domingo, 27 de noviembre de 2011

INTERMINABLELOGÍAS: La saga del Padrino.


Sin duda, la obra magna del género gangsteril en el cine es la saga del Padrino. Dos partes de la misma fueron rodadas casi en secuencia, estrenándose apenas con dos años de diferencia, mientras que la tercera parte se demoró dieciséis. La trilogía fílmica constituye un hito cinematográfico, y también una de las sagas más épicas del siglo XX, cuyos eventos principales abarcan cerca de ochenta años, y tres generaciones de personajes que se suceden unos a otros.

Todo arrancó con la novela original de un escritor llamado Mario Puzo, a la que por fuerza debemos referirnos debido a las divergencias entre las películas y el material de base. Puzo mismo era un inmigrante italiano cuya familia se avecindó en Nueva York. No es casualidad que la base de operaciones de los Corleone, su ficticia familia de mafiosos, sea el mundo ítaloamericano de Nueva York. Después se dedicó al periodismo, en donde reunió el material de base que le sirvió para escribir varias novelas de mafiosos, la más importante de las cuales es “El Padrino”.

La novela tiene una estructura bastante sencilla, un poco desordenada, pero muy funcional: está dividida en cerca de una veintena de capítulos, pero no presenta los sucesos de manera lineal, sino que a partir del desarrollo de una historia principal, que es el declinar de Vito Corleone y el ascenso de su hijo Michael, se insertan capítulos de flashback sobre distintos personajes, que transforman la bidimensionalidad de una historia llevada desde el inicio hasta el final, en la tridimensionalidad de un gigantesco universo de personajes, relaciones y circunstancias. Puzo le dedica una buena cantidad de páginas iniciales al matrimonio de Connie, hija de Vito Corleone, en 1946; de esta manera nos muestra a la Familia, su cultura y su mentalidad. En una secuencia, un pobre italiano le pide a Vito Corleone venganza contra unos adolescentes que ultrajaron a su hija. Vito Corleone le reprocha que, siendo italiano, no ha acudido a él primero, sino a los tribunales estadounidenses, que han dejado sueltos a los adolescentes porque son hijos de alguien importante. Vito Corleone expresa cuánd menospreciado se siente, pero perdona a este protegido, y envía a algunos matones para que los adolescentes reciban su castigo. Con esto, se nos expone que Vito Corleone obra con su propia ley, que es más benevolente y justa que la de las instituciones. En definitiva, Vito Corleone es una especie de Robin Hood que protege a su etnia de las redes clientelares del poder. A través de la novela se desliza una crítica sutil contra las instituciones de Estados Unidos, dejando implícito que todo se mueve por contactos y presiones, y no hay lugar para surgir en la vida mediante el trabajo honrado o la democracia. Notemos que la novela no es tanto sobre mafiosos, sino un impecable thriller político sobre la lucha y el ejercicio del poder.

Andando la novela, Vito Corleone sufre un atentado que lo envía al hospital. Los Corleone pasan por horas críticas. Como solución desesperada, su hijo Michael Corleone se ofrece para un atentado. Nadie cree en Michael, en particular su más sanguíneo hermano Sonny, líder en ausencia del hospitalizado Vito, porque Michael parece carente de personalidad. Pero no hay alternativa. Michael mata a algunos enemigos, y luego, para evitar la venganza posterior, es enviado a Sicilia, el hogar nativo de los Corleone. Aquí, la novela se bifurca en dos grandes tramas. Por un lado, vemos como Michael Corleone entra en contacto con su propia herencia, y regresa a Estados Unidos fortalecido y listo para entrar a los negocios cuando Sonny perezca bárbaramente acribillado, mientras que en la trama paralela, vemos la juventud de Vito Corleone, en que éste llega a Estados Unidos como inmigrante desde Sicilia, se instala en Nueva York, y comienza a forjarse las redes y alianzas que lo llevarán en un futuro a convertirse en el Padrino. La novela marca así un agudo contraste entre Vito Corleone, quien está construyendo un imperio de poder, y Michael Corleone, que lo está defendiendo y a su vez cayendo víctima de ese poder. Después de que Vito Corleone muere, Michael toma el control absoluto. Y todo se salda por supuesto con un brutal baño de sangre, y con una escena significativa: la esposa de Michael, Kay, quien ha presenciado la pérdida de la inocencia y la progresiva brutalidad de su marido, reza en la iglesia por la salvación de su alma (esta escena fue cambiada en la película).


Mario Puzo escribió una secuela llamada “El siciliano”, que también fue adaptada como película, ahora por Michael Cimino. Existe también una novela de diferente autor, llamada “El Padrino regresa”. No me referiré a ninguna de ambas novelas, ni a la película tampoco, simplemente porque no las he visto ni leído.

Apenas publicada la novela en 1969, los estudios se interesaron en rodarla como película. Los estudios preferían a Sergio Leone o a Peter Bogdanovich para rodarla, pero ninguno se interesó. Francis Ford Coppola tampoco quería, porque sentía que la novela caricaturizaba a los ítaloamericanos, por lo que al aceptar, lo hizo a condición de poder retratar de manera adecuada la cultura ítaloamericana; además, consideró la obra como una metáfora del capitalismo salvaje en Estados Unidos. El hecho de deberle 400.000 dólares a los estudios Warner Bros por el fracaso comercial de “THX 1138”, dirigida por George Lucas pero producida por Coppola, también ayudó. Marlon Brando por su parte tampoco quería interpretar a Vito Corleone, por sentir que el personaje glorificaba a la Mafia. En cualquier caso, ambos terminaron rodando las que serían sus obras maestras en términos de dirección y actuación, respectivamente.

La película es bastante fiel a la novela, en parte gracias a que Mario Puzo mismo trabajó con Francis Ford Coppola en la redacción del guión. Sin embargo, toda la subtrama sobre el pasado de Vito Corleone fue cortada principalmente por motivos de tiempo. También se eliminaron los trasfondos de algunos personajes. El resto es historia: “El Padrino” ganó el Premio Oscar a la Mejor Película, al Mejor Actor (Marlon Brando), y al Mejor Guión Adaptado, y se transformó en un clásico instantáneo del cine. Nino Rota fue descalificado por su clásica banda sonora, debido a haber reciclado el tema principal de alguna oscura película anterior... sólo para obtenerlo por “El Padrino II”, que usa el mismo tema.


Después del éxito de “El Padrino”, y quedando todavía material por rodar, que es todo el pasado de Vito Corleone, los productores se abocaron a una continuación. Mario Puzo y Francis Ford Coppola unieron fuerzas por segunda vez, adaptando todo ese material que había quedado fuera, y creando toda una nueva historia original para referir el destino posterior de Michael Corleone. De esta manera, la película salta entre una trama que se desliza en las dos o tres primeras décadas del siglo XX por un lado, y en otra que se ambienta ya en la época cercana a 1960, con la Revolución Cubana como trasfondo de algunos eventos.

En “El Padrino II” vemos dos etapas temporales de un mismo imperio. A través de la historia de Vito Corleone, asistimos a su formación. Estamos a comienzos de siglo XX, y Vito Corleone es sacado por su familia desde Sicilia debido a una rivalidad entre clanes que ha degenerado en guerra de sangre. Hay dos detalles significativos aquí. Siendo un niño, el pasaporte de Vito queda como “Corleone” debido a su pueblo natal (que, otro detalle, significa “Corazón de León” en italiano), enfatizando el vínculo entre Vito y sus raíces y por lo tanto haciéndolo un extranjero en América. Por otro lado, vemos la Estatua de la Libertad, el símbolo de la democracia americana, en un delicado contrapunto con toda la sordidez que hemos presenciado en la primera película, y seguiremos presenciando en el resto de la saga. En América, Vito Corleone está excluído del sueño americano: es italiano y además pobre, por lo que no puede ascender socialmente. Será sólo a través de la violencia, oponiéndose a un matón local y al final liquidándolo, que se le abrirán las puertas para el ascenso social. Con todo, y esto es significativo, Vito Corleone nunca pierde de vista sus propias raíces. Aunque sus métodos son brutales y violentos, nunca pierde de vista que son medios para alcanzar un fin que no es el poder sino la honra familiar; en su vida familiar y en sus relaciones de negocios, se comporta de manera honorable con quienes a su vez son honorables con él.

Como contrapunto tenemos la trama de Michael Corleone. A diferencia de su ya difunto padre Vito, Michael ha perdido de vista que el poder por el poder es vano e inútil. Los eventos de la película anterior han echado a perder a Michael Corleone y lo han torcido en un hombre paranoico, gélido y ambicioso de poder. Por su parte, y en esto la película es también muy crítica de América, se nos muestra que ésta es la única manera que tiene Michael Corleone de sobrevivir y sacar adelante a la Familia, ya que sus enemigos están dispuestos a todo para liquidarle, desde hacerlo comparecer en audiencias ante el Congreso por sus negocios ilegales, hasta enviar asesinos a ametrallarlo; y sus enemigos están incluso entre los suyos. Michael Corleone acabará transformado en un personaje trágico, cada vez más alienado de sus seres queridos. Su misma esposa acaba por abandonarlo, después de infligirle a Michael Corleone la ofensa suprema de abortar a su hijo. Al final, en una escena que nos muestra su deshumanización, Michael Corleone ordenará el asesinato de su propio hermano Fredo, quien a su vez ha tratado de matarlo en un atentado muy torpe. Es una desgracia que el actor Richard Castellano se quedara fuera del reparto por una discusión salarial, ya que su personaje del matón Clemenza es reemplazado por otro llamado Pentangeli; el que un personaje tan querible y significativo de la primera se hubiera vuelto en contra de la Familia en la segunda, para acabar en el trágico destino que le espera al final, hubiera cerrado aún más el círculo. En la última escena de la película, que hubiera sido un cierre magnífico para la saga, vemos a Michael Corleone en la cima, triunfante sobre todos sus enemigos, habiendo preservado el legado de su padre. Pero al precio de quedarse en la más absoluta soledad.


Sólo que después vino “El Padrino III”. Al igual que la primera, Francis Ford Coppola la abordó fundamentalmente por dinero, ya que sus estudios estaban al borde de la quiebra después del fracaso de “Tucker: Un hombre y su sueño”. Debido a que todas las tramas habían quedado cerradas en la anterior, y además por un significativo bajón de calidad, “El Padrino III” luce un tanto descolgada de las otras dos. En esta película damos otro salto en el tiempo, ahora a finales de la década de 1970, una fecha incluso posterior a las dos películas anteriores, que cubrían el período 1900-1960 aproximadamente. Michael Corleone es mayor y busca la redención acercándose al Vaticano, tratando de limpiar el dinero de la Mafia y blanquear los negocios de su familia. Pero otros mafiosos perciben beneficios en esta maniobra, y tratan de forzar a Michael Corleone para explotar otro inagotable filón. Nuevamente tenemos una parábola del capitalismo en esta película, ahora con un condimento adicional: el Catolicismo y la Iglesia. El Catolicismo no es algo que aparezca a plena luz en el resto de la saga, pero se manifiesta soterrado dentro de los elementos culturales presentados del mundo narrativo. Aquí en cambio aparece una aguda distinción entre el Catolicismo interior de Michael Corleone tratando de buscar la redención, y una Iglesia Católica tan corrupta que es capaz incluso de fagocitar a un Papa empeñado en limpiarla, envenenándolo. El final es menos significativo para la película que para la saga entera: todos los esfuerzos de Michael Corleone por redimirse terminan de la peor manera posible. Y a diferencia de su padre Vito, que ha muerto de manera más o menos plácida jugando con su nieto, Michael fallece solo y de una manera totalmente anodina. Además, ha quedado implícito que la imparable rueda del imperio Corleone sigue, ya que un sobrino suyo, aún más violento y brutal que Michael Corleone si es que cabe (interpretado por Andy García), ha tomado el control del imperio.

3 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Adoro esta saga, que la he visto un montón de veces y recuerdo con cariño haberla conocido siendo un adolescente que despertaba al gusto por las buenas historias. Cuando todavía era muy joven, durante mi primer año en la universidad, un muy querido amigo que tuve (y ya no está conmigo), me regaló la novela y de ese modo pude disfrutar a otro nivel de esta obra. Gracias por hacerme recordar todo esto. Por cierto, te he dedicado unas líneas en mi último post.

Elwin Álvarez Fuentes dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Guillermo Ríos dijo...

Las películas son en general notables, las tres de ellas, y creo muy injusto el ninguneo que suele hacérsele a El Padrino III únicamente porque no es tan buena como las otras dos. En cuanto a la novela, leerla aporta un enfoque y muchos datos cruciales que hacen mucho más redonda la experiencia de ver las películas. La novela original es también otra gran ninguneada, quizás porque está escrita en estilo best-seller en vez de ser una retorcida pieza de literatura experimental, requisito indispensable para que un texto pase al panteón de las grandes obras del siglo XX.

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