerlos desaparecer, van a crear un resentido que se considerará una víctima por sus "legítimas" ideas, y se va a comunicar con otras personas por vías alternativas más escondidas, y que va a ser más difícil de pesquisar aún. Si alguna de estas conductas u otra implican una ofensa para los valores de un país determinado, de tal magnitud que dicha ofensa constituya un delito, entonces será ese país, sus tribunales y su código penal los encargados de perseguirlos. El problema es cuando el servidor que aloja el blog o el video decide que esos contenidos son negativos, y los bloquea de manera unilateral.


A la vez, ellos pueden defenderse aduciendo que están en su derecho. Y por supuesto que lo están. Es su sitio, son sus computadores, son sus servidores, y el servicio es gratuito, así es que tienen todo el derecho a imponer las reglas del juego. Si yo pongo un servidor a disposición de la gente de todo el planeta para que creen sus perfiles como músicos melómanos y fanáticos de Mozart o Schubert, por poner un ejemplo cualquiera, tengo todo el derecho del mundo de echar a los que intenten incluir un perfil de Rammstein. ¿Por qué? Porque no le estoy cobrando a nadie por construirse un perfil en mi sitio, y mi sitio específicamente es para gente que le gusta Mozart o Schubert. No hay censura en ello.

Pero el punto central es que los nuevos sitios de la web 2.0, que generan contenidos dinámicos y ya no dependen de sitios estáticos escritos en el primitivo HTML, no es exactamente un paraíso para la democracia digital. Siempre queda la opción de que te construyas un sitio propio a tu gusto y sin censura, pero para eso debes saber lenguaje de programación y gastar algo de dinero inscribiendo un dominio. Si quieres tener un sitio gratis en Internet, debes ceñirte a las normas del juego que otros te dictan. Incluyendo con la posibilidad de que te borren porque infringes las políticas que ese sitio ha implementado. Poco a poco, el acostumbramiento de la gente a la sencillez de la web 2.0, sumado a la concentración de medios en unos pocos oferentes para la publicación de contenidos, ha ido convirtiendo a la antigua Internet anárquica y caótica, en una webósfera bien peinadita y ordenadita, arregladita frente al espejo. Y al que no le guste, que se vaya a jugar a las canicas al fondo del patio. Y solo.

domingo, 27 de marzo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 30 - Se forma la Nueva Ola.


A mediados de la década de 1950, la Ciencia Ficción estaba en plena fase de maduración. En su vertiente literaria, los escritores se preocupaban cada vez más del estilo y la buena prosa, tratando de corregir el pesado karma con el que cargaba el género, de ser "subliteratura" con malos personajes y redacción banal. En su vertiente cinematográfica, las películas de horror atómico a pesar de su calidad a veces misérrima, tenían el efecto colateral de crear una imaginería y una estética. Otro tanto puede decirse de las historietas, a pesar de la férrea mordaza que imperaba sobre ellas después de la cacería de brujas de Wertham. Pero lo que habría sido una evolución tranquila y pausada, de pronto se aceleró. En la década de 1960, todo el panorama en la Ciencia Ficción quedó puesto literalmente patas arriba. Isaac Asimov, quizás el más prominente representante de la Edad de Oro, sintió que su manera de escribir y concebir la Ciencia Ficción se había quedado atrás, y cuando le invitaron para la antología "Visiones peligrosas", rehusó prudentemente incluirse entre la nueva hornada de escritores con ideas y concepciones frescas (aunque se quedó para escribir el prólogo). De los Tres Grandes, Asimov escribió sólo una novela en la década de 1970 ("Los propios dioses"), Arthur C. Clarke sobrevivió combinando Ciencia Ficción dura con un poco de misticismo oriental ("Encuentro con Rama", "2001: Odisea espacial"), y sólo Robert Heinlein consiguió evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos.


Lo que había pasado, mirado en retrospectiva, era sencillo. A la Ciencia Ficción se le había venido encima el mundo. A diferencia de la revolución campbelliana de 1937, que había sido interna dentro del género y por lo tanto no había tenido trascendencia más allá, esta nueva revolución estaba en honda sintonía con los profundos cambios sociales que se vivían. Entre los fenómenos nuevos que la juventud anglosajona de la década de 1960 vivió, se encontraban la lucha por los derechos civiles y la igualdad racial, la emancipación de la mujer, la liberación sexual, el pacifismo, el ecologismo, el hippismo, las protestas contra Vietnam, las nuevas películas de cine arte europeo que llegaban desde Francia o Suecia, las filosofías postcomunistas, etcétera. Es natural que todos estos fenómenos alcanzaran a los escritores de la Ciencia Ficción, y si los antiguos no podían lidiar con ellos, llegarían nuevos escritores de reemplazo que, tomando los motivos y símbolos tradicionales del género, los adecuarían y en muchos casos subvertirían para consumo de esta nueva juventud. El desconcierto llegó a tal grado, que dentro de la Ciencia Ficción esta revolución se la conoce con apenas un nombre genérico: "the new thing" ("la nueva cosa") o "the new wave" ("la nueva ola"), nombres que no dicen nada más allá de la incapacidad de los revolucionarios por darse cuenta de la totalidad del monstruo que estaban pariendo.


Los principales escritores de la Nueva Ola tenían características marcadamente distintas a los de la generación inmediatamente anterior. En primer lugar, la mayoría de ellos había experimentado en su niñez la Segunda Guerra Mundial y el horror atómico, y en sus adolescencias la visión pesimista y existencialista de la contracultura de los '50s. Todos ellos habían desarrollado por tanto una actitud crítica hacia la sociedad y el mundo, así como una marcada postura intelectual. Educados en literatura y filosofía, tenían escasa formación científica, y una actitud ambivalente e incluso hostil hacia la tecnología. En todo esto, se diferenciaban de los escritores de la Edad de Oro que tendían a ser más optimistas, o al menos moderadamente cautos respecto de la tecnología, y muchos de ellos eran científicos que se habían decantado por la literatura, razón por la cual el componente científico era muchas veces más importante que una buena escritura. Por otra parte estaba la relación con el imaginario de la Ciencia Ficción: los escritores de la Edad de Oro habían construido ese imaginario, y tendían a sentirlo como algo que iba a pasar en un futuro, cercano o lejano, mientras que las nuevas generaciones se habían criado dentro de ese imaginario y lo sentían como propio, y por lo tanto, para ellos no tenía tanta maravilla la alta tecnología por la sencilla razón de que era su mundo cotidiano. Para la generación que había creado la Revolución Campbelliana, los viajes al espacio eran todavía Ciencia Ficción; para la generación de la Nueva Ola, el viaje espacial era parte del paisaje, y antes de terminar la década habría astronautas caminando sobre la Luna. Parte importante de esta nueva mentalidad derivaba de la existencia de la televisión. No por casualidad, en la década de 1960 comenzó un florecimiento espectacular de los programas televisivos de fantasía y Ciencia Ficción. Para los noticiarios, el viaje espacial era el Proyecto Apolo de la NASA para llegar a la Luna, mientras que para los espectadores de la Ciencia Ficción televisiva, era la misión de cinco años de la nave espacial Enterprise de "Star Trek" para explorar nuevos mundos y encontrar extrañas civilizaciones. Aunque en ambos casos, se trataba de llegar allí donde ningún ser humano había llegado antes.


Una consecuencia de todo esto, es que los escritores de la Nueva Ola tendieron a romper barreras en materia de Ciencia Ficción. En primer lugar, barreras formales. En la Edad de Oro había poco espacio para la experimentación formal, y los relatos solían escribirse de manera más bien convencional. Los escritores de la Nueva Cosa experimentaron con nuevos formatos propios de la literatura experimental del siglo XX, incluyendo la corriente de la conciencia, la perspectiva múltiple, e incluso técnicas tan exóticas como el cut-up. Y en cuanto al fondo, se tomaron los temas clásicos de la Ciencia Ficción de manera bastante libérrima, mezclándolos a su antojo con otras manifestaciones narrativas ajenas. Mientras los escritores de la Edad de Oro, cuando se dedicaban a escribir cosas que no eran Ciencia Ficción, tendían al policial y al Western, los de la Nueva Cosa tendían más bien a la Fantasía Heroica inspirada en Conan de Cimeria o en "El Señor de los Anillos", o la sicodelia pura y dura... no siempre separando estas obras de la Ciencia Ficción propiamente tal. Desde los tiempos de Howard Phillips Lovecraft que no se veía algo así, y recordemos, Lovecraft a la fecha no era un escritor bienvenido en el género por no ser lo suficientemente técnico (en la década de 1970 comenzaría su revalorización).



La inspiración de estos escritores, huelga decirlo, no venía de los vejetes de la Edad de Oro, sino de fuentes externas. La principal de ellas fue probablemente la corriente beatnik que sacudió la contracultura de Estados Unidos en la década de 1950, y de la cual iba a emerger también la ideología hippie. Un escritor de culto para los nuevos escritores, más o menos relacionado con los beatniks, fue William Burroughs, en particular su libro "El almuerzo desnudo" de 1959, que más que una novela, es una colección de estampas en las que describe vívidamente sus experiencias alucinatorias con la droga (Burroughs también escribiría Ciencia Ficción en los '60s, en particular "Expreso Nova"). Otra fuente de inspiración fueron las ideologías relacionadas con la filosofía oriental, muy de moda en tiempos del hippismo, y que se percibe desde la confrontación entre el Orden y el Caos del Multiverso de Michael Moorcock, hasta las continuas referencias al I-Ching de Philip K. Dick. El comunismo puro y duro no hizo mella en los escritores de Ciencia Ficción, por más que su actitud fuera contestataria respecto de América, pero sí influyó algo sobre ellos la filosofía existencialista de la década de 1950, en particular en su vertiente más sicoanalítica y sexológica. Porque la Nueva Ola, como podrá desprenderse, carecía de los tapujos puritanos de los escritores de la Edad de Oro respecto de la sexualidad.

Próxima entrega: "Revienta la Nueva Ola".

jueves, 24 de marzo de 2011

Personas imposibles.


Todos los conocemos. Son esos seres humanos a los cuales no hay forma de darles en el gusto. Si les sirves la comida, está muy fría, y si la calientas demasiado está muy caliente. Si quieren un informe te lo piden por escrito, pero cuando se los llevas, te espetan que no tienen tiempo y que les des los detalles a la carrera de manera verbal. No importa qué cosa les regales, siempre te lo recibirán con una cara de disgusto. Conversas con ellos y diera la impresión de que la charla está extrañamente cargada porque cuando ellos hablan, en el mejor de los casos sin interrumpirte de manera violenta, retoman el hilo allí donde ellos mismos lo dejaron, en vez de seguir el desarrollo que tú le has dado con tu última intervención. El resultado de la conducta de estas personas es siempre el mismo: desconcierto, insatisfacción, frustración, impotencia. Esas son las personas imposibles, aquellas con las cuales no hay forma alguna de tratar y que saques algo en limpio, algún beneficio, o siquiera salir indemne.

Mucha gente no entiende cómo funciona la mentalidad de una persona imposible. ¿Acaso no ven lo irracional de su proceder, de su conducta? ¿No ven que si fueran más abiertos o más receptivos, concretarían acuerdos con otras personas que los podrían beneficiar? Créanme, no lo ven. Simplemente no pueden hacerlo. Si lo hicieran, entonces podrían cambiar. Se darían cuenta del daño que hacen, y lo repararían, quizás no por altruismo, sino aunque fuera por el egoísta propósito de que la gente a su alrededor estuviera mejor predispuesta hacia ellos. Pero no pueden por una sencilla razón: la persona imposible llegó a serlo a través de una complicada y tortuosa evolución sicológica. Imaginemos un niño que se cría en una atmósfera represora, una en la cual constantemente se le hace ver lo poco que vale, en la que se le hostiga hasta destruirle la autoestima. ¿Qué defensa tiene ese niño? Hay varias posibles, incluyendo la muy saludable de madurar, pero la persona imposible sigue otro camino: volverse justamente eso, imposible.


La persona imposible procede de la manera en que procede, porque de esa manera se asegura el control de todas las situaciones. En el fondo, la persona imposible se ha criado mirando a la vida como algo inherentemente negativo y amenazador. Nada bueno puede venir del mundo exterior. Su herramienta de defensa entonces es llevarle la contraria a la vida, y a las personas que acarrea esa vida consigo. Ese es su principio. Y está tan embrollado en su mentalidad, que responde de manera automática: siempre va a llevar la contraria incluso sin darse cuenta de lo que está haciendo. Repasemos los ejemplos que di en el primer párrafo. Al considerar que la comida está mala, desestiman al cocinero y se refuerzan ellos como jueces supremos de la calidad culinaria. Al ser contradictorios con lo que piden a sus inferiores, les mueven el piso porque éstos nunca saben que esperar, salvo que es lo contrario de lo que debían hacer en primer lugar, y con eso les minan su propia autoestima al hacerles sentir que su trabajo nunca es suficiente o de buena calidad. Al recibir los regalos con disgusto, lastiman los sentimientos de quien se esforzó en buscarle un buen regalo. Al conversar de una manera tal que pareciera un largo monólogo suyo interrumpido con tus acotaciones, le restan importancia a lo que digas, y con ello refuerzan la idea de que su discurso es el correcto. En última instancia, siempre la persona imposible obtiene el control de la situación, minando y destruyendo las palabras y acciones de todos los que se relacionan con ellos.

Un rasgo interesante de la persona imposible, es su carencia total de autocrítica. En primera, la persona imposible viene de un entorno en que le destruyeron la autoestima, y por lo tanto, cualquier crítica hacia su persona, incluso la autocrítica, tiene efectos devastadores en él. Por lo tanto, cuestionarse a sí mismo es un lujo que no puede permitirse. En segunda, cualquier consejo de los demás erosiona lo poco que le queda de autoestima porque implica la idea de que otra persona sabe más que él, de manera que no puede aceptar consejos ni comentarios de los demás. En casos extremos, la persona imposible incluso tomará los consejos y comentarios ajenos que le gustan, pero será incapaz de aceptar su autoría y los tomará y hará pasar ante los demás como suyos propios. Si criticas a la persona imposible, éste se lo tomará como un ataque personal y podrá victimizarse a gusto.

Ahora bien, una persona así debería liquidarse a sí misma porque debería acabar por cansar e irritar a todo el mundo. Pero no es así. Aunque no lo crean, la persona imposible puede acceder temporalmente a dejar de ser imposible, si su actitud le ha llevado demasiado lejos y corre el riesgo de perder algo valioso para ella, algo que valga la pena mantener controlado. Recuerdo el caso de una chica con la que fuimos pareja sentimental varios años, y que era justamente imposible, hasta que yo rompía con ella; en ese instante se volvía dócil y sumisa, hasta que conseguía reconquistarme de nuevo (aunque siempre dejando que yo hiciera el trabajo, para no tener que pedir nada ella, y así mantener el control de la situación), y entonces el ciclo vuelta a empezar; eso se terminó cuando cobré conciencia justamente de que ella era imposible. Recuerdo también el caso de un abogado que fue mi jefe, y que con sus subordinados era imposible, pero con sus superiores era un lambiscón abierto (aunque, para mantener el control de la situación, siempre mostraba a sus superiores cuán importante era, luciéndose como un pavo real con sus plumas). Todos ustedes recuerdan ejemplos así. La clave es que la persona imposible sólo aparenta ceder y ser amable, lo justo y preciso para que los demás bajen la guardia, momento en el cual volverá a ser el mismo de siempre.


Además, la persona imposible puede entrar en relación simbiótica con otro tipo de persona: la que necesita atender constantemente. Decíamos que la persona imposible se forma por una crisis en la autoestima. Pero también en ese caldo de cultivo se forman las personas que siempre deben atender a otros. Esta persona se hace necesaria siempre para otros, y cuando no lo es, siente que se muere porque no tiene propósito en la vida. A su manera, la persona servicial siempre y en todo lugar, se hace así con su propia parcela de control. Ahora bien, este perfil de personalidad encaja a las maravillas con la persona imposible. Piénsenlo: la persona cuya razón de ser es satisfacer al insatisfecho, se encuentra con alguien que nunca puede ser satisfecho porque es imposible. Es un festín para ambos. Entrabados en estas relaciones simbióticas, ambos pueden sobrevivir y vegetar durante largos años, haciendo de paso infelices y miserables las vidas de las personas normales a su alrededor.


¿Cómo tratar entonces con una persona imposible? La respuesta corta es: no puedes. Por definición, cualquier cosa que hagas para llevarte con la persona imposible está condenada al fracaso porque si funcionara, él dejaría de ser imposible y se quedaría sin mecanismo de defensa, y él necesita imperiosamente ese mecanismo de defensa como un niño en su cuna necesita su osito de felpa para dormir tranquilo por las noches. Puedes también intentar destruirlo, pero eso no es una actitud saludable porque las personas imposibles son contagiosas: la persona imposible siempre da la apariencia de triunfar porque destruye cualquier obstáculo a su alrededor, o al menos finge que no le importa, y esa frustración puede contagiarse a ti mismo y convertirte a su vez en una persona imposible. Lo mejor es ignorarlo. Si puedes esquivarlo, hazlo. Y si no puedes, entonces fabrícate un paraguas mental. No trates de entender el mundo a su manera, ni trates de ser objetivo ni de razonar con él o ella. Sólo llévale la corriente por muy disparatadas que sean las cosas que te pida. Aunque no lo creas, esto funciona de maravillas para ahuyentarlos porque la persona imposible trata siempre de llevar la contraria para que los demás estén insatisfechos, neuróticos e infelices (tanto como él mismo); si te ve alegre y satisfecho, eso le escocerá hasta lo más vivo del alma porque su arma secreta para aniquilarte no le funciona. Y él DEBE verte aniquilado, no por una cuestión personal, sino simplemente porque él debe sentir y saber miserables a todas las personas a su alrededor para sentirse tranquilo y seguro.

En este respecto, ten presente la más mortífera de las armas de la persona imposible, aquella que se reserva justamente para los casos más peligrosos con los que debe lidiar: la calificación. Si la persona imposible trata de desestabilizarte y ve que eso no funciona, recurrirá a calificarte. Dirá que eres porfiado, que eres arrogante, que eres vanidoso, que eres incapaz de escuchar, etcétera. En resumen, dará a entender que él es una víctima de tus defectos. A la larga, esto funciona porque si no eres una persona imposible, le prestarás oídos a lo que diga y entonces te sentirás mal, y él ganará. Recuerdo un compañero de Universidad, que le gustaban los cómics por más señas, que cuando no le reforzaba todos los discursos que él decía, me miraba con condescendencia y expresaba lo poco que sabía sobre el tema del que estaba hablando (pero, rasgo característico de la persona imposible, se negaba a enseñarme lo que él sabía y yo ignoraba, porque eso hubiera implicado a su vez ceder parcelas de control). Frente a eso, simplemente ten conciencia de por qué él o ella dice esas cosas de ti, y no lo escuches. Es lo mejor que puedes hacer por tu sanidad mental, y por lo demás, terminarás de destruir a la persona imposible.


Por último, ¿cómo saber si tu mismo eres una persona imposible? Después de todo, puede ser que tú mismo seas porfiado, cambiante, arrogante, etcétera, todas ésas características prototípicas de la persona imposible. Sin embargo, todo tiene que ver con la finalidad de ser como eres. Como decíamos, la persona imposible es como es, porque necesita imperiosamente destruir el equilibrio mental de la gente a su alrededor, hacerla sentir infeliz y miserable. Puede confundirse a una persona asertiva y con confianza en sí misma con una persona imposible, pero considera lo siguiente: ¿te preocupas de verdad por ayudar a las demás personas, a que se sientan felices, sin tratar de controlar sus vidas ni pretender marcarles el camino sobre lo correcto o no? Si la respuesta es positiva, entonces no eres una persona imposible. La persona asertiva pero no imposible, vive a su manera y deja a los demás vivir a la suya. La persona imposible no puede dejar vivir a los demás a su manera. Esa es la diferencia. De hecho, si has leído este artículo hasta el final y no has empezado a descalificarme mentalmente, ni victimizarte, ni rechazar esto de buenas a primeras y sin argumentos (no quiere decir que mi texto sea infalible o la verdad revelada: toma nota de por qué dice "sin argumentos"), entonces lo más probable es que no seas una persona imposible. Es fácil confundir a la persona asertiva con la persona imposible, pero recuerda el viejo principio bíblico de que por sus frutos los conoceréis: la persona simplemente asertiva da frutos porque defiende sus ideas teniendo en mente siempre el bienestar propio y el de los demás, mientras que la persona imposible ni siquiera defiende sus propias ideas, y si es asertivo, es para probar que tiene la razón a costa de lo que sea, y destruir con eso la confianza y estabilidad de las personas a su alrededor.

(Dedicado a A., E., G. y P., los modelos que usé para estudio de casos y que me llevaron a entender la naturaleza psicológica de la persona imposible).

domingo, 20 de marzo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 29 - Emerge la Ciencia Ficción en castellano.


Al igual que en otros idiomas y culturas, la Ciencia Ficción anglosajona era algo en principio extraño al mundo hispanoparlante. Durante el siglo XIX, en que la Ciencia Ficción a duras penas era distinguida como un género literario aparte, hubo escritores aislados en castellano que la cultivaron, sin pretender escribir dentro del género, sino que simplemente usando los nuevos avances tecnológicos, así como los tópicos del Romance Científico, como herramientas narrativas que sirvieran de vehículo a ideas de otra clase. Sin embargo, tanto en España como en Latinoamérica, la ciencia era mirado como algo lejano y ajeno a la cultura propia, y cuando llegó, fue en la vía del positivismo, cuya inserción en la realidad cultural hispanoamericana siempre tuvo un dejo extranjerizante, y en realidad nunca permeó más allá de unas pequeñas élites. De esta manera, si bien puede hablarse de obras de Ciencia Ficción en español en este período, difícilmente puede hablarse de un movimiento o corriente de escritores interesados en el género, al menos como podemos entender el movimiento análogo dentro de la Ciencia Ficción anglosajona del siglo XX.


Las cosas empezaron a cambiar lentamente en la década de 1950. En ese tiempo, empezó a proyectarse sobre el mundo hispanohablante la alargada sombra de la Ciencia Ficción anglosajona. Esta ingresó por dos vías. Por un lado, estaban las seriales dominicales que se exhibían en los cines, varias de las cuales, como hemos mencionado, abordaban tópicos de Ciencia Ficcióy algo más tarde la vasta producción de serie B procedente desde Estados Unidos. En segundo lugar, comenzó la traducción a gran escala de obras de la Ciencia Ficción anglosajona propias de la Era de Gernsback o la de Campbell, y también de autores europeos contemporáneos a ellos, los que comenzaron a ser leídos ahora por el público de España y Latinoamérica.


De esta manera surgió la industria editorial de Ciencia Ficción en español. Dos puntales hemos de destacar al respecto. Primero, la colección Nebulae. Gracias a los llamados "Nebulae primera época" (porque hubo colecciones posteriores, y reediciones), editados en España, en la década de 1950 podían leerse novelas de Ciencia Ficción que eran prácticamente de actualidad para aquellos años, con no más de una década de antigüedad, de clásicos tales como Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Robert Heinlein, etcétera, algo loable si se considera que en esa época no había Internet, y las novedades sobre el tema no alcanzaban al público hispano porque no eran consideradas "noticia seria" por la prensa. En Argentina, por su parte, empezó a andar la editorial Minotauro, también dedicada a traducir autores tanto fantásticos como de Ciencia Ficción (en ella vieron la luz en castellano por primera vez autores tan disímiles como Olaf Stapledon, Theodore Sturgeon o J.R.R. Tolkien). La edición en castellano de "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury fue prologada nada menos que por Jorge Luis Borges, y este prólogo es prácticamente una joya en sí mismo, tanto por el estilo borgeano que despliega, como por reflejar la necesidad en aquellos años de explicar al público ignaro lo que en verdad era la Ciencia Ficción, y cómo se entendía ésta en el mundo anglosajón.


Bajo estas influencias, empezaron también a surgir los escritores dedicados de manera particular a la Ciencia Ficción. Probablemente el más destacado de ellos, en lo que a recoger la tradición de las novelas pulp y verterlas al español, sea el español Pascual Enguídanos. Siguiendo la arraigada mentalidad de que la Ciencia Ficción no era tal si no venía en envase anglosajón, Enguídanos se disfrazó a sí mismo bajo los seudónimos de Van S. Smith o George H. White. Su mayor contribución al género es la llamada "Saga de los Aznar". La gran fuente de inspiración de Enguídanos para esta obra, es la Ciencia Ficción de los pulps, y por lo tanto, es una space opera de carácter aventurero, en el cual se mueven razas y planetas completos en un enorme fresco que abarca más o menos una cincuentena de novelas. La Saga de los Aznar era una serie destinada al público infantil, juvenil o popular, y por lo tanto no pretendía alcanzar grandes cotas literarias, pero contribuyó a inflamar la imaginación de muchos escritores españoles posteriores, que gracias a esta obra fundacional se abocaron después al género de la Ciencia Ficción.


En otra dirección diferente encontramos al autor chileno Hugo Correa. A diferencia de Enguídanos, cuyas obras pueden ser consideradas como de aventura pura y dura, Correa recurrió al expediente tradicional de usar la Ciencia Ficción como vehículo para plasmar preocupaciones de otro tipo. Sus obras, por lo tanto, suelen ser un poco desmayadas en lo que a Ciencia Ficción misma se refiere, pero eso es lo de menos: lo importante son las ideas de fondo respecto a la tecnología, y a como ésta modifica a la sociedad y a los seres humanos. En cierto sentido, se parece a los escritores sociológicos anglosajones que eran contemporáneos suyos, pero al escribir desde el Tercer Mundo, su tono es marcadamente diferente, y por qué no decirlo, también más crítico. Su obra más clásica es probablemente "Los altísimos", en la cual un personaje es secuestrado por error y llevado al otro lado de la Cortina de Hierro; a medida que la novela progresa, descubre que no es realmente la Cortina de Hierro sino el interior de la Tierra, y luego, hace descubrimientos más alucinantes aún. La obra de Hugo Correa mereció ser publicada en España en la mítica revista Nueva Dimensión (el gran órgano aglutinador de la Ciencia Ficción en español en las décadas de 1960 y 1970) en un número especial, y además, ser traducida al inglés, y desde ahí a otros idiomas, gracias a la admiración que provocó en Ray Bradbury.

Próxima entrega: "La Nueva Ola".

miércoles, 16 de marzo de 2011

CIVIMPERIOS - Imperio Inca: Hijos del Sol en los Andes.


Con sus cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio, el Imperio Inca fue el más grande y poderoso de todos los imperios precolombinos. Los quechuas, el pueblo fundador del Imperio Inca, fueron los últimos de una larga tradición de civilizaciones que crecieron en los Andes peruanos y se transformaron en focos de civilización para toda la costa occidental de América. A continuación, la historia del Imperio Inca en Civimperios.

Los quechuas residían en el Valle de Cuzco, uno de los varios existentes en Perú, y aparentemente era una de las tantas tribus que más o menos sobrevivían en un estado de semibarbarie después de la caída de otras poderosas ciudades más antiguas, concretamente Tiahuanaco y Huari. Incluso vivían opacados respecto de los chancas, un grupo de belicosos vecinos que los mantuvieron siempre a raya. Los quechuas en esta etapa no parecen haber pasado de ser una jefatura que más o menos controlaba el Valle del Cuzco, y nada hacía presagiar el importantísimo rol que iban a jugar en la historia posterior. En el siglo XV, de hecho, el más importante centro político que existía era Chimor, en la costa peruana, muy al norte de los valles andinos en que se encontraba Cuzco.

A comienzos del siglo XV, el gobernante Viracocha cambió la política de efectuar saqueos en regiones vecinas, y pasó a tentar la anexión directa. Esto hizo recrudecer las tensiones entre quechuas y chancas, lo que llevó a una guerra decisiva en 1438. Los chancas se abalanzaron sobre Cuzco, y ante la amenaza, Viracocha huyó despavorido. Aquél hubiera sido el prematuro final de los quechuas, de no ser por la enconada defensa que emprendió Pachacútec, el hijo de Viracocha, que se quedó en la ciudad y consiguió una resonante victoria sobre los chancas, que ya nunca más serían una amenaza para los quechuas.


Pachacútec siguió de esta manera en el trono, e inició una rápida y agresiva expansión militar. Pero no se limitó al militarismo puro y simple, sino que reorganizó al imperio. De esta manera construyó el santuario de Coricancha, desde el cual reestructuró de arriba abajo la religión para fundar un culto imperial. También organizó administrativamente el imperio en cuatro grandes provincias, por lo que pasó a ser conocido como el Tahuantisuyo, el “Imperio de las Cuatro Regiones”, queriendo un poco también significar la aspiración al dominio universal que pretendía. A la vez, impulsó una política de colonización que implicaba llevar tribus leales a la periferia del imperio, intercambiándolas con poblaciones recién conquistadas para mantenerlas vigiladas en el corazón del mismo. También mandó construir la fortaleza de Sacsahuamán, que protegía el Cuzco, como una manera de impedir rebeliones contra la autoridad del inca.

Túpac Yupanqui sucedió a Pachacútec en 1471, y completó la conquista de Chimor, el último gran reino que quedaba aparte del mismísimo Imperio Inca, por lo que éste pasó a ser una potencia literalmente universal dentro del mundo andino. A su vez, en 1493 fue sucedido por Huayna Cápac, quien en general impulsó un gobierno más tranquilo y estable. Fue bajo Huayna Cápac que comenzó a forjarse la leyenda del Imperio Inca como un paraíso de estabilidad y tranquilidad, lo que en muchos respectos probablemente fue cierto, pero también enmascara el hecho de que el imperio se impuso por el mismo recurso que tantos otros, a saber, despiadadas campañas militares contra todos sus enemigos.


Huayna Cápac cometió un desafortunado error al dejar el imperio en manos de dos herederos: Huáscar y Atahualpa. Pronto, ambos se enzarzaron en una guerra civil que debilitó mortalmente a ambos. Atahualpa consiguió vencer, pero un suceso inesperado torció su destino: la aparición de hombres barbados montados en extrañas bestias venidas desde el norte. Eran los españoles, quienes acaudillados por Francisco Pizarro, tentaron un audaz golpe de mano y se apoderaron de Atahualpa. Y es aquí donde el Imperio Inca mostró una mortal debilidad, porque a pesar de su superioridad numérica, los guerreros imperiales no acertaron a rescatar al Inca, quien luego de pagar un cuantioso rescate, acabó siendo ejecutado de todas maneras por los invasores.

Pero entretanto, los incas habían conseguido organizarse. Francisco Pizarro había instalado en el poder a Manco Yupanqui en calidad de títere, pero éste se sublevó. Los españoles, que a esas alturas habían recibido refuerzos y disponían de mejor tecnología, consiguieron sofocar la revuelta, pero Manco Yupanqui escapó y prosiguió la resistencia contra los españoles desde la ciudad de Vilcabamba, en lo profundo de las montañas peruanas. El Imperio de Vilcabamba controlaba el Valle del Cuzco, mientras que los españoles se habían quedado con todo el resto del Imperio Inca, manejándolo desde la ciudad de Lima, fundada en la costa (en un irónico reverso de los acontecimientos, porque la costa había sido el asentamiento del derrotado Chimor). Finalmente, en 1572, una expedición española consiguió conquistar Vilcabamba, y con ello desapareció el último resabio de independencia de los incas. Con todo, la conciencia incaica no ha desaparecido, y en el transcurrir de los siglos, se ha convertido en un elemento clave del nacionalismo peruano, y más genéricamente, de todos los pueblos indígenas del Altiplano.

domingo, 13 de marzo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 28 - Detrás de la Cortina de Hierro.


Mientras que la Ciencia Ficción anglosajona, en particular la posterior a la Segunda Guerra Mundial, se extendía como modelo por el resto del planeta, las cosas iban diferentes en la Unión Soviética. Debe recordarse que la cultura de Estados Unidos era considerada como procapitalista y por tanto "enemiga del pueblo" en la Unión Soviética, y por lo tanto, llena de antivalores contrarios a la paz, la solidaridad y la fraternidad universal que deben abrazar los seres humanos (siempre siguiendo la doctrina oficial, por supuesto). Y sin embargo, a pesar de ser un género tan asociado a lo anglosajón, la Ciencia Ficción encontró cultores en Rusia. Pasada la sorpresa inicial, la explicación cae por su propio peso. Después de todo, luego de la Revolución Rusa, los soviéticos habían iniciado la maquinización forzada de toda la sociedad, desde arriba hacia abajo, por vía de represión allí donde fuera necesario, y por lo tanto, la idea de mecanización (mecanización de los procesos productivos, pero en cierta medida también de los propios seres humanos) no era ajena al espíritu ruso del siglo XX. Aún así, los avatares políticos de la Unión Soviética tuvieron mucho que ver con la evolución que el género tuvo allí.


La Unión Soviética fue construida en el período de entre guerras, desde la Revolución de 1917 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Como puede observarse, este fue justamente el período en el cual el viejo Romance Científico dio paso a la Ciencia Ficción gernsbackiana, y posteriormente a la campbelliana, así como a la construcción del ghetto de fanáticos en Estados Unidos, todo esto por iniciativa privada de escritores y editores y sin intervención del Estado, por supuesto. Pero en el este, y como todas las otras artes bajo el régimen soviético, la Ciencia Ficción también debía ir bajo los dictámenes de la nueva sociedad que el Partido Comunista estaba construyendo. Eso significaba que por un lado, la Ciencia Ficción podía ser un género privilegiado, en tanto podía ayudar a la gente a familiarizarse con las maravillas de la ciencia y de la técnica, pero por otra parte, la Ciencia Ficción estadounidense, la principal rama y la punta de lanza del género, estaba vedada. En lo esencial, se consideraba que la Ciencia Ficción gernsbackiana y campbelliana, con seres humanos henchidos de confianza e individualismo, conquistando un cosmos poblado de extraterrestres inferiores y a menudo malvados, era una literatura imperialista, militarista, racista y facista. Por lo tanto, esa Ciencia Ficción en Rusia estaba prohibida. Si los autores soviéticos querían inspirarse en autores extranjeros, éstos debían ser europeos, ojalá no demasiado influidos por la Ciencia Ficción de Estados Unidos, y en lo posible anteriores a la eclosión del género que vino de manera conjunta con la literatura pulp en dicho país.


De esta manera se dio la curiosa situación de que, mientras la antigua Ciencia Ficción de Julio Verne y Herbert George Wells había sido superada rato hacía en todo el mundo, en la Unión Soviética eran probablemente los autores más populares del género. La Ciencia Ficción soviética de los '50s, con su énfasis hipercientífico y sus valores humanistas, parece una extraña prolongación del Romance Científico del siglo XIX. La fe en el progreso, que inundó al mundo europeo en el siglo XIX, se prolonga en la Unión Soviética del siglo XX, en progreso ella misma hacia una sociedad utópica (o eso trataba, a lo menos), y esto le da algunas características peculiares. La Ciencia Ficción soviética de los años '50s en general es tecnooptimista. Mientras que la Ciencia Ficción estadounidense incidía una y otra vez, y con mayor énfasis a partir de 1945, en el temor atávico del ser humano a la máquina que se descontrola y se rebela contra sus creadores, o a la ciencia que se escapa de las manos y termina destruyéndolo todo, la Ciencia Ficción soviética ponía un énfasis supremo en la tecnología como medio radical para que la sociedad del futuro asegurara la felicidad a todas las personas. Se partía también de la base de que el ser humano es bondadoso por naturaleza, en particular si vive en alguna clase de utopía, y que todos los problemas podían ser solucionados a través de la ciencia aplicada positivamente, el ingenio, el cálculo, el razonamiento, la solidaridad y la hermandad entre las personas, e incluso entre todos los seres vivos.


A partir de la década de 1950, en particular después la desestalinización (luego de la muerte de Stalin, en 1953), hubo otra vez contactos entre la Ciencia Ficción estadounidense y la soviética, cuando los volúmenes escritos en ruso empezaron a ser traducidos al inglés, y viceversa. El encuentro fue algo parecido a dos alienígenas tomando contacto unos con otros. Y, como si de un relato de Ciencia Ficción se tratara, el temor a lo diferente que impregna de manera subliminal buena parte de la Ciencia Ficción estadounidense, la hizo impermeable a la influencia soviética. Por su parte, la Ciencia Ficción soviética sí que resultó más permeable a la influencia estadounidense. El principal problema era el ethos de ambas: mientras que la Ciencia Ficción estadounidense pone tradicionalmente su énfasis en el individuo, a menudo enfrentado al sistema, la Ciencia Ficción soviética de la época no tendía a ver una dicotomía entre ambas, ya que sus héroes solían luchar a favor de un sistema omnipresente pero benevolente para con el individuo. Con todo, la censura oficial hizo que la Ciencia Ficción de Estados Unidos entrara con cuentagotas, y por lo tanto, estos contactos fueron, cuando menos, tímidos.


Aunque el primer gran exponente de la Ciencia Ficción de la era soviética probablemente sea "Aelita" (1923), una novela en la que el protagonista es un ruso que descubre una sociedad semicapitalista en Marte, será Iván Yefrémov el autor más importante de este período. Yefrémov fue un paleontólogo que contribuyó a darle forma a la Tafonomía, disciplina interesada en el estudio de los procesos de fosilización de los organismos vivos. En medio de su copiosa producción científica, Yefrémov se dio tiempo también para escribir algunos libros de Ciencia Ficción. Su obra clave probablemente sea "La nebulosa de Andrómeda" (1956), que describe una sociedad futura que se rige, de manera nada sorprendente, por los parámetros propios de la ideología comunista. La novela es interesante en su mezcla de aventura espacial en la tradición más pulp, con exposiciones didácticas sobre esa utopía ideal en que la Humanidad está integrada con otras razas sintientes del cosmos, y será uno de los referentes de la Ciencia Ficción soviética posterior.

Próxima entrega: "Emerge la Ciencia Ficción en castellano".

domingo, 6 de marzo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 27 - Mientras tanto en Francia...


Durante la primera mitad del siglo XX, Estados Unidos fue la nación que mayor partido le sacó a la industrialización, no sólo de cara a la economía, sino también a un modo de concebir y entender la sociedad. No es raro entonces que la Ciencia Ficción haya crecido desmesuradamente hasta que la Ciencia Ficción anglosajona (con Inglaterra acompañando por contagio idiomático) se haya transformado en el referente absoluto de lo que es Ciencia Ficción, y para muchos, la Ciencia Ficción a secas, en particular debido a que los lectores estadounidenses aceptaban de mejor grado los libros que incluyeran a la tecnología como un tema, y probablemente también gracias a que no existía la resistencia cultural a "lo americano" que es posible encontrar en otros países industrializados (como Japón, por ejemplo). Pero en otras partes del mundo también se escribía Ciencia Ficción, casi en la periferia del gran núcleo inspirador que era la Ciencia Ficción anglosajona. Una de estas escuelas era la Ciencia Ficción francesa, que poseía algunas características peculiares.


A riesgo de pecar en la generalización, puede decirse que los temas de la Ciencia Ficción francesa eran un híbrido entre la prolongación de la vetusta Ciencia Ficción de comienzos de siglo (cuando todavía el género anidaba en el Romance Planetario, antes de la Era Gernsback), y las influencias procedentes del mundo anglosajón. Todo esto, permeado por una mentalidad un tanto más humanista y menos tecnofílica que la de los autores de Estados Unidos. No debe olvidarse que la cultura francesa de aquellos años estaba orgullosa de su pasado y presente, y se planteaba como una alternativa "de izquierdas" frente al creciente dominio mundial por parte de Estados Unidos, y por lo tanto, la Ciencia Ficción era mirada bastante en menos por la "alta cultura", como una manifestación de la ramplonería cultural estadounidense. En Francia, a diferencia de Estados Unidos, no existía la Ciencia Ficción como un movimiento, y por lo tanto, tampoco había escritores especializados en el género, o por lo menos, no a un grado comparable al de Estados Unidos. Esta situación empezó a evolucionar en la década de 1950, cuando comenzaron a aparecer las primeras colecciones de libros de Ciencia Ficción escrita en francés por autores franceses. Pero sin una base firme de lectores, ni las revistas, ni las convenciones, ni una cinematografía nacional volcada al tema, la Ciencia Ficción en francés no pasó de ser casi una curiosidad. Con todo, debido a que los autores solían tomarse en serio su labor, solían tener un énfasis en la calidad artística que a veces sus pares estadounidenses descuidaban.


Entre los autores de Ciencia Ficción en Francia, debemos destacar a René Barjavel, quien irónicamente se desenvolvió también muy bien en el mundo del "realismo", siendo por ejemplo guionista de la película "El pequeño mundo de Don Camilo" de 1952. Pero es como escritor de Ciencia Ficción que Barjavel es más recordado. Al igual que otros europeos inmediatamente anteriores o posteriores, Barjavel se desentendió de los aspectos más densamente científicos del género, tomándolos como un pretexto para lo que de verdad le interesaba: hacer planteamientos filosóficos sobre la condición humana. Su historia "Le Voyageur imprudent" (1943) es un clásico porque es la primera vez en la que se habla de un tópico recurrente de la Ciencia Ficción posterior: el viajero del tiempo que regresa al pasado y cambia los hechos que le van a dar nacimiento, provocando así una paradoja, porque si nunca nace, nunca puede viajar al pasado para cambiar los hechos, por lo que entonces nacerá y viajará, cambiando los hechos, y así sucesivamente en un ciclo sin fin. En novelas como "Ravage" (1943) o "La noche de los tiempos" ("La Nuit des temps", 1968), por otra parte, pone en solfa la superioridad tecnológica: la primera versa sobre una civilización futura que colapsa debido a que súbitamente desaparece la electricidad, mientras que la segunda trata sobre un hombre congelado después de un holocausto prehistórico, que al despertar, descubre que la Humanidad está otra vez en camino de cometer los mismos errores que llevaron a su propia raza al holocausto anterior.


La novela "Planeta 54", de Albert y Jean Crémieux, por su parte, sigue una tradición literaria que podríamos hacer arrancar desde el mismísimo "Micromegas" de Voltaire. En la novela, se describen los desesperados esfuerzos de una civilización extraterrestre para entender a la Humanidad, capturando cinco especímenes representativos, que serán transportados al Planeta 54 y estudiados en su comportamiento. Este marco narrativo en realidad es un pretexto para escribir una descacharrante sátira acerca de los seres humanos y su incapacidad para vivir de una manera que pudiéramos llamar "racional".


Pero probablemente la más famosa de las novelas de Ciencia Ficción francesa, sea la algo posterior "El planeta de los simios" (1963), de Pierre Boulle, aunque sea por su adaptación cinematográfica de 1968. En la novela, un astronauta de la Tierra viaja a otro planeta en el cual descubre una civilización de simios, en la que los seres humanos son despreciados como inferiores. Boulle, quien también escribió la novela bélica "El puente sobre el Río Kwai" (también adaptada al cine), aprovechó de verter en la novela su experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, que la vivió en el Lejano Oriente, en el frente contra Japón. Lógicamente, a la luz de esto, puede calificarse como racista la premisa de la obra, pero por otra parte, Boulle es bien claro al referir que los propios seres humanos de esa otra civilización se han acarreado su catástrofe. Aunque esta novela es de Ciencia Ficción, en realidad la ambientación en otro planeta es un pretexto para lo que de verdad le interesa a Boulle, que es hacer un poco de sociología y de ironizar sibilinamente sobre el racismo inherente a los seres humanos. La adaptación al cine, tanto la de 1968 (y sus secuelas) como el remake del 2001, aunque adaptan la idea original, tienen fuertes divergencias argumentales con la novela que les sirve de base, incluyendo el celebrado final sorpresa de la película, diferente al del libro.

Próxima entrega: "Detrás de la Cortina de Hierro".

martes, 1 de marzo de 2011

Nueva postergación de "Corona de Amenofis".


Sección de malas noticias. El Quinto Ciclo de "Corona de Amenofis", que estaba programado para comenzar el 7 de marzo de 2011, será postergado por razones de fuerza mayor. La nueva fecha para los capítulos de estreno de la blogoserie será el lunes 4 de abril de 2011, siempre en el blog de Corona de Amenofis. Como adelantábamos en algún minuto, en el primer episodio titulado "Irrupción" veremos como por fin un equipo investigador estará listo para sumergirse en la bahía de Valparaíso para buscar entre los restos de la destruida y hundida fortaleza espacial de Megatitlán.

El lector avisado habrá observado que durante Febrero no hubo actualizaciones de los capítulos antiguos y reeditados de "Corona de Amenofis" en la Guillermocracia. La mala noticia es que tampoco los habrá en marzo. De momento, la fecha tentativa para seguir a partir del capítulo 5 es el viernes 1 de abril.

Espero que mis lectores tendrán la paciencia necesaria para soportar durante un mes más. Para hacer más llevadera la espera, habrá en algún minuto de marzo, un adelanto con extractos de los primeros capítulos.

Las Crónicas CienciaFiccionísticas por su parte seguirán siendo publicadas como de costumbre, a razón de un capítulo nuevo cada domingo.

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