domingo, 17 de julio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 46 - Hacia el Cyberpunk.


Si la década de 1970 había sido un período de oscuridad y de latencia, una revolución allá afuera estaba por cambiarlo todo: la computación. Las computadoras, los "cerebros artificiales" de la Ciencia Ficción de la Edad de Oro, habían estado presentes en el mundo desde que ENIAC entrara en funciones, por allá en 1943. Pero pronto, la computación avanzaría lo suficiente como para salir de los grandes edificios corporativos y meterse en la vida de la gente. En 1981 fue lanzado el primer "Personal Computer", abreviado PC, y desde entonces la fiebre no cesó. Y la Ciencia Ficción no iba a quedarse atrás, por supuesto. Al mismo tiempo, la sociedad misma estaba experimentando transformaciones: los fundamentalismos y fanatismos crecían, el neoliberalismo y la voracidad desatada de las grandes corporaciones estaba a la vuelta de la esquina, y crecía la masa de desencantados que a través de música como el punk, el ska, el rap o el reggae, comenzaba a articular la nueva generación de movimientos de protesta. La explosiva mezcla de todos elementos generó de pronto un espacio que podríamos llamar el "no futuro", la sensación de no saber hacia donde marchaba la sociedad, o peor aún, el presentimiento de que la sociedad marchaba hacia un desastre neodarwiniano. El horizonte narrativo de la Ciencia Ficción, que predecía acontecimientos de la Humanidad en cientos, miles o millones de años más, de pronto se hizo nebuloso. La Ciencia Ficción se iba a retraer cronológicamente, y dedicarse al futuro cada vez más cercano, ese futuro oscuro y negro que en nada se parecía a los sueños de la Edad de Oro, y que en realidad, era ya en cierto modo el presente. Esto iba a ser el Cyberpunk.


Como cualquier otro movimiento, el Cyberpunk no se articuló de un día para otro. En realidad, los primeros indicios de lo que iba a ser el Cyberpunk comenzaron a germinar en la década de 1970. El nombre mismo "cyberpunk" es revelador. La música y el movimiento punk había literalmente estallado a mitad de década, con una actitud anárquica y nihilista contra toda la sociedad y su carrera hacia ninguna parte por un lado, y contra todo el alambicado arte anterior por el otro. Añadirle el prefijo "cyber" implicaba un paso adicional: esa sociedad distópica que ya no es el futuro sino el presente, lleva amalgamadas las computadoras y la robótica consigo. La ecuación "alta tecnología + bajo nivel de vida" estaba ya presente. El término, por cierto, deviene de un relato de Bruce Bethke, uno de los escritores del movimiento.


Los escritores que después iban a formar el Cyberpunk, estaban imbuidos todos en este ambiente. Así como los escritores de la Nueva Ola eran los niños que crecieron con la Edad de Oro, ellos mismos eran los niños que crecieron con la Nueva Ola: en otros términos, se rebelaron contra los rebeldes. Al igual que "Amazing Stories" y "Astounding Science Fiction" para la Edad de Oro, y "New Worlds" para la Nueva Ola, el Cyberpunk también se vertebró en torno a una revista. Sólo que en este caso no era una revista "institucional" sino un fanzine (contracción de "fanatic magazine", o "revista de fanáticos"). Este se llamaba "Cheap Truth", título que en inglés importa un juego de palabras, puesto que literalmente significa "Verdad barata", pero fonéticamente puede leerse también como "La verdad del chip". "Cheap Truth" fue editado por Bruce Sterling, bajo el muy poco modesto seudónimo de Vincent Omniaveritas: con el tiempo, Sterling se transformaría en el ideólogo del movimiento, y sus obras literarias en canónicas dentro del género. "Cheap Truth" y sus autores y colaboradores se planteaban en abierta oposición a lo que puede ser considerado el "establishment" de la Ciencia Ficción de su época, que había regresado desde la Nueva Ola hacia una especie de "hiper Edad de Oro" estilísticamente conservadora y muy literaria: esto, los protocyberpunks lo percibían como amaneramiento y domesticación ante el sistema.


Interesantemente, el Cyberpunk es con toda probabilidad el primer movimiento dentro de la Ciencia Ficción en donde su evolución corre por carriles paralelos tanto en lo literario como en lo audiovisual, algo muy apropiado para un movimiento que plantea la invasión y sustitución inminente de la realidad virtual sobre la realidad concreta. Mientras los cyberpunks atacaban con "Cheap Truth", una serie de películas empezaron a construir lo que iba a ser el imaginario estético del cyberpunk. "Westworld" de 1973 plantea una constante del cyberpunk: la eventual rebelión de los robots contra sus creadores (Michael Crichton, director de esta película, cambiaría a los robots por dinosaurios, manteniendo el argumento, para crear "Parque Jurásico"). Al mismo tiempo, la idea de sumergirse en los universos de la máquina fue planteada por "Videodrome" (en donde imágenes televisivas subliminales pueden volver psicótica a una persona, e incluso hay un personaje que físicamente ha muerto, pero sigue presente a través de cintas y grabaciones), y "Proyecto Brainstorm", que habla sobre la posibilidad de grabar imágenes mentales. Pero dos películas son claves para el desenvolvimiento del Cyberpunk, ambas de 1982. Una de ellas es "Blade Runner", que describe un año 2019 en donde los androides son indistinguibles de las personas, sólo unos pocos elegidos tienen un buen pasar, y las grandes corporaciones lo manejan todo. La otra es "Tron", primera película en plantear de manera convincente la realidad virtual.


Ya más avanzada la década, comenzó a quedar en evidencia que los planteamientos del cyberpunk no hablaban del futuro sino del presente, y bruscamente, su literatura se hizo mucho más comprensible para las nuevas generaciones. En 1984, en los Premios Hugo y Nebula se produjo la revolución: mientras que en años anteriores los vencedores siempre eran representantes de la anterior hornada de la Ciencia Ficción, ahora fue el turno por primera vez de una novela cyberpunk. Se trataba de "Neuromante" de William Gibson, y ya la Ciencia Ficción nunca más volvió a ser la misma.

Próxima entrega: Alrededor de Neuromante.

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