domingo, 30 de octubre de 2011

Ozymandias una y otra vez.


El presente posteo viene inspirado en parte por una entrada sobre el antiguo Afganistán hace cincuenta años, que publicó el excelente blog El Retronauta. Siempre había creído que Afganistán era un país condenado a ser tierra de pastores de cabras o poco menos, por lo que encontrarme con ese Afganistán civilizado y occidentalizado a mediados del siglo XX fue para mi toda una sorpresa. Y no pude evitar hacer la conexión entre el hundimiento de Afganistán, producto de las guerras civiles, la invasión soviética y el auge del fundamentalismo, y la situación presente en Chile. Acá en Chile, hemos vivido un 2011 muy intranquilo, con protestas y sublevaciones sociales por todas partes contra un sistema que se está reventando por las costuras, sin que nadie sea capaz de ponerle coto. En la década de 1990, Chile era el "jaguar de Latinoamérica". Ahora, así como Mario Vargas Llosa se preguntaba "¿en qué momento se había jodido el Perú?", quizás sea hora de preguntarse en qué minuto se podría joder o haber jodido Chile. Así como Afganistán se jodió.

En realidad, existe una tendencia humana a pensar que la vida prosigue eternamente. Si nos va mal, entonces lo mal durará para siempre. Si nos va bien, lo bueno durará también para siempre. Si las cosas caminan muy bien, tendemos a hacerle el quite a los Spurina que nos advierten contra los idus de marzo; a Julio César no lo mataron cuando estaba más hundido, sino por el contrario, cuando estaba en la cúspide de su poder. Cuando todo son buenas noticias, las malas noticias nos desagradan y nos cegamos contra las advertencias a nuestro alrededor.

Así, el mundo está lleno de civilizaciones que alcanzaron la grandeza y creyeron que eran para siempre. Hubo en el segundo milenio antes de Cristo un monarca hitita llamado Shubiluliuma. Firmaba sus cartas y tratados internacionales como "Yo, el Sol". Bajo Shubiluliuma, el Imperio Hitita alcanzó su máximo poderío. Pero apenas un cuarto de milenio después, el Imperio Hitita se hundió hasta un punto tal, que si usted había escuchado hablar de los hititas antes de leer este posteo, es porque de verdad adora leer libros de Historia. Para mayor ironía, el último rey hitita se llamó Shubiluliuma II. En América solemos asociar la caída de los imperios con la invasión española, pero antes de los españoles, muchas culturas precolombinas habían caído por sí mismas. Un listado somero debería incluir a Tikal, Copán, Chichén Itzá, Cahokia, Teotihuacan, Chavín, Tiahuanaco, etcétera.


Un ejemplo no de otra sociedad, sino de la nuestra propia, lo constituye el Imperio Británico. En 1897, éste alcanzó la cúspide de su poder celebrando el Jubileo de Diamante de la Reina Victoria. Cuando ella falleció en 1901, escribe Lytton Strachey sobre los británicos, "se habían acostumbrado a considerar a la reina dentro del orden normal del universo y les parecía inadmisible perderla". Si sacamos cuentas, resulta que había que ser mayor de 64 años y medio para haber nacido en un reinado anterior al de Victoria. Lo que vino después fue el diluvio. En los treinta años anteriores, sin que los británicos se hubieran dado cuenta, una nueva potencia había surgido en el Occidente, los Estados Unidos de América, y al cabo de medio siglo, el único lugar del mundo en donde Inglaterra era más importante que Estados Unidos era dentro de las novelas de James Bond.

Uno de los golpeados por la catástrofe fue el historiador británico Arnold J. Toynbee. Su obra más destacada es el voluminoso "Estudio de la Historia", en donde entre otras materias estudia el colapso y caída de las civilizaciones. Toynbee describe dos maneras en que esto puede suceder: por la némesis de la creatividad, o por la hybris. La némesis de la creatividad es pasiva: las culturas y civilizaciones se acostumbran a que "todo es como tiene que ser", y se duermen sobre sus laureles. La hybris (la palabra griega original es "ὕϐρις", que suele mal traducirse como "orgullo" o "arrogancia") en cambio implica excederse en los propios límites. Toynbee alude explícitamente al historiador griego Tucídides, que mencionó la hybris como el factor que arruinó al Imperio Ateniense. En su concepto, los atenienses se sentían tan poderosos e importantes, que trataron de abarcar más de lo que podían, y se acarrearon con ello su ruina.

Por supuesto que las cosas son más complicadas que un simple ánimo o estado mental. A veces, las catástrofes simplemente suceden. Los españoles llegaron a América, y los aztecas e incas podían haberlos resistido por las armas, pero contra los microbios que portaban los europeos, estaban indefensos y no tenían nada que hacer. A la larga en este caso, la inmunología hizo mucho más por los europeos que la pólvora. Parece ser que la caída de los mayas tuvo mucho que ver con una sobreexplotación de su medio ambiente, combinado con una sequía pertinaz que hacia el año 810 se lo llevó todo por delante. Un destino similar parece haberle acontecido al Imperio Khmer, barriéndolo tan por completo que usted probablemente sólo lo conozca porque las ruinas de Angkor Vat sirvieron como locación para el rodaje de la película "Tomb Raider".


¿Somos los occidentales tan distintos? Probablemente no. Tenemos en Latinoamérica al menos un caso de colapso dramático en esas condiciones. En los tiempos de Juan Domingo Perón, Argentina era quizás el país más poderoso del subcontinente. Medio siglo después vino el colapso del 2000 y 2001. ¿En qué minuto se había jodido Argentina? La respuesta no es sencilla.

Quizás Chile siga. Después de las reformas económicas bajo el gobierno de Augusto Pinochet, la economía chilena experimentó una expansión hasta niveles jamás antes vistos en la historia patria. Pero eso tuvo un enorme costo social, creando una de las sociedades más desiguales del planeta. ¿Cayeron los planificadores económicos de Pinochet en el pecado de la hybris, tratando de abarcar más de lo que era posible con los medios económicos de que disponía Chile? ¿Será la desigualdad social y la falta de oportunidades, el gatillo necesario para disparar una bala contra Chile? Hace poco, el General Gato me (nos) recordó la brillante cita de Jared Diamond a propósito de los vikingos de Groenlandia: "En el último momento, sin embargo, los jefes descubrieron que no tenían seguidores. El último derecho que habían conservado para sí era el privilegio de ser los últimos en morir de hambre" (en "Rise of the Planet of the Apes").

Y quiero terminar este artículo con el poema "Ozymandias". Escrito por Percy Bysshe Shelley y publicado en 1818, es una brutal caricatura del afán de inmortalidad de todos los que han osado desafiar al destino. La traducción del inglés es de Fernando G. Toledo, que espero si se llega a enterar, me perdone el reproducirlo en la Guillermocracia, aunque sea porque dejo el enlace a su posteo original. Acá va:


A un viajero vi, de tierras remotas.
Me dijo: hay dos piernas en el desierto,
De piedra y sin tronco. A su lado cierto
Rostro en la arena yace: la faz rota,
Sus labios, su frío gesto tirano,
Nos dicen que el escultor ha podido
Salvar la pasión, que ha sobrevivido
Al que pudo tallarlo con su mano.
Algo ha sido escrito en el pedestal:
«Soy Ozymandias, el gran rey. ¡Mirad
Mi obra, poderosos! ¡Desesperad!:
La ruina es de un naufragio colosal.
A su lado, infinita y legendaria
Sólo queda la arena solitaria».

(Una nota histórica: Según Suetonio, Spurina fue un arúspice que luego de sacrificar algunos animales, le advirtió a Julio César que se cuidara de los idus de marzo. Llegados éstos, y congregados frente al Senado, Julio César se burló de Spurina diciendo que los idus habían llegado sin traer ninguna desgracia, a lo cual Spurina replicó que habían llegado, pero no habían pasado. Minutos después, Julio César caía víctima de 27 puñaladas).


2 comentarios:

Lorenzo "el Retronauta" dijo...

Excelente articulo de las civilizaciones y su caída en desgracia de algunas de ellas.

Y no se preocupe, Chile sobrevivirá como nosotros vamos a sobrevivir a Zapatero, y eso, creame, va a ser cosa difícil.

Y gracias por la cita y el enlace a mi blog.
Saludos!

Guillermo Ríos dijo...

Gracias por las felicitaciones, y de nada por el enlace. :-)

Saludos.

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