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domingo, 25 de septiembre de 2011

INTERMINABLELOGÍAS: Las películas de Harry Potter.


Al revés de los que se las quieren dar de profetas escondiendo sus errores, confesaré un vaticinio mío que no se cumplió: en el año 2001, profeticé que “Harry Potter y la Piedra Filosofal” iba a ser un fracaso de taquilla, ya que “El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo” se la iba a tragar con todo y zapatos, y el mercado para fanáticos de lo fantástico no era tan grande para contener a ambas. Diez años y ocho películas después, es obvio que estaba equivocado. Al momento de escribir esto, Harry Potter se transformó en la saga más rentable de la historia del cine con más de 7.700 millones de dólares recaudados, todas sus películas se instalaron por sobre el listón de las 40 más taquilleras (piénselo: de las 40 películas más taquilleras de la Historia, una de cada cinco es Harry Potter), y la de menor recaudación que es la tercera, “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, recaudó casi 800 millones de dólares, mientras que la última es la de mejor recaudación, y al momento de escribir esto había pasado los 1300 millones de dólares y había sobrepasado a “El Señor de los Anillos: El regreso del Rey” en el tercer lugar de película más taquillera de todos los tiempos, sólo detrás de “Avatar” y “Titanic”. Entonces es una muy buena idea partir estas Interminablelogías con el fenómeno de las películas de Harry Potter. Después de todo, las vi todas en el cine, aunque las más antiguas, por motivos comprensibles, las tengo bastante empolvadas. Hago la precisión de que mi conocimiento sobre Harry Potter se limita a las películas, y más de algún fanático que lea las novelas podrá puntualizar esto o aquello: esta Interminablelogía en particular se refiere sólo al cine.

En realidad, haber llevado Harry Potter al cine fue casi un salto al vacío. Es la clásica historia de la Cenicienta, un libro que nadie quería porque lo sentían poco comercial, y que cuando por fin fue lanzado, se transformó en un taquillazo. En esos años, J.K. Rowling aún no terminaba la saga en las novelas, pero ya se sabía que todo iba a tener un final y no se iba a extender eternamente en el vacío. Por lo tanto, los productores de las películas estaban abriendo un filón sin saber si se acabaría al final, pero sabiendo además que no podían extenderlo indefinidamente como por ejemplo con Star Trek o James Bond. Además había un problema adicional: sus protagonistas eran un trío de niños, lo que imponía fechas de rodajes bastante ajustadas antes de que los actores protagonistas crecieran. Cualquiera que haya visto fotos de Daniel Radcliffe, Rupert Grint o Emma Watson entre la primera y la última película, sabe de lo que hablo. Además, J.K. Rowling había puesto condiciones bastante estrictas para el rodaje, incluyendo que las novelas fueran trasladadas de la manera más literal posible al cine, y que el casting fuera lo más ajustado posible a los personajes. O sea, los productores no tenían tanta manga ancha para cambiar detalles o inventárselos, lo que es moneda corriente en las adaptaciones fílmicas. No es que no se pudiera hacer, y de hecho se pudo, pero para los productores de Hollywood trabajar en condiciones tan opresivas por una perspectiva demasiado incierta de ganancia o pérdida, es un riesgo que no están dispuestos fácilmente a correr.

En ese sentido, la saga como un todo es un ejercicio increíble de producción. Los productores pudieron fichar al que sin duda es uno de los mejores elencos corales jamás ensamblados. Un reparto así de espectacular suele verse para películas aisladas, pero no para una saga cuyo rodaje iba a implicar la siguiente década, como así fue. El casting de Daniel Radcliffe como Harry Potter, Rupert Grint como Ron, y Emma Watson como Hermione, estuvo muy bien desde el comienzo. Otro cuento es que sean buenos actores, lo que es discutible en particular tratándose de Radcliffe, pero la manera en que ellos se metieron bajo la piel de los personajes hasta ser literalmente ellos, es casi terrorífica. Un puntal importantísimo fue por supuesto Alan Rickman como Severus Snape, sin duda el mejor papel de la franquicia, servido por un actor que es también todo un caballero. La solidez de este reparto es tal, que cuando Richard Harris falleció, su importantísimo personaje de Albus Dumbledore pudo ser entregado a otro actor sin que la saga se resintiera demasiado (aunque soy de los que piensan que el sustituto Michael Gambon, siendo un muy buen actor él mismo, quedó corto frente a Harris).


Cuando “Harry Potter y la Piedra Filosofal” fue estrenada en 2001, fue un taquillazo instantáneo, casi alcanzó los mil millones de dólares de ganancias, y es la segunda más taquillera detrás del final. Y demostró que sí había público para DOS producciones fantásticas, ya que mientras que “El Señor de los Anillos” apuntaba a un público adolescente y adulto, ésta iba dirigida principalmente a los niños. Con esta película se sentó una importantísima base para la franquicia: su carácter generacional, el ir creciendo tomada de la mano de los niños que tenían la edad de Harry Potter. Es decir, los nacidos alrededor de 1990. Curiosamente, ayudó también que varios directores más personalistas como Steven Spielberg, Terry Gilliam, M. Night Shyalaman terminaran por no rodarla, y el testigo pasara a Chris Columbus, un artesano discreto y eficiente que al no darle ningún sello personal a la película, permitió que la franquicia se asentara como un todo, y el aspecto visual y la fórmula pudiera ser replicada sin problemas por posteriores directores. Porque Harry Potter es una saga como James Bond: el que menos importa es el director sentado dando las órdenes.

Afortunadamente, la primera película está rodada de manera autoconclusiva, y en ningún minuto trata de destacarse como una “primera parte”, de manera que puede ser vista de manera independiente y se disfruta. En ella, Harry Potter descubre que es un hechicero, y es convocado a la Escuela de Magia de Hogwarts, en donde deberá afrontar lo que en una serie televisiva se habría llamado el “misterio de la semana”. Un argumento no demasiado impresionante, bastante común y corriente, pero que sirve bien para asentar las bases de la franquicia, incluyendo sus personajes y escenarios principales, y sentar así las reglas del juego. La misma jugada hacen en “Harry Potter y la cámara de los secretos”, que también presenta otro “misterio de la semana” sin mayores consecuencias narrativas posteriores (películas postreras enlazarán elementos de estas dos primeras entregas con el resto del desarrollo, pero eso no se adivinaría por estas dos primeras entregas en sí).


Con “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, la franquicia gira desde el “misterio de la película” hacia un formato más de saga. Ahora la trama principal no gira tanto sobre un misterio a resolver, como sobre la amenaza que representa un prisionero fugado de la prisión de Azkaban, y con ello introduce más variedad en el universo potteriano. La trama principal sigue siendo autoconclusiva, pero ahora aparece por primera vez un cambio de estatus al final, en vez de aplicar el botón de reseteo, cuando el personaje de Sirius Black llega para quedarse. Es significativo también que para esta entrega, el director Chris Columbus pase de la dirección a la producción únicamente, y el mexicano Alfonso Cuarón haya llegado a dirigir, lo que hace que esta película sea la más desarrollada en cuanto a estética de todas respecto a una saga que visualmente tiende a ser bastante plana, más allá de los buenos efectos especiales.

La gran transición se produce en “Harry Potter y el Cáliz de Fuego”. La película comienza una vez más como lo que promete ser otro episodio autoconclusivo. La premisa de base otra vez trata de alejarse del misterio para introducir un componente deportivo que, seamos justos, es terriblemente absurdo, ya que las pruebas deportivas ponen en continuo peligro a sus protagonistas únicamente por ganarse una copa. Eso, y el complot de un villano que podía haber hecho lo mismo que pretendía, de una manera mucho más fácil, teniendo tanta facilidad para acceder a Harry Potter como la tenía. No ayuda tampoco que la dirección de Mike Newell sea tan plana. En realidad sería la entrega más olvidable de la franquicia, de no ser por su inesperado giro final: en esta película el plan del villano, que no es otro sino traer al malvado Voldemort de regreso a la vida, tiene pleno éxito. Y aunque Voldemort es finalmente conjurado, ahora está vivo y además la victoria pírrica de los héroes se salda con una muerte, lo que añade una nota trágica. La primera mitad de la franquicia, la de las películas autoconclusivas, acaba de terminar, y ahora las nuevas entregas se irán intrincando cada vez más hasta transformarse el final de cada una de ellas en sucesivos continuarás hasta el gran final.


La segunda mitad de la franquicia fue dirigida íntegramente por David Yates, con un significativo bajón de calidad. Sobre si fue culpa de la poca creatividad de Yates, o simplemente los ejecutivos se despreocuparon al tener un público cautivo que vería las películas sí o sí, es algo que no puedo decidir. El caso es que en “Harry Potter y la Orden del Fénix”, Harry Potter entra de lleno en la adolescencia y se rebela por primera vez. Harry descubre la existencia de la Orden del Fénix, creada para luchar en secreto contra Voldemort, y trata él mismo de unirse junto a sus compañeros para luchar contra una despótica nueva directora en Hogwarts. Un nuevo elemento se introduce dentro de la saga: la política. Porque el Ministerio de la Magia interviene ahora de manera mucho más decidida en la saga, pero para obstaculizar a los protagonistas con su ceguera, su carácter obstuso, su burocracia y su secretismo. A partir de esta película intuimos que la indecisión y la cobardía del Ministerio de la Magia harán maravillas para que Voldemort se acerque cada vez más a la hora de su triunfo.

“Harry Potter y el misterio del Príncipe” es saludada universalmente como la peor de la saga, y con razón. Quienes leyeron la novela dicen que le comieron todo el argumento y se quedaron con el folletineo. Como dije, yo sólo vi las películas, así es que a ellas me remito. La película es un baturrillo de historias medio mal hilvanadas y que no llevan a ninguna parte, y diera la impresión de que fue rodada únicamente como episodio de transición hacia el gran final, y completar con éste el número mágico de 7, que como sabemos en las películas no fue, porque el último tomo lo partieron en dos.

“Harry Potter y las reliquias de la muerte – Parte 1” en realidad empieza un poco in media res porque parte de la trama ha venido desarrollándose desde el final de la entrega anterior. Si a eso se le suma un ritmo desesperantemente lento, y a que no vemos la gran cosa de los aliados de Voldemort tomándose el mundo mágico, en realidad se transforma en un aburrimiento mayúsculo. La cosa se redime un poco con “Harry Potter y las reliquias de la muerte – Parte 2”, en parte porque en la primera mitad de la película dejan bien amarradas todas las tramas pendientes, y le dedican toda la segunda mitad al grandilocuente enfrentamiento final entre las fuerzas del bien y del mal, incluyendo por supuesto el inevitable duelo final entre Harry Potter y Voldemort. Esta última entrega redime muchos de los pecados de las entregas antepenúltima y penúltima. Por supuesto que vista sin haber pasado previamente por el resto de la saga, no tiene ningún sentido ni interés.


Porque en definitiva, Harry Potter llevó a cabo el experimento más o menos único de construir una saga fílmica que desde el principio tenía fecha de caducidad. “El Señor de los Anillos” no cuenta porque las tres películas fueron grabadas al mismo tiempo. Otras sagas se han quedado como trilogías (la original Star Wars, Matrix), pero únicamente por voluntad de sus productores y creadores, no debido a un material de base que les sea ajeno. Incluso en James Bond, cuyo material literario es un stock limitado, los guionistas inventaron después material completamente nuevo cuando la fuente original, la obra de Ian Fleming, terminó por agotarse. En ese sentido se puede discutir la calidad fílmica de las películas de Harry Potter, que no son obras maestras pero sí en general buen cine comercial, pero no puede discutirse el colosal esfuerzo de producción detrás de las mismas. Puede sonar poco artístico, pero el esfuerzo sigue siendo el esfuerzo, y en este caso, se llevó una más que merecida recompensa para sus creadores.

2 comentarios:

Elwin Álvarez Fuentes dijo...

Debo reconocerte que me gusta mucho esta saga y así como tengo todos los libros (los que leí antes de ver las pelis), fuí a ver todos los filmes al cine y luego me los compré originales. Es primera vez que me encuentro con eso de que "El Misterio del Príncipe" es la más mala de la saga, pues justamente a mí me gusta mucho y la encuentro soberbia. Realmente te recomiendo mucho leer los libros, que a medida que va desarrollándose la saga. cobran mayor valor literario.

Guillermo Ríos dijo...

Después de escribir este posteo, tuve ocasión de revisar un pedazo más o menos contundente de El misterio del príncipe, y la verdad es que se me reivindicó algo, en particular frente al Siete parte uno que la considero casi por completo prescindible. En cualquier caso, en todas partes que me topo con comentarios, estas dos son los blancos fáciles. Por cierto, en Honest Trailers las llaman así:

1.- La que lo inició todo.
2.- La que todos odian.
3.- La que todos aman.
4.- La que aparece Cara de Pala.
5.- La de las hormonas a tope.
6.- La que muere Dumbledore.
7p1.- La que te puedes saltar.
7p2.- La que hizo a los adultos llorar como bebés.

En cuanto a los libros, pasaré por el minuto. Tengo varias cosas que leer, por vocación y por obligación, y los siete tomos, en particular los últimos, se ven un poco... gruesos.

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