¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

viernes, 24 de junio de 2011

La propuesta mágica en educación.


Se le pueden aplicar muchos calificativos al ministerio de Joaquín Lavín como encargado de la cartera de Educación, bajo el gobierno de Sebastián Piñera desde marzo de 2010, pero "aburrido" no sería uno de ellos. Lavín se ha caracterizado por hacerse cargo de lo mal que está la educación en Chile (algo que los funcionarios de la Concertación no hacían tanto, ya que para ellos "todo estaba mejor", lo que es discutible), y ha salpimentado todo el asunto con una serie de medidas mediáticas que han sido aplaudidas por una parte y condenadas por la otra. No me meteré con el señor Lavín en cuanto persona o en cuanto a la honestidad de sus intenciones, que ni me conciernen ni me constan ninguna de ambas circunstancias, pero sí creo menester apuntar que las medidas de Lavín (ponerle señalizaciones a los colegios como semáforos, alterar los planes de estudio con menos horas de humanismo y más de lenguaje y matemáticas, por ejemplo) son apenas paliativos miserables, pero que no van a la raíz del problema. Mucho se ha dicho sobre la relativa ineficacia de estas medidas, y se ha dicho desde un amplio espectro que va desde la crítica académica hasta las manifestaciones y tomas de colegios y universidades, y no voy a insistir en el tema para no ser cansino. En vez de eso, voy a ser constructivo y aportar mi propia idea acerca de cómo arreglar, o al menos mejorar significativamente, la educación en Chile.

Para que quede claro, lo escribiré de manera sucinta en una sola frase, y con letras mayúsculas para una mejor legibilidad.

¿Listos? Allá va.

SEÑOR LAVÍN: REDUZCA LA CANTIDAD DE ALUMNOS POR SALA DE ENSEÑANZA BÁSICA Y MEDIA A UN MÁXIMO DE 20.

Resulta interesante observar que en el debate público, o sea el político, nadie ataque esa parte del problema, o al menos, no se ataque de manera tan visible como otras carencias de nuestro sistema educativo. Y sin embargo, allí está la médula y raíz de la mayor parte de los males en materia educativa. En la actualidad, cada sala de clases en los establecimientos públicos o subvencionados debe hacerse cargo de hasta 45 alumnos. O sea, un profesor por cada 45 cabezas. Ya que a los tecnócratas del gobierno (de cualquier gobierno, sin color político) le encantan las cifras, veamos una cifra: la hora pedagógica dura 45 minutos. Si usted divide 45 minutos por 45 cabezas, resulta que como profesor puede usted dedicarle apenas un minuto de la clase a cada alumno en particular. El alumno le hace a usted una pregunta, y ya no va a poder hacerle otra, y si es lento en aprender y necesita dos minutos en vez de uno para entender, ese alumno perdió. Por cierto, debemos descontar el tiempo de explicaciones generales sobre la materia que el profesor debe impartir, que si los estimamos en 20 minutos, nos deja 25 minutos para consultas de cada alumno. Si el profesor dedica un minuto por consulta y alumno, quedarán 20 alumnos debajo de la mesa y sin sus interrogantes sin ser contestadas. El profesor por fuerza debe contestar a los más lentos para que se igualen a los más ágiles y no retrasen el ritmo de la clase, y por lo tanto, los más ágiles quedarán impedidos de ser aún más ágiles en aprender, retrasados por los más lentos que hagan esfuerzos en ponerse al día con el ritmo de la materia.

Y para este cálculo hemos partido de la base que cada curso es obediente y disciplinado. Algo que está lejos de la realidad. Si el profesor tiene un poco de sangre espartana o bismarckiana en las venas, puede conseguir disciplinar y ordenar al curso en cinco o diez minutos, que son cinco o diez mnutos menos en los cálculos anteriores. Si es blando y dócil, y además viene imbuido por esas tontorronas ideas que les meten los psicólogos en las escuelas de Pedagogía para justificar sus sueldos de psicólogos, de que el alumno "siente curiosidad y quiere aprender" (recuerde como era usted de niño, ¿realmente quería aprender o preferiría estar jugando allá afuera al sol...?), entonces echará toda la hora en tranquilizar a sus pequeñas bestias para tratar de inocularle conocimientos en sus cabecitas. Algo similar a tranquilizar a un gato para que se deje inyectar un antibiótico.

Para peor, con 45 alumnos por sala de clases opera el refuerzo de grupo de manera exponencial. En un curso de 20 alumnos, cada alumno desordenado tiene apenas 19 que lo van a retroalimentar en su desorden, aplaudiéndoles sus marranerías: además, encender a esos 19 le va a costar más porque el profesor podrá detectar el tumor dentro de la sala de clase con mayor rapidez y neutralizarlo adecuadamente. Con 45 alumnos, el pupilo desordenado tiene 44 otros que lo refuerzan y retroalimentan, y es más fácil que surjan varios focos de desorden, por lo que el profesor lo tiene más difícil para abortar la rebelión de cualquier alumno desordenado mientras aún está en embrión.

Visto así, las ventajas de tener a 20 alumnos por sala de clases son evidentes. En primer lugar vamos a tener menos profesores con licencias por estrés o al borde del colapso nervioso, y eso redunda en beneficio de los colegios en general. Mejores condiciones psicológicas de trabajo redundan en un mayor atractivo de la carrera, y por lo tanto, en la posibilidad de atraer mejores puntajes de la PSU a estudiar pedagogía. Además, detrás de cada 20 alumnos hay sólo 20 apoderados, y el profesor puede atenderlos de manera más personalizada, haciendo así a los padres más partícipes y responsables de la educación de los chicos, mientras que entre 45, cada apoderado es apenas uno más. Importante es destacar que con cada prueba, el profesor debe corregir sólo 20 documentos distintos y no 45, lo que alivia significativamente su carga laboral, y lo que le permite invertir más tiempo en perfeccionarse siguiendo cursos y postgrados, algo que hoy en día es virtualmente imposible (al profesor se le cuentan y pagan las horas de trabajo en función de las horas de clases, pero el tiempo adicional para corregir pruebas, que en estricto rigor se corresponderían con el concepto de "horas extraordinarias" del Código del Trabajo, ni se computan ni se pagan para ningún efecto). Por añadidura, es más fácil mantener la disciplina dentro del salón de clases y por lo tanto el ritmo de aprendizaje mejora. Además, el disminuir el tamaño de los cursos hará obligatorio contratar más profesores, y con ello, al aumentar la demanda de docentes, habrá más empleo para ellos y el nivel de remuneraciones también subirá, lo que contribuirá a la calma social (el Ministerio de Educación recibe movilizaciones de profesores a lo menos una vez al año, y el salario es un punto importante de las mismas). Podría incluso derogarse el Estatuto Docente, la bestia negra de todos los columnistas neoliberales en la prensa de derecha, y los profesores no lo echarían significativamente de menos.

Descontando las teorías de la conspiración según las cuales las élites chilenas prefieren una educación de mala calidad para preparar mano de obra barata para trabajar en el sector retail (que su punto de razón tienen, por lo demás), el principal escollo para implementar esta medida es económico: la enorme inversión que significa crear más escuelas públicas (para duplicar su número y más, de hecho), además de la inversión necesaria para tener más personal docente contratado. Pero bien mirados, estos costos no son tan excesivos. En primer lugar, la implementación de más colegios con buena infraestructura puede financiarse con préstamos por parte de organismos internacionales y con deuda pública (emisión de bonos), además de ser un gasto que se hace una sola vez y por lo tanto se amortizará por sí mismo con el paso del tiempo. En cuanto a los costos permanentes, entre ellos pagarle a más profesores, son una inversión inevitable, pero se puede financiar a lo menos en parte recortando beneficios a ciertos parientes de ciertos funcionarios públicos que no cotizan en isapres ni en AFPs, sino que tienen sus propias cajas de compensación para ellos solos, y ellos no se opondrán a que se les recorten tales beneficios porque sería una actitud muy poco patriótica de parte de funcionarios encargados precisamente de defender a la Patria. Además, si disminuye el número de alumnos por curso, quedarán varios alumnos como población flotante, y los privados tendrán incentivos para entrar a ese mercado y crear sus propios colegios particulares y subvencionados: una vez más, las leyes del mercado funcionan. Si aún así se necesitan más fondos para financiar la educación, un alza del IVA debería funcionar bien, y si esto es demasiado regresivo, un impuesto específico sobre algún producto de consumo suntuario funcionaría incluso mejor.

Por eso, Joaquín Lavín tiene ahora la oportunidad única, en su interminable carrera por llegar algún día a la Presidencia de Chile, para demostrar que no sólo es un político preocupado del cosismo, de las encuestas y del día a día, medio sobrepasado por las manifestaciones y tomas a todo nivel, sino un estadista con una visión de futuro y un proyecto de país. Para eso, debe jugársela por rebajar los alumnos por clase a 20. Tendrá una enorme oposición de muchas partes (partiendo por Economía y Hacienda, que chillarán por el presupuesto, siguiendo por los empresarios, siempre dispuestos a que los impuestos no suban ni un solo punto, etcétera), pero nadie dijo que ser un estadista fuera fácil, y de hecho, eso es lo que caracteriza a los estadistas: su fortaleza a la hora de capitanear la "nave del Estado" en medio de los tiempos difíciles y las tormentas. Si necesita un mapa o un derrotero, con este posteo acabo de proporcionarle uno. Y si a alguien no le parecen mis planteamientos, puede dejar sus respetuosos puntos de vista en los comentarios, que los debates siempre son positivos, y al final los que ganan con confrontar ideas son la nación toda.


4 comentarios:

laura dijo...

FELICITACIONES POR TU PRIMER ANIVERSARIO GRACIAS POR TU ESFUERZO

Guillermo Ríos dijo...

Muchas gracias por las felicitaciones, y... vamos a por el año dos.

Martín dijo...

Ml comentario es bastante tardío, porque tarde he llegado hasta tu blog, pero igual lo voy a hacer. Te comentaré que eso de la reducción de los alumnos por sala lo vienen proponiendo los profesores desde muy antiguo - prácticamente desde que comenzó la subvención -, pero el problema es que los medios de comunicación nunca le han dado esférica, centrándose en lo salarial, que hace ver a los profesores como unos flojos que sólo quieren que les suban el sueldo...

Guillermo Ríos dijo...

De hecho, hace poco vi a un iluminado en estos programas sesudos de entrevistas, no sé quien para suerte del desvergonzado, que decía que la reducción de alumnos en la sala de clases iba a tener cero impacto en la calidad de la educación. Cómo se ve que el tipo nunca ha estado en un salón de clases, y que en la televisión le dan espacio a cualquier papanatas que use un terno fino y hable bonito.

Sobre el tema de cómo anda la educación en Chile, reincidimos en Aprendiendo a porrazos: 7 razones por la que la reforma educacional chilena no reformará nada.

Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?