domingo, 2 de octubre de 2011

El sonido del silencio.


Resulta llamativo que haya músicos tratando de capturar de un modo u otro el silencio. Algo bastante difícil, porque la música a primera vista es por definición la negación misma del silencio. En principio podemos decir que la música se compone de una serie de sonidos concatenados. Hablamos de notas musicales que juntas componen armonías cuando son tocadas al mismo tiempo, o melodías cuando lo son en forma sucesiva. Entendida de esta manera, el silencio claramente no es un sonido, y un músico no tendría nada que hacer con él.

Y sin embargo, en una visión más atenta, descubrimos que el silencio sí tiene un lugar en la música. Salvo casos de sordera permanente o temporal, nosotros nunca desconectamos nuestro espectro auditivo completo. Cuando estamos oyendo una nota y sólo una en particular, de una melodía cualquiera, estamos haciendo silencio sobre las restantes. Por ejemplo, pruebe usted a silbar su canción favorita. Usted silbará una melodía, pero no puede por sí solo silbar una armonía (varias notas al mismo tiempo). Usted debe elegir una nota u otra, pero no puede elegirlas todas a la vez. En algunos instrumentos se pueden tocar sonidos armónicos, como el piano si se tocan dos teclas distintas, o violín si se tocan dos cuerdas separadas. Pero caerá el silencio sobre el resto.


Incluso en materia de notación musical, el silencio tiene su propia representación como símbolo gráfico sobre una partitura. Muchas veces, los compositores recurren a un tiempo o a un medio tiempo de silencio dentro de una melodía, para crear un efecto musical, acentuando el sentido rítmico con esos silencios intercalados, como si el instrumento respectivo hiciera una pausa para tomar aire y continuar con más fuerza.

Todas estas reflexiones se me venían a la cabeza con ocasión de escuchar en un minuto y por casualidad, la bellísima canción "The Sound of Silence" de Simon & Garfunkel. La letra de la canción no tiene precio. Por si no saben de qué va, la letra hace una valoración del silencio de la introspección por encima del mundanal ruido. Hacia el final adquiere tintes religiosos, algo supongo que inevitable si hablamos de la dimensión espiritual de la letra. La incrusto a continuación por si no la conocen por su nombre, aunque deben haberla escuchado millones de veces.



En realidad, como decíamos "el sonido del silencio" es una contradictio in terminis. Supongamos un equivalente literario. Existen textos literarios que han jugado con la llamada "página en blanco". Una página en blanco debería ser en principio la negación misma de lo que es un texto literario, ya que en ella no hay palabras que transmitan un mensaje. La ausencia de palabras es el mensaje. Y sin embargo, la página sigue estando ahí. En cierto sentido, la página en blanco expresada de manera musical se asemeja más a una nota que suena de manera monocorde, que al silencio mismo. Los dejo con el track "Bad Ground" de Type O Negative para que me entiendan un poco a qué me refiero.



La canción popular más directa que conozco, y que se refiere a este problema, es "Enjoy the Silence" de Depeche Mode. Las primeras líneas ya nos refieren el problema: "Las palabras como violencia quiebran el silencio"... El estribillo es bastante decidor: "Todo lo que siempre quise, todo lo que siempre necesité, está aquí en mis brazos. Las palabras son tan innecesarias, ellas sólo pueden lastimar". La canción en definitiva es un llamado a hacer en silencio. Un monje benedictino podría haberlas suscrito, quizás. Pero lo más llamativo es que la canción, después de irse a fade out, o sea al silencio, cuando parece que ha acabado, suelta un suave "enjoy the silence"... La misma canción de Depeche Mode tiene sintetizadores quizás demasiado aguzados, cuando hubiera sido más funcional para el mensaje un enfoque más minimalista, más como las baladas de la misma banda, lo que la hubiera aproximado a "The Sound of Silence" de Simon & Garfunkel. Algunas nuevas versiones de la canción, incluyendo el atroz cover de Lacuna Coil, han errado aún más el tiro, potenciando el ruido en vez de disminuyéndolo como debería ser acorde a la canción. La versión original de Depeche Mode:



¿Se puede hacer incluso mejor? No me atrevo a dar una respuesta, y prefiero que mis lectores se la formen por sí mismos. Por si no lo conocían, bienvenidos al trabajo más bizarro del compositor experimental estadounidense John Cage. Cage es considerado un compositor de música selecta, pero su trabajo difiere hasta lo indecible de Bach, Beethoven o Tchaikovski, por su carácter fuertemente experimental. Varias obras de John Cage exploran la música de manera metalingüística, rompiendo muchas veces la relación de sumisión del público a la rendición del intérprete, del intérprete a la partitura, y de la partitura al compositor, haciendo que la música se cree en todas esas etapas. En definitiva, incluso el público presente puede transformarse en parte de la música haciendo sus propios ruidos mientras los instrumentistas del centro están tocando. En caso de haberlos, porque tratándose de John Cage hay que esperar lo inesperado.

Toda esta introducción por fuerza muy superficial sobre John Cage, viene a cuento de su obra "4'33''". Ese título se lee "Cuatro minutos y treinta y tres segundos", por si las dudas. La obra consiste en que la orquesta se sienta, se dispone a tocar... y no toca nada. Y este silencio de la orquesta dura cuatro minutos con treinta y tres segundos. Esto entronca con lo dicho más arriba, que el silencio en definitiva es también un signo musical. Dentro de la interpretación de esta pieza, el silencio es otra nota musical más, pero una que niega a las demás; algo así como el cero en las matemáticas que es un número, pero que a la vez es la negación de todos los otros números porque no representa ninguna cantidad. Así como podemos decir que el cero es la cantidad de lo que no tiene cantidad, el silencio es la nota musical de lo que no tiene nota musical, dentro de esta peculiar manera de "componer".



Pero el planteamiento de John Cage es más audaz, y entra dentro del metalenguaje que decía hace un rato. Para Cage, la música es un fenómeno global, que involucra a todos los que estamos metidos en el proceso, no sólo al compositor. La verdadera música en "Cuatro minutos y treinta y tres segundos" es que mientras la orquesta está en silencio, el público puede escuchar otras cosas: las carrasperas de la gente, los bostezos, las risas, el bs-bs de los susurros en voz baja, el celular de algún despistado que olvidó apagar el suyo, incluso los ruidos que vienen amortiguados desde el exterior del teatro. Dentro del planteamiento de Cage, todo eso TAMBIÉN es música. Incluso hay una dimensión mágica, ya que cada uno de esos conciertos de cuatro minutos y treinta y tres segundos son irrepetibles porque nunca volverá a haber la misma concatenación de ruidos. La "composición" de John Cage quizás no deba ser incluida entre las obras musicales sino dentro de las filosóficas, porque en realidad es una demostración experimental acerca de toda una teoría sobre en qué consiste la música.

Pero al final del camino, existe una conclusión un poco desoladora. Por mucho que se busque, sea como metáfora como Simon & Garfunkel, sea como un anhelo como en Depeche Mode, sea como una exploración en los límites del arte como John Cage, hablar del sonido del silencio sigue siendo hablar de una contradicción. Pero como lo probó Cage con su obra no exenta de polémica, los seres humanos somos criaturas contradictorias y amamos la contradicción. Y quizás esa sea la mayor moraleja de este pequeño periplo.

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