domingo, 30 de enero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 22 - Rumbo a la Sociología.


Con el progresivo cambio de enfoque de la Ciencia Ficción, desde la tecnología y las ciencias duras hacia la calidad literaria de los relatos, comenzaron a infiltrarse preocupaciones más "humanistas" dentro del campo. Y era prácticamente inevitable que esta nueva hornada de autores en la cima, al preocuparse más por el ser humano, no intentaran a su vez trazar retratos de la sociedad. No es que los escritores clásicos bajo la batuta de Campbell no hubieran escrito nada sobre el tema (el propio Isaac Asimov en muchos sentidos, con sus relatos sobre las relaciones de hombres y robots, o sobre sociedades históricas del futuro, es una figura de transición). Pero ahora, siendo más libres los escritores para utilizar recursos literarios en vez de la prosa más bien plana de la época campbelliana, tenían también mejores herramientas para tratar literariamente estos temas.


Uno de los precursores en esta tendencia fue sin lugar a dudas A.E. van Vogt, de quien ya hemos mencionado su "Los monstruos del espacio". Su novela "El mundo de los No-A", publicada en 1948, aborda derechamente el tema del totalitarismo, muy en boga después de la victoria sobre el Nazismo en la Segunda Guerra Mundial. La novela trata sobre una sociedad futurista y utópico en el cual todo se vive como en el mejor de los mundos posibles... hasta que las inevitables fallas empiezan a revelar la verdad sobre la sociedad. Para describir el mundo de los No-A (los "no aristotélicos", aquellos que no se guían por la lógica sino por la intuición), van Vogt recurre a la Lingüística, disciplina científica hasta entonces escasamente abordada por los autores del género.


En un terreno diferente, los novelistas Frederik Pohl (antiguo futuriano, y como señalamos, un importante editor de la época) y Cyril Kornbluth (otro destacado futuriano) unieron fuerzas para escribir "Mercaderes del espacio". La novela, publicada como libro en 1953, es una despiadada sátira del capitalismo. En "Mercaderes del espacio" vemos una sociedad futurista en donde el consumismo ha llegado a extremos tales, que las grandes corporaciones han subvertido al Gobierno, y en realidad SON el Gobierno: existen unos pocos afortunados que son gerentes de grandes corporaciones, y el resto son una masa de siervos semiasalariados que luchan por comprar lujo como símbolo de estatus social, mientras que los recursos naturales más indispensables se hacen cada vez más escasos. La novela tiene una intención claramente satírica, pero parte de la gracia se ha perdido debido a que describe con demasiada precisión el desarrollo que ha experimentado el mundo en los siguientes cincuenta años. Como de costumbre, la novela generó posteriormente una secuela ("La guerra de los mercaderes").


Poco antes, en 1952, el autor Bernard Wolfe había publicado su novela "Limbo", que marcó un pequeño hito. Hasta el minuto, las visiones del futuro solían separar a los seres humanos y las máquinas, mientras que "Limbo" se adentra en un concepto inquietante para la época: la idea de que los seres humanos podrían reemplazar partes corporales por componentes cibernéticos, y aún más, querer mutilarse voluntariamente para incorporarse dichas mejoras. "Limbo" no sólo es una novela pionera en un tema que después será central en el posthumanismo, y es un anticipo lejano de lo que desembocará en el Cyberpunk, sino que además lo hace con una precisión notable, describiendo en profundidad las consecuencias que tendría para la sociedad una evolución que integre a la máquina y el ser humano, en términos de mentalidad, organización social, religión, etcétera.


Y en una dirección bastante diferente, pero también con ciertas preocupaciones sociológicas, aparece la figura de Theodore Sturgeon. Este autor es considerado como de Ciencia Ficción, a pesar de que muchos temas difícilmente pueden considerarse como "científicos", y menos en una época como la suya, en que la Ciencia Ficción llevaba una pesada mochila tecnológica sobre sí. En "Los cristales soñadores" (1950), Sturgeon describe la existencia de unas criaturas vivas de forma cristalina, que son capaces de pensar y soñar, y estos sueños y pensamientos los materializan en su mundo alrededor, siendo en un primer examen absolutamente indistinguibles de los objetos materiales propiamente tales. Es decir, tenemos acá una fantasía idealista y filosófica con ropajes de Ciencia Ficción, algo inusitado para la época. Pero su obra más reconocida es "Más que humano" (1953), en la que un grupo de descastados sociales en nuestra sociedad presente descubren que poseen poderes sobrehumanos (capacidad de teletransportarse, telepatía, etcétera), y se van ensamblando poco a poco en un organismo que es más de la suma de sus partes (los humanos que los componen, en este caso). Aunque el tema daba para un tratamiento al estilo superheroico, como hubiera sido en la Edad de Oro, y como de hecho será después con los mutantes de "X-Men", Sturgeon opta por un enfoque humanista y sociológico, teñido de melancolía. Al igual que el resto de los autores reseñados en este capítulo, Sturgeon estaba focalizado en el ser humano y en sus debilidades, y la Ciencia Ficción pasaba casi a ser un decorado sobre el cual tratar otra clase de preocupaciones que no tenían mucho que ver con el progreso tecnológico en sí.

Próxima entrega: "Dos de los Tres Grandes".

viernes, 28 de enero de 2011

CdA 104 - Luz de Sotis.


ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”. Olegario Ferrer sigue a Vania, y en recompensa se gana una brutal paliza de Melissa. Goloso husmea en Corona de Amenofis, y se encuentra con Hernán, quien resulta ser fóbico a los gatos, ofendiendo así el amor propio del gato. Todo esto es vigilado por Klunn. Mientras Reginaldo soporta los avances sexuales de Rafael, Amanda Caballero recibe a Isócrates, un prisionero del planeta Missel que conoce su verdadera identidad

“Luz de Sotis”

Un nuevo camión de mudanza apareció el Martes siguiente, seguido de otro automóvil. Esta vez, los nuevos residentes eran un cincuentón, y una señora que bien podía ser una octogenaria. El hombre en los cincuenta, con canas quizás un tanto prematuras, vestía una correcta sotana, y era persona de gestos lentos y medidos. Ayudó a la octogenaria a bajarse del automóvil, y le alcanzó un bastón para que le sirviera de apoyo.

–Vamos, mamita, yo la ayudo.

–No se preocupe, mijo– dijo la señora, y empezó a caminar con pasos temblorosos.

Mientras tanto, en la casa de Hernán y Jacinta, aprovechando que su marido estaba trabajando, ella ponía la ropa sucia en un cesto para llevarla a la lavadora. Con un “¡en qué estoy pensando!”, tomó una camisa blanca y la separó del resto, para lavarla a mano. Pero al tomarla, notó una delicada mancha rosácea en el cuello.

–¿Será…?– se preguntó Jacinta, mirándola con detención. Podía ser lápiz de labios, pero podía también no serlo: la mancha estaba demasiado deslavada para determinarlo.

En ese minuto, el ruido exterior la distrajo. Casi por automatismo dejó la camisa y la ropa, y salió al exterior, olvidándose por un minuto de sus sospechas.

–¡Buenos días! Soy Jacinta. ¿Puedo ayudarles en algo? ¡Oh, usted es…! Es un sacerdote, ¿verdad?

–Sí, soy el padre Genaro. Ella es mi mamita, doña Eduvigis.

–Mucho gusto– dijo doña Eduvigis con voz temblorosa.

En la cama de su propio departamento, Reginaldo se despertó. Descubrió que Rafael seguía a su lado.

–¡Rafael! ¿No se supone que debías ir a trabajar?

–Soy mi propio jefe, puedo tomarme el día libre– dijo Rafael. –¿Qué tal si…?

–Ahora no. Parece que llegó alguien más. Puede que necesite nuestra ayuda– dijo Reginaldo, vistiéndose rápidamente.

–Yo también te necesito– dijo Rafael, insinuante, tratando de acercarse a Rafael para darle un beso en el pecho.

Reginaldo se apartó con brusquedad, y Rafael se quedó mirando al vacío, con los ojos llorosos.

El padre Genaro saludó cordialmente a Reginaldo, pero al ver salir a Rafael lloroso e implorante tras él, su gesto se agrió, y rezó internamente para que alguien más viviera en esa casa, y la idea de que dos maricones convivieran en pecado mortal fuera tan sólo un sucio pensamiento que se le pasó por la cabeza, y nada más.

Goloso, por su parte, husmeaba con precaución entre las cajas. Uno de los mozos, al verle, dejó caer una caja torpememente. De su interior se derramaron varios libros, algunos de ellos con tapas duras y papel decimonónico. Al ver esto, Goloso saltó de alegría. Luego miró a Genaro. Era un sacerdote. Volvió a mirar los libros: la mayor parte de ellos eran textos cristianos: Agustín, el Aquinate, Anselmo… Goloso suspiró.

–Un sacerdote… Podría haber sido peor. Podría haber sido un mormón…

OxxxOxOOOxOxxxO

Aquella tarde, en la Escuela de Pedagogía de la UNJW (Universidad Neoclásica Joaquín Winckelmann), el profesor de la cátedra de Literatura Inglesa salió algo cansado. Como su ramo era electivo, jamás tenía muchos alumnos, y además, éstos solían ser poco responsables. La UNJW era una universidad privada y cara, y por tanto, era opción sólo para los estudiantes flojos y con dinero. El profesor generalmente se daba vueltas todo el año con Shakespeare: hablarles de Chaucer, Dickens o Shelley a aquellos borregos hubiera significado reventarles sus escasas neuronas. Por eso, cuando apareció Leoncio, se sintió feliz. Leoncio no estudiaba nada relacionado con Literatura, y quizás por eso, sabía más Literatura que quienes se atenían a un programa de estudios convencionales.

–¡Hombre, tanto tiempo! ¡En qué estás, Leoncio!

–¡Pablo, cómo estás! Vengo a mostrarte algunas cosas.

–¿Ah, sí? ¡Vamos a tomarnos un café!

En un salón de té ubicado algo más allá de la UNJW, ambos empezaron a conversar.

–¿Y cómo va tu novela, Pablo?

–Bien, bien… Ya estoy terminando por fin el cuarto tomo. Ahora sólo me quedan ocho…

–Eso si es que no vuelves a alargar tu proyecto. La idea original eran… ¿cuatro, cinco?

–Cinco. Pero será una saga espectacular, de eso no te quepa duda. Doce novelas épicas que en total cubran la historia completa de Inglaterra, desde la dominación romana hasta los Beatles… ¡Pero cuéntame de lo tuyo, Leoncio! ¿En qué estás? ¿Estás escribiendo algo nuevo?

–Sí, algo nuevo. Es un folletín, un folletín para ser publicado en un blog.

–¡Ah, vaya! Cuéntame.

–Es… ¿Cómo definirlo…? Mira, quise hacer algo así como… Un folletín tiene que tener muchos personajes y muchas tramas distintas, y pensé que lo mejor era recluir a un grupo de personajes en un lugar. O sea, un grupo de personajes varados en un lugar.

–¿Algo así como “Lost”, dices tú? ¡Qué serie tan infame…!

–No es tan mala… No es tan buena, tampoco. Pero en fin. Pensé que un condominio sería el lugar ideal. La fórmula funciona en las teleseries nacionales, ¿por qué no me iba a funcionar a mí? Y el resto de la inspiración me vino cuando por accidente vi un episodio de “Melrose Place”… La están dando en el Sony, como a las ocho de la mañana.

–¡A las ocho! Nunca te imaginé despierto tan temprano.

–A veces me acuesto a esa hora. Pero eso no importa. Decidí que esta historia iba a ser un folletín estilo Melrose Place, pero con marcianos. Así es que la trama es como sigue: el condominio es en realidad una cárcel extraterrestre, y algunos de sus residentes son prisioneros de otro mundo, exiliados en la Tierra.

–¡Pero mira…! ¡Es una locura! ¿Y cómo piensas llamarla?

–“Luz de Sotis”.

–No es un título muy vendedor…

–No importa. Es algo demasiado jalacables como para que alguien la lea, de todas maneras. Pero me hace feliz escribirlo, y con eso estoy más que recompensado.

–¿Y a dónde apunta todo?

–No lo sé… El último episodio que escribí, se trata de que uno de los residentes de “Luz de Sotis” escribe una historia sobre un autor de Viña del Mar, que al mismo tiempo escribe una historia llamada “Corona de Amenofis”… Como el condominio en donde vivo. Pura referencia metatextual dentro de otra referencia metatextual.

–Parece una locura. Es realmente una locura, no puedo decirte una cosa por otra.

–¿No te parece interesante?

–¡Interesante si es, eso sí! Pero no sé si alguien lo vaya a leer…

Y sí. Alguien había decidido “perder su tiempo” leyendo “Luz de Sotis”. Su nombre era Flenn. Y trabajaba mano a mano con un completo equipo de analistas que comprendía historiadores, arqueólogos, psicólogos, antropólogos y sociólogos que buscaban claves para entender qué diablos ocurría dentro de las paredes de Corona de Amenofis.

En ese minuto, el nanocomunicador sonó. Antes de contestar, Flenn despidió al equipo:

–Cinco minutos de descanso.

Y luego habló en privado, de cucaracha a cucaracha, con Klunn:

–Aquí Flenn...

Próximo capítulo: "El baile de las cucarachas".

COMENTARIO DEL AUTOR: Lo que inicialmente partió como un chiste metatextual (que nuestro propio universo fuera en realidad las historias contadas en un blog escrito desde nuestro propio universo), a la larga terminaría transformándose en un punto pivotal. Cuando inventé el personaje de Leoncio, ni siquiera tenía claro cómo lo iba a utilizar, salvo que iba a ser un personaje secundario, ensimismado en sus escritos y más bien lejano a las tramas principales de la blogoserie. ¡Cuán equivocado estaba en ese entonces...!

martes, 25 de enero de 2011

Rebelión en Magallanes o la misma vieja historia.


El primer año de Sebastián Piñera instalado como Presidente de Chile en el Palacio de la Moneda ha sido bastante conflictivo, por decirlo en términos moderados. No pocos hacen mofa de que la "nueva forma de gobernar", cual fue su eslogan de campaña, ha significado enormes quebraderos de cabeza para el Gobierno, así como no pocas perturbaciones para la nación en general. Y ahora, en enero de 2011, se compraron un nuevo problema: Magallanes. Bastó que se anunciara el recorte de un subsidio para el gas en Magallanes, para que la provincia entera se alzara en pie de guerra. La batalla por un recurso esencial para la zona (después de todo es la región más fría y necesitada de calefacción en Chile) acabo degenerando en un episodio más de una contienda más antigua y más abierta que recorre por completo la historia patria. Porque no nos engañemos, la pugna de una región contra la capital ha sido la tónica constante en la ya bicentenaria historia de Chile, y por lo tanto, este cuento no es nuevo, sino que viene a ser la enésima reedición de la misma eterna batalla de siempre.

Hagamos un poco de historia. Aunque la fecha "oficial" de la independencia de Chile es 1810, los movimientos en esa dirección comenzaron con la rebelión soterrada de los aristócratas contra el Gobernador García Carrasco en 1808. Más allá de la inepcia y falta de tacto mostrada por García Carrasco en su actuación, lo que llevó a su caída y a la instauración de la Junta de Gobierno de 1810, dicho movimiento no fue la nación chilena sublevada contra la opresión española, como la mitografía histórica nacionalista posterior ha pretendido en muchas ocasiones reseñar. En realidad, las convulsiones políticas y militares que acompañaron al gran movimiento revolucionario que comenzó en 1808 no acabó sino con un nuevo autoritarismo, el del gobierno de Diego Portales a partir de 1831 (no nos engañemos: el Presidente José Joaquín Prieto era casi una marioneta, y el verdadero poder en las sombras era el ministro Portales) y la Constitución Política portaliana de 1833. Se ha observado, y no sin razón, que las Constituciones de 1925 y 1980 en realidad son más adecuaciones del viejo texto portaliano a los nuevos tiempos, que verdaderas revoluciones institucionales que hayan refundado a la Patria de arriba abajo.

Este ethos autoritario de la Historia de Chile se traslada a la geografía. En la época de la independencia del Imperio Español, aunque teóricamente Chile limitaba con el Perú en el Despoblado de Atacama y llegaba hasta Magallanes, en la práctica abarcaba sólo la zona entre La Serena y Concepción. Más al norte no había nada de interés para que el Estado de Chile o cualquier Estado se interesara (y cuando surgió el guano primero y el salitre después, Chile se expandió militarmente acorralando de paso a Bolivia en su altiplano), y al sur estaba la hostilidad de los mapuches, que eran independientes y tardarían decenios en ser sometidos. La nación chilena era así geográficamente homogénea, con mucho campo y zona rural, y unas pocas ciudades dedicadas a la vida comercial e industrial. No es raro que la institucionalidad forjada en 1831-1833, tendiera a considerar a Chile como una nación unitaria y homogénea en lo geográfico, en lo demográfico, en lo étnico, en lo idiomático y en lo social.

Y con ese modelo y esquema de lo que según algunos debe ser Chile, llegamos hasta la actualidad. Una en la que casi la mitad de la población de Chile vive en Santiago. Pregúntenle a cualquier provinciano, y les dirá unánimemente que odian a Santiago como ciudad para vivir, debido a su hipertrofia y pésima calidad de vida. Pero aún así, la gente sigue yéndose a Santiago. ¿Por qué? Porque en Santiago hay trabajo y hay oportunidades. ¿Y eso por qué? Simplemente porque el modelo autoritario manda que se debe centralizar todo en Santiago, además de tratar a toda la nación por igual, como si todas las ciudades y regiones tuvieran igualdad de oportunidades para el desarrollo. En consecuencia, Santiago se lleva la parte del león, aprovechando esa relativa igualdad de trato junto a sus ventajas competitivas para seguir drenando energía vital del resto de Chile. Quedarse en las provincias de Chile es morir un poco, y quedarse en provincias tan extremas como Arica o Magallanes, es casi morir del todo.

El choque entre Magallanes y Santiago en torno al precio del gas, tiene mucho que ver con esa incomprensión entre los autoritarios de Santiago que siempre han cortado a su antojo el queque de Chile, y los provincianos que deben hacer lo imposible para medrar y defenderse de sus atropellos. Desde Santiago el Gobierno dijo que iba a retirar los subsidios para el gas en Magallanes. Detrás de esta decisión, más allá de factores económicos, subyace la ideología inconsciente de que ninguna región de Chile debería tener un tratamiento especial, porque la Patria es una (los conceptos políticos portalianos, una vez más en acción). Los magallánicos, conscientes de que su región está más o menos depauperada, que Santiago no se preocupa mucho de ellos, y además que con ello sólo se conseguirá encarecer la vida en dicha región, hicieron lo que cualquiera hubiera hecho para defender sus personas, su hogar y sus familias: se volcaron a las calles para hacer presión. Por alguna razón, cuando la defensa de la propiedad es la propiedad de los santiaguinos, ahí sí que está bien, aunque sea a balazo limpio, pero cuando un provinciano quiere defender su propiedad respecto de la voracidad de los santiaguinos, ahí pasa a estar mal, y que los medios de comunicación no los muestren para que alguien no vaya a pensar que son héroes. Pero no contaron con Facebook, Twitter, los blogs y toda la parafernalia de las redes sociales, de manera que la gente del resto de Chile acabó por enterarse de lo mismo, lo que debió haber tomado por sorpresa a los políticos acostumbrados a tomar medidas en contra de la población entre cuatro paredes y convencidos de que nadie nunca jamás se enterará.

En esta crisis, ante el escándalo masivo incluso a nivel internacional, el Gobierno debió echar pie atrás. Pero no por siempre. En este año, o el próximo, o en alguno de los siguientes, incluso ahora mismo, el Gobierno (y da lo mismo cuál sea su signo, si de derecha o de izquierda, porque esto es Chile) llevará a cabo alguna otra iniciativa de sesgo portaliano, autoritario y antidemocrático, imponiendo lo que se supone es lo mejor para Chile en vez de ir y preguntarle a la gente que es en verdad Chile. Y habrán nuevas rebeliones sociales. Y quizás más graves. Porque eso de que Chile es un paraíso de estabilidad institucional está bien para enseñarlo como eslogan en los colegios, pero sabemos que ninguna estabilidad institucional se consigue con palabras de buena crianza y bellas intenciones: algún muerto debe quedar siempre en el camino. O como en el caso de Magallanes, dos muertas.

domingo, 23 de enero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 21 - El historiador del futuro.


Si Ray Bradbury representaba el pesimismo más radical en materia de Ciencia Ficción, su contemporáneo Isaac Asimov (contemporáneo exacto, porque nacieron en el mismo año: 1920) representa la prolongación del tecnooptimismo campbelliano. En muchos sentidos, Isaac Asimov es el escritor definitivo y más reconocible de la Edad de Oro, y uno de los más importantes de la Ciencia Ficción entera. Se puede discutir (y de hecho se discute) sobre su calidad literaria como escritor, pero si no es el mejor escritor de Ciencia Ficción de todos, sí es el más representativo de ellos, y también probablemente uno de los más vendidos y comprados en toda la historia del género.


Isaac Asimov nació en Rusia, en 1920, pero a los tres años su familia emigró a Estados Unidos. Asimov creció con una viva admiración hacia su patria adoptiva, a la que terminó por hacer suya. También se volvió un creyente ferviente en los principios que inspiraron la fundación de los Estados Unidos: el respeto a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad. Fue también un escritor de fuertes convicciones humanistas, y un defensor a ultranza de la ciencia y de sus beneficios para la raza humana, aunque nunca se cegó hasta el punto de no advertir sobre los potenciales peligros en el uso de la misma para la destrucción.


Asimov rondó a los Futurianos y empezó a vender relatos para John W. Campbell. Su primer aporte mayor a la Ciencia Ficción fueron sus cuentos de robots. Hasta el minuto, las historias de robots seguían el patrón de "Frankenstein" y de "R.U.R.", en cuanto a ser máquinas que al tomar conciencia de sí mismas, se rebelan contra el ser humano y lo asesinan. Asimov diseñó (con mayor o menor aporte de Campbell, a según las versiones) las famosas Tres Leyes de la Robótica, que permitirían a los robots trabajar con los seres humanos sin que se rebelen contra la Humanidad. Un buen puñado de estos cuentos fueron publicados en su libro "Yo, Robot" (1950), un clásico indiscutible dentro de la literatura de robots, en los cuales Asimov explora hasta el límite sus distintas posibilidades.


El gusto de Asimov por la Historia le inspiró a componer una especie de "historia del futuro", lo que le daría ventaja para no tener que documentarse en demasía sobre el pasado. Eligió como tema el material escrito en "La decadencia y caída del Imperio Romano", del historiador dieciochesco Edward Gibbon, trasladando estos hechos y escenarios a una ambientación futurista y galáctica, y así nació la saga de las Fundaciones. Los primeros ocho relatos de la misma fueron publicados como tales en la revista "Astounding Science Fiction", pero luego fueron compilados en tres tomos, que fueron publicados como la Trilogía de la Fundación ("Fundación" en 1951, "Fundación e Imperio" en 1952, y "Segunda Fundación" en 1953). La trama de la saga gira en torno a la decadencia del Imperio Galáctico, controlado desde el planeta-ciudad de Trantor. El psicohistoriador Hari Seldon prevee, gracias a la ciencia de la psicohistoria, la llegada de una barbarie que durará treinta mil años. Para reducirla a apenas mil, diseña un plan de emergencia: crea una Fundación que mantendrá la cultura entre sus muros, y manejando ecuaciones psicohistóricas, podrá ser la semilla de un nuevo y futuro Imperio Galáctico (un poco a la manera de los monasterios que mantuvieron la cultura grecorromana viva en la Edad Media).


Mucho después, Isaac Asimov expandió este esquema con secuelas y precuelas, además de conectar la saga de la Fundación con historias de la creación del Imperio Galáctico, e historias incluso anteriores, sobre la Humanidad y los robots. Así, el universo asimoviano creció hasta alcanzar cerca de una quincena de libros, que describen miles de años de historia galáctica, desde la colonización del espacio por parte de la Tierra hasta la barbarie posterior al Imperio Galáctico. Otros escritores han escrito aún más material, haciendo crecer el universo todavía más. Con esta saga, es justo afirmar que Isaac Asimov agotó en un solo gran universo narrativo, todas las posibilidades literarias que le cabían a la Edad de Oro. A partir de entonces, a la Ciencia Ficción no le quedaría otro remedio sino evolucionar en otra dirección.

Próxima entrega: "Rumbo a la Sociología".

viernes, 21 de enero de 2011

CdA 103 - Quién es Almendra Caballero.


ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”. Ante la extorsión de Vania, Hernán decide contratar al investigador privado Olegario Ferrer para investigar su pasado. Al tiempo llega la familia de Adalberto y Patricia, la cual incluye a Goloso, un gato aficionado a la literatura clásica. Y llegan Rafael y Reginaldo a ocupar otro departamento. Todos estos movimientos, así como la aparición de Almendra Caballero, administradora de Corona de Amenofis, son observados por Klunn, la cucaracha.

"Quién es Almendra Caballero"

Aunque trabajar no era exactamente lo suyo, y los casos de seguimiento solían aburrirle mortalmente, Olegario Ferrer se puso manos a la obra. Necesitaba el dinero, los clientes no fluían como debían, y además tenía mucho tiempo libre. Era eso, o seguir jugando al solitario en su escritorio. De esta manera, se puso a seguir a Vania. Los primeros días no sacó demasiado en limpio. Las costumbres de la chica incluían salir de compras, conversar en los salones de té, y llamar diariamente a Hernán para seguir manteniéndole en vilo. Su mejor amiga era Melissa, quien solía acompañarla cuando salía. De Melissa era poco lo que podía decirse, en realidad, salvo que parecía ser una fanática del gimnasio, algo que se notaba por su figura delineada con trazos firmes, y lo bien tonificado de sus músculos.

De esta manera llegó el Viernes en la noche. Olegario Ferrer se preguntó si saldrían a alguna discoteca o algo así, pero Vania se encerró temprano en su casa, y Melissa tomó su propio vehículo. Olegario Ferrer, suspirando, se dispuso a iniciar la guardia nocturna.

En ese instante, sintió pasos detrás suyo. Alguien pretendía acercársele con sigilo. Se dio vuelta e intentó contraatacar, pero era demasiado tarde: ingresó una ensalada de nudillos en su boca, y sintió el gusto de su propia sangre. Antes de poder reaccionar, estaba recibiendo una brutal paliza.

Lo último que vio, medio turulato y antes de perder el conocimiento, fue el rostro de Melissa, cuya boca decía:

–Deja de seguir a Vania. Déjala en paz.

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En aquellos días, por su parte, Goloso había comenzado a acostumbrarse a su nueva vida en Corona de Amenofis. Si es que aquello podía ser llamado “vida”, según su talante señorial. Había salido a iniciar sus rondas, y en una de ellas, llegó hasta el departamento de Hernán y Jacinta.

Hernán estaba en el balcón. Apenas Goloso saltó al mismo desde una baranda, Hernán saltó hacia atrás, asustado.

–¡Vamos, lárgate, lárgate! ¡Andate, gato maldito! ¡Andate!

Goloso lo miró con curiosidad.

Ante los gritos, Jacinta salió al balcón. Moviendo la cabeza negativamente, intentó tomar a Goloso en brazos, pero éste salió arrancando antes que eso.

Hernán estaba sudando. Jacinta se le acercó con una servilleta.

–Esa fobia a los gatos, mi amor…– dijo Jacinta, sonriendo.

Goloso, mientras tanto, miró hacia el balcón desde el patio.

–Humano raro– se dijo a sí mismo. No alcanzó a olfatearlo, pero podría jurar que había sentido un olor raro en Hernán, algo que… No, realmente no sabía de qué. Y no le importaba.

¿O sí? ¡Goloso, él, el gato más inteligente de todos, RECHAZADO! ¡Por supuesto que era algo que le importaba! Ese humano sabría quién es Goloso. Ya lo sabría.

A lo lejos, Klunn la cucaracha contemplaba la escena con satisfacción. Goloso y Hernán eran parte de un mismo esquema: mientras más interaccionaran, más seguro era que los acontecimientos terminaran precipitándose como estaba planeado.

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Mientras tanto, en su departamento común, Rafael se acercó a Reginaldo.

–Oye, ¿y no te tienta hacer algo en la noche?

–Me duele la cabeza, ¿por qué no vemos mejor una película?– contestó Reginaldo con brusquedad.

–¿Por qué me tratas así?– preguntó Rafael, y al añadir lo siguiente, toda su masculinidad se fue al tacho: –¿Acaso ya no me amas?

Reginaldo miró a Rafael con dureza.

–¿Sabes una cosa, Rafael? A veces no te soporto.

–¡Fue tuya la idea de mudarnos acá, a Corona de Amenofis!– dijo Rafael. –¡Si quieres, me largo! ¿Está bien así?

Reginaldo miró a Rafael ahora con preocupación.

–No, no te vayas– dijo. Y luego añadió en voz muy baja: –Te necesito.

Los ojos de Rafael se llenaron de lágrimas. Intentó sonreir.

–¿De qué me quieres vestir hoy en la noche?– preguntó Rafael, rendido.

Reginaldo suspiró. Si Rafael supiera la verdadera manera en que Reginaldo lo necesitaba… Siempre era mejor estar amarrado a Rafael, por muy desagradable que fuera llevar una existencia homosexual, que acabar en una cámara de vaporización en Missel.

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Entretanto, en Santiago de Chile, el siguiente vuelo procedente desde Londres estaba por llegar a la pista. Al abrirse la puerta y comenzar a salir los pasajeros, Almendra Caballero se levantó con toda la dignidad que pudo. Al ver llegar a los dos pasajeros que esperaba, trató de sonreir, pero fue una sonrisa gélida, glacial.

–Carmiel…– dijo Almendra Caballero, dirigiéndose al miembro de la pareja que parecía estar dirigiendo al otro.

–Ya sabes que está prohibido usar nuestros nombres verdaderos aquí en la Tierra, Almendra– dijo Carmiel, con seriedad.

–Tú debes ser… ¿Qué nombre te pusieron aquí? ¿Isócrates?– preguntó Almendra Caballero, ignorando a Carmiel y hojeando sus papeles.

–Isócrates– confirmó el aludido con fiereza.

–El camino a Viña del Mar es largo. Vámonos– dijo Almendra Caballero.

Almendra Caballero estaba cansada, muy cansada. Había manejado desde Viña del Mar, y ahora, casi sin descanso, tenía que manejar de regreso. Pero era necesario. Carmiel tendría que vigilar a Isócrates.

–Almendra, Reginaldo, Isócrates… ¿Quién demonios asigna nuestros nombres terrestres?– preguntó Isócrates, con demasiada socarronería para ser lo que podría llamarse un prisionero doblegado. Y apostilló a continuación: –Los terrestres los encuentran ridículos y cursis.

–La Tierra fue elegida por estar a mucha distancia del planeta Missel, y una de las consecuencias de eso es que en Missel la información sobre la Tierra es muy imperfecta. Creo que sacan los nombres de libros de historia o algo así– dijo Almendra Caballero, fastidiada por verse en la obligación de repetir lo que todos ya sabían. Aunque, en verdad, nadie le había pedido que hiciera eso.

–Sigo pensando que es una idea estúpida.

Aquel comentario insolente por parte del prisionero terminó de sacar de sus casillas a Almendra Caballero.

–Muy bien– dijo ella, adoptando ahora un tono oficial, y sin despegar la mirada del frente de la Ruta 68, por la que conducía a una velocidad bastante alta, considerando que era de noche. –A partir de ahora eres un prisionero condición T-21. Tu nueva vivienda es Corona de Amenofis, y tu radio de acción máximo es Viña del Mar. Trata de salirte, y perderás todos tus derechos y ciudadanía, lo que significa que serás cazado y exterminado. Los terrestres no pueden enterarse de tu condición alienígena. También tienes prohibición de usar tecnología misseliana en particular, y no terrestre en general. La pena para eso es la vaporización instantánea. Encontrarás que, considerando la magnitud de tus crímenes, Corona de Amenofis es un más que satisfactorio lugar para cumplir tu pena. Tienes derecho a una visita oficial una vez al año para revisar las condiciones de tu pena, y determinar si debe ser agravada o no. ¿Está todo entendido, Isócrates?

–Entendido, Sarma– dijo Isócrates, abriendo la boca en una sonrisa que mostraba sus dientes de manera desagradable.

Al oir esto, Almendra Caballero estuvo a punto de salirse de la carretera y volcar; trabajo le costó volver a tomar el control del vehículo. ¿Cómo rayos sabía el prisionero su verdadero nombre? ¡Se suponía que aquella es información clasificada! ¡Maldito, maldición! ¡Algo andaba muy mal!

Próximo capítulo: "Luz de Sotis".

COMENTARIO DEL AUTOR: Mientras que los dos episodios anteriores fueron un tanto duros de escribir, el primero por ser un piloto y el segundo por tener la responsabilidad de darle la patada inicial a varias tramas distintas, éste se escribió bastante fácil. Un comienzo potente y un buen continuará (al menos yo creo que es bueno) consiguieron el milagro. En la segunda versión, este capítulo no requirió demasiadas revisiones: la más importante de todas es corregir el diálogo entre Carmiel, Isócrates y Almendra Caballero, ya que a según cómo se desarrollaron después las personalidades de cada cual, parecían estar bastante mal asignados. Pero incluso los diálogos se mantuvieron prácticamente igual (sólo que cambia el personaje que los emite, en algún caso).

miércoles, 19 de enero de 2011

"Los masacroides".


Ti-Tirirí-Tirirí-Titiiiiií…

PREVIOSLY ON “THE MASACROIDS”!!!:

¡¡¡PITIÚ-PITIÚ-PITIÚ!!! – ¡Capitán, nos están disparando! – ¡Dénles, dénles con todo! – ¡No podemos, son demasiados!

¡Reina Uhuramidala, sé que en el interior de la Federación Unida de Planetas hay un traidor que…! Activar protocolo de traición… – ¡Izzia! ¡Qué te pasa! ¡Izzia, no, agh…!

¡Por el Gran Dios Pagano! ¡Han matado a la Reina Uhuramidala! – ¡Ustedes, bastardos!

¡Capitán, el agujero negro está plagado de energía argoneónica! ¡Si entramos por él y ajustamos los parámetros del hiperpedal, podremos usarlo como un pasadizo y llegar hasta el otro lado! – ¡Háganlo!

Por fin… Por fin ha llegado el día… ¡¡¡EN QUE LOS MASACROIDES ESTÁN EN MI PODER!!! ¡¡¡ANIQUÍLENLOS!!! ¡¡¡MATEN A LOS MASACROIDES!!! Los quiero a todos… ¡¡¡MUERTOS!!! ¡¡¡MWA-HA-HA-HA-HÁ!!! ¡¡¡MWA-HA-HA-HA-HÁ!!!

Ti-Tirirí-Tirirí-Titiiiiií…

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

When you are tryiiiiiing to fly… over the space…

You will leaaaaaarn all the secrets on your face…

You are ready to bloooooow all the planets…

For honor… and justice… for aaaaaall…

MASACROID!!! You are a Masacroid… Killing enemy agents – Taking lovely women…

MASACROID!!! You are a Masacroid… Facing always the danger – Hating all the strangers…
MA – SA – CROOOIIIIIID…!!!

¡¡¡LOS MASACROIDES!!! – EL EPISODIO DE ESTA NOCHE… “EL DESAFÍO DE LOS MASACROIDES”.

¡¡¡FZZZZZUUU… ZZZZZZZUUUUUU… ZZZZZZUUUUUU…!!!

¡Es inútil! ¡La nave no resistirá! – ¡Debe resistir, maldita sea, debe resistir! – ¡Están entrando por atrás! – ¿Qué cosa? Espero que sea pelirroja y de piel verde, o si no… – ¡No, capitán! ¡Naves borgianas!

¡¡¡PITIÚ-PITIÚ-PITIÚ!!!

¡Nos disparan! – ¡Respondan al fuego! – ¡Señor, si disparamos, nuestros escudos se caerán y el agujero negro nos hará pedazos! – ¡Entonces cómo demonios disparan ellos! – ¡Lo estoy investigando, lo estoy investigando!

¡Campo de fuerza al 79%! – ¡Maldita sea, trata de evitar esos impactos! – ¡No puedo, capitán, no puedo! – ¡Hágalo, maldita sea, hágalo…!

¡¡¡NO PUEEEEEEDOOOOOO!!! ¡¡¡BUAAAAAÁ!!!

¡Yubumba! ¡Contrólese! Usted no es un soldado común. Usted es un masacroide. Ser un masacroide significa ser… ¡¡¡UN HÉROE!!! – Tiene razón, capitán… Por favor, perdóneme – No importa. Todo hombre tiene derecho a un momento de cobardía. Pero recuerda… ¡Un masacroide va allí donde va su corazón!

Ti-Tirirí-Tirirí-Titiiiiií…

¡¡¡PITIÚ-PITIÚ-PITIÚ!!!

¡Capitán, estamos cayendo al 42%! ¡Unos disparos más, y estaremos muertos!

¡Un momento, cesaron de disparar! ¡Están tratando de comunicarse!

¡Pronto, póngalos en pantalla!

¡De manera que volvemos a vernos las caras, capitán Blackheart! – Comandante Aleph. Sólo un comandante del planeta Borges podía ser un reptil tan repugnante como usted. – ¡Oh, no me halague, capitán Blackheart! Como podrá ver, aquí en el interior del agujero negro, nosotros poseemos tecnología que ustedes los terrícolas no! ¡Ríndase, capitán Blackheart, y rinda la Tierra de paso! – ¡Jamás, Comandante Alpha! ¡Somos Masacroides! ¡Los Masacroides nunca se rindan! ¡Porque… UN MASACROIDE VA ALLÍ DONDE VA SU CORAZÓN! ¡¡¡VIVA LA TIERRA, VIVAN LOS MASACROIDES!!! – Usted… lo… ha… querido… capitán Blackheart. ¡Activen el rayo tractor!

¡Capitán! ¡Somos prisioneros de su rayo tractor! ¡Nos están jalando!

Maldita sea… Comandante Aleph, te lo juro, te juro que si este es nuestro último encuentro, entonces aquí termina todo. Porque aunque nos elimines a todos los Masacroides, yo personalmente me encargaré de matarte con mi último suspiro…

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

Dios Santo… ¡Qué ha pasado! – ¡Izzia ha matado a la Reina Uhuramidala, Congresista Supremo! – ¿Qué? – ¡Izzia ha matado a la Reina Uhuramidala, Congresista Supremo! – Pero… Cómo… Por qué… – No lo sé. Sólo sabemos que… Izzia… La amante esposa del capitán Blackheart de los Masacroides… ¡Es una traidora! – Entonces sólo queda un remedio… ¡Adamson! ¡Proclama un decreto! A partir de ahora… ¡¡¡LOS MASACROIDES ESTÁN FUERA DE LA LEY!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡El rayo tractor nos sigue tirando! ¡Capitán Blackheart! ¡Qué haremos! – ¡Prepárense para el abordaje! ¡Lucharemos hasta el último! ¡Somos Masacroides, la última línea de defensa de la Tierra! ¡Y lucharemos como masacroides hasta el fin!

(Izzia… mi amada… la de labios con bótox y senos turgentes… perdóname… esta vez… no podré volver a casa… contigo…).


¡¡¡NO SE VAYA DE NUESTRA SINTONÍA!!! AL REGRESO VOLVEREMOS CON MÁS… ¡¡¡LOS MASACROIDES!!!

¡¡¡SEGUIMOS CON… LOS MASACROIDES!!!

Capitán… Siguen tirándonos con el rayo tractor. ¡Los sensores indican que tienen los ganchos cinergéticos para abordarnos! – Millaqueo… – Sí… capitán… – Enfile la nave en curso de colisión contra la nave almirante del Comandante Aleph. – ¿Capitán? – ¿No me oyó, Millaqueo? ¡Dije que enfile la nave en curso de colisión contra la nave almirante del Comandante Aleph! – Sí… capitán. Ah… capitán… – ¿Sí, Millaqueo…? – Fue un honor haber servido con usted. – ¡Ha sido un honor para mí también, capitán Blackheart! – ¡Y para mí también, capitán…!

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

Para mí también fue un honor, caballeros. Prepárense a… – ¡Capitán! – ¿Qué pasa, Bulb? – ¡Ocurre un extraño fenómeno aquí en el interior del agujero negro! ¡La energía del rayo tractor…! ¡La estamos absorbiendo! – ¿Qué cosa…? – ¡La energía del rayo tractor está alimentando nuestros cristales de macgufinium! ¡Podemos darle impulso extra a nuestros motores sin comprometer el escudo! – ¡Excelentes noticias, Bulb…! ¡Hagámoslo entonces! ¡Máxima potencia a los motores! ¡Hiperimpulso!

CHÁCHACHA-CHÁCHACHA-CHACHA-CHÁCHACHA-CHÁCHACHA-CHACHA… PIIIIII… PIRIPIIIIIÍ…

¡Hiperimpulso al máximo! ¡Curso de colisión contra la nave almirante! – ¡Sí, señor!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡Qué está haciendo ese lunático, Malvadus! – ¡No lo sé, Comandante Aleph! ¡Vienen a estrellarse con nosotros! ¡Evádanlos, maldita sea, evádanlos…!

¡¡¡KAAAAAA-BRUM!!! ¡¡¡BUUUUUUMMMMMM!!! ¡¡¡SQUAAAAAASH!!! ¡¡¡KJJJJJJJ!!!

¡Los escudos están aguantando! – ¿Daños, Yubumba…? – Menores, cubiertas 5 y 6.

¡¡¡EEEEEEHHHHHHH…!!!

¡Bulb! ¡Danos energía para salir de aquí! ¡Millaqueo, curso fuera del agujero negro! – ¡Sí, capitán Blackheart!

TATARARÁ-TATARARÁ-TARAAAAAARARARÁ…

¡Estamos saliendo, señor! Eh… ¡Señor! ¡No tenemos control! ¡Estamos a la deriva! – ¿En dónde salimos? ¡Contra ese planeta, señor! ¡Nos vamos a estrellar…!

¡¡¡NO SE VAYA DE NUESTRA SINTONÍA!!! AL REGRESO VOLVEREMOS CON MÁS… ¡¡¡LOS MASACROIDES!!!

¡¡¡SEGUIMOS CON… LOS MASACROIDES!!!

¿Quién es…? ¿Izzia…? ¡Izzia, qué pasa! ¡Estás llorando! – ¡Schwarzmann, debes ayudarme! – ¡Pero qué pasa, Izzia…! – ¡Schwarzmann… acabo de matar a la Reina Uhuramidala! – ¿Qué…?

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

Bueno… Esto… Lo solucionaremos. De alguna manera. ¡Ya lo verás! Lo haré por nosotros, Izzia. Ya lo verás. – ¡Pero lo nuestro es un amor prohibido, Schwarzmann…! Yo estoy casada con el capitán Blackheart… – ¡Ese bendito capitán de los Masacroides! ¡Estoy harto de escuchar de él! – ¡Schwarzmann… debes entender…! El es mi esposo. Y… lo amo. – ¿Después de lo que pasó entre nosotros, Izzia…? – ¡Estaba confundida! ¡Estaba obnubilada! Ese licor… que me dio Lesbia…! – Tú no me amas, Izzia. – ¡Schwarzmann, por favor, debes entender…! ¡Por qué tengo que elegir! ¡Por qué! – Porque ambos estamos destinados, Izzia, y lo sabes. Te he querido desde que eras una pequeña, desde que ibas en el Kindergarten de la Academia Espacial. Izzia… Deja al capitán Blackheart… ¿Qué puedes tener con él y su vida de constante peligro, aventuras y emoción afrontando el mal allí donde se encuentre y luchando por el honor, la justicia y el bien…? – Estoy cansada, Schwarzmann. Déjame ir a descansar.

TUUUUUU… TUTUTUUUUUÚ…

Aquí, Schwarzmann llamando… ¿Me escuchan, Hermandad del Mal…? Aquí, Schwarzmann llamando… – Aquí, Hermandad del Mal. Repórtese, Schwarzmann. – Todo ha salido bien. Izzia ha matado a la Reina, y ha venido hasta acá por ayuda. Ahora está descansando. Pronto, cuando todo esto salga a la luz… ¡Los Masacroides serán historia…!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡Rápido, fuercen la velocidad! ¡Estamos cayendo, estamos cayendo! – ¡Hacemos lo que podemos, capitán Blackheart…! ¡Oh, por el Gran Dios Pagano…! – ¡Es inútil! ¡Prepárense para un aterrizaje forzoso!

FIIIIIIIUUUUUUUUU… ¡¡¡SKCHJJJJJJJJJJJ!!!

¡Reporte de daños! – Cubiertas 1 a 3 seriamente dañadas, capitán. Reportes indican cuatro tripulantes muertos y 17 heridos de gravedad. – Cielos…

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

¿Oyeron eso…? ¡Qué está pasando afuera! – Tengo un mal presentimiento acerca de esto. – ¡Cardigan! ¡Extraño Misterioso! ¡Y tú, el de Chaqueta Roja! ¡Los tres conmigo! – ¡Sí, capitán!

TIRUUUUUÚ…

Este planeta me da escalofríos, capitán. Es como… es como… es como… ¿eh? ¿Qué…? ¡¡¡AGH!!! ¡¡¡NOOOO…!!! ¡¡¡CAPITÁN, POR FAVOR!!! ¡¡¡AUXILIO, AYÚDENME, SOCORRO!!! ¡¡¡AGH…!!! – ¡Capitán, agarraron al Chaqueta Roja! – ¡Vamos a salvarlo!

TÚ-TÚ-TUTÚ-TUTÚ.

¡¡¡Dispárenle a esa cosa, maldita sea!!! ¡¡¡Dispárenle!!! – ¡Capitán, me devora…! ¡Mis intestinos…! ¡Mis entrañas…! ¡¡¡MIS GÓNADAS NO, POR DIOS, LAS NECESITO PARA REPROD… AGH…!!! – Está muerto, Jim. – Lástima. Era un buen hombre. Lo conocí… en… un almuerzo.

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

Clip… Clap… Jjjjjj…

¿Qué hay en este cajón…? ¡Oh…! – ¡Sí, Izzia! ¡Has descubierto mi secreto! ¡Soy un agente al servicio de Borges! ¡Y yo te incriminé! – ¡Pero… Schwarzmann… por qué…! – ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Porque me rechazaste en la Academia! ¡Y preferiste bailar con ese tonto del capitán Blackheart! Y todos estos años he estado rumiando mi venganza. Y ahora… – ¡Qué vas a hacer! ¿Me vas a matar? – ¡No, querida! Te he lavado el cerebro. Tú eras la agente que usamos para matar a la Reina. Ahora, no hay lugar para ti en la Tierra porque eres una fugitiva. Sólo tienes una salida: venir conmigo a Borges. – ¡No! ¡Prefiero morir! – ¡Entonces que así sea…!

¡¡¡NO SE VAYA DE NUESTRA SINTONÍA!!! AL REGRESO VOLVEREMOS CON MÁS… ¡¡¡LOS MASACROIDES!!!

¡¡¡SEGUIMOS CON… LOS MASACROIDES!!!

¡Yo le pertenezco al capitán Blackheart! ¡Mi corazón y alma están con él! ¡Adelante, dispara, Schwarzmann, dispara! – Puede que tu corazón y tu alma le pertenezcan al capitán Blackheart, Izzia… ¡Pero tu cuerpo me pertenece a mí! – ¡Espera! ¡Qué haces! ¡Suéltame! ¡Me tratas como a una cualquiera! – En mis brazos, Izzia… ERES una cualquiera. – ¡Oh, sí, Schwarzmann, soy una cualquiera! ¡Vamos, maltrátame… pégame… castígame…!

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

¡Dispárenle a esa maldita cosa! ¡Dispárenle!

¡¡¡PITIÚ-PITIÚ-PITIÚ!!!

¡La matamos, capitán! – Muy bien, Misterioso Extraño. – Capitán Blackheart… Ha llegado el momento de… revelar… ¡Mi identidad! Porque yo soy… ¡Equis el Corsario…! – ¡Equis el Corsario…! Pero entonces tú… eres… – Sí… soy un Blackheart como tú… Yo soy tu padre…

TARARAAAAAÁ – TARARARA – TARARAAAAAÁ…

TIRIRAAAAAÁ – TIRIRAAAAAÁ… – TIRIRAAAAAÁ…

Eso estuvo bueno, nena. Deberíamos hacerlo más seguido, ¿no te parec…? ¡Pero qué te pasa, no me apuntes con esa arma, lunática! – Ahora, Schwarzmann… levántate y vístete. Me llevarás hasta el cuartel general de los espías de Borges en la Tierra. ¡Vamos, muévete, traidor!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡Por qué me has traído acá, padre! – Muy simple, hijo. Hace muchos años atrás, traté de advertir al Gobierno Unido de la Tierra sobre la amenaza de Borges, pero ellos no me escucharon. Les dije que, a diferencia de la gente de la Tierra, la gente de Borges lee y eso los hace inteligentes, y especialmente peligrosos. De manera que hice lo único que podía hacer para ganarme la confianza de los borgianos: volverme un renegado. Así es como me convertí en Equis el Corsario. – Padre… Y yo todos estos años había creído que nos habías abandonado… – Bueno… también está tu madre, pero eso es aparte. ¿Sigue viva, la vacallena esa? – Eh… Sí… Sigue viva. Trabajando en el laboratorio biológico. – En fin, qué importa. El caso es que investigué en secreto a los borgianos, y descubrí un planeta especial, un planeta único… Este planeta. Luego tenía que llegar acá, de manera que me infiltré entre ustedes, haciéndome pasar por ese náufrago espacial que había perdido la memoria… – O sea que… ¿tú eras el saboteador…? ¿El que estropeó los mecanismos reflex…? – Tenía que hacerlo, para que pasáramos por este agujero negro… – ¡Pudimos habernos matado! – Pero llegamos. – ¡Pero… Qué tan importante hay en este planeta para arriesgar así nuestras vidas, padre! – Este planeta es… ¡Su Biblioteca! ¡Estás en la Biblioteca de Borges! ¡Si la destruimos, aniquilaremos por completo el poder de Borges, y nunca más Borges será una amenaza para la Humanidad!

Capitán… Debe ver esto. – ¡Qué pasa, Yumumba! – Hay una gran aglomeración de energía cerca del agujero negro.

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

No puedo creerlo… ¡El Comandante Aleph sobrevivió! ¡Y ahora viene para acá!

¡Y eso no son todos tus problemas, capitán Blackheart! – ¡Goldhand! ¡Creí que te había aniquilado en la Nebulosa 24.500-03! – ¡NO, BLACKHEART! ¡CONSEGUÍ SOBREVIVIR GRACIAS AL PODER DEL CRISTAL QUE INVENTÓ EL PROFESOR MACGUFFIN! Y he llegado tan a tiempo… qué conmovedor reencuentro de padre e hijo… ¡¡¡Y AHORA, LOS DOS BLACKHEART… MORIRÁN…!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHAN!!! ¡¡¡CHA-CHA-CHACHAN!!!

¿¿¿CUMPLIRÁ SU AMENAZA EL MALVADO GOLDHAND…??? ¿¿¿LOGRARÁ EL CAPITÁN BLACKHEART IMPEDIR QUE ÉSTE UNA FUERZAS CON EL TRAICIONERO COMANDANTE ALEPH…??? ¡¡¡NO SE PIERDA EL PRÓXIMO EPISODIO DE… LOS… MA-SA-CROI-DES!!!

NEXT ON “THE MASACROIDS”:

¡¡¡PITIÚ-PITIÚ-PITIÚ!!! – ¡Capitán, nos están disparando! – ¡Dénles, dénles con todo! – ¡No podemos, son demasiados!

Izzia… te estábamos esperando… – ¡Pero no podían saber que vendría a su guarida secreta! – Querida… ¿Acaso no recuerdas aún lo que pasó cuando caíste con amnesia? ¡Escaneamos por completo tu mente! Sabemos cómo funciona, y por lo tanto podemos predecir exactamente qué harás… y cómo.

¡Capitán, en la Biblioteca de Borges encontré un informe sobre Julio Cortázar! – ¡Pues trata de encontrar cómo diablos los cronopios soportaban a los famas, porque Aleph y Goldhand nos están dando con todo!

Por fin… Por fin ha llegado el día… ¡¡¡EN QUE LOS MASACROIDES ESTÁN EN MI PODER!!! ¡¡¡ANIQUÍLENLOS!!! ¡¡¡MATEN A LOS MASACROIDES!!! Los quiero a todos… ¡¡¡MUERTOS!!! ¡¡¡MWA-HA-HA-HA-HÁ!!! ¡¡¡MWA-HA-HA-HA-HÁ!!!

EXECUTIVE PRODUCER
Guillermo Ríos

domingo, 16 de enero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 20 - Pesimismo y respetabilidad.


En los primeros años de la Guerra Fría, no sólo se estaban produciendo transformaciones internas dentro de la Edad de Oro. También, la Ciencia Ficción estaba rebalsando sus márgenes, y alcanzando a un público más allá de sus fronteras. En realidad, hasta tempranos del siglo XX nadie identificaba a la Ciencia Ficción como un género literario separado, y como vimos precedentemente, hubo muchos autores que no desdeñaron adentrarse en el género para plasmar sus visiones personales sobre la sociedad y las personas. Fue después de la irrupción de Hugo Gernsback y la formación del ghetto, que "esas historias de marcianos" se transformaron en objeto de pudor y vergüenza para el gran público que admitiera leer esas cosas. Y sin embargo, en la década de 1950 hubo dos novelas que consiguieron abrirse paso hacia el exterior y adquirir respetabilidad. Ambas compartían en común su pesimismo respecto del futuro, además de una visión enormemente reaccionaria y nostálgica acerca de los "buenos y viejos tiempos". Pero una de ellas fue escrita por un outsider que nunca antes había escrito Ciencia Ficción, mientras que la otra era el producto de un escritor de Ciencia Ficción que consiguió trascender fuera del ghetto, uno de los primeros en lograrlo.


George Orwell (1903-1950) era un escritor británico que simpatizaba con las ideas de izquierda. Pero luego de su frustrante experiencia en la Guerra Civil Española, en la que peleó por el bando republicano, abjuró del Socialismo y del Comunismo y se convirtió en enemigo enconado de la Unión Soviética, debido al totalitarismo en la Rusia de Stalin. Después de alcanzar el éxito con "La granja de los animales", publicó una novela destinada a ser la última suya: "1984". En ella, describe un mundo treinta años en el futuro, en que el planeta entero está repartido en tres grandes naciones que se disputan el control de la Tierra en una alianza inestable. Las tres naciones son muy similares: totalitarismos en que un dictador invisible ejerce su poder sobre una sociedad indefensa, que es vigilada y espiada a través de sus receptores de televisión (que son también emisores). El protagonista, Winston Smith, intenta rebelarse y obtener algo de libertad para sí, sólo para acabar siendo encarcelado, torturado, sufriendo un lavado de la mente, y siendo a continuación ejecutado, feliz porque dentro de su mente borrada sólo tiene sentimientos de amor para con el Gran Hermano que todo lo gobierna (mala traducción para el inglés "Big Brother", que en realidad significa "Hermano Mayor").


La novela, una distopía en plena forma en la mejor tradición de "Un mundo feliz" de Huxley, se hizo de inmediato popular. La primera y más obvia lectura, era la de criticar el totalitarismo Staliniano. La moraleja de la novela es que si Occidente le permitía la victoria a Stalin, el mundo entero se transformaría en un campo de concentración. Pero luego se le dieron otras lecturas a la novela. Los métodos usados para mantener quieta a la población tenían mucho que ver con la manipulación mediática de los gobiernos democráticos, y el Gran Hermano se transformó también en símbolo de ellos. Y con el progreso de la tecnología, y la posibilidad de que todo pueda ser rastreado a través de las computadoras, le dio al Gran Hermano una inquietante presencia en la sociedad de nuestros días. "1984", más allá de su valor literario, que por cierto se ha discutido, se ha transformado así en un símbolo de la opresión totalitaria sobre el individuo libre.


Mientras George Orwell escribía "1984" en Inglaterra, en Estados Unidos florecía el escritor Ray Bradbury. Nacido en 1920, su estilo marcadamente poético y elegíaco le hizo la antítesis de lo que pedía John W. Campbell: de todos los escritores de primera línea de la Edad de Oro, Bradbury fue el único al cual Campbell nunca le compró nada. Su gran oportunidad vino cuando Doubleday publicó en su recientemente abierta colección de Ciencia Ficción, a continuación de una obra de Max Ehrlich y "Un guijarro en el cielo" de Isaac Asimov, el fix-up "Crónicas marcianas". La obra llamó poderosamente la atención por su fuerte estilo literario, algo bastante alejado al común de los escritores de Ciencia Ficción. Además, a diferencia de los autores de Campbell, descreía profundamente de la ciencia, y a su gusto, la tecnologización del mundo sólo podía acarrear desastres. En "Crónicas marcianas" refiere las primeras exploraciones humanas sobre el planeta (que terminan con la aniquilación de la especie de los marcianos), luego la colonización (en la que los seres humanos llevan todo su mal gusto y vulgaridad a Marte, en vez de apreciarlo como el bello planeta que es), y finalmente como deben abocarse a sobrevivir como mejor puedan luego de que la Tierra acaba destruyéndose a sí misma en un holocausto nuclear.


El pesimismo sobre la naturaleza humana inherente a la obra de Ray Bradbury, aparte de su extraordinario conservadurismo (una constante de Bradbury es la contraposición entre los "buenos y viejos tiempos" y la desalmada tecnologización de la vida moderna), le hizo enormemente popular en la década de 1950, en que se vivía día a día con el temor de que alguna vez los soviéticos desataran una lluvia nuclear sobre Estados Unidos. En buena lid, Ray Bradbury fue el primer escritor de Ciencia Ficción que trascendió las fronteras del ghetto, y le abrió el camino a otros. En un principio fue saludado como "Literatura a secas", algo tan bueno que "no podía ser sólo Ciencia Ficción", pero después de asimilar el golpe, la intelectualidad empezó a volverse cautamente hacia el género literario. El éxito de "Crónicas marcianas" ayudó también a elevar la calidad literaria de la Ciencia Ficción en lo sucesivo, imponiendo a los escritores del género un estándar más exigente que en la Era Campbelliana.

Próxima entrega: "El historiador del futuro".

viernes, 14 de enero de 2011

CdA 102 - "Entra Goloso".


ANTERIORMENTE EN “CORONA DE AMENOFIS”. Jacinta le prepara una cena a Hernán, para celebrar su llegada a Corona de Amenofis, pero Hernán no puede gozarla, porque es interrumpido por el chantaje de Vania. Y Klunn, una cucaracha capaz de hablar, vigila los movimientos de Hernán

“Entra Goloso”

La Calle Valparaíso había conocido días mejores. Desde comienzos del siglo XX, había sido la arteria aristocrática de Viña del Mar. Pero desde la apertura del Mall Marina Arauco, en 15 Norte, el rango de la Calle Valparaíso había ido disminuyendo progresivamente. El precio de arriendo de las oficinas era así cada vez más barato, y por lo tanto, accesible para gentes un poco más dependientes de la deriva económica. Como Olegario Ferrer, por ejemplo.

No había mucho que hacer aquella mañana, así es que Olegario Ferrer estaba dedicado a jugar al solitario con una cuarteada baraja de naipes ingleses. Cuando tocaron la puerta, no se tomó la molestia de abrir, aunque fuera su primer cliente nuevo en el mes: dijo un simple “Pase”, guardó las cartas con prisa disfrazada de parsimonia, y se estiró para alcanzar una carpeta, abrirla, y fingir así que estaba trabajando en algo.

–Tome asiento. Dígame, por qué viene a verme, señor…

–Hernán– dijo el cliente con sequedad. –Verá, mi problema…

Hernán explicó brevemente el asunto con Vania: cómo ella procuraba extorsionarlo, y como su esposa no debía enterarse de algunas cosas de su pasado.

–Lo siento, pero si Vania tiene esas fotografías, no puedo hacer nada. Entrar en su casa sería violación de domicilio, y eso es contra la ley.

–No le pido eso, señor Ferrer– dijo Hernán. –Necesito simplemente algo que pueda… Ya me entiende, algo que me sirva para mantener a Vania a raya. Algún secreto suyo. Puede investigar eso, ¿no?

Olegario Ferrer se echó hacia atrás.

–Por supuesto que sí– dijo, como si se tratara de un gato satisfecho.

–Cuento con eso, señor Ferrer– dijo Hernán.

–No tiene de qué preocuparse. Le haré un seguimiento, es pura rutina. Luego de lo cual, algo saldrá sobre ella o sobre su pasado. Si Vania tiene algo sucio... se la quitará usted de encima, don Hernán– dijo Olegario Ferrer, con algo de agresividad en el tono de voz. Y luego añadió, con un aplomo que daba miedo: –Se la quitará usted de encima.

OxxxOxOOOxOxxxO

Entre los nuevos residentes de Corona de Amenofis, llegaba un gato. Y no satisfecho. Se trataba de una familia entera, la segunda que empezaba a residir en el condominio. Y el gato tenía cara de muy pocos amigos.

Jacinta se acercó a la nueva familia para darles la bienvenida.

–¡Hola! Me llamo Jacinta. Mi marido se llama Hernán, pero ahora está trabajando. ¿Y ustedes son…?

–¡Hola, linda!– dijo la mujer adulta de la familia, con voz afectada. –¡Ay! Yo soy Patricia. El es mi marido, Adalberto, y es abogado, oye…

–¡Abogado!– dijo Jacinta, con sorpresa. –Somos colegas entonces, porque yo también soy abogada...

–Mucho gusto– dijo Adalberto festivamente: su rostro se había iluminado, pasando a soleado desde el gris con el cual había llegado.

–Y ellos son mis hijos Leoncio y Melinda…– dijo Patricia, apresuradamente, tratando de evitar que se le notara el disgusto hacia su marido. –¡Ya, pues, Melinda, salude, no sea yegua!

–Buenos días, señora Jacinta– dijo Melinda, con desgana. Era una mocosa de unos ocho años, y parecía temerle a doña Patricia.

–Buenos días, Leoncio– dijo Adalberto, con un apretón de manos perdonavidas.

–Hola– dijo Leoncio, con una informalidad que pretendía ser insultante.

–¡Ay, mis hijos!– dijo doña Patricia. –No es muy educado, el Leoncio… ¡Quiere ser escritor, figúrese usted…! ¡Ay, pero no me ha dicho en qué trabaja su marido!

–El es periodista– dijo Jacinta, un poco incómoda.

–¡Uh...! Espero que no suelte cahuines sobre acá, sobre Corona de Amenofis, ¿eh?– se rio Patricia, pero nadie se rio con ella, por lo cual se quedó callada, y luego, al ver que eso tampoco daba resultado, empezó a darle órdenes a los chicos para que entraran a su departamento.

–Va a ser una larga estancia acá en Corona de Amenofis– dijo Leoncio, con un talante algo más filosófico.

Pero Melinda, mientras tanto, se acercó a la jaula, que la sostenía Adalberto.

–¡Cuidado, cuidado, hija!

–¡Pero Goloso está asustado!

Goloso se tenía bien merecido su nombre. Era un gato de color castaño claro, de pelo largo y liso, y claramente sobrealimentado.

–Llévalo a la casa y déjalo encerrado en una habitación, para que no se asuste. Después lo soltamos por el barrio.

Melinda cumplió al punto las instrucciones, y luego de dejar a Goloso encerrado en la que iba a ser su propia pieza, se fue. Con lo que Goloso quedó solo.

Goloso miró en todas direcciones. Aunque por naturaleza era el clásico prototipo del “gato de chalet”, estaba ante una situación nueva, y quería explorar su terreno. Se subió arriba de unos anaqueles, que estaban vacíos.

–Apuesto a que estos servirán para los malditos libros de cuentos de Melinda– dijo Goloso para sí mismo.

Melinda tenía la mala costumbre de coger sus propios libros y leérselos a Goloso. El problema es que las aventuras de Harry Potter le dejaban frío. La vida era buena cuando el padre de Adalberto, y abuelo de Melinda, había estado vivo. El viejo tenía una hermosa biblioteca con textos de Gibbon, Spengler, Maquiavelo, y una extensa colección de libros de autores griegos y romanos. Cuando había fallecido, Patricia había liquidado a precio vil la biblioteca, ante la mirada de agradecimiento del librero de viejo de turno, y Adalberto se había quedado sólo con algunos volúmenes, más por apego sentimental que por conocimiento de su verdadero valor intelectual. Aquel día, la furia de Goloso no conoció límites. Pero necesitaba comer, y era un gato demasiado casero para irse por los basurales, así es que… ¿qué hacer? Soportar a la familia entera y aguantar que Melinda le leyera las aventuras de un brujito best-seller.

Perdido en sus recuerdos, Goloso no alcanzó a ver la cucaracha, hasta que ésta se encontró casi encima. Al verla, le soltó un manotazo, lleno de disgusto. La cucaracha corrió diligentemente a esconderse a su refugio.

–Cucarachas. ¡Puaj! ¿Qué clase de lugar es éste?– se preguntó Goloso.

En su agujero, mientras tanto, la cucaracha confirmaba las nuevas por el nanotransmisor:

–Aquí Klunn. En efecto, se trata de Goloso. Solicito instrucciones.

–Siga vigilándolo. Goloso y Hernán deben conocerse tan pronto sea posible.

Aquella noche, Goloso comió su insípida ración de galletas. Cuando estaba vivo el Abuelo Benjamín, su alimento era fino paté para gatos. Ahora, en la actualidad, estaba reducido a unas duras galletas que le hacían mal a sus encías.

Al día siguiente, dejaron abierta una ventana, y Goloso aprovechó de saltar por ella para ir a recorrer el vecindario. Quizás alguien más en Corona de Amenofis tuviera libros que lo entretuvieran, ¿quién lo sabe? Era difícil, pero podía apostar. ¡Dios, hasta se rebajaría a leer a Julio Cortázar, con tal de escapar de Harry Potter!

Lo que encontró fue una tercera familia que llegaba a ocupar un lugar en Corona de Amenofis. Aunque quizás la palabra “familia” fuera un poco excesiva. En realidad se trataba de dos hombres que iban a compartir un departamento. En un comienzo, Goloso pensó que podían ser estudiantes, pero al ver lo adultos que eran, se lo preguntó dos veces.

Fue apenas un destello. Ambos adultos miraron un sillón que estaban descargando, y lo examinaron cuidadosamente. Luego se miraron. Y se dijeron:

–No parece venir muy bien, Rafael.

–Es eso o comprar uno nuevo, Reginaldo.

Goloso sintió que la sangre se le congelaba en las venas, y dijo para sus adentros:

–¡Maricones!

En ese instante, en la puerta de Corona de Amenofis apareció una mujer alta, con físico de gimnasio, y ataviada con una ceñida minifalda.

–¡Buenos días! Soy Almendra Caballero, la administradora de Corona de Amenofis– dijo, extendiendo la mano con gesto algo varonil, y añadiendo: –Vengo a ver como están los nuevos residentes, y si necesitan algo en particular.

Observando la escena, Klunn la cucaracha asentía con sus antenitas. Almendra Caballero, la siguiente pieza del rompecabezas, aparecía por primera vez.

Próximo capítulo: "Quién es Almendra Caballero".

COMENTARIO DEL AUTOR: Si el primer capítulo servía para establecer un poco el tono de lo que iba a venir, en el segundo debía empezar a desplegar el elenco de secundarios. Preferí la perspectiva de Goloso porque es el único personaje no humano dentro de "Corona de Amenofis" (con la excepción de Klunn, pero él tiene su propia agenda aquí). Y como nunca quedé conforme con el diálogo inicial entre Patricia y Jacinta, aquí pude ampliarlo un poco más.

PARA FANÁTICOS:

miércoles, 12 de enero de 2011

El funesto destino de quienes buscan sobresalir.


Una de las peores cosas que puede hacer un ser humano en la vida cotidiana, es sobresalir entre los demás. Esto vale tanto para los que descuellan en un área determinada de la vida, como para quienes en promedio son mejores que el resto en términos de promedio general. Buscar sobresalir entre los demás es un pasaje casi seguro para la desgracia, la miseria y el dolor porque la mayoría de la gente a tu alrededor se encargará de hacerte la vida imposible.

Repasemos un poco cómo funciona la humanidad. Los seres humanos en general se agrupan dentro de un esquema de tipo campana de Gauss. Para quienes no las conozcan, recuerden esos gráficos en donde hay una línea horizontal con una curvatura ascendente en el medio, como el perfil de una colina: la izquierda de la curva está baja, su centro es elevado, y la derecha de la curva es baja otra vez. Supongamos que asignamos un puntaje a cada ser humano, según el promedio de sus habilidades y talentos, incluyendo sus conocimientos, su entrenamiento, sus conexiones y contactos, su autocontrol y temperamento, sus habilidades sociales, etcétera. Los que descuellan en algún rubro, seguramente serán ignaros en otro. Así, por mucho que Albert Einstein o Stephen Hawking sean genios en la Física, es poco probable que alcancen el mismo nivel de destreza en la pesca con mosca, por ejemplo. En lo que a mí se refiere, tengo talento para escribir, como pueden ustedes constatarlo ahora mismo, pero no me pregunten por mi habilidad para bailar en una fiesta, que está en niveles un tanto deprimentes, por ejemplo. Si tomamos a una persona y sacamos el promedio, casi todos estarán en la mitad de la curva. Por eso, la curva se eleva en su parte media: es donde casi todos están. Algunos pocos son tan grandes en algunos rubros, que se deslizan a la derecha de la curva, y conforman la minoría de los genios, superdotados, maestros, etcétera. Otros pocos tienen tan pocos talentos y habilidades, que caen a la izquierda de la curva, conformando los perdedores, fracasados, poca cosa, etcétera. El resto, casi todo el resto, es en realidad el hombre promedio u hombre masa.

Ahora bien, veamos qué pasa si tratas de descollar. Eso quiere decir que estás tratando de deslizarte, y mostrarle a los demás que te estás deslizando, de la enorme área central hacia la derecha, hacia la minoría de los elegidos. ¿Cómo verán ellos tu llegada? Como competencia, como amenaza, como un factor que desordena su bien ordenado mundo. Recuerda que ellos, por tener más y mejores habilidades que el resto, viven en un mayor control de su mundo, y por lo tanto son reacios a las sorpresas. Para ellos, casi cualquier sorpresa es negativa porque han conseguido un status quo que funciona para ellos. Si llegas y les alteras dicho status quo, despídete. Y tú no formabas parte de ese status quo, así es que tu sola llegada es una alteración. Por lo tanto, ellos te odiarán y harán lo imposible porque fracases antes de que consolides tu posición. Aquellos que son superiores, por lo tanto, te odiarán por el solo hecho de que te superes a tí mismo y demuestres tener éxito.

Veamos ahora lo que pasa entre las grandes masas. Ellos también tienen motivos para odiarte. Ellos son la gente promedio, y como gentes promedios, desearían tener acceso a los privilegios y grados de control que tienen la minoría de los superiores. Pero no pueden lograrlo porque no son superiores. Y si tú amenazas con descollar en ese respecto, te envidiarán. Obviamente, como son hombres promedio, no pueden echar a andar ningún mecanismo que te sabotee por sí mismos. Pero pueden hacer algo más efectivo: ignorarte. De esta manera, la envidia se traducirá en una conspiración de silencio sobre tus habilidades y talentos. ¿Has escuchado el dicho "nadie es profeta en su tierra"? Ya sabes de donde viene.

Ahora bien, volvámonos hacia la minoría de los perdedores y fracasados. Si intentas superarte en la vida y ser cada vez mejor, tampoco obtendrás apoyo de ellos. Por definición, ellos son demasiado poca cosa para entender tu mundo y tus preocupaciones, por lo que no verán con claridad hacia dónde se encaminan tus esfuerzos. Es probable que no te odien porque simplemente no te entienden como ser humano. Pero precisamente porque no te entienden, es que jamás van a apoyarte. Esos perdedores sólo apoyan a gente tan poca cosa como ellos, porque ése es el nivel de mentalidad que son capaces de entender dentro de su pequeño mundo. Y lo harán de manera mediocre e inefectiva porque ellos mismos no pueden mucho más que eso.

En resumen, si tratas de demostrar que puedes sobresalir, te odiarán los superiores, te envidiarán y ningunearán los promedios, y te ignorarán los perdedores. ¿Moraleja? Si quieres ser feliz en la vida, no trates de sobresalir. O búscate unos buenos padrinos entre los superiores que te introduzcan dentro del círculo, que es la otra receta para surgir en la vida.

domingo, 9 de enero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 19 - Maduración de la Edad de Oro.


Después de 1945, el recambio generacional gatilló una serie de cambios en la Ciencia Ficción. Estos cambios, insinuados en esa época, se agudizaron en la década de 1950. En un respecto, significó que la Edad de Oro de la Ciencia Ficción, la Era Campbelliana, alcanzó su máximo desarrollo y madurez. En otro, implicó que la Ciencia Ficción campbelliana estaba agotándose, sembrando así las semillas de lo que pasaría a llamarse la Nueva Cosa.


Uno de estos cambios fue la ampliación de la base de lectores. Habiendo más lectores, se creó un mercado rentable para la Ciencia Ficción. En consecuencia, las editoriales "serias" empezaron a mirar a la Ciencia Ficción como material a ser publicado en potencia. Esto llevó también a transformaciones en las obras literarias mismas. Durante la Era Gernsbackiana, y después en la Era Campbelliana, el principal vehículo para la publicación eran las revistas. Por lo tanto, el grueso de la Ciencia Ficción en la época estaba conformado por cuentos y novelas cortas. Se publicaban novelas, sí, pero en forma serializada, y esto imponía ciertas condiciones a la hora de escribir, puesto que el lector debía seguir interesado en las peripecias de los personajes, lo que les daba un carácter mucho más episódico.


Un producto típico de esta época es el "fix-up", una novela que en realidad es una recopilación de relatos cortos serializados e independientes en torno a un mismo personaje o universo narrativo, y que en realidad eran republicaciones en formato de libro, de antiguas series de relatos publicados con anterioridad como cuentos independientes en revistas. Así vieron la luz por ejemplo "Los monstruos del espacio" (malísima traducción al castellano del título original inglés "The Voyage of the Space Beagle"), de A. E. Van Vogt, cuya idea de base (una nave espacial repleta de científicos que viajan explorando el cosmos) es precursora de la serie televisiva "Viaje a las estrellas". O "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury. El fix-up más famoso es probablemente, con todo, la Trilogía de la Fundación, de Isaac Asimov, que originalmente fueron publicados en revista como ocho relatos independientes, pero que después fueron compilados en tres tomos (años después, Asimov escribió varias secuelas y precuelas, ahora sí como novelas propiamente tales y no como fix-ups).


Sin embargo, en 1949 la editorial Doubleday decidió tomar el riesgo, y lanzó una colección especializada en novelas de Ciencia Ficción. Esto, para la época, era algo nuevo. Pero la operación tuvo éxito. Había numerosos escritores de Ciencia Ficción que habían escrito novelas cortas, que permanecían en sus cajones sin publicar, y por lo tanto material existía. Las novelas se vendieron bien, y pronto hubo otras editoriales que también dieron el salto. En la década de 1950, por lo tanto, hubo espacio en la Ciencia Ficción estadounidense para las novelas. El resultado es que, al poder explayarse más y poder trabajar la novela como un todo en vez de serializarla, las novelas de Ciencia Ficción ganaron en profundidad, tanto literaria como filosófica.


Mientras tanto, las revistas hicieron crisis, no sólo debido a que ahora parte importante de la creción de Ciencia Ficción marchaba hacia las novelas, sino también debido a la arremetida de un nuevo enemigo: la televisión. En la década de 1950 se impuso la nueva cultura de vivir en los suburbios, con una televisión cada vez más difundida, y esto dañó al arte escrito en todas sus manifestaciones. Los niños y jóvenes, el mercado clásico de las revistas, empezaron a desfilar hacia el nuevo medio. Para mantenerse, además de para captar a los lectores adultos, las propias revistas debieron hacerse más sofisticadas. En estos años empezó el declive de John W. Campbell, que no fue capaz de adaptarse a los tiempos. El predominio que había ejercido "Astounding" durante más de una década, fue cedido a otras revistas nuevas y con mayor empuje. Probablemente, las tres más representativas de esta etapa fueron "If", "Fantasy & Science Fiction" (F&SF), y particularmente "Galaxy", a cuya cabeza estaba el destacado escritor Frederik Pohl. Sin salirse de los parámetros de la Edad de Oro, ambas revistas tenían en común que se permitían relajar un poco el contenido científico, y a cambio eran más exigentes en lo literario, lo que redundó en un alza de la calidad literaria de los relatos de Ciencia Ficción.

Próxima entrega: "Pesimismo y respetabilidad".

viernes, 7 de enero de 2011

CdA 101 - "Bienvenidos a Corona de Amenofis".


El condominio fue bautizado Corona de Amenofis por un ejecutivo cualquiera, no por especial devoción hacia la cultura egipcia, sino porque buscaba un nombre sonoro que pudiera ser vendido con un toque de sofisticación a la clase media ascendente y arribista que quisiera presumir de un poco de cultura. Su construcción tardó aproximadamente ocho meses, a cargo de la empresa constructora Ibis Blanco S.A. Eran los primeros años del siglo XXI en Viña del Mar, y existía una verdadera fiebre constructora. Las casas antiguas, fueran éstas ricas o pobres, eran demolidas sin misericordia alguna, y en su lugar crecían edificios y condominios, para una población que crecía a ritmo cada vez más acelerado, y que debía adaptarse como mejor podía a la topografía de la ciudad, encajonada entre los cerros de la desembocadura del estero Marga Marga. Ibis Blanco hizo un negocio redondo comprando algunas viejas casas de madera en la población Santa Inés, demoliéndolas, y construyendo en su lugar un buen puñado de residencias. Estas se encontraban convenientemente protegidas de los estratos sociales más modestos alrededor, gracias a una alta reja pintada de color amarillo, detrás de la cual se habían plantado arbustos lo suficientemente espesos para que no pudiera mirarse el patio del condominio o sus residencias desde el exterior. El precio era elevado porque las propiedades tenían algunos lujos, pero no excesivo porque no tenía la mejor de las vistas hacia el mar, y por otra parte, alrededor no había supermercados, sino sólo almacenes, además de un NIMBY, el Cementerio de Santa Inés.

En la semana siguiente hubo un cierto ajetreo, cortesía de los camiones de mudanza. Hubo entonces dos estratos superpuestos de habla: el tono perdonavidas de los nuevos dueños, que tenían un cierto dinero para poder mudarse allí, y el llano y popular de los cargadores de los camiones, que se dirigían con mucho respeto a los nuevos residentes, pero que entre sí guardaban un tono harto más agresivo y pedestre.

Los primeros en llegar hasta el lugar fueron Hernán y Jacinta. Eran una pareja de recién casados que habían adquirido hacía algunos meses la propiedad, después de ver el departamento piloto; hasta ese minuto habían ocupado uno de los departamentos que era propiedad del padre de ella, y que por ese tiempo se había abstenido éste de ofrecer en arriendo. Jacinta era abogada titulada, y Hernán era periodista. Ambos tenían trabajo gracias a los contactos y redes sociales del padre de ella, Hernán en el periódico “El Día de Viña”, y Jacinta en la oficina jurídica de un amigo de su padre.

La noche en que llegaron al departamento, Jacinta hizo una cena romántica, apagando las luces y colocando velas. Intentó cocinar un pavo, y el resultado le quedó francamente bueno. Para Hernán, poco habituado a las delicadezas de algunas mujeres, fue una grata sorpresa.

–¿Un poco más de vino?– dijo Jacinta.

–Sí, gracias, mi amor– dijo Hernán, extendiendo el vaso.

En ese instante sonó el teléfono celular. Hernán contestó a la rápida, sin mirar antes el número en la pantalla.

–¿Aló?

–¿Te acuerdas de mi?– preguntó una voz femenina, cargando la misma con una insinuación maliciosa.

–Eh… Sí, sí…– dijo Hernán, azorado.

–Ha pasado tiempo, creo. Podríamos vernos, ¿no te parece?– siguió ella, recargando la zalamería para que sonara más sarcástico.

–No, no creo que sea posible.

–¡Ah! Está bien… Como quieras… Pero sé donde vives, sé que te has mudado a Corona de Amenofis, y quizás podría pasar a hacerle una visita a tu mujercita… ¿Crees que a Jacinta le guste lo que tengo en mi poder…?

–¿Quién es?– preguntó Jacinta, al ver que el rostro de Hernán estaba hundiéndose.

–Del trabajo. Hay un problema con un artículo– dijo Hernán, haciendo el celular a un lado.

Al oir esto, la voz femenina al otro lado de la línea lanzó una risita maliciosa.

–Ven– dijo la voz femenina al otro lado de la comunicación telefónica, maquinando con rapidez. –Tráeme la copia del artículo. De inmediato.

–Sí… Sí… La llevaré…– dijo Hernán.

–Puedes visitarme en mi departamento. Recuerdas donde vivo, ¿verdad? Donde mismo estaba yo, antes de partir a Europa.

–Lo sé.

–Te espero.

Hernán colgó.

–Disculpa, Jacinta, tengo que irme. Tengo que llevar un pendrive con la copia de un artículo.

–¿A dónde? ¡A esta hora…! ¿Y por qué no lo mandas por Internet?

–Tengo que pasárselo al Paco, y no sé qué problema tienen con la conexión, el caso es que tengo que llevarle un pendrive. Lo siento.

Hernán corrió a coger una chaqueta, le dio a Jacinta un apurado beso en los labios, y se puso la chaqueta al mismo tiempo que caminaba con pasos apurados a la puerta. Ahí, encima de la mesa, quedó el exquisito pavo, bañado por la luz de la vela derritiéndose, abandonado.

Afuera de la puerta, Hernán no vio a una cucaracha que se escondía en la oscuridad. A medida que Hernán caminó, la cucaracha, lejos de querer esconderse o buscar su comida, pareció querer seguir a Hernán. Se detuvo cuando Hernán llegó hasta la puerta de la calle, y luego se devolvió.

OxxxOxOOOxOxxxO

Hernán subió a su automóvil y manejó a una velocidad más o menos endiablada, tanto como podía permitírselo habida cuenta de los cruces de vía que encontraba en el camino. Llegó así hasta el plan de Viña del Mar.

Tocó el botón 103 en un portero automático. Atendió la misma voz femenina que estaba en el teléfono celular. Hernán se identificó, y el portero automático soltó un chirrido: estaba abierto, y podía pasar. Con el corazón bruscamente encogido, Hernán pasó.

Al llegar al departamento 103, la puerta se abrió.

Hernán la sabía joven, sabía que tenía apenas 20 años, pero aparentaba 25. Estaba vestida con un camisón traslúcido de encaje rojo, debajo del cual había lencería de color negro. Lo recibió con una amplia sonrisa.

–¡Bien, Vania, dime qué demonios quieres!

–¡Qué crees, Hernán…! Mi padre se murió por fin– dijo Vania, pronunciando estas últimas palabras con un tono ambiguo que podía reflejar placer sincero o dolor enmascarado, o ambos a un tiempo, sin que Hernán pudiera discernirlo. –Y mi madre… Bueno, ella quería casarse con otro tipo. Y no quiere que ese otro tipo se entere de su… ejem… comportamiento pasado. Ya sabes, a lo mejor el tipo piensa que también le ponen el gorro a él, ¿no? Así que una amiga me ayudó. Te acuerdas de Melissa, ¿verdad? Me ayudó, le envió a mi madre unas fotos… ¡Y listo! Me sacaron del sanatorio en Suiza. Estoy de regreso en Chile, con dinero, y puedo hacer o tener lo que quiera. Y, Hernán… Te quiero a ti...

–Estoy casado, Vania.

–¡Ay, con Jacinta...! Pobrecitos... ¿Y no te aburres con ella?– preguntó Vania, fingiendo simpatía aparatosamente para remarcar el sarcasmo. Y luego, como aparentando recordar algo, añadió: –Pero ella es... mujer, ¿verdad? Quiero decir, con... estrógenos... bien puestos... ¿O es un pedazo de carne tirada sobre la parrilla, cuando están en la cama...?

Hernán avanzó y le dio una gruesa bofetada. Vania tardó en enderezar la cabeza, pero cuando lo hizo, miró a Hernán con ojos fieros.

–La defiendes... como todo un hombre...– dijo, y soltó una risilla. –Deberías defenderla de las cosas que tengo, Hernán. De saber la verdad sobre tu pasado, sobre lo que tú y yo hacíamos...

Hernán apretó los labios. Vania creía saber la verdad. Y no la sabía. Para Vania, todo era una cuestión de sexo sórdido. Para Hernán, se trataba de otra cosa. Vida extraterrestre en la Tierra. Algo que no debía ser conocido por el mundo, por la Humanidad.

–Bésame, tonto– dijo Vania, y avanzó hacia Hernán, alcanzando con sus labios femeninos los masculinos de él. El tímido roce se convirtió pronto en un beso forzado, y luego, el carácter de forzado se fundió como la nieve y se fue lejos como un torrente hacia el mar. Antes de darse cuenta, y ante la imposibilidad de aplicarle a Vania un correctivo, se desquitó con el camisón rojo traslúcido de Vania, haciéndolo jirones, reduciéndolo a tiras... y disfrutándolo.

OxxxOxOOOxOxxxO

Mientras tanto, la cucaracha que había seguido a Hernán hasta las puertas de Corona de Amenofis, se había devuelto apresuradamente a un agujero que conocía cerca de la portería. Una vez en su agujero, la cucaracha habló a través de un nanocomunicador:

–Aquí Klunn al habla. Efectivamente, Hernán y Jacinta son los primeros residentes en Corona de Amenofis. Tal y como estaba programado. Solicito instrucciones. Cambio.

–Por el momento limítese a continuar la vigilancia sobre Hernán. Reporte cualquier novedad. Goloso debería llegar en cualquier minuto, informe cuando aparezca en Corona de Amenofis. Cambio y fuera.

Próximo capítulo: "Entra Goloso".

COMENTARIO DEL AUTOR: Cuando comencé a escribir "Corona de Amenofis" en el año 2007, tenía algunas ideas sobre el universo narrativo, esperando desarrollarlo plenamente más adelante. Con todo, aunque el marco principal iba a ser de ciencia ficción, me interesaba dejar bien en claro que no iba a ser una historia tradicional del género sino una mixtura entre CF y soap-opera, o como lo he definido varias veces, una especie de "Melrose Place con marcianos". De ahí que el comienzo tenga más bien poco que ver con la ciencia ficción pura y dura, y comience más bien como una teleserie o un culebrón de los de toda la vida. En la primera versión de este capítulo, ni siquiera se mencionaba a los extraterrestres, aunque Klunn aparecía ya como personaje. Fue una idea arriesgada porque esperaba introducir al lector poco a poco en el universo narrativo de "Corona de Amenofis", pero a la larga resultó un poco desafortunada, porque el dato de la cucaracha quizás sea poco significativo frente al verdadero drama y fuente de tensión del episodio. En esta revisión amplié un poco el capítulo, alargando la escena entre Vania y Hernán, y adelantando algunas claves acerca de ellos. Después de todo, dos personajes que resultarán muy importantes en los eventos posteriores, merecían un poco más de espacio para ser presentados. Y por supuesto, el cambio mayor que significa introducir las separaciones entre secciones dentro del mismo capítulo, que en el Primer Ciclo de "Corona de Amenofis" estaban ausentes, y que hacen mucho por facilitar la lectura. Otros cambios implican pulir algo el lenguaje utilizado, aunque el resto permaneció más o menos igual.

PARA FANÁTICOS:
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