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sábado, 18 de junio de 2011

¿Se murió Michael Jackson...?


Otro artículo escrito hace una buena cantidad de tiempo, concretamente hace ya un par de años, y que rescato desde Tribu de Plutón. Porque se acerca la fecha del segundo aniversario de su fallecimiento. Y más importante aún, porque esta semana no alcancé a terminar un posteo sobre cine que vengo preparando, y que por lo tanto me obliga a rellenar con material preexistente. El artículo es sobre la vigencia de Michael Jackson. Sobre algunas cosas, a dos años de distancia, parezco haberme equivocado. Sobre otras, estaba más que acertado. Ustedes decidirán cuáles.

"¿Se murió Michael Jackson?"

Esta semana ha sido horriblemente idiotizante, debido a la muerte de Michael Jackson. Pero era lo esperable. Michael Jackson era el superstar del rock, la bestia negra a la que todos daban por muerta y enterrada, después de haberle dado una original aireterapia de ventilación a uno de sus críos, colgándolo balcón abajo... pero que demostraba tener aún mucho que colear, como que empezó a prepararse para un retorno a los escenarios, retorno que, fácil es colegirlo, quedó frustrado por su muerte. Buen momento, en medio de todas las brasas que nos han inyectado los medios de comunicación, para ver el asunto por nuestra cuenta. ¿Realmente podemos decir que Michael Jackson murió? Para responder a esta pregunta, veámoslo desde los varios ángulos posibles, los varios Michael Jackson que coexistieron dentro de... bueno, dentro de él, o lo que sea que podamos llamar un "él" en su caso.


EL NIÑO ETERNO.

Michael Jackson fue un chico sin infancia. Desde pequeño su padre, un obrero que sólo entendía de métodos brutales a la hora de criar niños (en esa época no se publicaba el famoso "Mi niño" del Doctor Spock), lo enrieló a punta de correazos, varillazos y otros "-azos" por la vía del baile y el canto. No es raro entonces que Michael Jackson, apenas pudo empezar a cumplir sus sueños, decidiera no crecer, y no ingresar al mundo de los adultos. ¿Para qué, para transformarse en un ser brutal como su padre lo fue? Y si no quería crecer, la verdad es que no necesitaba hacerlo. Tenía el dinero necesario para ser un niño toda su vida, y con el dinero, seguramente la manga de aduladores dispuestos a seguirlo en cualquier barbaridad al respecto. Es lo que tiene el dinero, que no tienes necesidad de justificarte ante nadie porque tus paniaguados lo harán por ti. Lo interesante del caso es que esta faceta de Michael Jackson, el ser un eterno Peter Pan, conectó de maravillas con nuestra sociedad. Ninguna señora preocupada por las cremas anti-age o ningún jovencito preocupado porque pasados los 25 o 30 ya no se tiene la potencia sexual que se tenía a los 18, puede dejar de verse reflejado en Michael Jackson, el hombre que a punta de dinero trató de detener el tiempo y no envejecer. Parte importante de lo que nuestra sociedad es, se ve reflejado en esa faceta de Michael Jackson. Aunque, admitámoslo, eso es demasiado vergonzoso para muchos, y por lo tanto, no pocos querrán ver a ESE Michael Jackson bien enterradito. Para que no salga de su tumba como ánima en pena, o peor, como un vampiro.

LA SUPERESTRELLA.

Pero el niño creció, desarrolló pelos bajos los sobacos... ¡Y, sorpresa, resultó ser un exitazo! Claro que el éxito tardó lo suyo. Tuvo que hacer cosas como, por ejemplo, su rol del Espantapájaros en el horripilante remake hortera-disco de "El mago de Oz" con Diana Ross (si nunca lo han visto, se los digo: ¡si se atrevieron a perpetrarlo!). Pero vino "Thriller" en 1982 y el resto es Historia.


A riesgo de disgustar a la capilla, digamos que Michael Jackson no fue un ídolo por ser un genio musical. No lo fue. Punto. Sus canciones, escuchadas de manera desapasionada, carecen de toda chispa, y no pasan de ser bien ajustaditos productos comerciales, interesantes para bailar en una fiesta cualquiera, pero nada tan trascendente que no necesite ser magnificado por el horrible efecto nostalgia. Sintomáticamente, el revival de los '80s que plagó a la década 2001-2010 pasó olímpicamente de Michael Jackson. Las discotecas ochenteras que se atochaban con Madonna o Depeche Mode, no le prestaron ninguna atención. Y mientras que las bandas hacían cola para hacer covers de incluso de one-hits wonders como Real Life ("Send Me An Angel" tiene covers de Atrocity, Deadstar Assembly, Zeromancer, Gregorian...), Michael Jackson fue el gran ignorado: algún que otro mal cover por aquí y por allá, y sería todo. Incluso Atrocity, que llevó el concepto de hacer covers ochenteros a un nuevo nivel con dos discos darkgoths íntegramente dedicados al asunto ("Werk 80" y "Werk 80 II"), pasaron derechamente de hacer un cover de Michael Jackson, después de haberlo hecho de Tears For Fears, a-ha, Eurythmics, OMD o Alphaville, por ejemplo. Algo dice todo eso.


Si Michael Jackson no era ningún genio musical, entonces, ¿por qué tanto éxito? La respuesta es fácil: su talento como showman. Lo que la música no podía darle, la puesta en escena podría hacerlo. Digo esto sin ánimo de denigrar. Crear un espectáculo estéticamente interesante, después de todo, es un talento como cualquier otro, y bien hecho aporta tanta belleza a nuestras vidas como puede hacerlo un cuadro bien pintado, un libro bien escrito, o una melodía bien cantada. Por otra parte, Michael Jackson fue el fenómeno justo para una época justa: la edad en que MTV partía, y lo hacía con su estilo colorinche y bullanguero, en que encajaban quienes hacían más ruido. Y Michael Jackson supo hacerlo, con videoclips cada vez más megalomaníacos que impresionaron a la audiencia de su tiempo. Hasta que la gente se hartó de tanta megalomanía, porque no se puede hacer el más imposible cada vez sin toparse con algún imposible de verdad. Ahí tienen esa gigantesca estatua de Michael Jackson, reverenciada por los niños detrás del Muro de Berlín, que realmente no impresionó a nadie: cuando todos se acuerdan de Michael Jackson, lo hacen por "Thriller" o por "Remember the Time" (el videoclip en que aparecía Eddie Murphy como Faraón de Egipto), no por su estatua gigantesca. Si Michael Jackson hubiera partido diez años después, sería probablemente considerado un número tan patético como Justin Timberlake, otro que trata de compensar como bailarín lo que el talento musical no puede darle. Y si miran bien a Justin, mucho le debe al plag... perdón, a la inspiración en Michael Jackson, al final del día.


¿Y se fue este Michael Jackson a la tumba? Definitivamente no. Gracias a la magia de la tecnología moderna, que permite revivir a los muertos, basta con darle al MP3 o al DVD para reencontrarse con su música o con sus imágenes. Mientras siga existiendo esa tecnología, y gente que utilice esa tecnología para el ejercicio necromántico de escuchar otra vez a los muertos, Michael Jackson seguirá bien vivo entre nosotros. ¡Diablos, capaz que alguna discoteca alternativa hasta toque su música y todo!


EL PEDÓFILO.

¿Fue Michael Jackson un pedófilo o no? Quizás la verdad se sepa algún día, cuando la gente alrededor empiece a hablar. Ya lo hicieron en vida de Michael Jackson, pero siempre sus abogados estaban vigilantes para tapar los baches a golpe de chequera. Pero cuando empezaron a circular los rumores sobre las cosas que hacía Michael Jackson con los niñitos en su rancho de Neverland, el ídolo se vino abajo. Dejó de ser el gran ídolo de masas y se convirtió en un ángel caído, en el niño de mirada angelical que era la máscara de un siniestro monstruo agazapado en sus entrañas. ¿Verdad, mentira...? No importa, lo realmente importante es que la gente podía señalarlo con el dedo y reforcilarse con su caída: a la gente le gustan los ídolos con pies de barro porque los pueden ensalzar un rato, y después los pueden patear a gusto en el fango. Es el mismo principio que los antiguos tan bien simbolizaban con el "rey por un día": entronizamos al idiota del pueblo como rey y le rendimos culto y homenaje, y al final del día lo sacrificamos en un rito ceremonial para librarnos de él, y exorcisar así todos nuestros rencores contra el poder establecido. Más allá de juzgar o no si Michael Jackson fue un pedófilo que le arruinó las infancias y vidas a tantos niños, o si tenía derecho a hacerlo, la persecusión mediática contra éste sacó a la luz algunos de los peores aspectos de nuestra sociedad: su morbo fetichista, su deseo muy democrático de aniquilar cualquier cosa que sobrepase la estatura del hombre corriente, sus pulsiones contradictorias respecto de la infancia (el mismo MTV que puritanamente le censuró el pezón a Janet Jackson, es el mismo que se hizo su agosto mostrando a Britney Spears adolescente como una sexy colegiala en sus inicios). Este Michael Jackson tampoco morirá tan fácilmente: haber sido uno de esos niños, o haber sido una camarera o guardaespaldas con recuerdos, es algo lucrativo, y las agencias editoriales seguirán pagando durante años a gente que investigue en tales cosas para hurgar fecas en el asunto. No digo que tales cosas no debieran ser investigadas, por supuesto: sólo digo que deberíamos asignarles su justo lugar. Hay problemas mundiales más importantes que arreglar, como por ejemplo la crisis energética, la superpoblación o el calentamiento global, y establecer algunas prioridades no le viene mal a nadie. Para eso están los tribunales y los fiscales, y el resto es aire. Pero no, a ese Michael Jackson tampoco lo dejarán en paz.


EL ÍDOLO RELIGIOSO.

Y al final de su vida, Michael Jackson muere en medio de aromas a santidad. Cuando iba a volver al mundo del espectáculo, para darle más pathos al asunto, como una resurrección truncada. ¿Y qué deja atrás? Pues, una legión de fanáticos para quienes Michael Jackson es virtualmente un ídolo intocable e insubstancial, un Cristo para la Era de MTV. Para ellos, ningún argumento sobre Michael Jackson será bueno si no lo deja bien parado. Para ellos, Michael Jackson era no un talentoso showman sino el más grande de los músicos que la Tierra parió desde Johann Sebastian Bach hasta la actualidad (y quizás ni Bach se le acercaba, en concepto de estas gentes), y no era un malvado comeniños amparado en la oscuridad de su rancho sino un pobrecito tipo al que deberían haber dejado en paz vivir su vida como se le antojara y sobre el cual se inventaron rumores y calumnias para eclipsar su genio. Por otra parte están todos los que después de ningunear a Michael Jackson durante años, lloran sentidamente su muerte con lagrimitas bien diseñadas para aparecer en la primera plana o en el telenotición farandulero de rigor. Contactos de Facebook a quienes yo jamás hubiera asociado con Michael Jackson ni por haber tomado la línea de metro equivocada, saltaron haciéndole homenajes y respetos. Paul McCartney, a quien Michael Jackson le birló su propio catálogo de los Beatles en una subasta de 1985 por 47 millones de dólares (sí, McCartney tuvo que pagarle derechos a Michael Jackson por tocar sus propias canciones en Estados Unidos) también se mostraba hondamente sentido y en shock por las noticias. Los noticiarios que se hicieron la América trayéndonos imágenes de Michael Jackson ventilando a su niño en un balcón, ahora dedicaron interminables minutos a mostrarnos las reacciones nacionales e internacionales frente al lamentable deceso, como si fuera algo sorprendente que un ser humano se fuera a morir (y Michael Jackson, como cualquier otro ser humano, estaba destinado a fallecer un día u otro). Al menos, gentes como Diana Ross o Elizabeth Taylor, con razón o sin ella, fueron constantes en defenderlo, mientras que el resto de los subidos al carro de pronto descubrió, después de años de cruzar el Desierto de Pedofilia, que Michael Jackson tenía algo que decir, después de todo.


Y este Michael Jackson, la nueva adquisición de los altares pop que ya ocupan James Dean, Marilyn Monroe, Bob Marley, el Che Guevara o Jim Morrison, por desgracia, mientras hayan acólitos de su secta seguirá estando vivo y bien vivo entre nosotros, hasta la completa extinción del Michaeljacksonismo como religión cuasi-institucionalizada. Algo que, dadas las circunstancias y el ruido mediático alrededor, podría alargarse su tanto en el horizonte...

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