domingo, 10 de julio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 45 - En una galaxia muy lejana...


Con la perspectiva que otorga el tiempo, no cabe dudas de que, tanto para bien como para mal, el estreno de "La guerra de las galaxias" ("Star Wars") en 1977 fue una bomba revolucionaria que no dejó títere con cabeza ni en el cine, ni en la cultura popular. Dentro del cine de Hollywood en general, una nueva generación de cineastas (el "Nuevo Hollywood") había reemplazado en la década anterior al establishment que había reinado desde la instauración del cine sonoro, con una aproximación más sombría, violenta, descarnada y mordaz a la realidad circundante. Uno de los autores dentro de esta constelación integrada por Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Peter Bogdanovich, Woody Allen, etcétera, era George Lucas, cuya opera prima ("THX-1138") se encuadraba en la Ciencia Ficción distópica, si bien su siguiente "American Graffiti" incursionaba en el realismo y exploraba la juventud de la década de 1950, desde un ángulo más sombrío y menos romántico que el tradicional. A continuación, se embarcó en su idea de rodar una película que fuera reminiscente de las seriales dominicales de su infancia, pero actualizando la narrativa y los efectos especiales a lo que estaba disponible en 1977. Lucas peleó a brazo partido por su proyecto, en el que nadie creía, y consiguió un acuerdo con los estudios FOX únicamente al precio de renunciar a todas las ganancias de la película y quedarse sólo con el mercadishing (a la larga, para sorpresa y asombro de todos, este gambito de Lucas resultó mucho mejor para él que para la mismísima FOX).


La película en sí misma sigue el más rancio y clásico esquema del bien contra el mal: la galaxia sufre la opresión de un gigantesco imperio galáctico, y un puñado de rebeldes une fuerzas para restaurar la libertad. Pero es justamente esta falta de pretensiones en la narrativa, aunado a un impresionante trabajo en el campo de los efectos especiales, lo que hechizó instantáneamente a la audiencia. "La guerra de las galaxias" era entretenida y refrescante porque no se proponía elaborar discursos ni parábolas, al revés del cine contemporáneo de su tiempo, sino que se limitaba a contar una historia "como las de siempre". La película cosechó un éxito instantáneo, y engendró toda una franquicia y un universo narrativo consistente en otras cinco películas principales, varios spin-offs cinematográficos, series televisivas, y una catarata de novelas y cómics. No es demasiado fuera de lugar afirmar que Star Wars se ha consolidado como el más grande universo narrativo dentro del género de la Space Opera, la aventura espacial de toda la vida.


El éxito de "La guerra de las galaxias" generó una breve fiebre por nuevas películas de épica espacial. La Paramount, que había tenido a Star Trek en el congelador por una década, se apresuró a darle luz verde a "Viaje a las estrellas: La película". La MGM aprovechó su franquicia estrella de James Bond para enviarlo al espacio en "Moonraker". La Disney se embarcó en "El abismo negro". Entre medio surgió "Galáctica: Astronave de combate", que depredaba numerosas ideas de Star Wars incluso hasta calcar algunos conceptos. De manera más o menos emparentada, se le dio vía libre a "Superman", que inaguró el cine de superhéroes de alto presupuesto. Y así sucesivamente. Pero el estrepitoso fracaso de "Los siete magníficos del espacio", de 1980, marcó el declive de esta breve moda.


Con todo, una película consiguió abrirse paso más allá de la moda, y generar su propia franquicia. Dirigida por Ridley Scott en 1979, "Alien" era un nuevo giro hacia la oscuridad, y es en muchos sentidos la antítesis de Star Wars: los paneles brillantes y luminosos son reemplazados por óxido y oscuridad, los héroes rubios y musculosos son reemplazados por antihéroes sin posibilidad de victoria, la violencia saneada y ascéptica es reemplazada por la sangre y el gore, y la lucha por ideales políticos es trocada en siniestros manejos económicos. El monstruo de Alien, de brillante concepción estética gracias al trabajo del diseñador H.R. Giger, se transformó en un icono perdurable de la cultura popular, y en la gran herencia de esa tanda de Ciencia Ficción inmediatamente posterior a Star Wars, probablemente debido a que no intenta imitarla sino por el contrario, ir en contra de ella para inventarse por el camino algo que pudiera pasar como nuevo y original.


Pero a nivel más socioeconómico, Star Wars tuvo también una consecuencia siniestra: probó de manera definitiva y triunfal que rodar blockbusters era un buen negocio. A partir de entonces, el concepto de rodar una película implica gastarse millones en propaganda y firmar jugosos acuerdos comerciales. La Ciencia Ficción en el cine había emprendido una larga jornada hasta alcanzar una mayor seriedad y madurez, y ahora estaba a punto de comenzar el camino contrario, hacia una progresiva mercantilización e infantilización. Resulta interesante observar que el estallido de la Space Opera gracias a Star Wars, y la consiguiente saturación respecto del género, iba a despejar el terreno para un nuevo tipo de Ciencia Ficción muy crítica respecto de la injerencia económica de las transnacionales en la sociedad, que ya no hablaba de grandes espacios siderales en distantes futuros sino del casi-aquí y casi-ahora, y que ya comenzaba a dar sus primeros aleteos: el Cyberpunk estaba a la vuelta de la esquina.

Próxima entrega: Hacia el Cyberpunk.

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