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domingo, 11 de septiembre de 2011

Erase una vez... "Erase una vez... el hombre".


Gracias a la cortesía de algún anónimo esforzado que se dio maña para subir 78 videos a YouTube, tuve ocasión de despacharme hace poco una antigua serie de dibujos animados llamada "Erase una vez... el hombre". Los más veteranos deben recordarla aunque sea por haberla visto en su infancia, lo que es mi caso, mientras que los más jóvenes no deben saber nada de ella, para su vergüenza y desgracia. Por supuesto que de niño, uno se entretiene con la acción y los dibujos, pero al crecer, le vamos descubriendo nuevos matices y aspectos de relevancia, por lo que se merece un artículo aquí en la Guillermocracia, este clásico de los dibujos animados.

El título original de "Erase una vez... el hombre" era "Il était une fois… l'homme", y fue el trabajo creador de Albert Barillé como guionista y productor el que lo consiguió sacar adelante. La premisa es bastante sencilla: a lo largo de 26 episodios tenemos retablos de 26 momentos o épocas más o menos estelares en la historia humana, en que vemos a los grandes personajes históricos construyendo Historia por un lado, y por el otro a manera de contrapunto, a un elenco estable de caracteres que representan distintos aspectos de la vida cotidiana de dichos períodos.


Y es seguramente este elenco estable el elemento más recordado de la serie. Los protagonistas son dos amigos, Pedro y el Gordo, el primero de los cuales es el inteligente y hábil, y el segundo es el hombre de fuerza. En el caso de Pedro se enfatiza además la vida de familia, con su esposa o amada Flor, y sus hijos Florcita y Pedrito, mientras que Gordo tiende a aparecer más bien soltero, aunque en algunos capítulos tiene señora y un hijo Gordito, que ha heredado visiblemente el poderío muscular de su progenitor. En algunos capítulos, la historia cubre períodos más o menos largos en que Pedrito y Gordito crecen y se hacen adultos, visiblemente en los episodios de los vikingos (cap. 10), el de las catedrales (cap. 11), o el dedicado a los años locos (cap. 25). Frente a ellos tenemos dos malvados omnipresentes: el mequetrefe pero intrigante Enclenque, y el fuerte pero demasiado arrogante Tiñoso. ¡Suerte para nuestros protagonistas que Pedro es más listo que Enclenque, y el Gordo es más fuerte que Tiñoso...!

El elenco es completado con el Maestro, quien representa la sabiduría, el conocimiento, la curiosidad científica y la exploración del mundo. El Maestro además encarna en algunos capítulos a personajes históricos: al escultor Fidias en la Atenas de Pericles (cap. 6), a Kublai Khan frente a Marco Polo (cap. 12), o a Leonardo da Vinci (cap. 14, revisitado en el cap. 25). Y por un simpático reloj que era esencialmente una caja con ojos y brazos, también muy recordado por los fanáticos de la serie, que se encargaba de marcar el año en que ocurría cada acontecimiento, tarea que podía ser algo desesperante cuando había que avanzar o retroceder mucho tiempo, o cuando le tocaba ser testigo de atrocidades históricas a destajo, que la serie no pretendía tampoco pasarlas por alto.


La serie destacó intensamente por sus grandes valores humanistas. En "Erase una vez... el hombre", los buenos siempre son asociados con valores tales como la curiosidad frente a la naturaleza y el espíritu científico, así como la compasión y la búsqueda de la justicia, mientras que los villanos o son partidarios de la tiranía o la opresión, o bien obstaculizan y ridiculizan el progreso científico. En el último capítulo, sin ir demasiado lejos, son el Tiñoso y el Enclenque quienes desatan nada menos que la guerra nuclear final. Pero no se crea que la serie confía ingenuamente en los valores humanos. En algunas ocasiones, los villanos tienen algunos triunfos ocasionales frente a los cuales los buenos no pueden hacer nada, como por ejemplo cuando el Tiñoso elimina a un rival de amores denunciándolo a la Santa Inquisición (cap. 15). Frente a eso, el argumento decisivo no suelen ser disquisiciones etéreas sobre el sexo de los ángeles, sino el más terrenal puño del Gordo, aplicado con contundencia sobre el cráneo del Tiñoso. Además, algunos de los protagonistas mueren, bien sea de vejez como el Maestro de la época de los Neanderthal (cap. 2), bien asesinados como Pedro el Vikingo (cap. 10), bien desaparecidos en acción como el aviador pretendiente de Florcita en los años locos (cap. 25). Un recordatorio para los niños de que la vida no siempre es justa ni fácil, lo que tampoco está mal para evitar que se críen demasiado sobreprotegidos.


La serie también descuella por su manejo de los materiales históricos. Con esto no queremos decir que sea perfecta y sin defectos. En algún caso se manda algún error de bulto o hace afirmaciones temerarias, mientras que en otros apelotona tantas cantidades de información en tan pocos segundos, que es necesario seguirla con un manual de historia al lado, cuando se suponía que debía ser una introducción a los manuales de historia precisamente. A cambio, tenemos una serie que elige muy bien sus momentos estelares. A mitad de la misma se torna europeocéntrica y tiende a relegar las historias no occidentales, pero siempre muestra un respeto supremo por otras culturas y civilizaciones, aunque tampoco sin irse al extremo contrario de defenderlas como "buenos salvajes" frente a los malvados occidentales. En esto, la serie resulta muy equilibrada. Uno de los mejores detalles al respecto es por ejemplo en su fugaz recreación de la Batalla de Poitiers de 732 (cap. 8), cuando Pedro y el Gordo árabes se enfrentan a Pedro y el Gordo francos (que aparecerán después, en el cap. 9), o cuando frente al Maestro Padre Peregrino aparece un Maestro piel roja en la época de las Trece Colonias (cap. 21), enfatizando así que todas las guerras son en definitiva fraticidas, al enfrentar a miembros de una misma especie humana unos contra otros. Y en un país con una relación tan complicada con el Islam como lo es Francia, esta serie francesa describe a los musulmanes con enorme respeto y le dedica un capítulo entero a Mahoma y el surgimiento del Islam tratándolo de manera bastante desprejuiciada (cap. 8). Además, el tener un elenco estable de caracteres le permite saltar desde los grandes acontecimientos hasta la vida cotidiana y viceversa, permitiéndonos ver aquello que los libros de historia no suelen aludir: cómo vivían las gentes de otros tiempos y en qué condiciones, en sus respectivos día a día.


Parte importante del éxito de la serie es su sobresaliente trabajo de animación. Los diseños de los personajes son claramente europeos, y el estilo de trabajar con personajes caricaturescos en contraste con fondos históricamente muy verosímilares, es muy similar al estilo desarrollado por ejemplo en los cómics de Asterix. Pero la animación fue producto de los japoneses, en concreto, de Tatsunoko, responsable en aquellos años de "Fuerza G", "La máquina del tiempo", "El Superlibro", y algo después la franquicia de Macross (la futura Primera Generación de "Robotech"). Por cierto, no parece que la fe en este proyecto haya ayudado a buscarle auspiciadores, como se nota en la lista obscenamente larga de productores asociados, que incluyen a la RAI italiana y a la Televisión Española entre otros...

Quizás el único "pero" realmente grande es que en España, por desgracia, le volaron la versión de la "Tocata y Fuga" de Bach para incluirle una canción que posiblemente sea muy recordada, pero que desmerece respecto de la producción original. Aunque debo confesar que tengo un enredo mental, porque la Tocata y Fuga sí que aparece en la versión latinoamericana, pero ésa no es la que recuerdo haber visto en Chile... Tarea para que mis lectores dejen sus reminiscencias en los comentarios.



En general puede decirse que "Erase una vez... el hombre" fue un exitazo allí donde se exhibió, y fue muy recordada. Albert Barillé siguió adelante con otras producciones basadas en el título "Erase una vez...", con la misma idea de usar un elenco estable de caracteres por capítulo: surgieron así varios Erases una vez sobre el espacio, la vida, las Américas, los inventores, algunas buenas y algunas otras no tanto, pero que no llega ninguna a los altísimos estándares de esta serie. Por otra parte, en Estados Unidos ya llegada la década de 1990 surgió una serie que en lo personal me huele a clon bastardo de la original, que es "Hysteria", mucho más chillona que su modelo, y que en su afán por ser amigable con los niños sacrifica a mi gusto demasiado del material educativo de su ilustre modelo.

4 comentarios:

Cidroq dijo...

Muy buena serie, yo la veía de niño con mi hermano y tienes razón, era una serie que mostraba a los niños como es el hombre, con lo bueno y lo malo que esto implica.

Guillermo Ríos dijo...

Era una serie que consiguió el raro equilibrio de tener humor infantil para contentar a los niños, en particular a cargo del Gordo poniendo en su lugar a Tiñoso y Enclenque, con algunas reflexiones bastante profundas entre líneas acerca del ser humano. Es lo que sólo las verdaderas obras de arte logran conseguir.

David Izquierdo dijo...

La mejor serie que he visto en mi vida estoy a punto de tener ya medio diglo y la miro de vez en cuando o releo los comics gracias a esta serie entendi enseguida la historia en un orden cronológico es mas estudie ademas la carrera de historia me paso lo mismo que a ti al principio me interesaban los personajes pero al crecer me empezo a interesar los hechos como guia de la historia universal tambien como me gusta dibujar siempre he sabido dibujar a estos de memoria en todas las épocas

Guillermo Ríos dijo...

La serie misma es bastante veterana, ya va para cumplir los 40 años. Recientemente volví a ver un par de capítulos, y sigue manteniéndose incólumne, mientras que otras obras de esa época... lucen los años, digámoslo de esa manera piadosa. Una muestra de que se puede hacer una serie cultural para niños con cierta profundidad y humor bien planteado, sin necesidad de tratar a los niños como tarados. Ojalá en otras partes aprendieran un par de lecciones al respecto.

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