¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

jueves, 21 de julio de 2011

Clint Eastwood: el indomable del cine.


Si cuatro décadas atrás alguien hubiera dicho que Clint Eastwood iba a llegar a ser uno de los hombres más respetados de la industria cinematográfica, hubiera hecho el loco. Si además se le añadía que iba a serlo como actor de carácter, aún más. Y si a eso se le sumaba el "y como director", ya podían llevárselo con toda calma al manicomio. Y sin embargo, Clint Eastwood se transformó con el tiempo en uno de los grandes cineastas que ha salido de Hollywood. Curiosamente, no yéndose contra Hollywood, pero tampoco zambulléndose de lleno en la industria. ¿Qué hace ser tan grande al cine de Eastwood? Es la pregunta que intentaremos contestar en este artículo para la Guillermocracia. De manera que, sin más preámbulos, he aquí un retrato de Clint Eastwood, el cineasta indomable.

UNA IDEOLOGÍA COMPLEJA.

Clint Eastwood de entrada ha destilado en sus películas una ideología compleja. En sus inicios, cuando protagonizó la Trilogía del Dólar ("Por un puñado de dólares", "Por un puñado de dólares más" y "El bueno, el malo y el feo") fue particularmente asociado con el cine más violento. Esta opinión se vio acentuada cuando asumió el rol de Harry el Sucio en la franquicia del mismo nombre, y que acumuló cinco películas en dos décadas. Clint Eastwood quedó inmortalizado como el prototipo de parafascista defensor de la ideología americana sin reparar en medios. Irónicamente, en la película "Donde las águilas se atreven" (que Clint Eastwood en un minuto fue renuente a rodar, pero aborda un tópico más presentable que la brutalidad policíaca, como lo es la lucha contra los nazis), el personaje de Eastwood mata más personajes que en su incursión como Harry el Sucio.

Pero fue en sus películas como director en donde empezaron a asomar las complejidades de sus ideas. Ya en "Obsesión mortal" de 1971, su opera prima como director, hay algunas claves de su cine. En dicha película, Clint Eastwood es un locutor radial con una relación estragada con su novia, que de pronto comienza a sufrir el acoso de una admiradora sicótica. Clint en un principio intenta terciar con ella, entenderse a la buena, y sólo cuando descubre que el asunto no tiene más remedio, toma las armas contra ella, y esto aún así como última razón. Este personaje individualista y solitario, y por lo tanto expuesto a las inclemencias del mundo exterior, se irá repitiendo y agudizándose en sucesivas entregas fílmicas.

La actitud de los personajes de Clint Eastwood siempre gira un tanto hacia la misantropía. Si tiene buenas relaciones con alguien, suele ser con sus colegas iguales que él. En particular, los personajes eastwoodianos suelen chocar con el mundo porque buscan ser auténticos en medio de la inmundicia y la hipocresía. Este es el lazo común entre dos personajes tan disímiles como Harry el Sucio, un policía que prefiere los métodos expeditos para combatir a los cánceres sociales, con Robert Kincaid, el fotógrafo que enamora a Meryl Streep en "Los puentes de Madison" no como un romance pasajero sino con una verdadera intención de vivir algo real.

Políticamente, Clint Eastwood es un republicano, pero de aquellos "de viejo cuño". Su cine tiene una cierta dimensión espiritual, ya que sus personajes suelen estar seguros de lo que hacen en virtud de ciertos valores que son trascendentes (de ahí el tufillo fascista que destilan algunos de ellos), pero no están siempre exentos de cuestionarse a sí mismos. Para esta mentalidad conservadora, lo principal es la decencia y el respeto (y el autorrespeto no menos). No es raro que siendo republicano, en muchas películas se las arregle para criticar a la religión establecida como un fraude encabezado por un montón de personajillos simpáticos que en el fondo no tienen mucha idea de nada. El republicanismo de Eastwood no tiene nada que hacer con los neocon que auparon a George W. Bush a la Casa Blanca: su republicanismo es de filiación claramente más humanista, un poco en la vena del republicanismo de Abraham Lincoln.


De ahí que el cine de Clint Eastwood es paradójico: sus personajes luchan por causas heroicas pero ellos mismos no son héroes prototípicos, el objetivo que persiguen no siempre es épico o majestuoso (pero, aunque a veces pequeño, nunca carente de significación emotiva), tratan de hacer lo correcto vulnerando muchas veces lo que entendemos como "correcto" en la sociedad, no van contra la sociedad porque sí pero acaban chocando de todas maneras con ella. Eastwood reproduce en su cine las mismas paradojas que afrontamos al tratar el viejo dilema de si la sociedad debe predominar sobre el individuo o al revés: el individuo puede beneficiar al sistema pero también hundirlo, pero si dejamos demasiado controlado al individuo hacemos desaparecer todo aquello por lo que valía la pena que existiera la sociedad en primer término. No trataré de resolver aquí este dilema que no ha podido ser zanjado desde Platón en adelante por lo menos, de manera que sólo lo consignaré.

UN CINE CLASICISTA.

Para narrar esta ideología, Clint Eastwood ha elegido un tipo de cine igualmente paradójico. Se ha llamado a Clint Eastwood el último clásico, y hay una veta de verdad en esto: la manera de editar las escenas, su intimismo, su atención al detalle significativo, su preocupación por los diálogos sólo en apariencia sencillos, su acusadísima manera de retratar la psicología de sus personajes a través de rasgos mínimos, todo eso es cine de vieja escuela, muy alejado del efectismo generalizado entre los cineastas más recientes. Pero por otra parte, Clint Eastwood no podría ser acusado de querer seguir a los clásicos por el manual: en vez de ello, toma las técnicas que le son necesarias para contar un cine pausado y sin demasiado melodrama, pero subvirtiendo sutilmente los códigos para crear un punto de vista moderno o fresco.

Tomemos como un temprano ejemplo de esto, la película "Firefox". Esta es en apariencia otra película más sobre la Guerra Fría, y no podría ser considerada como lo más recomendable de Clint Eastwood (sin embargo, es un buen ejemplo por ser un "ejercicio de estilo"). Y sin embargo, Eastwood se las ingenia para jugar con dos géneros distintos que son también dos épocas distintas del cine, y transitar de uno al otro sin dificultad (la película es de 1981, recordemos). Toda la primera parte en que el personaje de Eastwood se infiltra en la Unión Soviética para secuestrar el avión Firefox remite al clásico thriller de la década de 1970, para luego, cuando por fin se roba el avión, pasar al tecnothriller que se impondrá en gloria y majestad durante la década de 1980. "Firefox" luce muy desfasada hoy en día, claro, pero es una muestra bien clara de cómo funciona la mente de Eastwood a la hora de hacer cine: tomando elementos clásicos de género y amoldándolos para proyectar el mensaje. En el caso de "Firefox", dentro de un producto de decidida vocación comercial y sin mucho sello personal, aún hay un elemento eastwoodiano, que es el protagonista perseguido por su pasado y que emprende una "última misión" arriesgadísima más allá de todo posible cumplimiento del deber.



Tomemos otro ejemplo. En "Heartbreak Ridge" ("El guerrero solitario" en Latinoamérica, "El sargento de hierro" en España), Clint Eastwood interpreta a un instructor de ejército. Esto nos podría situar en las coordenadas del cine bélico de toda la vida, pero Eastwood se las arregla para deconstruirlo y generar una visión distanciada de la vida militar. En esta película, Eastwood no tiene ningún interés en hacerle publicidad panfletaria al Ejército de Estados Unidos como la más o menos contemporánea "Top Gun", sino que a través del entrenamiento de un grupo de cadetes indisciplinados, perfila cuáles deben ser los valores en que debe inspirarse un soldado, y en última instancia, un buen ciudadano. Los toques de comedia que inserta Eastwood pueden ser un poco chuscos a ratos, pero sirven de manera eficaz para evitar que la película se transforme en un panegírico de lo militar, al tiempo que entrega un mensaje bastante próximo al espíritu de la disciplina y la entrega... sin tampoco abofetear a los militares en el rostro ni faltarles el respeto. Hace falta mucha destreza para manejarse de esta manera con las expectativas del público y entregar de manera tan certera un mensaje tan complejo, sin desperfilarse en el intento.

Sin embargo, claramente Clint Eastwood se hizo de un nombre como realizador en el tránsito de la década de 1980 a la de 1990. El triunfo en su Western crepuscular "Los imperdonables" lo puso definitivamente sobre la mesa en conjunto con otros grandes realizadores, no sólo como otro directorzuelo del montón (en la consideración de la crítica). En la década del 2000 realizó las que son sus películas más potentes, ya que en ellas depuró al máximo su estilo, además de contar con la libertad narrativa que otorga el beneplácito de la crítica.

LA RECETA EASTWOOD.

En un aspecto difieren marcadamente "el último clásico" Eastwood y los realizadores de la Edad de Oro de Hollywood. Los realizadores de la Edad de Oro eran asalariados de los grandes estudios, y sin el apoyo de éstos, no conseguían llegar a ninguna parte. Hoy en día consideramos un gran director autoral a Alfred Hitchcock, por ejemplo, pero en su tiempo no era más que otro paniaguado de los grandes estudios que sabía darle un buen acabado a sus thrillers: no fue en Estados Unidos sino en Europa que por primera vez se consideró que Hitchcock no era sólo un buen artesano sino también un gran artista.


Clint Eastwood, por su parte, eligió el camino de montarse su propio gran estudio. En estricto rigor, Eastwood es un independiente, no un sirviente de los estudios, y tiene cierta libertad para elegir y encausar sus proyectos. Como alguien en su tiempo le dijera que ir a interpretar la Trilogía del Dolar era un mal paso, decidió como ironía que su compañía, que fundó con las ganancias de dicha trilogía, se llamaría Malpaso. Todas las películas de Clint Eastwood desde ese entonces son producidas a través de Malpaso. A veces, Eastwood tuvo que ceder y realizar tales o cuales películas para conseguir fondos y mantener sus estudios a flote, pero con el paso del tiempo, y en particular con el éxito acumulado, Clint Eastwood se fue haciendo mucho más remiso a intervenir en proyectos que no le interesaban: es muy improbable que, a diferencia de otros actores, aparezca Clint Eastwood haciendo el loco en forma de cameo en una producción que sea por completo ajena a su carácter e ideología. Para la distribución de sus películas, Eastwood eligió hacer un pacto con Warner, de manera que ellos se encargan de la distribución en Estados Unidos y la internacional.

Pero Warner claramente no apostaría por Clint Eastwood una y otra vez si fuera un fracaso comercial. Y hay dos razones por la que Eastwood no lo es. En primer lugar, su propia ideología lo empuja a ser un hombre ceñido a sus presupuestos y plazos de rodaje, una rara avis en un mundillo, el de Hollywood, plagado de directores llorando por más presupuesto o plazos, para desesperación de los productores (recuérdese que James Cameron para convencer a los ejecutivos acerca de seguir adelante con "Titanic", debió renunciar a su propio sueldo). Como resultado, la planilla de costos para Malpaso en ningún minuto se le dispara. Y esto se debe a que Clint Eastwood no es un director de berrinches autorales: su cine va directo y al grano y no pierde el tiempo con paisajes superlativos, los mejores efectos especiales, o grandes escenas de masas. "Jinetes del espacio" tenía como efectos especiales los justos y necesarios para una trama de astronautas en el espacio, no un derroche audiovisual como hubiera sido Michael Bay. El maremoto de "Más allá de la vida", por su parte, está resuelto con medios bastante espartanos, y la escena del maremoto incluso da un poco de vergüenza ajena, pero se le perdona porque es demasiado obvio que la preocupación de Eastwood no es cortarle el aliento al público con una perfecta ola con 5000 puntos de agua moviéndose por el computador, sino transportar el drama humano asociado a que la naturaleza de pronto se vuelva de una manera tan brutal a desencajarle la vida a uno de sus personajes.


Y en segundo lugar, las películas de Clint Eastwood suelen gustarle al público. El cine de Eastwood le habla directo al público, o al menos a cierto amplio sector del público, acerca de lo que le interesa: personajes polifacéticos que vivan historias con dramas sólidos, no simples marionetas involucradas en melodrama de culebrón venezolano. Puede que películas vacías de contenido y repletas de efectos especiales vendan más, pero no debe despreciarse el poder de colocación que tienen sus campañas publicitarias, bestialmente más derrochadoras que la publicidad lacónica de las películas de Eastwood. Al final, vale la pena preguntarse cuánta gente va a ver películas malas no por verdadero entusiasmo, sino porque la publicidad genera un efecto de grupo en que quien no la ve, queda como un paria en las redes sociales. La publicidad de las películas de Clint Eastwood es mucho más austera y espartana, sin riesgo de que si no ves la última de Eastwood te quedarás sin conversar con tus amigos, y aún así, la gente le responde. Menos, pero lo suficiente para mantenerlo a flote y dejarle utilidades. Ayuda que Clint Eastwood evita en todo momento dárselas de gran autor poniendo escenas muertas o engolosinándose con una fotografía bella pero vacua. Y en definitiva, al público le gusta ver ese producto bien hecho en que el autor sabe cómo hacerlo, y además no le refriega en la cara con ataques de culturetismo lo gran cineasta que es y cuánto deberían admirarlo.

Todo lo anterior es lo que hace a Clint Eastwood una personalidad única dentro del cine de Hollywood. En última instancia, Eastwood es quien es debido a su integridad: si no buscara ser fiel a sí mismo, no nos habría brindado tantos personajes similares pintados con tanto realismo. Y si no se desviviera por rodar bien, tampoco haría películas tan entrañables desde el punto de vista narrativo. Muchos cineastas deberían aprender un par de lecciones acerca de esto. Clint Eastwood ha probado que puede rodar películas comerciales por todo lo alto, y también un tipo de cine más intimista con mucho menos presupuesto, mientras que otros cineastas sin sus millonarios presupuestos no son nada. Y esto hace toda la diferencia del mundo.

No hay comentarios:

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?