domingo, 14 de agosto de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 49 - El regreso del vapor.


Mientras que en la década de 1980 el foco de atención de los escritores y lectores de Ciencia Ficción, y también de una parte del mainstream, enfilaba derecho hacia el "20 minutos en el futuro" del Cyberpunk, se estaba gestando un movimiento que iba exactamente en la dirección opuesta: hacia el pasado. Porque mientras los escritores y cineastas Cyberpunk trataban de arañar el futuro posthumanista y metacomputacional, esta otra hornada de creadores buceaba en la arqueología del género hasta dar con los padres fundadores, particularmente con la Inglaterra del siglo XIX en donde Herbert George Wells sentó lo que serían los temas principales del género. En realidad, ellos no querían tener nada que ver con el Cyberpunk, y de hecho implícitamente lo repudiaban: si querían recrear la mitografía propia de la Ciencia Ficción del siglo XIX, era justamente como escapismo en contra de la avalancha del futuro que se les venía encima, y que el Cyberpunk abrazaba activamente hasta sus últimas y amargas consecuencias. Pero para sus primeros lectores resultó más llamativa su actitud iconoclasta (romper con el presente, pero no hacia el futuro sino hacia el pasado), y tomando la etiqueta "punk", cambiaron el "ciber" por el vapor ("steam" en inglés). Con ello, nacía la etiqueta de Steampunk.



En realidad, y a diferencia del Cyberpunk, el Steampunk no es ni pretende ser novedoso. El primer Steampunk en realidad era una recreación más o menos fiel de lo que era la Ciencia Ficción pregernsbackiana, y en eso, resulta ser un revival más o menos consciente. Una de las primeras novelas adscritas al género, "Morlock Night" de 1979, es de hecho una secuela bastarda de "La máquina del tiempo" de Herbert George Wells (su autor, K.W. Jeter, es quien de hecho inventó la palabra "steampunk"). Una de las consecuencias de esto es que, al no estar bien encasillada ni esquematizada la Ciencia Ficción anterior a Gernsback, su entrecruzamiento con lo fantástico y lo sobrenatural es mucho más simple que en el Cyberpunk, por lo que pronto se transformó en un género híbrido que incluye elementos de novela histórica, de Ciencia Ficción, y de Fantasía Epica o Heroica.


A pesar de que el revival de Julio Verne y Herbert George Wells en el cine Atompunk es un claro antecedente del Steampunk, fue recién en la década de 1980 que el género cobró un perfil propio y consciente. Así como en el Cyberpunk fue William Gibson el autor que logró la alquimia de cohesionar todos los elementos preexistentes que sus cultores andaban tratando de reunir a manotazos en el aire, en el Steampunk el responsable fue probablemente Tim Powers. Resulta irónico observar que Philip K. Dick, escritor al que el Cyberpunk tanto le debe en lo que a ideología se refiere, fue maestro y amigo personal de Powers (la novela dickiana "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", cuando fue rebautizada como "Blade Runner", le fue dedicada a Powers). El equivalente de "Neuromante" aquí es "Las puertas de Anubis", una novela en la que un personaje de finales del siglo XX regresa en el tiempo a la Inglaterra de inicios del siglo XIX, liándose en una conspiración que involucra a un grupo esotérico tratando de revivir a los dioses egipcios. La novela mantiene ese cruce entre magia y Ciencia Ficción que será característica de mucho del Steampunk, y a través de ese cruce, de la tensión entre futurismo por un lado, y romanticismo arcaísta por el otro; resulta interesante observar que el universo narrado en "Las puertas de Anubis" es cronológicamente contemporáneo a la seminal "Frankenstein" de Mary Shelley. Powers revisitó el tema de manera más desarrollada y pulida en "La fuerza de su mirada", en que consolida los elementos del género. Entre medio también escribió otras novelas que también trataban de explotar la idea de reconstruir el pasado desde lo científico y lo mágico. Una de ellas ambientada en la época de la piratería del siglo XVIII, "En mareas extrañas", alcanzó notoriedad más allá de los fanáticos de manera insólita, cuando fue muy libremente adaptada para ser la cuarta entrega de la saga cinematográfica de los Piratas del Caribe. Por cierto, los propios creadores del Cyberpunk, William Gibson y Bruce Sterling, no desdeñaron escribir su propia pepla steampunk, y en 1990 publicaron "La máquina diferencial", ésta mucho más científica que la obra de Powers, en donde exploran una historia alternativa en donde la computación se ha desarrollado en el Imperio Británico durante el siglo XIX a partir de los trabajos de Charles Babbage (que en la realidad fuera de la novela, quedó como un pionero sin descendencia intelectual directa).


La idea de mezclar el pasado histórico con tecnología anacrónica se volvió de fórmula, y con ello, vino la expansión. Otros autores se volvieron hacia épocas más recientes, hacia la Edad de Oro campbelliana, y le dieron forma al subgénero del Dieselpunk, que en el cine encontró concreción en "Capitán Sky y el mundo del mañana". En el plano estético sobrevino también el retrofuturismo y la estética que en inglés se conoce como "Raygun Gothic" (algo así como "gótico de pistola de rayos"), que incorpora elementos de la Ciencia Ficción más camp de las décadas de 1950 y 1960 (un poco al estilo de la serie de dibujos animados "Los Supersónicos", pero practicado ahora de manera mucho más autoconsciente). En otra dirección, el Steampunk creció hasta que incluso sus elementos de Ciencia Ficción, más allá de cierta maquinaria retrotecnológica, se disolvieron en entornos completamente fantásticos: algo así ocurre por ejemplo en animes como "Vision de Escaflowne" o "Full Metal Alchemist".


Sin embargo, a diferencia del Cyberpunk, que entre "Blade Runner" (1982) y "Matrix" (1998) desarrolló una fértil alianza con el cine, el Steampunk la ha tenido mucho más difícil para abrirse camino, y si lo ha hecho, es a través de sus variantes más fantásticas, no las más relacionadas con la Ciencia Ficción. Los Estudios Disney se llevaron uno de sus más sonados fracasos cuando incursionaron en el Steampunk con la por otra parte bastante aceptable "Atlantis: El imperio perdido". "La Liga de los Caballeros Extraordinarios", una adaptación bastante descolorida de la barroca historieta original de Alan Moore, trató de ser para el género lo que "Matrix" había sido para el Cyberpunk, aunque sin conseguirlo. "Capitán Sky y el mundo del mañana" también resultó un fracaso. Katsuhiro Otomo, que le había dado al Cyberpunk la seminal "Akira", trató de repetir la jugada con "Steamboy", que es casi un remake de su obra anterior en clave steampunk, pero tampoco le consiguió asestar el palo al gato. En donde el Steampunk audiovisual ha encontrado mayor éxito, parece ser en el mundillo del anime, quizás por la relación menos complicada que tiene el pasado con la Ciencia Ficción, dentro de la animación japonesa: algunos trabajos de Hayao Miyazaki como que quieren tocar el género ("Nausicaa del Valle del Viento") o se internan derechamente en él ("El castillo andante"), así como algunas series televisivas que explotan su estética (parcialmente "Visión de Escaflowne", y en mayor medida "Full Metal Alchemist"). Pero en muchos sentidos, confundido entre la estética dark y gótica, el Steampunk ha pasado más o menos desapercibido para el grueso de la cultura popular como tal, más allá de las murallas del mundillo friki.

Próximo capítulo: "Biopunk y posthumanismo".

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