domingo, 27 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 26 - El mundillo de las convenciones.


Otro factor que contribuyó a revitalizar la Ciencia Ficción en la década de 1950, cuando parecía que la Edad de Oro se estaba agotando, fueron las convenciones. En realidad, las convenciones de Ciencia Ficción eran cosa de antigua data. En cierto sentido, ya cuatro fanáticos reunidos en una casa pueden considerarse como una "miniconvención". Durante la Era Gernsback, al formarse el ghetto de la Ciencia Ficción, era lógico que los aficionados comenzaran a reunirse en clubes y juntas. El más importante de estos grupos, en tanto sirvió de cantera para numerosos grandes escritores posteriores, fue el de los Futurianos, que ya hemos mencionado varias veces. Pero faltaba institucionalizar el proceso.


En 1939 se realizó la primera de las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción. Como otras empresas, ésta tuvo orígenes bastante improvisados. Fue convocada por Sam Moskowitz en la ciudad de Nueva York, y convocó a una pequeña cantidad de público. Los escritores de Ciencia Ficción no son ajenos a las pequeñas mezquindades propias del alma humana, y como la creaba gracias al Club de Ciencia Ficción de Queens, los Futurianos (rama escindida de ésta) no fueron invitados ni considerados en lo absoluto. Por supuesto que, a la medida en que iba creciendo el fandom (contracción de las palabras inglesas "fanatic kingdom", y que designa a los fanáticos de la Ciencia Ficción, o de la cultura friki en general), estas pequeñas hostilidades y rencillas estúpidas tuvieron que ir siendo dejadas de lado, en pos de la causa superior de sacar avante el género. Las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción empezaron a celebrarse todos los años, salvo 1942, 1943 y 1944 (por el imperativo de la Segunda Guerra Mundial), en el Día del Trabajo, que en Estados Unidos es el primer Lunes de Septiembre. A tanto llegó el éxito, que las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción (abreviadas Worldcon) dieron pie a otras relacionadas, como la Convención Mundial de Fantasía o la Convención Mundial de Horror, ambas acerca de los géneros a que sus nombres remiten.


Ya en la década de 1950, las Worldcon se habían institucionalizado y transformado en una tradición dentro del mundillo de la Ciencia Ficción. Los efectos de esto fueron ambiguos. Por un lado, las Worldcon se transformaron en un caldero hirviente en donde los fanáticos podían retroalimentarse los unos a los otros, en una época en que no existían redes sociales como Facebook, y por lo tanto, constituyeron un vivo estímulo al género. Por el otro lado, la idea de que las Worldcon eran espectáculos para fanáticos, contribuyó a mantener la idea de que la Ciencia Ficción era un ghetto, algo que por el otro lado, por el de las publicaciones de novelas "serias" y "respetables", venía derribándose poco a poco.


En 1953, un aficionado llamado Hal Lynch estaba viendo la ceremonia de los Premios Oscar, y de repente tuvo la idea brillante que, aunque parezca extraño en retrospectiva, nadie había discurrido hasta el minuto: ¿por qué la Worldcon no podría tener sus propios "Premios Oscar de la Ciencia Ficción", por así llamarlos? Así fue como en la Convención de 1953 (la Philcon II, porque era la segunda celebrada en Filadelfia, Estados Unidos) tuvo la primera versión de los Premios Hugo, destinados a homenajear a lo mejor de la Ciencia Ficción en el año. Interesantemente, como algo muy revelador del ethos del fandom de Ciencia Ficción, los Premios Hugo son votados por el público asistente a la Worldcon (con ciertas reglas, y cupos, etcétera). El nombre era por supuesto un homenaje a Hugo Gernsback, que a la sazón en 1953 era un veterano de 69 años, y presencia casi infaltable de lo que en esas fechas, por otro lado, era mirado casi como el Pleistoceno de la Ciencia Ficción anglosajona. Los Premios Hugo se transformaron en el más importante galardón de la Ciencia Ficción en adelante, y después en un reclamo publicitario más, así como los Oscar lo son para la promoción de las películas, cuando la Ciencia Ficción empezó a invadir la cultura mainstream.


Pero probablemente el legado más importante de las convenciones de Ciencia Ficción, sea haber creado, o al menos ayudado a crear, el modelo de friki que se conoce actualmente: el trekkie que va con orejas de vulcano, o el fanático de Star Wars que posa con su sable de luz. En aquella década estaba naciendo un nuevo festín para la prensa sensacionalista, contribuyendo así a mantener la mala imagen popular que tendría la Ciencia Ficción aún por muchos años.

Próxima entrega: "Mientras tanto en Francia...".

miércoles, 23 de febrero de 2011

¡Gran final de "Tecnófilo: Conquistador de Marte"!


Este 28 de Febrero se publicará el cuarto episodio y final de la miniserie "Tecnófilo: Conquistador de Marte", el primer spin-off de "Marbod el Bárbaro". La misma ha seguido las aventuras de Tecnófilo, un científico loco de la época del Imperio Romano que después de acabar en el espacio exterior por accidente, se ve involucrado en una guerra de sus habitantes en la que se juega la supervivencia de la civilización del planeta Marte. A continuación, como adelanto para los lectores de la Guillermocracia, algunos fragmentos escogidos del final:

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–Está muerto. Ahogado– sonrió sádicamente Finum.

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–¡No, Eljus, no, por favor, ten piedad…! ¡¡¡EL OJO DE LOS SIETE PLANETAS NOOOOOO…!!!

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Y el silencio más absoluto se impuso: incluso el rumor de las corrientes subterráneas del lago golpeando débilmente contra la armadura, cesó.

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Finalmente, después de mucho trabajo, Tecnófilo estaba listo para dar la batalla. Bombardearía el castillo, y destruiría el poder del malvado Eljus Daudrum, reduciéndolo a la obediencia o matándolo, y entonces ÉL sería el Amo de Marte.

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La entrada al edificio central era custodiada por cuatro trípodes, dos a cada lado de la puerta. Tecnófilo había incluido dentro del cañón del ojo un acelerador de carga, de manera que pudo disparar cuatro cargas antes de que ellos pudieran tentar siquiera la primera. Los cuatro trípodes quedaron de pie, con sus ojos perforados, y luego se desplomaron lentamente hacia el costado, cayendo con estrépito, carcasas inútiles ahora.

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–No te resistas, Tecnófilo. Este es mi mundo, éstas son mis reglas. Resistirse es inútil y sólo hará más dolorosa tu muerte. Has viajado un largo trayecto para llegar hasta acá, hasta tu muerte.

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–¡Demonios!– gritó Tecnófilo, y disparó, disparó, disparó…

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El último episodio de "Tecnófilo: Conquistador de Marte" se publicará en el blog "Marbod el Bárbaro", el próximo 28 de Febrero de 2011, a las diez de la mañana (hora de Chile).

domingo, 20 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 25 - La decadencia de los superhéroes.


Mientras la Ciencia Ficción anglosajona se hacía más madura en la Literatura, e intentaba abrirse paso en el cine, en el cómic estaba a punto de sufrir algunos rudos golpes. En materia de cómics, hablar de Ciencia Ficción era hablar claramente de superhéroes. Y estos superhéroes, tan populares durante la Segunda Guerra Mundial, estaban a punto de entrar en decadencia.


Durante la Segunda Guerra Mundial, los superhéroes habían sido populares gracias a que encarnaban los valores del "Bien" y la "Justicia" en un tiempo, tiempos de guerra, en que tales cosas estaban bien definidas y marcadas. Pero pasada esa confrontación, surgió la Guerra Fría, y con ella, las acciones espectaculares de lucha abierta se hacían menos creíbles. Después de todo, los superhéroes habían ayudado a ganar la Segunda Guerra Mundial, pero ahora, ¿cómo era posible que no pudieran enfrentar al enemigo ruso y derrotarlo, como antaño al enemigo nazi?


Las cosas se pusieron peor con el crecimiento del puritanismo moral, consecuencia casi inevitable del Macartismo. Mientras se concebía al bloque soviético como "el Mal" y el representante de toda clase de malos valores, el lado estadounidense debía por lo tanto reforzarse. Muchas cosas que eran socialmente aceptables antes de la guerra, se tornaron criticables, incluyendo dos clásicas obsesiones de los censores, que son el sexo y la violencia. Y las historietas de superhéroes podían ser muy violentas, y aunque por razones lógicas no incluyeran sexo explícito, sí que poseían entre líneas una carga erógena bastante fuerte. La Literatura se libró porque se estaba haciendo más adulta en un país que, invadido por la televisión, leía cada vez menos, mientras que el cine de Ciencia Ficción se dirigía más bien a los adolescentes. Sin embargo, las historietas se dirigían principalmente a los niños, el pretexto más fácil y desprotegido para la hipocresía de la censura, y por eso iban a ser la víctima propicitaria. En este medio, las "investigaciones" de un sujeto llamado Fredric Wertham, que publicó un libro panfletario llamado "La seducción del inocente", llevaron a acusar a los cómics de pervertir a la juventud. Wertham consideró que Batman y Robin en realidad eran una pareja homosexual encubierta, algo que puede y se ha discutido, pero que Wertham y la mayor parte de los estadounidenses consideraban malo sin más, y se acabó. Superman, por su parte, era según Wertham el reflejo de fantasías sadomasoquistas de poder totalitario y castigo. Y la Mujer Maravilla, a su vez, por su actitud decidida frente al Mal, en vez de ser una chica sumisa esperando a ser rescatada por un hombre, era la encarnación misma del lesbianismo. Ante los reclamos de Wertham, incluso el poder político llegó a tomar cartas en el asunto.


Si bien el golpe de Wertham contra la cultura (de superhéroes, pero cultura al fin y al cabo) fue rudo, en realidad el género de los superhéroes venía en decadencia, y no costó mucho hundirlo casi por completo. Sólo los más fuertes (Superman y Batman, por ejemplo) sobrevivieron, mientras otros fueron derechamente discontinuados, y sus casas matrices quebraron. En su afán de higienizarse un poco, las historietas se volvieron también más descafeinadas y políticamente correctas. Mientras que en sus orígenes Batman era un caballero oscuro, en la década de 1950 pasó a ser casi un payaso en lucha contra estrambóticos elementos alienígenas, que nunca habían sido parte de su trasfondo superheroico. Superman, por su parte, era constantemente ridiculizado en las portadas de su propia serie, muy lejos de aquellos días en que no dudaba en estrellar automóviles con malandrines, como lo era en la mítica primera portada de Action Comics de 1938.


Pero esto no duraría, claro está. En la década de 1950, Julius Schwartz tomó a su cargo la editorial DC Comics, y bajo su égida, los superhéroes empezaron a vivir un segundo aire. Schwartz había trabajado como agente literario de algunos grandes de la Ciencia Ficción (Alfred Bester, Robert Bloch, Ray Bradbury, etcétera), y por lo tanto, conocía los resortes del género y hacia donde evolucionaba. Una vez a cargo de DC Comics, relanzó a un antiguo héroe llamado Flash. El experimento tuvo éxito, y pronto le insufló nueva vida a antiguas glorias como Linterna Verde o Hawkman. Aún era pronto para decir que los superhéroes tenían una segunda gloriosa vida, pero era un comienzo. Faltaba todavía algún tiempo para que los superhéroes se revolucionaran con la llegada de Stan Lee y Jack Kirby, entre otros grandes prohombres, que entre todos levantarían a la gran rival de DC Comics: la Marvel Comics.

Próxima entrega: "El mundillo de las convenciones".

miércoles, 16 de febrero de 2011

CIVIMPERIOS - Atenas: La escuadra que construyó un imperio (Parte 2: La caída).


En el año 478 antes de Cristo, la instauración de la Liga de Delos y su evolución en un sistema en que las islas pagaban un tributo a Atenas a cambio de protección contra el Imperio Persa, dotaron a la ciudad de Atenas de un verdadero imperio marítimo. En lo interno, Atenas se jactaba de su sistema político democrático, pero en lo externo, el descontento contra lo que se percibía como una Atenas abusiva e imperialista, iba creciendo. Por su parte, en lo interno, el partido aristócrata, conservador y defensor de los privilegios, debió ceder al partido popular, partidario de la democracia. El principal líder del partido popular fue Pericles, que aprovechó el esplendor económico de Atenas para dotarla de bellos edificios como el Partenón, y fomentar las artes y la cultura. A esta edad de oro se la llama, no sin razón, el Siglo de Oro de Pericles.


Pero existía en Grecia otra potencia, que era Esparta, y no había espacio suficiente para ambas. Esparta explotó hábilmente la animosidad de los aliados de Atenas contra los atenienses, y en 431 antes de Cristo, con un incidente político menor como pretexto, lanzó una guerra total contra Atenas. Los atenienses se replegaron detrás de sus muros y los espartanos arrasaron con sus cultivos. Sin embargo, los atenienses sobrevivieron gracias a su flota, con la cual se abastecían de alimentos desde el exterior. Pero no pudieron evitar la peste, que se llevó a una gran cantidad de atenienses, incluyendo a Pericles. Esto fue una catástrofe para Atenas, porque Pericles era hábil y moderado en sus políticas, y quienes lo sucedieron eran hombres de talante claramente inferior, y agresivamente militaristas e imperialistas. La conducción de Atenas por estos hombres llevó a una serie de desaciertos, que terminaron dejando sola a Atenas en contra de Esparta. A su vez los persas, interesados en quebrar a Atenas, financiaban a los espartanos.

El año 405 antes de Cristo, los espartanos habían logrado tener una poderosa flota, y sorprendiendo a la ateniense, la derrotaron en plena forma. El asedio posterior de Atenas duró un año, al cabo del cual debió rendirse por hambre. La democracia fue derrocada a favor de un gobierno oligárquico promovido por Esparta, pero éste resultó tan duro, que los atenienses se sublevaron y reinstauraron su democracia una vez más. Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y Atenas, aunque seguía siendo poderosa, ya no lo era tanto como en el período de Pericles.

Así como Atenas había sido temida por su poder, ahora era el turno de Esparta. Los atenienses explotaron el descontento contra las dictaduras que Esparta había montado en las ciudades de Grecia, y se lanzaron a la guerra. En el año 378 antes de Cristo montaron una segunda confederación, y trabaron alianza con Tebas, una ciudad griega que estaba obteniendo resonantes victorias contra Esparta. La hegemonía espartana fue finalmente rota, pero los atenienses no pudieron mantener su liga: una rebelión entre los años 357 y 355 antes de Cristo rompió esta segunda liga.

En realidad, parte importante de esta rebelión se debía a la influencia que ejercía un nuevo poder en el norte: Macedonia. El crecimiento de Macedonia fue observado por algunos atenienses, incluyendo a un gran orador llamado Demóstenes, pero los atenienses permanecieron insensibles ante el peligro cada vez más evidente. En 338 antes de Cristo, una coalición de ciudades griegas fue derrotada por los macedonios en la Batalla de Queronea, y Atenas entre otras ciudades cayó en poder de Macedonia. Aún así, durante algunos años los atenienses no sufrieron demasiado porque el rey macedónico, Alejandro Magno, se lanzó a la conquista de Persia y los dejó más o menos solos. Pero a la muerte de Alejandro Magno en 323 antes de Cristo, una sublevación generalizada de ciudades griegas acabó en fracaso. Demóstenes, el gran defensor de la independencia ateniense, prefirió envenenarse.


Con las conquistas de Alejandro Magno, el mundo griego se había expandido enormemente, y Atenas ahora era una ciudad opaca y de segunda línea. Ni siquiera era la mayor luminaria cultural que había sido durante Pericles, opacada por nuevos centros del saber como Pérgamo o Alejandría. Grecia estaba más o menos sometida al dominio de la Dinastía Antigónida, descendiente de un general de Alejandro Magno que se había hecho con un trozo de su imperio. Atenas, a pesar de su decadencia política, seguía siendo una ciudad de cierta importancia comercial. Sin embargo, ávida de recobrar su pasado político, no se sumó ni a la Liga Aquea ni a la Liga Etolia, contribuyendo así al caos y anarquía que debilitaban a Grecia en conjunto contra Macedonia.

En el año 196 antes de Cristo, los romanos invadieron Macedonia y declararon la libertad de las ciudades griegas; un nuevo conato macedónico fue castigado por los romanos en 168 antes de Cristo. Pero el caos estalló otra vez en Grecia. En 146 antes de Cristo, los romanos ingresaron a saco en Grecia y ésta vez se la anexaron. De esta oscura manera acabó en definitiva la independencia política de Atenas, y la misma fue convertida en la provincia romana de Acaya. Siguió siendo un centro cultural de importancia durante el siguiente medio milenio, pero su carrera política se había terminado.

domingo, 13 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 24 - Atompunk.


A la par que la Ciencia Ficción literaria alcanzaba un mayor grado de madurez, era cada vez más evidente para el público allá afuera que los mundos de Ciencia Ficción tenían algo que decir, más allá del creciente núcleo de frikis que leían esas cosas. Y habiendo un público objetivo allá afuera, los productores de cine reaccionaron, y decidieron volcarse al género. Había pasado casi un cuarto de siglo desde que recibieran como lección, del fracaso de "Metrópolis", que la Ciencia Ficción en el cine no era rentable, pero ahora las cosas habían cambiado. Por un lado, al existir público dispuesto a ver películas de Ciencia Ficción, había un mercado nuevo. En segundo lugar, la industria de películas se había desarrollado lo suficiente como para crear toda una frondosa filmografía de películas "serie B" de bajo presupuesto, por lo que una película de Ciencia Ficción no tenía que ser necesariamente un blockbuster de alto presupuesto (aún faltaba para que "La guerra de las galaxias" cambiara las reglas del juego). Y en tercer lugar, algo muy importante: los efectos especiales habían evolucionado lo suficiente como para que muchas cosas que hubieran chirriado, y chirriaban, en el cine mudo, ahora pudieran verse más creíbles y aceptables para las audiencias.


El grueso de la producción de Ciencia Ficción en el cine que es inmediatamente posterior a 1945, algunos lo han llamado "Atompunk", derivando la palabra del Cyberpunk y matizándolo con la fijación en el horror atomico como mecanismo gatillante. El cine se inundó de bichos que, gracias a la radiación, crecían de tamaño y atacaban a la gente. Era el caso de "La Humanidad en peligro" (1954), en que la amenaza eran hormigas gigantes procedentes de un territorio utilizado como campo de pruebas nucleares, o de "Tarántula", cuyo título lo dice todo. Aunque no siempre el monstruo de turno era el resultado de pruebas atómicas. En el caso de "La mancha voraz" (1958), una criatura consistente en una masa viscosa que crecía devorando seres humanos, venía del espacio exterior. Pero un elemento subyacente permanecía: la noción de los "buenos y sencillos americanos" de los pueblos y ciudades de Estados Unidos, invadidos por el "extraño", el "otro". De esta manera, las películas de monstruos se transformaron en una metáfora de otro horror más íntimo del estadounidense promedio: el miedo a la sombra del comunismo, que busca socavar el Gobierno de la Libertad y destruir el modo de vida democrático. No debe olvidarse que la década de 1950 fue también la resaca del Macartismo, de la "caza de brujas" y del Comité de Actividades Antiamericanas, que buscaba eliminar toda posible infiltración comunista en Estados Unidos. La máxima expresión de la paranoia anticomunista en el cine de aquellos años, es probablemente "La invasión de los ladrones de cuerpos" (1956), en que los extraterrestres invasores (metáfora del "peligro rojo") reemplazan a los seres humanos por copias exactas e indistinguibles de ellos, salvo por el hecho de que carecen de sentimientos: esto es el planteamiento del terror paranoico máximo, que consiste en que tus seres más queridos un día se transforman en enemigos que quieren destruirte con toda la frialdad del mundo, exactamente como se decía que los comunistas infiltrados querían hacerlo con la democracia de Estados Unidos y el "american way of life".


Volviendo a los "monstruos atómicos", el más famoso de ellos, sin lugar a dudas, es Godzilla. La primera película de la franquicia, llamada "Godzilla" precisamente (1954), versa sobre un monstruo reptiliano que, despertado por las pruebas nucleares, ataca y destruye la ciudad de Tokio (la película, huelga decirlo, es japonesa). En Japón, las películas de Godzilla y otros monstruos postatómicos se transformaron en una fértil franquicia, en parte a los bajísimos costos de producción (Godzilla y la horda de monstruos acompañantes eran en realidad hombres enfundados en trajes de hulespuma), y en parte gracias a la reacción del público, ya que el horror de Godzilla era una metáfora acerca del verdadero horror que vivía Japón en aquellos años: una nación quebrantada por dos bombas atómicas y por la ocupación militar extranjera, que empezaba a vivir la revolución tecnológica que los llevaría a ponerse a la cabeza de la electrónica mundial, pero que le tenía un miedo cetrino, aunque comprensible, a la incertidumbre en el futuro que se venía encima de ellos.


Otro curioso fenómeno del cine de la época, fueron algunos empeños por resucitar la Ciencia Ficción "clásica". Herbert George Wells fue adaptado en "La guerra de los mundos" (1953), aunque según los cánones del Estados Unidos de la época: ahora ya no se trataba de poner en evidencia la decadencia de un imperio, como el crítico Wells lo hacía respecto de los británicos, sino de defenderlo contra los malvados invasores del exterior (la paranoia anticomunista, otra vez). El productor de esta película, George Pal, dirigió años después otra adaptación wellsiana, "La máquina del tiempo" (1960), probablemente la más respetuosa adaptación de Wells al cine, así como una de las mejores películas de Ciencia Ficción de todos los tiempos. Julio Verne tampoco se quedó atrás, y fue objeto de dos ambiciosas y relativamente bien logradas adaptaciones, que son "20.000 leguas de viaje submarino" (1954) y "Viaje al centro de la Tierra" (1959), ambas con un presupuesto holgado y efectos especiales de punta para la época, además de repartos con actores de primera línea.


Y volviendo al Atompunk mismo, hay dos películas que deben ser destacadas como esfuerzos por hacer cine de alturas, dentro de la Ciencia Ficción. "Destino: La Luna" (1950) fue el primer intento por crear una historia espacial estrictamente científica en el cine, refiriendo la historia de la primera misión espacial a la Luna con todo el conocimiento científico de la época. Algo después, la película "El día en que la Tierra se detuvo" (título en Latinoamérica) o "Ultimátum a la Tierra" (título en España), le daba la vuelta al tema del extraterrestre invasor. En la película, un extraterrestre que adopta el mesiánico nombre de Carpenter (esto es, el Carpintero) viene con un importante mensaje: si los seres humanos siguen siendo criaturas bélicas y hostiles, las razas del universo se volverán en su contra y la arrasarán, para defenderse de la creciente pujanza humana. La película ha sido leída como una especie de parábola pacifista, aunque no deja de tener miga el hecho de que los métodos usados por Carpenter sean la presión y el chantaje, en vez de la negociación diplomática. Es esta ambigüedad de la película, su mejor baza de cara a la posteridad, ya que sus varias lecturas siguen siendo aún válidas, y probablemente lo sigan siendo en tanto los seres humanos piensen que es mejor empuñar un fusil que sentarse a arreglar los problemas de la especie humana.

Próxima entrega: "Los superhéroes en decadencia".

miércoles, 9 de febrero de 2011

CIVIMPERIOS - Atenas: La escuadra que construyó un imperio (Parte 1: El ascenso).


Usualmente se considera a Atenas como la cuna de la democracia. Esta afirmación es bastante relativa, ya que la democracia ateniense se limitaba únicamente a los atenienses varones libres: ni los esclavos, ni las mujeres ni los extranjeros podían participar en ella. Pero lo que es importante acá, es entender que la imagen de Atenas como una democracia suele ocultar en la historiografía que Atenas durante una etapa de su existencia fue y se comportó como un imperio. A continuación, la historia del Imperio Ateniense en Civimperios.

Hacia el año 1200 antes de Cristo, Grecia estaba regida por los reinos micénicos (los mismos que aparecen como invadiendo Troya en la “Ilíada” de Homero). Por razones que nos son desconocidas, estos reinos decayeron y fueron finalmente invadidos por un pueblo del norte llamado los dorios. La marea doria cubrió a casi toda la Grecia continental, pero dejó una península a salvo: el Atica. Básicamente, la región del Atica, cuya ciudad más importante era Atenas, es una especie de peñón sin mucha tierra fértil, y por lo tanto, muy poco interesante para los invasores. De esta manera, Atenas comenzó su historia civilizada como una ciudad opaca y oscura.

En la siguiente etapa de la historia griega, los atenienses se quedaron rezagados. Las ciudades de Jonia, al otro lado del Mar Egeo, se dedicaron a enviar una serie de expediciones colonizadoras que fundaron ciudades en todo el Mar Mediterráneo, pero Atenas no se sumó a estos esfuerzos. En esos años, Atenas era una ciudad agraria sin demasiado interés en el mundo marítimo. Pero la población aumentaba, y pronto Atenas se vio afligida por el problema de qué hacer para seguir siendo competitiva en el mundo de las ciudades independientes griegas, además de alimentar las bocas de una población creciente.


Los atenienses se entregaron entonces a la inteligencia de algunos reformadores. El primero de ellos fue Dracón, un legislador que dictó las primeras leyes escritas de la ciudad. Pero su código legal fue tan duro, que hasta el día de hoy la palabra “draconiano” es sinónimo de dureza inhumana. El siguiente legislador fue Solón, que atenuó la dureza de las leyes de Dracón, y promovió una serie de reformas económicas. La idea de Solón era garantizar que el gobierno no pertenecería sólo a una aristocracia, sino que también aquellos que acreditaran una renta determinada pudieran participar del mismo. La idea de que los ricos, que por lo general eran la clase comerciante, pudieran intervenir en el gobierno, hizo que las leyes y políticas atenienses buscaran el mayor provecho económico, y le dio un nuevo impulso a la ciudad.

Con todo, y de manera muy lógica, los aristócratas no estaban contentos con ir perdiendo el poder, y durante más de cien años después de Solón (quien dictó sus leyes hacia 590 antes de Cristo), Atenas vivió una serie de trifulcas en donde una serie de hombres fuertes se hicieron del poder e intentaron reformas. La palabra griega para este tipo de gobierno es “tiranía”, pero dentro del mundo griego, la palabra “tirano” no tenía connotaciones negativas: se trataba simplemente de un hombre que llegaba al poder por vías de hecho (dando un golpe de estado, para ser más directos). Algunos tiranos atenienses son de luctuosa memoria, pero otros utilizaron el poder para promover el bien común. El principal de estos tiranos fue Clístenes, que hacia 508 antes de Cristo se hizo con el poder en Atenas e impulso una reforma en la que quebró el poder tradicional de las familias, organizando a la comunidad por distritos de acuerdo a su domicilio. El reemplazo de la sangre por el territorio como factor político principal fue lo que promovió la relativa igualdad que tuvieron los atenienses libres en el gobierno de su ciudad: o sea, dio origen a la democracia propiamente tal.


Pero poco después de Clístenes, la ciudad de Atenas fue duramente puesta a prueba. Al este había surgido un nuevo poder, el Imperio Persa, que intentó dos invasiones armadas de gran escala contra Grecia. Estas se conocen como las Guerras Médicas: en la primera, Atenas se salvó en la última hora, pero en la segunda acabó incendiada hasta los cimientos. Podría haber sido el fin de Atenas como ciudad de importancia en el mundo griego, pero Temístocles, un gran almirante ateniense, dio vuelta las tornas al tenderles una hábil emboscada a las naves persas en la isla de Salamina. La astucia de Temístocles fue encajonar a la flota fenicia (aliados de los persas), superior en número a la ateniense, en un estrecho en donde no podían maniobrar y su número se volvía en su contra, para luego atacarla sin piedad. Después de la guerra, consciente de que la flota y no el ejército había sido el factor decisivo en la guerra contra los persas, Temístocles usó su influencia y prestigio para impulsar el fortalecimiento de la flota al máximo. Atenas se transformó así en una potencia naval. Después de la derrota persa, Atenas congregó en torno suyo a varias islas del Mar Egeo y creó una alianza común llamada la Liga de Delos. El tesoro de la Liga estaba primero en la isla de Delos (de ahí el nombre), pero después fue trasladado a Atenas. A su vez, las islas comenzaron a preferir pagar un tributo a Atenas por protección en vez de aportar con navíos y hombres, por lo que pronto se transformó en un verdadero imperio naval. El descontento contra Atenas creció aún más cuando la reconstrucción de la ciudad fue financiada con el dinero de la Liga. Atenas alcanzó así su apogeo, pero en el ahora desembozado Imperio Ateniense, estaban ya sembradas las semillas que conducirían a su destrucción.

(Sigue en la segunda parte).

domingo, 6 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 23 - Dos de los Tres Grandes.


Dentro de la Ciencia Ficción clásica de la Edad de Oro, suele reconocerse a tres de ellos como los más importantes de su época en el género. Ellos son Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert Heinlein. Los tres representan la culminación de un estilo de hacer Ciencia Ficción muy enclavado en los paradigmas de la Era Campbelliana (Asimov notó alguna vez que los tres eran "tecnooptimistas", por ejemplo). También los tres tendieron a permanecer enclavados en esa forma de escribir Ciencia Ficción, y experimentaron poco o casi ningún cambio en su manera posterior de escribir, si bien no se puede decir que su calidad haya decaído significativamente con los años (en el caso de Heinlein, probablemente debamos decir que mejoró). Como ya hemos hablado de Asimov en un capítulo anterior, remataremos la faena refiriéndonos a Clarke y Heinlein.


Arthur C. Clarke (1917-2008) es un escritor con una densa formación científica, y esto ha repercutido en su manera de escribir, tanto como en su mentalidad. La prosa de Clarke suele ser fría, acotada y muy poco dado al vuelo literario. Pero sus ideas se mueven entre dos polos. Por un lado está el apego rígido y casi maniático a las leyes naturales, siendo Clarke por lo general muy reacio a utilizar recursos literarios que otros escritores, incluso los más cientificistas, suelen usar de comodines dentro del género, como máquinas del tiempo o viajes más allá de la velocidad de la luz. Por el otro lado, Clarke resulta un místico profundo que cree en las posibilidades de la evolución humana más allá incluso de las posibilidades biológicas.


La obra cumbre de Clarke, descontando "2001: Una odisea del espacio" (ya nos referiremos a ella más adelante), es probablemente "El fin de la infancia". Esta novela es un gigantesco fresco del futuro de la Humanidad. En ella, una raza espacial llega hasta la Tierra y desea dirigirla hacia un estadio superior de evolución. La Humanidad descubre que esa misma raza ya hizo un intento anterior, en la Prehistoria, y que ese intento acabó en un cataclismo de proporciones. Los extraterrestres no se presentan como opresores ni conquistadores, sino que van guiando delicadamente a los seres humanos hasta un destino futuro en que abandonan su condición humana, e incluso superan a sus mentores, dándose cuenta entonces de que estos mismos mentores han favorecido a la Humanidad como su último legado, ya que ellos mismos han agotado todas sus propias posibilidades evolutivas. Aunque Clarke en lo tecnológico se apega estrictamente a lo científico, su visión evolutiva y biologicista está teñida de un fuerte componente místico y trascendentalista.


Si Asimov y Clarke se parecen hasta el punto que un lector casual puede confundir perfectamente los relatos de uno con los del otro por su manera de escribir y los temas abordados, Heinlein es el más diferente de los "Tres Grandes". Heinlein mismo es un escritor problemático en más de un sentido, y por lo mismo admirado y odiado a partes iguales. Por un lado, todos están de acuerdo en su calidad como prosista. Por el otro, su ideario político y social ha despertado oleadas de admiración y repudio a partes iguales. En sus obras, Heinlein mantiene una actitud ambigua, que gira entre dos polos: por un lado, el respeto de los individuos como tales y sus perspectivas de autorrealización, y el mérito personal como gran medida para valorar a las personas, y por el otro lado, la sumisión de esos seres humanos "virtuosos" a un fin o cuerpo social más grande que ellos mismos. De ahí deriva un ideario que mezcla a un lado ideales que en Estados Unidos serían considerados "republicanos de viejo cuño" (no neocon ni de "derecha cristiana") desde un punto de vista político, con liberalismo sexual y defensa de los derechos civiles (causas todas ellas "liberales" y "de izquierda" en Estados Unidos).


Quizás la novela de Heinlein más ambigua en este sentido sea "Tropas del espacio" ("Starship Troopers", de 1959). La novela trata sobre una sociedad futurista de tipo republicano, en la cual para adquirir los derechos civiles (votar y ser elegido para cargos políticos) se debe haber cumplido el servicio militar, como una manera de preparar a los jóvenes para la responsabilidad de sacrificar sus propios intereses a los de la sociedad como un todo ("primero la responsabilidad, después la libertad" podríamos decir). La novela intercala episodios de la formación militar, con conversaciones políticas del protagonista con un profesor, que le dan armazón ideológica a la novela. El mensaje final presenta la típica ambigüedad heinleiniana, y se puede leer (y ha sido leída, de hecho) tanto como una apología del fascismo y del militarismo por un lado, como una sátira o una crítica despiadada de éstos. En la adaptación de esta novela para el cine ("Invasión", de Paul Verhoeven, 1997), el cineasta eligió el enfoque satírico, extremando los elementos militaristas de la historia, con un soundtrack apropiadamente parafascista por cortesía de Basil Poledouris. Probablemente la respuesta más cercana al espíritu de Heinlein esté en un punto intermedio: Heinlein reniega del fascismo y del totalitarismo extremos porque aplastan la libertad individual y en definitiva le impiden al individuo realizarse como tal, pero el sistema político de "Tropas del espacio" está diseñado también para que esa misma realización del individuo no choque ni entorpezca los derechos ni aspiraciones de los demás. La novela es sin lugar a dudas ideológicamente compleja, y es poco probable agotar todas sus implicancias en una sola lectura. Por otra parte, no es por nada, Heinlein se ganó su justo lugar como uno de los "Tres Grandes".

Próxima entrega: "Atompunk".

martes, 1 de febrero de 2011

Publicación de "Tecnófilo: Conquistador de Marte".


Después de varios retrasos por distintos motivos, finalmente hay fecha programada para la publicación de "Tecnófilo: Conquistador de Marte", el proyectado spin-off de "Marbod el Bárbaro". La miniserie retoma el personaje de Tecnófilo, villano enemigo de Marbod el Bárbaro y científico loco entusiasmado en la conquista del Imperio Romano usando tecnología a vapor, quien ahora se embarca en su primera aventura en solitario, viajando a la Luna y a Marte guiado por sus delirios de grandeza. La historia está levemente inspirada en la "Historia verdadera", una novela de proto Ciencia Ficción de Luciano de Samosata, así como en las fantasías sobre Marte de Edgar Rice Burroughs.

"Tecnófilo: Conquistador de Marte" será publicada a razón de un capítulo semanal, a partir del lunes 7 de febrero de 2011, en el blog de Marbod el Bárbaro (http://marbodelbarbaro.blogspot.com).

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