miércoles, 7 de diciembre de 2011

Dollhouse: Abstracción filosófica y fetichismo.


Después del milagro de haber convertido una película basurienta en una encomiable serie televisiva, a saber "Buffy la Cazavampiros", Joss Whedon quedó como un chico maravilla de la televisión. Trató de mantener el título con "Firefly", sin resultados. Luego trató con "Dollhouse", que resultó otro fracaso en forma. Como no he visto ni "Firefly" ni la película "Serenity", no me referiré a ellas. Pero sí seguí devotamente "Dollhouse", y puedo decir que la serie fue muy infravalorada. Porque a pesar de sus defectos, "Dollhouse" es una serie de ideas atrevidas, que plantea una serie de problemáticas muy interesantes.

La protagonista es Echo. Ella fue interpretada por Eliza Dushku, quien ya había trabajado con Whedon. Entremedio se mantuvo con "Tru Calling", que también tuvo un éxito mediocre. En "Dollhouse" ofició de productora, lo que trajo complicaciones innecesarias a la serie. Porque mucho de la misma fue para lucimiento de su estrella, forzando a veces la trama de manera irritante. Echo es un "activo", o sea, un ser humano reclutado en unas instituciones llamadas "dollhouses" ("casas de muñecas"), en que los activos viven con personalidades borradas e infantiles. En realidad los activos son agentes a contrata, cuyas memorias han sido borradas para dejarlas como tabula rasa; sobre dicha memoria en blanco se graba la memoria que va a ser por completo nueva y de diseño, hecha ex profeso para cumplir con el contrato para el que es cargada dicha memoria; cumplido el contrato, se borra otra vez la memoria, y el activo vuelve a su vida con personalidad infantil en la dollhouse. Por lo tanto, a lo menos en el inicio de la serie, Echo en realidad va a ser una personalidad nueva en cada capítulo, sin hilación entre una personalidad y otra. En el inicio de la serie, a lo menos.

La serie tomó un riesgo enorme al invertir por completo la fórmula de muchos programas televisivos. Respecto del elenco, existen tres clases de programas televisivos. El más simple es el protagonista o núcleo de protagonistas invariables, reemplazando todos los secundarios capítulo a capítulo; es el esquema de "Los ángeles de Charlie", "Los magníficos", y en casos extremos, de "El fugitivo" o la serie televisiva de Hulk con Lou Ferrigno. El otro esquema es tener un elenco más o menos coral, con un núcleo de personajes principales y muchos secundarios recurrentes cuyas tramas se hilvanan con la principal; en este esquema encontramos a "24", "Lost" y cualquier telenovela por temporadas al estilo "Dallas" o "Dinastía", y también "Buffy la Cazavampiros". En estos dos esquemas siempre hay uno o unos pocos personajes principales como fuerza motriz, lo que es una necesidad porque lleva al público a identificarse con los personajes y seguir su suerte. Existe una tercera variante, que es reemplazar a todo el elenco cada capítulo o grupo de capítulos, lo que es arriesgado porque los nuevos personajes deben ganarse al público capítulo a capítulo, sólo para ser desechados en el siguiente; no sorprende que este esquema sea muy poco recurrente, y se utilice en programas de antología como "Dimensión desconocida" o el programa de historias policiales de Alfred Hitchcock.


"Dollhouse" reventó la teoría al proponer de manera inicial un cuarto esquema: los personajes secundarios se mantienen y desarrollan en el tiempo, y es el personaje principal quien es reemplazado todos los capítulos. Porque a pesar de que es siempre Echo y es siempre interpretada por Eliza Dushku, al ser su personalidad completamente vaciada y reemplazada cada capítulo, siempre se trata en el fondo de un personaje distinto con una historia y trasfondos distintos, que serán desechados al final del capítulo. Esto es ingenioso, por supuesto.

Pero esto trajo un riesgo que a la larga fue la tumba de la serie. Para introducir el universo de la misma, los creadores resolvieron que era buena idea producir capítulos autoconclusivos. Y la apuesta salió muy mal porque el público, desconcertado, se encontró con que no tenían un protagonista claro al cual amarrarse emocionalmente. Imagínense por ejemplo, si en "El auto fantástico" el jefe y la mecánica y KITT hubieran sido siempre los mismos, pero el conductor de KITT hubiera sido reemplazado todos los capítulos; sin un personaje principal claro, aunque fuera uno de cartón piedra, los espectadores no iban a sentir conexión con la serie como un todo. Si sumamos que algunos episodios autoconclusivos eran buenos, pero otros eran de un nivel terrible, la fórmula era segura para espantar a la audiencia. Y eso fue lo que ocurrió.

A mitad de la primera temporada quedó en evidencia que todo lo anterior había sido un prolongado build-up para echar a andar la verdadera trama, que es la conspiración detrás del programa de implantación de personalidades. Esto incluyó que empezamos a descubrir el trasfondo de Echo y su historia pasada, con lo cual por primera vez tenemos algo parecido a un protagonista. En este punto, la serie se volvió algo más convencional, más entendible, y por qué no, también más interesante de seguir. El problema es que a estas alturas, mucha gente se había ido, y ya no volvería.

Al final de la primera temporada parecía claro que "Dollhouse" no obtendría una renovación. Los productores decidieron entonces que terminarían con un final que cerrara la serie como un todo. En otro alarde de empujar los límites, dedicaron el antepenúltimo y penúltimo capítulo a referir una batalla final contra un supervillano, y luego en el último capítulo, ampliaron brutalmente el horizonte al saltar diez años en el tiempo, y mostrar las instalaciones de la dollhouse destruidas, sus personajes desaparecidos para siempre, y el mundo en general convertido en un escenario apocalíptico debido a que la tecnología para borrar personalidades se ha salido de control. Como final de la serie, hubiera sido perfecto.

Sólo que la serie no terminó. En vez de ello fue renovada para una segunda temporada.

Los productores decidieron no desaprovechar la oportunidad, y se lanzaron a la tarea de recuperar espectadores, o al menos conservar a los que ya estaban embarcados. Una de las críticas de los fanáticos de la serie era que no se habían dado el tiempo para construir una mitología. La segunda temporada por lo tanto iba a ser más mitológica. Además, tenían una oportunidad invaluable. Ya que la primera temporada había anunciado el fin de la civilización, la segunda se referiría a cómo se había llegado hasta esa situación.


Por desgracia, desperdiciaron dos o tres episodios como historias autoconclusivas, con lo que volvieron a enajenarse más espectadores. Pero después, la serie no para de remontar hasta su final. Es seguro decir que la segunda mitad de la segunda temporada es la mejor parte de la serie, y redime muchos de los errores cometidos con anterioridad. Los capítulos autoconclusivos quedan de lado, y se ofrece una historia continuada en que se muestra el trasfondo de las dollhouses, se revela cual es la naturaleza de un misterioso apartado de las dollhouses que es el Atico, y se muestra en definitiva cómo casi por accidente se desarrolla la tecnología que permitirá la implantación de personalidades a distancia. Por supuesto que en malas manos, implantar personalidades a distancia lleva al caos y la desintegración social. El último capítulo es también un episodio ambientado diez años en el futuro, en medio del caos social, pero abre las puertas a la esperanza, en un final ambiguo, pero más optimista que el primero. A estas alturas ya se sabía que "Dollhouse" no iba a obtener renovación, de manera que este final se sabía definitivo, y de la manera en que está planteado, lo es.

La serie hinca el diente de manera decisiva en el problema de qué nos hace humanos. La idea es que los recuerdos configuran la personalidad. Borrar los recuerdos implica por lo tanto eliminar al ser humano. A la vez, inocular recuerdos falsos o implantados encima de otros recuerdos reales o no, termina creando una personalidad que no tiene nada que ver con la original. Para colmo, los activos están sinceramente convencidos de que sus recuerdos son reales. Uno puede preguntarse si el que sus recuerdos sean falsos, los hace ser menos personas. Después de todo, sienten alegría y dolor igual que todas las personas. Para colmo, la tecnología permite implantar una misma personalidad a varios activos, de manera que pueden haber muchas copias de un mismo ser humano rondando en distintos cuerpos. Hablando de manera técnica, la serie plantea problemas que parecieran propios de la literatura biopunk, acerca de la disolución de la Humanidad y el posthumanismo.

Otra pirueta de la serie es la cuestión de cómo los terceros tratan a las personas. Los activos son tratados como esclavos o mercancía peligrosa, sólo que ellos mismos no lo saben. Además, algunos humanos sin borrado pueden encariñarse con los activos.

La serie funciona así como una gigantesca metáfora de cómo la personalidad de la gente se está disolviendo en nuestros días. "Dollhouse" está a medio camino del final de un camino preludiado hace un siglo por "La rebelión de las masas" de Ortega y Gasset. Dentro de una sociedad de masas, las personas tienen cada vez menos identidad propia y son cada vez más rebaño. Las personas son intercambiables entre sí, debido a que todas creen o piensan lo mismo. El último paso es hacer ese cambio efectivo mediante una tecnología de implantación de personalidades. En muchos sentidos, el mundo exterior funciona como una máquina de implantación de recuerdos. Siempre ha sido así, porque todos nosotros modificamos nuestra conducta según aprendemos de nuestra interacción con el medio ambiente; pero con el bombardeo audiovisual, dicha tendencia se ha exacerbado. Nosotros no sólo recordamos ciertos eventos históricos o ciertas marcas publicitarias, sino que asociamos ciertas emociones hacia ellas. Dichas emociones son implantadas, no a través de dispositivos tecnológicos al estilo de "Dollhouse", sino a través de la televisión y de Internet. Cuando fue el atentado a las Torres Gemelas, todos los noticiarios lo dramatizaron de una manera tal, que se transformó en un punto de giro en la historia contemporánea, a pesar de que en estricto sentido, lo ocurrido sólo le atañía a Estados Unidos y el Medio Oriente. Y esas máquinas de implantar recuerdos y emociones que son los medios de masas actuales, están al servicio de grandes conglomerados económicos que no piensan en la democracia, sino en obtener el máximo de ganancias. Si esto se condice con el juego democrático, mejor, pero si no es así, entonces la democracia se va al garete.

Una desgracia de "Dollhouse" es que todas estas especulaciones filosóficas estaban en general bien tratadas dentro de la serie, no de manera explícita, pero sí en el subtexto; pero a cambio, para vender la serie, en numerosos casos debieron descender al fetichismo. Un punto interesante de la serie, que uno de los personajes del futuro incluso se burla de ello, es que una tecnología tan asombrosa es usada en la mayoría de los casos para fabricar prostitutas de lujo. En muchos casos en que se involucra Echo, a ella se le implanta la personalidad de una acompañante o escort. Suena realista, considerando que muchos inventos encuentran de inmediato su camino hacia las aplicaciones pornográficas, pero la serie nunca se hizo demasiado cargo de esto, más allá del drama episódico de los personajes, por lo que quedó como un intento desesperado de ganar audiencia.



En resumen, con sus falencias y problemas, la serie era mucho más atrevida y tenía muchas más ideas que el promedio de lo que nos llega a través de la televisión de manera corriente. Es una lástima que lo abstracto del concepto, sumado a algunos errores en la propuesta, la condenaran a la irrelevancia. Aunque eso tuvo su vertiente positiva. Debido a la poca confianza en el concepto, y a la renovación después, la serie consta apenas de 26 episodios, por lo cual se hace más llevadera de ver. Con la promesa adicional de que el final de la serie es de verdad el final de la serie y que cierra todas las tramas principales desarrolladas con anterioridad.

2 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Josh Wheddon es uno de mis favoritos y todo lo que ha hecho me encanta, razón por la cual le he dedicado hartos textos en mi propio blog (por esto mismo te puedo decir que te faltó mencionar su serie de "Angel", el spin-off de "Buffy" que en cierto sentido es superior a esta otra). Hace años me compré original la primera temporada de esta serie, puesto que además me fascina su actriz, la cual me sorprendió gratamente y como acá nunca llegó la segunda temporada a la venta, "me quedé con los crespos hechos". Creo ya es hora de encargarla a USA. Por cierto, excelentes tus análisis del programa, los que se me escaparon en su momento. A todo esto, con los años en activo de la Gillermocracia y la alta calidad de sus escritos, de la que soy un fervoroso aliado...¿Cuándo te harás un banner para ponerte como afiliado en mi Cubil?

Guillermo Ríos dijo...

Whedon tiene un ojo notable para crear argumentos potentes, personajes interesantes y buenos diálogos. A la fecha sigo sin ver Firefly o Serenity, aunque ya llegará, supongo. Aunque sea porque ahí partió Morena Baccarin, que después derivó a V y a Homeland. Whedon me decepcionó un poco con las dos entregas de los Vengadores, aunque me da la idea de que la responsabilidad ahí es del estudio, en general menos dado al riesgo que el cineasta; pero en general siento que si Whedon hubiera hecho una película sobre un equipo de superhéroes inventado por él, guionizado por él y producido por él, hubiera resultado algo con mucha más dentadura.

Y un banner, la verdad es que no se me había ocurrido. Tenía el proyecto de diseñar una bandera para la Guillermocracia, porque en la actualidad es una república sin bandera, pero por un motivo u otro lo he postergado. Creo va siendo hora de retomarlo otra vez.

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