domingo, 3 de julio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 44 - J-Invasión.


Mientras que la Ciencia Ficción anglosajona, tanto en su vertiente literaria como cinematográfica, se revestían de cierto clasicismo, el mundo occidental en general iba a ver la irrupción cada vez más incontenible de la Ciencia Ficción japonesa. Aunque debemos añadir que esta irrupción golpeó más en el lado audiovisual que en el literario, ya que Japón no exportó demasiada literatura de género, pero sí una enorme cantidad de material audiovisual que pasó a formar la base de toda una nueva corriente cultural a finales del siglo XX. La Ciencia Ficción japonesa presenta un sello particular, debido a la relación traumática del Japón con la tecnología. A diferencia del mundo anglosajón, cuya cultura creció armónicamente con la industrialización del siglo XIX, el Japón fue occidentalizado de manera rápida y un tanto brutal a partir de la Era Meiji, iniciada en 1868. Los japoneses asumieron la tecnología y la explotaron hasta límites tales que su industria automotriz amenaza con desbancar a los vehículos estadounidenses, y se pusieron a la cabeza de la robótica, la miniaturización y otras técnicas, pero por otro lado, siempre miraron con nostalgia a su pasado ancestral, creando un imaginario de un Japón bucólico y pacífico, una mezcla de budismo zen y shogunato como escapismo para las presiones de la vida occidentalizada. Todas estas tendencias psicológicas y sociológicas tenían que reflejarse por fuerza en su Ciencia Ficción.


El nombre fundamental que marca un antes y un después en la Ciencia Ficción japonesa es Osamu Tezuka. A este dibujante le tocó vivir el Japón posterior a la Segunda Guerra Mundial, devastado por la bomba atómica y militarmente ocupado por Estados Unidos. Esta ocupación que, recordemos, duró hasta 1951, tuvo como consecuencia inesperada que arribaron buenas cantidades de revistas pulp, incluyendo pulps de Ciencia Ficción, gracias a los soldados que las llevaban consigo desde Estados Unidos. Osamu Tezuka recibió una enorme influencia por parte de la cultura de Estados Unidos, pero supo transmutarla con los valores clásicos del Japón para crear algo nuevo y diferente. La idea de personajes con grandes ojos, clave en el manga y un aporte decisivo de Osamu Tezuka, está inspirado directamente en los dibujos animados de Walt Disney, sin ir más lejos. Su obra cumbre y más influyente es Astro Boy (Tetsuwan Atomu en japonés), creado en 1952, y que es la historia de un chico robot que vive numerosas aventuras y combate numerosos villanos en un entorno más o menos retrofuturista. La trágica historia de Astro Boy, un robot rechazado por su creador y que debe abrirse su propio camino en la vida, cautivó a los japoneses y más tarde al mundo entero.


Algo más tarde, en 1956, llega "Iron Man 28" ("Tetsujin 28-Go"), de Mitsutero Yokoyama, manga que inagura todo un nuevo género de la Ciencia Ficción: el mecha. En lo esencial, un mecha es un robot más o menos gigante, y su nombre mismo es la japonización de la palabra inglesa "mechanical". El género alcanzaría la que es probablemente su consagración con "Mazinger Z", un manga de Go Nagai que refiere las peripecias del robot del mismo nombre contra un archivillano que trata de conquistar el mundo. Al principio, las historias con mecha eran bastante de fórmula, con cada capítulo autoconclusivo enfrentando y venciendo a un enemigo diferente (el "monstruo de la semana"), pero luego la fórmula se expandió y los mechas fueron cruzados con la Space Opera, creándose historias como las múltiples series de Gundam, o las otras varias de Macross (antecedente japonés de "Robotech").


Ya entrada la década de 1970, se internacionaliza otro nombre clave para la Ciencia Ficción: Leiji Matsumoto. Este es uno de los autores que mejor ha conseguido entrecruzar los temas y escenarios de Ciencia Ficción, con conceptos culturales propios de la mentalidad japonesa. Su Space Opera "Nave espacial" ("Space Battleship Yamato", en la que acabó cayendo casi por pura casualidad, porque fue llamado por los creadores originales, aunque le metió tantos cambios que es como si hubiera nacido suya en primer lugar) marcó un antes y un después en el género, consagrando las series con personajes que evolucionan y grandes arcos narrativos. Otras notables creaciones suyas son "La reina de los mil años", una poderosa reflexión sobre el totalitarismo y la xenofobia, o su romántico pirata espacial "Capitán Harlock", entre otras. Matsumoto entrecruzó a sus personajes ocasionalmente y los hizo partícipes de un universo más grande, que sus fanáticos llaman el "Leijiverso", aunque estos cruces han sido hechos un poco por juego o como guiños al espectador, de manera que no siempre la continuidad del Leijiverso es ciento por ciento consistente. Los animes basados en la obra de Leiji Matsumoto fueron, junto con los mencionados "Astro Boy" y "Mazinger Z", de los primeros grandes éxitos japoneses que invadieron Occidente.


Si bien es cierto que el triunfo del manga y el anime japonés le debe mucho a la rabiosa creatividad de los autores japoneses, no es menos importante remarcar la temprana industrialización de la creación audiovisual en Japón, con la creación de un circuito que parte con el manga (la historieta original), sigue con su adaptación al anime (la película, serie de televisión, o más tarde el OVA u "Original Video Animation"), y en fecha más tardía, el paso del anime al videojuego. Y eso, por no hablar del floreciente mercadishing en torno a las figuras más populares, y que también comenzó en esta época (de manera más o menos contemporánea a que Star Wars hiciera lo propio en Occidente). Esta industrialización del negocio ayudó mucho a que pudieran venderse estas obras en Occidente, relacionándose pronto ambas industrias y sentando así las bases para lo que después va a ser la cultura otaku en Occidente.

Próxima entrega: "En una galaxia muy lejana...".

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