viernes, 11 de noviembre de 2011

"La gallina y el águila".


La gallina mira al águila volar,
y se la escucha con fiero cacarear:
“Un ave tan alto no debería llegar,
a ras del suelo todas debíamos estar”.

La gallina no mira su cobardía,
sólo la disimula con “debería”,
odia sus alas tiesas y sin vida,
y quisiera ver a toda ave hundida.

La gallina disfraza con odio su flojera
y quisiera que todo esfuerzo pereciera,
que toda águila desde el cielo cayera
y que en una roca el cráneo se rompiera.

El águila no mira a las gallinas individuales,
está demasiado alta, alturas universales,
suyo es el grandioso esquema de realidades
en que se atreve a mirar bellezas y verdades.

Al águila pertenece el cielo inconmensurable,
no el suelo llano, triste y miserable.
El águila esconde un enigma impenetrable,
pero sin embargo entendible y loable.

No seas gallina, mi amigo,
sé águila y conquista el espacio infinito.
Alzaré mis alas y volaré contigo,
y nuestro arrojo será leyenda, será mito.
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