miércoles, 3 de agosto de 2011

Sobre el penoso estado de la Ciencia Ficción en Chile.


Dudaba sobre si escribir o no escribir sobre este tópico, que por definición es polémico, hasta que un evento externo me convenció de que debía hacerlo: un artículo redactado por Alberto Sepúlveda y publicado por el Sitio de Ciencia Ficción, en que defenestraba con muy buenos motivos algunas antologías de Ciencia Ficción chilena. El artículo se llama "Cómo la Ciencia Ficción chilena se transformó en otro dispositivo narrativo comercial", y hace un contundente destrozo de algunos males que aparentemente plagan el género acá en este país. Lo que me motivó a entregar mi propia opinión sobre el tópico, que aunque lo diga yo, es una de las opiniones más autorizadas que ustedes van a encontrar en Chile, por encima de muchos otros que quieren posar de líderes del género en Chile y no lo son. Por lo menos, yo no los reconozco como tales porque no son mejores que yo, y deben serlo si quieren liderarme. Digo que soy mejor porque en el mismo Sitio de Ciencia Ficción me están republicando las Crónicas CienciaFiccionísticas, mientras que mi blogoserie en línea "Corona de Amenofis" se empina en la actualidad por más de cinco años de publicaciones y sobre cien capítulos. Todo lo anterior me da pergaminos que otras voces no tienen. Aunque no me lo reconozcan, debido a ese endémico mal chileno que es la envidia.

En los últimos años en Chile hemos asistido a un movimiento cultural que pretende reivindicar la Ciencia Ficción como un género literario y cinematográfico serio. Afirmación que me parece incuestionable, por supuesto, porque se debe vivir debajo de una piedra para no darse cuenta de que la Ciencia Ficción está en todas partes. Las más importantes mitologías del imaginario del siglo XX y lo que va del XXI, son universos de Ciencia Ficción, incluyendo Star Wars, Star Trek, Matrix, y un largo etcétera. Pero una cosa es hacer este reconocimiento, y otra muy distinta que la reivindicación del género en Chile vaya a llegar a alguna parte. Porque a pesar de lo que digan sus cultores, la Ciencia Ficción chilena en general es anémica y maltrecha, de baja calidad literaria, y más o menos ayuna de ideas.

Hagamos un recuento histórico. Como la Ciencia Ficción latinoamericana en general, La Ciencia Ficción en Chile es un género exótico, una importación desde el mundo anglosajón, y no empezó a desarrollar un perfil característico sino hasta mediados del siglo XX. Luego, a consecuencias de los hechos relacionados con septiembre de 1973, y al igual que otras manifestaciones culturales chilenas, la Ciencia Ficción sufrió un corte en embrión y toda esa tradición literaria simplemente quedó sin descendencia. En la década de 1990 surgió una nueva hornada de autores, en la que yo mismo me cuento (en esos años yo publicaba un fanzine llamado "Quinto Evangelio"), pero nosotros en general veníamos completamente desconectados de lo que venía desde antes, y eso en caso de que no fuéramos abiertamente hostiles a dicha tradición (no era mi caso, aunque tampoco era un entusiasta). Para estos nuevos autores, ignorantes de la Ciencia Ficción clásica chilena, todo era un volver a empezar, y no les quedó más remedio, y me incluyo en el montón, que imitar las formas literarias procedentes del mundo anglosajón. Los máximos referentes de esta generación de autores son el manga, el anime, el cine de Hollywood, y para los más veteranos, las novelas anglosajonas del período 1937-1984, o sea, desde el inicio de la Revolución Campbelliana hasta la eclosión del Cyberpunk. En esas condiciones es difícil hablar de una Ciencia Ficción chilena con músculo.

Pero si el problema se agotara ahí, no sería un problema en lo absoluto, porque bien bastaría con paliar las deficiencias de referentes con creatividad, inventándose unos nuevos que sean propios. Pero además, entre los escritores de Ciencia Ficción chilenos en general existe una profunda estrechez mental, que les impide mirar más allá del ámbito. Existe una obsesión tan profunda de los escritores de Ciencia Ficción por afincarse como el nuevo referente cultural, por crear una revolución que los va a entronizar en el Olimpo del mundo cultural, que rechazan con un fanatismo rayano en la iconoclastia cualquier cosa que no sea Ciencia Ficción. Y en este furor en contra de los iconos es donde su literatura naufraga.

Si uno mira en torno a los escritores de Ciencia Ficción foráneos, su formación cultural era enormemente heterogénea. Isaac Asimov de niño leía folletines clásicos y literatura griega. Frank Herbert se entusiasmó con todo lo relativo al mundo musulmán. Philip K. Dick se bebió cuanto libro místico existía afuera, incluyendo el I-Ching entre otras cosas. Muchos escritores de la "New Wave" en la década de 1960 se aproximaron a la Ciencia Ficción "desde fuera", desde la literatura general, incluyendo a Brian Aldiss o a Michael Moorcock. William Gibson tenía una buena formación en novela negra. Y suma y sigue. El resultado es que todos esos escritores hicieron buena Ciencia Ficción, y buena literatura en general, porque encontraron la manera de transmutar todas esas influencias en creaciones originales. "Dune" de Frank Herbert se inspira poderosamente en la cultura y mentalidad musulmana, la Saga de la Fundación de Isaac Asimov es una reelaboración de la "Decadencia y caída del Imperio Romano" del historiador victoriano Edward Gibbon, "Neuromante" de William Gibson es en el fondo una novela negra con tipos enchufados a Internet, y así sucesivamente. Y, sin falsas modestias, mi mentor Sergio Meier siguió el mismo camino en "La segunda Enciclopedia de Tlön", integrando filosofía del siglo XVIII en un entorno cyberpunk, y yo estoy haciendo lo propio en "Corona de Amenofis" con la tradición folletinesca del cine y la televisión, también en un entorno de Ciencia Ficción.

Más de algún pope, archimandrita o ayatola de la Ciencia Ficción en Chile va a leer estas líneas con espanto y va a despotricar en mi contra, diciendo que soy un tipo poco informado, o peor aún, un fascineroso hijo de la cultura de la envidia y del aserruchar el piso en Chile, o un hereje incapaz de reconocer la "verdadera literatura" allí donde la veo. La que suele coincidir con la literatura de preferencia de ese pope, archimandrita o ayatola, en una coincidencia que es casi de Ciencia Ficción por sus proporciones cósmicas. Puede ser, claro está, pero a las pruebas me remito. Hace pocos años atrás salieron publicadas dos sendas antologías de Ciencia Ficción, ambas fruto del laborioso trabajo del señor Marcelo Novoa. Una de ellas, "Años luz", es un recuento de la Ciencia Ficción chilena desde la década de 1920 hasta la actualidad. La segunda, "Alucinaciones TXT", es una antología de Ciencia Ficción contemporánea, podríamos decir que de autores revelados entre 1990 y 2005. En ambos casos estamos frente a obras claves desde el punto de vista histórico, ya que son los esfuerzos más ambiciosos y omnicomprensivos para recopilar y difundir la Ciencia Ficción chilena entre los legos en la materia, que son casi todos porque los esfuerzos anteriores en la misma línea nunca habían ascendido más allá del underground, y por lo tanto, es poco probable encontrarse con algún experto en el tema con anterioridad, como no hablemos de prohombres como Moisés Hasson, por ejemplo, que prácticamente trabajaron en el desierto. Pero si salimos del ángulo histórico para ir al literario, con pesar debo decir que son dos antologías que yo no le infligiría ni a mi peor enemigo. Porque el nivel literario en ellas es mediocre, así de simple. Lo que no es culpa del antologador, claro, porque ni el mejor pastelero puede hacer un buen pastel si los ingredientes son de mala calidad. No es que no hayan buenas ideas. No es que no se esfuercen. Pero se nota demasiado el querer "escribir Ciencia Ficción". Un buen escritor se preocupa SIEMPRE de escribir "buena literatura". Y si ésta incide o no en tal o cual género literario, eso es más un accidente de nacimiento que una elección previa. Si la "Segunda Enciclopedia de Tlön" de Sergio Meier es una obra literaria de buen nivel, por ejemplo, es que él nunca se limitó a escribir una obra de Ciencia Ficción, y se preocupó de que fuera buena literatura en general. Por desgracia, su caso es la excepción. La mayoría de los autores de Ciencia Ficción trabajan justamente en la dirección contraria, en querer alejarse de toda otra tradición cultural que no sea "friki" para convertirse en los guardianes de una nueva ortodoxia, y con esto le ponen represas justamente a los ríos que manan desde las fuentes de miles de años de tradición cultural de la Humanidad. Y haciendo de necesidad virtud, compensan esta pobreza con una actitud iconoclasta de querer dar vuelta el mundo entero para entronizarse ellos. El ego y el narcisismo, en dosis moderadas, no tienen por qué ser negativos, y de hecho, es poco probable que un escritor sin esos rasgos llegue a desarrollar alguna obra literaria que valga la pena (materia de reflexión para un futuro), pero cuando ese ego y narcisismo lleva a querer convertirse en juez y jurado de todo el universo alrededor como si se fuera una especie de supercomputadora cósmica capaz de juzgar a vivos y a muertos, pues entonces tenemos un problema.

Esto no es sino reflejo de una actitud cultural chilena mayor, que es la idea de que "mi obra artística es la única que vale, y yo soy lo mejor que hay". Actitud que existe un poco siempre y en todas partes, pero que parece extraordinariamente acusada en Chile. Una cosa es tenerle cariño a la propia obra, pero otra muy distinta es llevar esa actitud al extremo del dogma. En cuanto a mí mismo, me gustaría ver aparecer nuevas y mejores obras de Ciencia Ficción. Obras que no se limiten a plegarse a las modas de vampiros y zombies. Obras que no traten de ser la enésima revisión del mito del superhéroe, espúrea y sin gracia. Obras que no sean simplemente los Expedientes X o Harry Potter a la chilena. Obras que no sean ucronías steampunk al estilo de la Liga de los Caballeros Extraordinarios pero con ambientación chilena. Obras que no se limiten a "ser chilenas" simplemente poniendo machis y rituales mapuches en un entorno "Valparaíso cyberpunk". No es que éstas sean malas ideas, y bien trabajadas pueden rendir mucho de sí, pero no basta con una idea interesante para tener automáticamente una obra literaria que valga la pena. Además de eso se requiere desarrollarla, llevarla hasta sus últimas consecuencias... y escribirla bien, maniobrando adecuadamente con los signos de puntuación y usando un buen vocabulario. Todas esas, materias en las que el grueso de los escritores de Ciencia Ficción chilena tienen pendientes y condicionales para marzo.

4 comentarios:

Michel Martínez Deb dijo...

Me encontré con esta entrada vagando por el ciber espacio.... me parecio en demasía interesante, el analisis del cual estoy de acuerdo en muchos puntos, me pareció acertado y al grano, solo quiero felicitarlo, ya que me encuentro lanzando mi primer libro de relatos cortos del ámbito fantasía y ciencia ficción, espero poder contactarnos en algun minuto para poder mostrarle mis trabajo, un gran saludo. Michel

www.micheldeb.tk

www.lamontañadehierro.tk

Guillermo Ríos dijo...

Muchas gracias por las felicitaciones. Mucha suerte con el lanzamiento, y estaremos pendientes. Saludos.

Jimmy dijo...

También me encontré con este analisis en Google, buscando otro analisis q era sobre la nueva ciencia ficción en Valparaíso (creo que tu lo escribiste?).

Pero es bueno ser critico y de forma constructiva como tu lo haces, si la ciencia ficción y también la fantasía en Chile tienen problemas de calidad es por su obsesión por lo ñoño y como se encierra en eso, sin pescar otras tendencias literarias que si han triunfado en Chile. Es por eso que desde una visión latinoamericana triunfó un genero tan raro como el realismo magico, y en Chile llegó a su punto de más "weird fiction" con el Obsceno Pajaro de la Noche de Donoso... Y eso es porque es un genero escrito desde la vereda de al frente, tomando todo un legado literario más allá de lo tradicional y sin el estigma de escribirse en el pecho "esto es ciencia ficción, esto es fantasía", simplemente es literatura y de la buena y es lo que deberían todos apuntar.

Igual sería interesante saber tu opinión actual, o dentro de unos proximos años ya que el articulo es del 2011.

Saludos

Andrés

Guillermo Ríos dijo...

No recuerdo haber escrito nunca un artículo o ensayo sobre la Ciencia Ficción en Valparaíso, así es que tuvo que ser otro, no sé quién. Y ya que me lo mencionan... creo que lo voy a guglear para salir de la curiosidad.

En realidad, creo que esa expresión, "obsesión con lo ñoño" resume de manera brillante y sumaria todo el problema. Ese querer salirse de los brazos del criollismo y del realismo mágico para ir a arrojarse en los brazos de la ñoñoficción en vez de, digamos... desarrollar los propios malditos brazos en primer lugar.

Opinión más actual en realidad no tengo. Desde 2.011 a la fecha no he leído casi nada de Ciencia Ficción o fantasía chilena, de manera que difícilmente podría hablar de manera tan autorizada sobre cómo se ha desarrollado el género en la década presente. Pero tendré presente el apunte, de manera que si por alguna circunstancia cósmica decido echar un vistazo a lo que se escribe en lo contemporáneo, ahí lo comentaré.

Saludos igualmente.

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