jueves, 30 de junio de 2011

Secuelas sin sentido en el cine.


Me parece increíble, mirando hacia el pasado, que a punto de cumplirse un año de andadura de la Guillermocracia, no tenga un solo posteo dedicado a un tema que es capital dentro de mi Weltanschauung: el cine. Y como el tono de la Guillermocracia suele ser bastante serio, lo compensaré con una entrada un poco más festiva. Hoy en día hablaremos de... secuelas absurdas. Sin sentido. Pegadas a las películas originales allí donde ya no cabía una secuela. No le pongo el rótulo de "las más sin sentido" porque debe haberlas peores por aquí o por allá, ni tampoco incluyo a las secuelas que han resultado películas calamitosas por motivos ajenos a la coherencia interna del universo narrativo (las dos Batman de Joel Schumacher por ejemplo no entran, porque son coherentes con lo narrado anteriormente por Tim Burton, aunque a partir de ahí sean unas mugres terribles). Si hay otro ejemplo que incluir, ya me lo harán saber en los comentarios.

Usualmente, la secuela absurda nace porque la premisa de la película original, o de las películas originales (porque a veces una secuela absurda puede ser una cuarta parte, como ocurre con las de Jigsaw) se ha agotado y no hay manera de continuarla: o bien el personaje protagónico ha fallecido o quedado imposibilitado para nuevas aventuras, o bien las condiciones en que se desarrolla la acción son tan peculiares, que resulta cuando menos extraño que se vuelvan a repetir las muy condenadas otra vez para otra película. Pero eso no le importa a los grandes estudios: si una película arroja buen saldo en taquilla, pues habrá que arreglárselas para crear una franquicia alrededor, aunque signifique inventarse los pretextos narrativos más retorcidos para hacer que la historia continúe. Como los que veremos a continuación.

Ni qué decir que este posteo se manda spoilers a mansalva, en particular a las películas que dan pie a la futura secuela sin sentido, de manera que si no han visto las películas en cuestión, mejor ni se le acerquen.

LA SEGUNDA TRILOGÍA DE SAW.

Partamos por "El juego del miedo", ya que la mencionábamos más arriba. En la primera parte, que en la concepción de sus creadores parecía ser la única porque salió un poco entre gallos y medianoche, conocíamos a Jigsaw, un tipo que le gustaba poner a la gente en la clase de aprietos que implica torturarse y mutilarse alegremente para salvar la vida. Era un buen concepto de base, pero a los creadores se les pasó un detalle: al hacer que Jigsaw fuera un enfermo terminal de cáncer, se fusilaban la posibilidad de extender secuelas hasta el infinito. En la segunda ya lo veíamos postrado, y en la tercera muere. Los creadores trataron entonces de rizar el rizo prometiendo que Jigsaw no resucita para la cuarta, y lo hicieron montándose al inicio de ésa, la autopsia incluyendo pesar el cerebro de Jigsaw en una balanza: vean lo muerto que está. Además Amanda, la chica que parecía destinada a preservar el legado de Jigsaw, también moría en la tercera. ¿Cómo arreglarlo para que hubiera continuaciones? Simple: se sacaron de la manga otro tipo del que nadie antes había sabido nada, pero que también venía de antes para continuar el legado de Jigsaw. Mi gran pregunta es cómo la franquicia se las arregló para seguir viva hasta perpetrar cuatro entregas más, CUATRO. Porque una cosa es que haya un sucesor o un imitador de Jigsaw (¿por qué no?), pero otra muy distinta es que Jigsaw el enfermo de cáncer terminal haya tenido tiempo no sólo para todos los planes dentro de planes de la primera trilogía, sino para además... ¡planificar por anticipado y dejar todo amarrado y bien amarrado con un plan a prueba de bombas que se prolonga todas esas secuelas adicionales! La pregunta que cae de cajón es: ¿y este pobre tipo débil y enfermo terminal, a qué horas comía o dormía...? O estos tipos entendieron la cosa al revés, y pensaron que el cáncer da superpoderes o algo. Quién sabe.



JASON Y FREDDY A SACO.

En cada entrega de Martes 13, Jason Vorhees es finalmente derrotado, y lo mismo ocurre al final de cada entrega de Pesadilla en la Calle Elm con Freddy Kruegger. Y en cada entrega siguiente, por lo tanto, deben encontrar un medio más rebuscado para resucitarlo. Y después de tantas resurrecciones, claro, uno ya empieza a tomárselo a la chacota. En lo de Freddy, el personaje busca vengarse de los niños de la calle Elm, por lo que se justifican sus intentos de regresar una y otra vez, aunque después de tantas secuelas, uno empieza a preguntarse por las tasas de natalidad de esos padres, porque salen niños de la calle Elm hasta debajo de la alfombra. En el caso de Vorhees es aún más sangrante, porque lo único que quiere es que lo dejen tranquilo: ¿para qué va tanto idiota a incordiarlo al Lago Cristal? Es que se lo están buscando. Por otra parte, el índice de criminalidad en el Lago Cristal no para de ascender, ¿y ni la policía ni los fiscales ni el gobierno toman cartas en el asunto...? Incluyamos en este listado a Michael Myers, otro insigne que ha tenido su propia ristra de resurrecciones. Y en algún caso, incluso, resucitando en realidades paralelas que se fusilan dos o tres entregas previas para establecer una nueva continuidad, porque eso sí que es resurrección, que llega a superior incluso al propio Marbod el Bárbaro, que hasta la fecha nunca ha podido resucitar en un universo paralelo al suyo propio (pensándolo bien...).

LAS SECUELAS DE HIGHLANDER.

La premisa de la "Highlander" original era simple y directa, y no daba pie a secuelas: sólo puede quedar uno. El último inmortal en pie, se lleva el premio. Inmortales mis polainas, claro, porque resulta que éstos han caído como moscas en el pasado, porque tiene truco: eres inmortal, salvo que te decapiten. Seguro que la Revolución Francesa se llevó a unos cuantos por delante. Si no, qué gracia tiene verlos dándose tunazos hasta el infinito (o no: los héroes Marvel mueren y resucitan casi como pasatiempo entre batallita y batallita). En fin, la primera terminaba con un épico duelo final, el premio para el protagonista, y música de Queen. Y fin. ¿De dónde entonces ha salido tanto otro inmortal a rondar por ahí en las secuelas? ¡Incluso hasta una serie de televisión salió al respecto! En la segunda película tenían claro que el asunto era una gigantesca tomadura de pelo: ni siquiera se molestaron en explicar cómo Ramírez regresaba de entre los muertos. Y por si añadirle una o dos películas de secuela no fuera lo suficientemente doloroso... rodaron una serie televisiva con seis temporadas y 119 episodios, más algún que otro spin-off. Con ese montón de inmortales rondando allá afuera, ¿cómo es que los normales jamás nos dimos cuenta de que algo olía a lo largo de los tiempos...?



LAS SECUELAS DE DURO DE MATAR.

La primera "Duro de matar" tenía su encanto por la acción y por Bruce Willis poniendo su mejor cara de circunstancias como John McClane. Pero, ¿cuántas veces puedes ser un vulgar policía y que te toque estar metido justo en un espacio cerrado en donde los terroristas hacen de las suyas? A Jack Bauer le pasó ocho veces en ocho días, vale, pero su trabajo era en una agencia antiterrorismo justamente: es como si nos preguntáramos por la casualidad de que un inspector del SII tenga que habérselas múltiples veces con evasores de impuestos. Pero ¿un policía en principio normal y corriente...? En la segunda tuvieron la decencia de cambiar el edificio por el aeropuerto, y a la tercera dejaron de esforzarse y botaron toda la premisa por la borda, transformando la franquicia en otra de acción genérica, que para colmo se confunde con las miles de veces que Bruce Willis ha interpretado a otros héroes de acción que se llaman distinto, pero que en el fondo sigue siendo el mismo John McClane pasado de roscas que interpretó alguna vez. Lo que es darle al clavo y seguir golpeándolo por el siguiente cuarto de siglo...

ALERTA MÁXIMA 2.

Esto tiene tela. La primera "Alerta máxima" iba de un portaaviones secuestrado por los villanos, y el pobre infeliz que estaba ahí de casualidad y que se carga a todos los terroristas. Exactamente lo que hubiera funcionado para un eventual "Duro de matar 3", en que según se dice, el edificio y el aeropuerto iban a ser reemplazado por un yate, concepto que fue botado por la borda para no terminar copiando a la copia. Pero "Alerta máxima" tuvieron el buen gusto de rodarla para ser un vehículo de acción de Steven Seagal, no de la socarronería de Bruce Willis, sin desmerecer a Willis, claro, pero cada pastelero que se esfuerce con su propia receta. Hasta ahí, bien. Ahora viene lo bueno. Según refiere la rumorología de Hollywood, alguien escribió un guión llamado "Dark Territory", que era otro clon de "Duro de matar" (espacio cerrado, terroristas...), pero ahora en un tren. Y como Steven Seagal luchó por hacerse con el guión, los avispados productores retocaron éste aquí y allá, y la lanzaron como "Alerta máxima 2". Lo que ayuda a caracterizar a Steven Seagal (perdón: a Casey Ryback, así se llama su personaje) con el mismo extraño pie que John McClane: un gafe que allí donde va, aparecen los terroristas. Esa es una dupla a la que no debes invitar a ninguna fiesta. Menos en un espacio cerrado. Sólo por si acaso.

MÁXIMA VELOCIDAD 2.

Descontemos el hecho ridículo de que el vehículo lanzado a toda velocidad ahora es un yate o algo así, o sea, el más lento de todos los vehículos fabricados en la historia humana, en un rotundo mentís a la idea que promete el título de la franquicia ("Speed" en el original inglés). La cuestión es: ¿cuántas veces puede pasarle a una chica verse metida en un ataque terrorista en que, además, el villano tiene la extraña idea de poner el vehículo a toda pastilla en vez de, digamos... simplemente volarlo o mantenerlo en un lugar quietecito para cobrar rescate? Quizás ella debería ponerse en tratamiento sicológico para verse eso lo-que-sea en ella que atrae a esa clase de locos sicópatas... La actuación hiperventilada de Sandra Bullock hace buena esta última posibilidad.



SECUELAS DE MI POBRE ANGELITO.

Aceptemos que, más allá de la comedia y de que la premisa viene así para que la película funcione, que un niño sea abandonado en casa refleja algo sobre lo desgraciados y miserables que son esos padres. Pero que pase una segunda vez... ¿los padres no aprendieron nada de la vez anterior? ¿Y el niño tampoco...? Ya en la tercera, Macaulay Culkin estaba haciéndose mayor, y además el caché iba subiendo, así es que contrataron a otro actor para hacer lo que básicamente es un remake de la primera, pero con menos gracia por lo que he visto haciendo zapping. Y volvió a repetirse otra vez más: exacto, perpetraron una cuarta. Para que después digan que la culpa no la tienen los padres sino el rock satánico.



DOS SECUELAS DE JIM CARREY SIN JIM CARREY.

Con muy buen ojo, Jim Carrey pasó de hacer secuelas de dos de sus grandes éxitos: "La máscara" y "Todopoderoso". En la primera, Carrey se deshacía de la máscara, por lo que hubiera chirriado lo suyo que ésta se hubiera abierto camino hacia él de nuevo, por muy comedia a lo "monitos de la Warner" que fuera. En la segunda, su personaje ya había aprendido la lección de qué difícil es ser Dios y todo eso, y seguirla liando carecía de sentido. Además, el grueso del chiste en ambas era ver a Jim Carrey haciendo morisquetas. En esas condiciones, "El hijo de la máscara" y "Todopoderoso 2" son cosas que nunca debieron haberse rodado. Incluso quizás con Jim Carrey a bordo.

¿QUÉ PASÓ AYER? 2.

Conste que no me he acercado a los cines a ver esta película, que según algunos, está bastante bien, y que escribiendo esto a finales de junio de 2011, es la tercera película más taquillera del año (superada por otras secuelas... Piratas del Caribe 4 y Rápido y Furioso 5). Pero el caso es el siguiente: en la primera, teníamos una despedida de soltero en donde el soltero desaparece en Las Vegas, y los protagonistas deben hacer memoria sobre qué pasó la noche anterior, en la nebulosa de la resaca, para encontrarlo. ¿Cuántas son las posibilidades de que a ese mismo grupo le suceda exactamente lo mismo? Sí, ahora la cosa es en Tailandia, pero eso tiene un nombre en el diccionario del idioma guillermocrático: "arreglo cosmético". El tagline debería haber sido: "Otro país. Los mismos idiotas".

LAS SECUELAS ABSURDAS QUE GRACIAS A DIOS NUNCA SE RODARON... PERO QUE QUIÉN SABE...

"Gandhi 2" nunca existió, pero tenía que incluirla porque es la sátira que Weird Al Yankovic hace en la película "Los telelocos" justamente sobre el fenómeno que comentamos, sobre las secuelas imposibles. Lógicamente no la rodó: se conformó con mostrarnos el trailer de la misma. Lo terrible del caso es que, más allá de la broma, el aguijón tiene mucha punta aquí:



Por cierto, esta idea fue plagiada después en "Padre de familia", con Peter Griffin viendo un trailer de "La pasión de Cristo 2", haciéndoselas pasar canutas a Mel Gibson de paso (plagio de "Los Simpsons"... ¡dos en uno!):



Pero la más rara secuela absurda que nunca se rodó, probablemente sea "La loca historia del mundo, Parte 2". Porque Mel Brooks rodó "La loca historia del mundo" en 1981, que acá en castellano le quitaron el "Parte 1" del título original. Y lo más recordado de la película es... el trailer de lo que (supuestamente) vendrá en la segunda parte:



Repito: de una parodia de las películas históricas.

Aunque yo creo que el buen Brooks pensó que si la cosa iba bien, se rodaba y a llenarse los bolsillos, mientras que si iba mal, siempre podría decir que todo era una broma...

PRONTO (es una broma) LA SECUELA DE "SECUELAS SIN SENTIDO EN EL CINE". ¡PARTIENDO CON "EL HIJO DE ESPARTACO"! (en serio: se rodó una cosa con ese título).

domingo, 26 de junio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 43 - La década negra del cine de Ciencia Ficción.


En muchos sentidos, el período de nueve años que va desde "2001: Una odisea del espacio" (1968) hasta "La guerra de las galaxias" (1977) puede ser caracterizado como la década negra del cine de Ciencia Ficción, no porque perdiera calidad en la época, sino debido a su mayor densidad, y claro está, su pesimismo. "2001: Una odisea del espacio" había marcado claramente la madurez del género en el cine, pero como efecto colateral, el género se volvió mortalmente serio. En esto, por supuesto, el cine de Ciencia Ficción no hacía más que seguir las aguas de la cultura popular de la década de 1970, que también experimentó el mismo fenómeno. Esta autoconciencia y adustez fue la marca del género hasta que "La guerra de las galaxias" vino a devolverle un matiz más infantil (en el buen o mal sentido, entiéndase el calificativo como se quiera), optimista y luminoso.


La gran presencia del cine de Ciencia Ficción en la década fue sin lugar a dudas la saga de "El planeta de los simios" y sus secuelas, con cinco entregas. La original "El planeta de los simios" estaba vagamente basada en una novela de Pierre Boullé, y data de 1968 (las siguientes secuelas van a razón de una por año). Este es el mismo año que "2001: Una odisea del espacio", sintomáticamente, pero la aproximación de ambos al género es diferente: en lo de Kubrick hay seriedad y filosofía, mientras que "El planeta de los simios" es claramente más aventurera y comercial. La saga en sí misma experimenta un profundo hundimiento de calidad (buena la primera, aceptables las dos secuelas siguientes, olvidables las dos últimas), pero más allá de eso, refleja muy bien los miedos y paranoias de su época. Las dos primeras ("El planeta de los simios" y "Regreso al planeta de los simios") conforman un binomio en que asistimos a una sociedad futura en que los simios inteligentes están en la cúspide y oprimen a los humanos... sólo para que de los conflictos subsiguientes, todo acabe en un gigantesco apocalipsis final. Las tres siguientes ("Escape desde el planeta de los simios", "La conquista del planeta de los simios" y "La batalla del planeta de los simios"), por un mecanismo argumental de viaje en el tiempo, son a la vez secuelas y precuelas de las anteriores, y nos muestran cómo esa sociedad de simios llegó a formarse en primer lugar, aplastando a los humanos y reduciéndolos a la esclavitud. Junto con la franquicia de Terminator, ésta es una de las aproximaciones más fatalistas del cine de Ciencia Ficción a nuestro futuro como especie.


Siguiendo la estela de "El planeta de los simios", el cine se pobló de películas postapocalípticas. Quizás la más destacada de estas películas sea "Zardoz", en donde un Sean Connery por ese entonces retirado de su sesentero rol de James Bond, vive una serie de aventuras en una sociedad que ha regresado al misticismo religioso en una especie de nueva edad de las cavernas. Más terrenal resulta "Cuando el destino nos alcance" (pésima traducción de "Soylent Green"), protagonizada por Charlton Heston, el mismo de "El planeta de los simios", en donde la superpoblación obliga a tomar medidas drásticas e inhumanas para alimentar a la gente. El mismo Heston protagonizaría otro hito del cine postapocalíptico, que es "El hombre omega", basada vagamente en la novela "Soy leyenda" de Richard Matheson, que refiere las andanzas del último hombre vivo sobre la Tierra o algo así, y que ha conservado un valor como ícono cultural al margen de su más que discutible calidad cinematográfica.


La distopía totalitaria también floreció aquí. Siguiendo la estela de "Fahrenheit 451" y "La naranja mecánica", que describen sociedades futuristas en donde el Estado reprime la individualidad para fortalecer la seguridad del cuerpo social, nos encontramos con un trabajo de un primerizo George Lucas. En "THX-1138", Lucas hace una adaptación bastarda de "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, con su personaje sin nombre y reducido a un puro código (el título de la película), a la manera de Ralph 124C 41+. Otra distopía totalitaria de cierta significación es "Fuga en el siglo XXIII", en donde la superpoblación se combate eliminando a la gente que sobrepasa los 30 años de edad, engañando al resto y haciéndoles creer que en realidad participan de un ritual religioso.


En general, la Space Opera experimentó un retroceso en esta época, con películas de bajo perfil como "Naves misteriosas", que mezcla Space Opera con ecología, o "Dark Star", la opera prima de John Carpenter que aborda el tema espacial desde un cierto distanciamiento irónico. Quizás la última película en esta vena pesimista de la década sea "Atmósfera cero", de 1981. Esta, con un Sean Connery claramente más envejecido que en sus roles habituales de héroe, se ambienta en las minas de Io, satélite de Júpiter, y refiere las tribulaciones de un sheriff interesado en impartir justicia dentro de un ambiente generalizado de corrupción. Aunque correcta en su ejecución, "Atmósfera cero" es una película claramente pasada de moda para su tiempo, en que el avasallador éxito de "La guerra de las galaxias" empezaba a imponer el modelo de cine blockbuster, y las aproximaciones más serias al género se estarían volviendo desde el espacio exterior hacia un nuevo espacio interior: el ciberespacio. Porque en efecto, terminada la década de 1970 e iniciada la siguiente, el cyberpunk llegaría para engullirse la parte más filosófica del pastel.

Próxima entrega: "J-Invasión".

viernes, 24 de junio de 2011

La propuesta mágica en educación.


Se le pueden aplicar muchos calificativos al ministerio de Joaquín Lavín como encargado de la cartera de Educación, bajo el gobierno de Sebastián Piñera desde marzo de 2010, pero "aburrido" no sería uno de ellos. Lavín se ha caracterizado por hacerse cargo de lo mal que está la educación en Chile (algo que los funcionarios de la Concertación no hacían tanto, ya que para ellos "todo estaba mejor", lo que es discutible), y ha salpimentado todo el asunto con una serie de medidas mediáticas que han sido aplaudidas por una parte y condenadas por la otra. No me meteré con el señor Lavín en cuanto persona o en cuanto a la honestidad de sus intenciones, que ni me conciernen ni me constan ninguna de ambas circunstancias, pero sí creo menester apuntar que las medidas de Lavín (ponerle señalizaciones a los colegios como semáforos, alterar los planes de estudio con menos horas de humanismo y más de lenguaje y matemáticas, por ejemplo) son apenas paliativos miserables, pero que no van a la raíz del problema. Mucho se ha dicho sobre la relativa ineficacia de estas medidas, y se ha dicho desde un amplio espectro que va desde la crítica académica hasta las manifestaciones y tomas de colegios y universidades, y no voy a insistir en el tema para no ser cansino. En vez de eso, voy a ser constructivo y aportar mi propia idea acerca de cómo arreglar, o al menos mejorar significativamente, la educación en Chile.

Para que quede claro, lo escribiré de manera sucinta en una sola frase, y con letras mayúsculas para una mejor legibilidad.

¿Listos? Allá va.

SEÑOR LAVÍN: REDUZCA LA CANTIDAD DE ALUMNOS POR SALA DE ENSEÑANZA BÁSICA Y MEDIA A UN MÁXIMO DE 20.

Resulta interesante observar que en el debate público, o sea el político, nadie ataque esa parte del problema, o al menos, no se ataque de manera tan visible como otras carencias de nuestro sistema educativo. Y sin embargo, allí está la médula y raíz de la mayor parte de los males en materia educativa. En la actualidad, cada sala de clases en los establecimientos públicos o subvencionados debe hacerse cargo de hasta 45 alumnos. O sea, un profesor por cada 45 cabezas. Ya que a los tecnócratas del gobierno (de cualquier gobierno, sin color político) le encantan las cifras, veamos una cifra: la hora pedagógica dura 45 minutos. Si usted divide 45 minutos por 45 cabezas, resulta que como profesor puede usted dedicarle apenas un minuto de la clase a cada alumno en particular. El alumno le hace a usted una pregunta, y ya no va a poder hacerle otra, y si es lento en aprender y necesita dos minutos en vez de uno para entender, ese alumno perdió. Por cierto, debemos descontar el tiempo de explicaciones generales sobre la materia que el profesor debe impartir, que si los estimamos en 20 minutos, nos deja 25 minutos para consultas de cada alumno. Si el profesor dedica un minuto por consulta y alumno, quedarán 20 alumnos debajo de la mesa y sin sus interrogantes sin ser contestadas. El profesor por fuerza debe contestar a los más lentos para que se igualen a los más ágiles y no retrasen el ritmo de la clase, y por lo tanto, los más ágiles quedarán impedidos de ser aún más ágiles en aprender, retrasados por los más lentos que hagan esfuerzos en ponerse al día con el ritmo de la materia.

Y para este cálculo hemos partido de la base que cada curso es obediente y disciplinado. Algo que está lejos de la realidad. Si el profesor tiene un poco de sangre espartana o bismarckiana en las venas, puede conseguir disciplinar y ordenar al curso en cinco o diez minutos, que son cinco o diez mnutos menos en los cálculos anteriores. Si es blando y dócil, y además viene imbuido por esas tontorronas ideas que les meten los psicólogos en las escuelas de Pedagogía para justificar sus sueldos de psicólogos, de que el alumno "siente curiosidad y quiere aprender" (recuerde como era usted de niño, ¿realmente quería aprender o preferiría estar jugando allá afuera al sol...?), entonces echará toda la hora en tranquilizar a sus pequeñas bestias para tratar de inocularle conocimientos en sus cabecitas. Algo similar a tranquilizar a un gato para que se deje inyectar un antibiótico.

Para peor, con 45 alumnos por sala de clases opera el refuerzo de grupo de manera exponencial. En un curso de 20 alumnos, cada alumno desordenado tiene apenas 19 que lo van a retroalimentar en su desorden, aplaudiéndoles sus marranerías: además, encender a esos 19 le va a costar más porque el profesor podrá detectar el tumor dentro de la sala de clase con mayor rapidez y neutralizarlo adecuadamente. Con 45 alumnos, el pupilo desordenado tiene 44 otros que lo refuerzan y retroalimentan, y es más fácil que surjan varios focos de desorden, por lo que el profesor lo tiene más difícil para abortar la rebelión de cualquier alumno desordenado mientras aún está en embrión.

Visto así, las ventajas de tener a 20 alumnos por sala de clases son evidentes. En primer lugar vamos a tener menos profesores con licencias por estrés o al borde del colapso nervioso, y eso redunda en beneficio de los colegios en general. Mejores condiciones psicológicas de trabajo redundan en un mayor atractivo de la carrera, y por lo tanto, en la posibilidad de atraer mejores puntajes de la PSU a estudiar pedagogía. Además, detrás de cada 20 alumnos hay sólo 20 apoderados, y el profesor puede atenderlos de manera más personalizada, haciendo así a los padres más partícipes y responsables de la educación de los chicos, mientras que entre 45, cada apoderado es apenas uno más. Importante es destacar que con cada prueba, el profesor debe corregir sólo 20 documentos distintos y no 45, lo que alivia significativamente su carga laboral, y lo que le permite invertir más tiempo en perfeccionarse siguiendo cursos y postgrados, algo que hoy en día es virtualmente imposible (al profesor se le cuentan y pagan las horas de trabajo en función de las horas de clases, pero el tiempo adicional para corregir pruebas, que en estricto rigor se corresponderían con el concepto de "horas extraordinarias" del Código del Trabajo, ni se computan ni se pagan para ningún efecto). Por añadidura, es más fácil mantener la disciplina dentro del salón de clases y por lo tanto el ritmo de aprendizaje mejora. Además, el disminuir el tamaño de los cursos hará obligatorio contratar más profesores, y con ello, al aumentar la demanda de docentes, habrá más empleo para ellos y el nivel de remuneraciones también subirá, lo que contribuirá a la calma social (el Ministerio de Educación recibe movilizaciones de profesores a lo menos una vez al año, y el salario es un punto importante de las mismas). Podría incluso derogarse el Estatuto Docente, la bestia negra de todos los columnistas neoliberales en la prensa de derecha, y los profesores no lo echarían significativamente de menos.

Descontando las teorías de la conspiración según las cuales las élites chilenas prefieren una educación de mala calidad para preparar mano de obra barata para trabajar en el sector retail (que su punto de razón tienen, por lo demás), el principal escollo para implementar esta medida es económico: la enorme inversión que significa crear más escuelas públicas (para duplicar su número y más, de hecho), además de la inversión necesaria para tener más personal docente contratado. Pero bien mirados, estos costos no son tan excesivos. En primer lugar, la implementación de más colegios con buena infraestructura puede financiarse con préstamos por parte de organismos internacionales y con deuda pública (emisión de bonos), además de ser un gasto que se hace una sola vez y por lo tanto se amortizará por sí mismo con el paso del tiempo. En cuanto a los costos permanentes, entre ellos pagarle a más profesores, son una inversión inevitable, pero se puede financiar a lo menos en parte recortando beneficios a ciertos parientes de ciertos funcionarios públicos que no cotizan en isapres ni en AFPs, sino que tienen sus propias cajas de compensación para ellos solos, y ellos no se opondrán a que se les recorten tales beneficios porque sería una actitud muy poco patriótica de parte de funcionarios encargados precisamente de defender a la Patria. Además, si disminuye el número de alumnos por curso, quedarán varios alumnos como población flotante, y los privados tendrán incentivos para entrar a ese mercado y crear sus propios colegios particulares y subvencionados: una vez más, las leyes del mercado funcionan. Si aún así se necesitan más fondos para financiar la educación, un alza del IVA debería funcionar bien, y si esto es demasiado regresivo, un impuesto específico sobre algún producto de consumo suntuario funcionaría incluso mejor.

Por eso, Joaquín Lavín tiene ahora la oportunidad única, en su interminable carrera por llegar algún día a la Presidencia de Chile, para demostrar que no sólo es un político preocupado del cosismo, de las encuestas y del día a día, medio sobrepasado por las manifestaciones y tomas a todo nivel, sino un estadista con una visión de futuro y un proyecto de país. Para eso, debe jugársela por rebajar los alumnos por clase a 20. Tendrá una enorme oposición de muchas partes (partiendo por Economía y Hacienda, que chillarán por el presupuesto, siguiendo por los empresarios, siempre dispuestos a que los impuestos no suban ni un solo punto, etcétera), pero nadie dijo que ser un estadista fuera fácil, y de hecho, eso es lo que caracteriza a los estadistas: su fortaleza a la hora de capitanear la "nave del Estado" en medio de los tiempos difíciles y las tormentas. Si necesita un mapa o un derrotero, con este posteo acabo de proporcionarle uno. Y si a alguien no le parecen mis planteamientos, puede dejar sus respetuosos puntos de vista en los comentarios, que los debates siempre son positivos, y al final los que ganan con confrontar ideas son la nación toda.


domingo, 19 de junio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 42 - La resaca de la Nueva Ola.


Aunque la rebelión de los autores de la Nueva Ola contra la generación campbelliana fue un acontecimiento capital dentro de la historia de la Ciencia Ficción, el predominio mismo de la Nueva Ola fue breve. El movimiento se había impuesto definitivamente en 1967 con la antología "Visiones peligrosas", pero pronto vino la saturación respecto de la novela de Ciencia Ficción experimental, y por lo tanto su progresivo abandono. No es que ya no se escribiera más, pero el grueso de los escritores prefirieron volver a cauces más tradicionales. Y esto no debería ser demasiado extraño. En el mundo exterior, la revolución de la década de 1960 había sido un verdadero estallido, pero después había venido la gran nada. La revolución de 1968 había degenerado en los movimientos terroristas de Italia y Alemania, Estados Unidos se había desencantado del establishment debido a los escándalos relacionados con Vietnam y con Watergate, etcétera. Resulta curioso observar que la destrucción o al menos el retiro de la mentalidad conservadora y gregaria predominante hasta la fecha, reemplazada por un nuevo individualismo, generó una dualidad en la cultura popular: por un lado surgió un fuerte espíritu de autoconciencia y de alienación frente al sistema, que permea al cine y a la literatura en general, y por el otro una voluntad de abandonarse y entregarse a las libertades recién ganadas en una vorágine de escapismo y hedonismo. Simplificando quizás demasiado, una comparación útil podría ser echarle un vistazo a la música: en el lado autoconsciente podemos alinear al rock progresivo o al punk, mientras que en lado hedonista podemos incluir el funk o la onda disco. La Ciencia Ficción no fue inmune a este movimiento, y sobrepasados los excesos de la Nueva Ola, vino una resaca en la cual los autores intentaron reevaluar el género. El problema es que consideraban muerta tanto a la Edad de Oro como a la Nueva Ola, y no daban con algo que pudiera reemplazarla.


Los autores de Ciencia Ficción de la década de 1970 tienden entonces a carecer de un sello propio o personal, y se limitan a rechazar la Nueva Ola volviendo hacia unos estándares más rígidos del género, pero sin adoptar la visión moral propia de la Ciencia Ficción campbelliana. Es una Ciencia Ficción adulta y muy autoconsciente, con pretensiones de ser literaria, apta para el consumo de una generación que había crecido en un ambiente de intercambio masivo de ideas y que por lo tanto deseaba un género más sofisticado. Eran autores postmodernos que venían un poco de vuelta de todo, y no pretendían empujar el género más adelante, sino utilizar sus convenciones para crear novelas con "buen acabado literario". Basta con repasar el listado de ganadores de Premios Hugo y Nebula de la época: en 1971, la novela que ganó el Premio Hugo fue "Mundo Anillo" de Larry Niven (había ganado el Nebula en 1970), que es una space opera clásica escrita de manera tradicional, aunque incorporando una mayor exigencia literaria, así como planteamientos más desinhibidos respecto de la mente humana, la sexualidad, etcétera. Al año siguiente vino "Los propios dioses", el regreso de Isaac Asimov a la novelística en más de una década y media, que aparte de algunos experimentos estilísticos y un intento por tratar la sexualidad de una especie alienígena, en general responde más a los patrones de la vieja ciencia ficción campbelliana que a la experimentación desatada de la Nueva Ola. En el mismo listado figuran "Encuentro con Rama" (space opera de Arthur C. Clarke), "La guerra interminable" (una space opera militarista de tintes filosóficos por Joe Haldeman), "Pórtico" (otra novela de encuentros extraterrestres, ahora por Frederick Pohl), etcétera. La mayor parte de estos autores ya llevaban varios años, incluso décadas, en activo dentro del género.


Quizás dos autores entre varios permitan ejemplificar mejor el perfil de la Ciencia Ficción de la época. Una de ellas es Ursula K. LeGuin. Aunque ya había escrito varios trabajos y había sido antologada en "Visiones peligrosas", su gran momento fue "La mano izquierda de la oscuridad" de 1969. En dicha novela explora la idea de una raza humana en un planeta alienígena, que ha evolucionado de tal modo que su sexualidad funciona de manera distinta a nivel biológico; esta premisa le permite a LeGuin explorar cómo lo biológico en el ser humano influye sobre la manera en que creamos la cultura y la civilización, incluyendo la política, el arte, la religión, y hasta el sistema carcelario inclusive. En 1975 publicó "Los desposeídos", en donde crea dos planetas que son reflejos en la ficción de las respectivas sociedades de Estados Unidos y la Unión Soviética durante la Guerra Fría, lo que le permite hacer una disección antropológica y desapasionada de las mismas.


El otro autor relevante aquí es Philip Jose Farmer. Aunque llevaba ya un par de décadas en activo, y había escandalizado con novelas en donde trataba abiertamente la sexualidad ("Los amantes", la más clásica de todas), su concepto más memorable es el Mundo del Río. En la saga de cinco tomos, iniciada con "A vuestros cuerpos dispersos", recrea la historia de una raza extraterrestre que terraforma por completo un planeta alienígena, y resucita a toda la Humanidad desde la Prehistoria hasta el siglo XX, para que convivan unos con otros. Bajo la fachada de una saga de Ciencia Ficción, Farmer se da el lujo de crear una larguísima y serpenteante, como el río del planeta en cuestión, historia de aventuras con mucha capa y espada. Es, en el fondo, la resurrección de la vieja literatura pulpesca de inicios del siglo XX, ahora dentro de un contexto más erudito y refinado, y por qué no decirlo, autoconsciente.


Al alero de este grupo de autores, una nueva generación de escritores se crió y empezó a publicar, también con una visión conservadora del género: entre los más destacados están Connie Willis y Kim Stanley Robinson (este último, probablemente el con mayor proyección posterior, gracias a su Trilogía Marciana). El punto de contacto de esa nueva generación postmoderna y posterior a la Nueva Ola, es un marcado énfasis en el ser humano, no a la manera individualista y heroica de la época de Campbell, sino como un ente físico y espiritual a la vez, en un curioso injerto de una mentalidad cercana a la Ilustración del siglo XVIII, pero en Ciencia Ficción. Pero este panorama, quizás un tanto añejo incluso para su tiempo, estaba por saltar en pedazos. En el mundo exterior se avecinaba una nueva revolución: la informática. Esta ya existía en el mundo, naturalmente, pero en la década siguiente, la de 1980, ésta se pondría al alcance del bolsillo de la clase media, y alcanzaría a los hogares. Dentro de ese esquema, la estirada Ciencia Ficción posterior a la Nueva Ola ya no tendría lugar, y saltaría hecha trizas frente a la arremetida de todo un núcleo de nuevos autores: el cyberpunk estaba a la vuelta de la esquina.

Próxima entrega: La década negra del cine de Ciencia Ficción.

sábado, 18 de junio de 2011

¿Se murió Michael Jackson...?


Otro artículo escrito hace una buena cantidad de tiempo, concretamente hace ya un par de años, y que rescato desde Tribu de Plutón. Porque se acerca la fecha del segundo aniversario de su fallecimiento. Y más importante aún, porque esta semana no alcancé a terminar un posteo sobre cine que vengo preparando, y que por lo tanto me obliga a rellenar con material preexistente. El artículo es sobre la vigencia de Michael Jackson. Sobre algunas cosas, a dos años de distancia, parezco haberme equivocado. Sobre otras, estaba más que acertado. Ustedes decidirán cuáles.

"¿Se murió Michael Jackson?"

Esta semana ha sido horriblemente idiotizante, debido a la muerte de Michael Jackson. Pero era lo esperable. Michael Jackson era el superstar del rock, la bestia negra a la que todos daban por muerta y enterrada, después de haberle dado una original aireterapia de ventilación a uno de sus críos, colgándolo balcón abajo... pero que demostraba tener aún mucho que colear, como que empezó a prepararse para un retorno a los escenarios, retorno que, fácil es colegirlo, quedó frustrado por su muerte. Buen momento, en medio de todas las brasas que nos han inyectado los medios de comunicación, para ver el asunto por nuestra cuenta. ¿Realmente podemos decir que Michael Jackson murió? Para responder a esta pregunta, veámoslo desde los varios ángulos posibles, los varios Michael Jackson que coexistieron dentro de... bueno, dentro de él, o lo que sea que podamos llamar un "él" en su caso.


EL NIÑO ETERNO.

Michael Jackson fue un chico sin infancia. Desde pequeño su padre, un obrero que sólo entendía de métodos brutales a la hora de criar niños (en esa época no se publicaba el famoso "Mi niño" del Doctor Spock), lo enrieló a punta de correazos, varillazos y otros "-azos" por la vía del baile y el canto. No es raro entonces que Michael Jackson, apenas pudo empezar a cumplir sus sueños, decidiera no crecer, y no ingresar al mundo de los adultos. ¿Para qué, para transformarse en un ser brutal como su padre lo fue? Y si no quería crecer, la verdad es que no necesitaba hacerlo. Tenía el dinero necesario para ser un niño toda su vida, y con el dinero, seguramente la manga de aduladores dispuestos a seguirlo en cualquier barbaridad al respecto. Es lo que tiene el dinero, que no tienes necesidad de justificarte ante nadie porque tus paniaguados lo harán por ti. Lo interesante del caso es que esta faceta de Michael Jackson, el ser un eterno Peter Pan, conectó de maravillas con nuestra sociedad. Ninguna señora preocupada por las cremas anti-age o ningún jovencito preocupado porque pasados los 25 o 30 ya no se tiene la potencia sexual que se tenía a los 18, puede dejar de verse reflejado en Michael Jackson, el hombre que a punta de dinero trató de detener el tiempo y no envejecer. Parte importante de lo que nuestra sociedad es, se ve reflejado en esa faceta de Michael Jackson. Aunque, admitámoslo, eso es demasiado vergonzoso para muchos, y por lo tanto, no pocos querrán ver a ESE Michael Jackson bien enterradito. Para que no salga de su tumba como ánima en pena, o peor, como un vampiro.

LA SUPERESTRELLA.

Pero el niño creció, desarrolló pelos bajos los sobacos... ¡Y, sorpresa, resultó ser un exitazo! Claro que el éxito tardó lo suyo. Tuvo que hacer cosas como, por ejemplo, su rol del Espantapájaros en el horripilante remake hortera-disco de "El mago de Oz" con Diana Ross (si nunca lo han visto, se los digo: ¡si se atrevieron a perpetrarlo!). Pero vino "Thriller" en 1982 y el resto es Historia.


A riesgo de disgustar a la capilla, digamos que Michael Jackson no fue un ídolo por ser un genio musical. No lo fue. Punto. Sus canciones, escuchadas de manera desapasionada, carecen de toda chispa, y no pasan de ser bien ajustaditos productos comerciales, interesantes para bailar en una fiesta cualquiera, pero nada tan trascendente que no necesite ser magnificado por el horrible efecto nostalgia. Sintomáticamente, el revival de los '80s que plagó a la década 2001-2010 pasó olímpicamente de Michael Jackson. Las discotecas ochenteras que se atochaban con Madonna o Depeche Mode, no le prestaron ninguna atención. Y mientras que las bandas hacían cola para hacer covers de incluso de one-hits wonders como Real Life ("Send Me An Angel" tiene covers de Atrocity, Deadstar Assembly, Zeromancer, Gregorian...), Michael Jackson fue el gran ignorado: algún que otro mal cover por aquí y por allá, y sería todo. Incluso Atrocity, que llevó el concepto de hacer covers ochenteros a un nuevo nivel con dos discos darkgoths íntegramente dedicados al asunto ("Werk 80" y "Werk 80 II"), pasaron derechamente de hacer un cover de Michael Jackson, después de haberlo hecho de Tears For Fears, a-ha, Eurythmics, OMD o Alphaville, por ejemplo. Algo dice todo eso.


Si Michael Jackson no era ningún genio musical, entonces, ¿por qué tanto éxito? La respuesta es fácil: su talento como showman. Lo que la música no podía darle, la puesta en escena podría hacerlo. Digo esto sin ánimo de denigrar. Crear un espectáculo estéticamente interesante, después de todo, es un talento como cualquier otro, y bien hecho aporta tanta belleza a nuestras vidas como puede hacerlo un cuadro bien pintado, un libro bien escrito, o una melodía bien cantada. Por otra parte, Michael Jackson fue el fenómeno justo para una época justa: la edad en que MTV partía, y lo hacía con su estilo colorinche y bullanguero, en que encajaban quienes hacían más ruido. Y Michael Jackson supo hacerlo, con videoclips cada vez más megalomaníacos que impresionaron a la audiencia de su tiempo. Hasta que la gente se hartó de tanta megalomanía, porque no se puede hacer el más imposible cada vez sin toparse con algún imposible de verdad. Ahí tienen esa gigantesca estatua de Michael Jackson, reverenciada por los niños detrás del Muro de Berlín, que realmente no impresionó a nadie: cuando todos se acuerdan de Michael Jackson, lo hacen por "Thriller" o por "Remember the Time" (el videoclip en que aparecía Eddie Murphy como Faraón de Egipto), no por su estatua gigantesca. Si Michael Jackson hubiera partido diez años después, sería probablemente considerado un número tan patético como Justin Timberlake, otro que trata de compensar como bailarín lo que el talento musical no puede darle. Y si miran bien a Justin, mucho le debe al plag... perdón, a la inspiración en Michael Jackson, al final del día.


¿Y se fue este Michael Jackson a la tumba? Definitivamente no. Gracias a la magia de la tecnología moderna, que permite revivir a los muertos, basta con darle al MP3 o al DVD para reencontrarse con su música o con sus imágenes. Mientras siga existiendo esa tecnología, y gente que utilice esa tecnología para el ejercicio necromántico de escuchar otra vez a los muertos, Michael Jackson seguirá bien vivo entre nosotros. ¡Diablos, capaz que alguna discoteca alternativa hasta toque su música y todo!


EL PEDÓFILO.

¿Fue Michael Jackson un pedófilo o no? Quizás la verdad se sepa algún día, cuando la gente alrededor empiece a hablar. Ya lo hicieron en vida de Michael Jackson, pero siempre sus abogados estaban vigilantes para tapar los baches a golpe de chequera. Pero cuando empezaron a circular los rumores sobre las cosas que hacía Michael Jackson con los niñitos en su rancho de Neverland, el ídolo se vino abajo. Dejó de ser el gran ídolo de masas y se convirtió en un ángel caído, en el niño de mirada angelical que era la máscara de un siniestro monstruo agazapado en sus entrañas. ¿Verdad, mentira...? No importa, lo realmente importante es que la gente podía señalarlo con el dedo y reforcilarse con su caída: a la gente le gustan los ídolos con pies de barro porque los pueden ensalzar un rato, y después los pueden patear a gusto en el fango. Es el mismo principio que los antiguos tan bien simbolizaban con el "rey por un día": entronizamos al idiota del pueblo como rey y le rendimos culto y homenaje, y al final del día lo sacrificamos en un rito ceremonial para librarnos de él, y exorcisar así todos nuestros rencores contra el poder establecido. Más allá de juzgar o no si Michael Jackson fue un pedófilo que le arruinó las infancias y vidas a tantos niños, o si tenía derecho a hacerlo, la persecusión mediática contra éste sacó a la luz algunos de los peores aspectos de nuestra sociedad: su morbo fetichista, su deseo muy democrático de aniquilar cualquier cosa que sobrepase la estatura del hombre corriente, sus pulsiones contradictorias respecto de la infancia (el mismo MTV que puritanamente le censuró el pezón a Janet Jackson, es el mismo que se hizo su agosto mostrando a Britney Spears adolescente como una sexy colegiala en sus inicios). Este Michael Jackson tampoco morirá tan fácilmente: haber sido uno de esos niños, o haber sido una camarera o guardaespaldas con recuerdos, es algo lucrativo, y las agencias editoriales seguirán pagando durante años a gente que investigue en tales cosas para hurgar fecas en el asunto. No digo que tales cosas no debieran ser investigadas, por supuesto: sólo digo que deberíamos asignarles su justo lugar. Hay problemas mundiales más importantes que arreglar, como por ejemplo la crisis energética, la superpoblación o el calentamiento global, y establecer algunas prioridades no le viene mal a nadie. Para eso están los tribunales y los fiscales, y el resto es aire. Pero no, a ese Michael Jackson tampoco lo dejarán en paz.


EL ÍDOLO RELIGIOSO.

Y al final de su vida, Michael Jackson muere en medio de aromas a santidad. Cuando iba a volver al mundo del espectáculo, para darle más pathos al asunto, como una resurrección truncada. ¿Y qué deja atrás? Pues, una legión de fanáticos para quienes Michael Jackson es virtualmente un ídolo intocable e insubstancial, un Cristo para la Era de MTV. Para ellos, ningún argumento sobre Michael Jackson será bueno si no lo deja bien parado. Para ellos, Michael Jackson era no un talentoso showman sino el más grande de los músicos que la Tierra parió desde Johann Sebastian Bach hasta la actualidad (y quizás ni Bach se le acercaba, en concepto de estas gentes), y no era un malvado comeniños amparado en la oscuridad de su rancho sino un pobrecito tipo al que deberían haber dejado en paz vivir su vida como se le antojara y sobre el cual se inventaron rumores y calumnias para eclipsar su genio. Por otra parte están todos los que después de ningunear a Michael Jackson durante años, lloran sentidamente su muerte con lagrimitas bien diseñadas para aparecer en la primera plana o en el telenotición farandulero de rigor. Contactos de Facebook a quienes yo jamás hubiera asociado con Michael Jackson ni por haber tomado la línea de metro equivocada, saltaron haciéndole homenajes y respetos. Paul McCartney, a quien Michael Jackson le birló su propio catálogo de los Beatles en una subasta de 1985 por 47 millones de dólares (sí, McCartney tuvo que pagarle derechos a Michael Jackson por tocar sus propias canciones en Estados Unidos) también se mostraba hondamente sentido y en shock por las noticias. Los noticiarios que se hicieron la América trayéndonos imágenes de Michael Jackson ventilando a su niño en un balcón, ahora dedicaron interminables minutos a mostrarnos las reacciones nacionales e internacionales frente al lamentable deceso, como si fuera algo sorprendente que un ser humano se fuera a morir (y Michael Jackson, como cualquier otro ser humano, estaba destinado a fallecer un día u otro). Al menos, gentes como Diana Ross o Elizabeth Taylor, con razón o sin ella, fueron constantes en defenderlo, mientras que el resto de los subidos al carro de pronto descubrió, después de años de cruzar el Desierto de Pedofilia, que Michael Jackson tenía algo que decir, después de todo.


Y este Michael Jackson, la nueva adquisición de los altares pop que ya ocupan James Dean, Marilyn Monroe, Bob Marley, el Che Guevara o Jim Morrison, por desgracia, mientras hayan acólitos de su secta seguirá estando vivo y bien vivo entre nosotros, hasta la completa extinción del Michaeljacksonismo como religión cuasi-institucionalizada. Algo que, dadas las circunstancias y el ruido mediático alrededor, podría alargarse su tanto en el horizonte...

domingo, 12 de junio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 41 - El cine de Ciencia Ficción alcanza su madurez.


En forma paralela al crecimiento y auge de la Nueva Ola, y al resurgimiento del cómic de Ciencia Ficción, el cine de Ciencia Ficción alcanzó su madurez. Esto no es una sorpresa: durante los tiempos del Atompunk, el cine de Ciencia Ficción había logrado construir sus propios códigos y lenguajes, y era el tiempo de explorarlo. Además, la Ciencia Ficción estaba integrándose cada vez más en la vida cotidiana, como lo prueba que el cine de espías tomara abundantes tramas y elementos de la Ciencia Ficción, trayéndolos a una ambientación contemporánea (los gadgets de James Bond o los planes de sus supervillanos, claro, pero también elementos de la espía femenina protagonista de "Modesty Blaise", o de la pareja protagónica de la televisiva "El agente de CIPOL"). De manera coincidente con la Nueva Ola, el cine de Ciencia Ficción entregó clásicos como la mejor adaptación de "La máquina del tiempo" (1960), el cruce entre Ciencia Ficción y "espadas y sandalias" que fue "La Atlántida: El continente perdido" (1961), una adaptación de "Robur el Conquistador" de Julio Verne que fue "El amo del mundo" (1961), la epopeya submarina de "Viaje al fondo del mar" (1961), la divertida variante del Doctor Jekyll y Mr. Hyde que fue "El profesor chiflado" con Jerry Lewis (1963), la epopeya de un submarino miniaturizado dentro del cuerpo humano en "Viaje fantástico" (1966), o la delirante y atrevida "Barbarella" (1968).


De manera muy interesante, Europa se volvió a toda máquina sobre el cine de Ciencia Ficción. Los británicos produjeron varias películas de Ciencia Ficción que pueden ser consideradas como "serie B de qualité", un poco a la manera en que la Hammer estaba transformando el terror de serie B compensando los bajos presupuestos con atrevimiento en las historias e imaginación en los decorados. Pero de manera muy interesante, los cineastas "de autor" en Europa descubrieron lo que los escritores europeos del género a comienzos del siglo XX ya sabían: que la Ciencia Ficción también podía ser utilizada para transportar mensajes críticos contra la sociedad de su tiempo. En 1965, Jean-Luc Godard rueda "Alphaville", que se inscribe dentro de un género favorito para la intelectualidad europea en la Ciencia Ficción: la distopía. Alphaville es en efecto una dictadura futurista en donde los sentimientos y la individualidad han sido suprimidos; en ese ambiente es donde un detective privado extraído de la más pura tradición del cine negro, debe llevar a cabo una investigación. Godard no se quemó la cabeza pensando en cómo ambientar la historia o en desarrollar elaborados efectos especiales, y se limitó a rodarla en París, haciendo uso de locaciones con arquitectura brutalista heredera de Le Corbusier para recrear una sensación futurista: el halo de "vanguardia" que poseía en esos años semejantes desvaríos arquitectónicos, fue lo que creó la magia en un escenario absolutamente prosaico desde el punto de vista del género. Al año siguiente, en 1966, su colega François Truffaut rodó "Fahrenheit 451". Basado en la novela homónima de Ray Bradbury, Truffaut se la juega con el mismo truco de "Alphaville" de no gastarse demasiado en efectos especiales ni decorados, y recurre también a la arquitectura brutalista para recrear el mundo desolado y falto de cultura que se refleja en la novela.


Pero si hay un cineasta europeo que debe ser asociado a la madurez de la Ciencia Ficción, ése es Stanley Kubrick. Habiéndose paseado por varios géneros, venía de rodar "Lolita" cuando se enfrascó en "2001: Una odisea del espacio" (1968), proyecto que le tomó cinco años de su vida. La ambición de Kubrick era crear el más épico film de Ciencia Ficción jamás rodado, para lo cual se asoció con el escritor Arthur C. Clarke, para desarrollar la historia a partir de un cuento corto de éste. La película refiere la historia de la evolución humana desde la Prehistoria, en donde un grupo de homínidos se encuentra con un misterioso monolito negro, hasta el por entonces futurista año 2001 en donde los humanos encuentran en Júpiter otro monolito. En ambos casos el resultado es el mismo: evolución. Los homínidos han evolucionado en el hombre, y en 2001 el hombre evoluciona en una especie mucho más avanzada, una especie de "hijo de las estrellas". La película fue saludada como una madura saga cósmica por la crítica, además de ser enormemente aplaudida por sus efectos visuales, portentosos para la época en que fue rodada. El siguiente proyecto de Kubrick también fue de Ciencia Ficción, pero de alcances más modestos: "La naranja mecánica" (1972). En ella trata el tema de la violencia juvenil, en una Inglaterra imbuida en un futuro cercano. "La naranja mecánica" sigue la tradición de "Alphaville" y "Fahrenheit 451" de construir su "futuro" aprovechando la arquitectura brutalista imperante, y prefigura en algunos años lo que va a ser después la rebelión de los punks contra el establishment. Puestas espalda con espalda, "2001: Una odisea del espacio" mira un tanto hacia el pasado, hacia la space opera campbelliana llevada a su expresión más cosmogónica, mientras que "La naranja mecánica" mira de soslayo hacia el futuro, prefigurando algunos temas que después van a integrar buena parte de lo que será el lado sociológico del cyberpunk.


Ya entrando en la década siguiente, el heredero de Kubrick vendrá desde la Unión Soviética: es Andrei Tarkovski. En "Solaris" (1972), adaptación de una novela de Stanislav Lem, encontramos casi el opuesto al triunfalismo místico de "2001: Una odisea del espacio": mientras en la epopeya kubrickiana el ser humano es guiado por inteligencias alienígenas benevolentes en su evolución, en el desolador filme tarkovskiano el protagonista descubre que el planeta Solaris es probablemente una criatura viva, pero de una clase de tan extraña y perturbadora (un gigantesco océano oleaginoso viviente), que es imposible llegar a establecer contacto o comunicación con ella. Tarkovski aborda así el tema de la incomunicación humana, desde una perspectiva casi abstracta, aprovechando el entramado de Ciencia Ficción. Aún más abstracta resulta "Stalker", sobre un guía o "stalker" que lleva a unos personajes a través de una zona desolada en donde se producen misteriosos fenómenos psíquicos. Mientras que en "Solaris" Tarkovski trata de recurrir a efectos especiales y decorados convincentes (un ambiente oxidado y retrofuturista), en "Stalker" renuncia a los efectos especiales: todo el elemento de Ciencia Ficción está contenido en la historia misma, narrada de manera muy naturalista en paisajes por completo desolados.


El movimiento de Kubrick hacia "La naranja mecánica" y la relativa buena crítica de Occidente hacia Tarkovski, marca una tendencia propia del cine de la década de 1970: su progresivo enrarecimiento y oscurecimiento. Si en la década de 1960 todavía era posible encontrar algo de serie B de calidad y cine de un carácter más optimista, la década siguiente sería mucho más densa y oscura. No en balde, la saga más insigne de la Ciencia Ficción de la siguiente década sería la pesimista "El planeta de los simios".

Próxima entrega: "La resaca de la Nueva Ola".

miércoles, 8 de junio de 2011

¿La era de las ciberrebeliones?


En el paso de los años 2010 a 2011 hemos asistido a un fenómeno histórico nuevo, para la cual y a falta de una mejor, propondré la palabra "ciberrebelión". Las rebeliones sociales no son un fenómeno nada nuevo, por cierto. La independencia de América respecto de España fue una rebelión, lo mismo que Estados Unidos respecto de Inglaterra. El mundo antiguo vio rebeliones como las de esclavos como Aristónico o Espartaco... Más antiguamente aún, la propia Biblia retrata la secesión de Israel respecto de Judá como una rebelión. El elemento verdaderamente novedoso ahora está en el papel jugado por Internet, y particularmente por las redes sociales, en todo este asunto.

Hagamos un poco de historia sobre Internet. En la década de 1980, como tendré tiempo de tratar en las Crónicas CienciaFiccionísticas respecto del cyberpunk, se estructuró la idea de toda la Humanidad conectada directamente a través de redes computacionales. No es que el concepto no existiera antes (incluso ciertas ingenuas ilustraciones del dibujante francés Jean-Marc Coté, por allá por el 900, pueden verse en esa dirección, aunque con correspondencia estilo fax en vez de telepresencia), pero en esa época se hizo evidente lo que se venía. Pero según el cyberpunk, Internet o el ciberespacio no iban a representar la liberación del individuo, sino su anulación como tal. Dentro del cyberpunk clásico, los individuos en realidad conforman una masa amorfa estupidizada por la publicidad, consumidores pasivos de lo que la televisión y los "mass media" tengan a bien inyectarle, siempre en beneficio de los pocos de siempre. Para el cyberpunk más clásico, la idea de "redes sociales" al estilo de la película "The Social Network" simplemente no existe, ya que no hay sociedad que enlazar mediante redes, sólo individuos alienados y dopados con televisión a la vena.

Y entonces llegaron las redes sociales propiamente tales, y la tan cacareada web 2.0. Una web en la que la gente no sólo recibe contenidos, sino que también los genera. A finales de la década de 1990, todavía era necesario para el individuo que quisiera generar información, crear algo así como un fanzine (como "Quinto Evangelio", el que yo mismo edité durante doce números mensuales entre 1998 y 1999). Se podían crear páginas web, claro, pero esto era para los cuatro gatos que sabían algo de lenguaje HTML, no para el grueso público.

Y después llegaron los blogs. En mi caso, el ya fenecido Tribu de Plutón y el activo Guillermocracia a punto de cumplir su primer año. Llegó Facebook, y con éste, la posibilidad de compartir videos favoritos, enlaces favoritos, artículos favoritos... Llegó Twitter y la posibilidad de pensar, aplaudir o bramar en 140 caracteres. El denominador común de todo eso es que ni los servidores de blogs (Blogger, WordPress), ni los de videos (YouTube) ni los de microblogging (Twitter) ni los de redes sociales avant la lettre (Facebook) crean contenidos: éstos se limitan a proporcionar las herramientas de edición y upload, y el usuario es quien crea el contenido con ellas. ESTO, el cyberpunk tradicional no pudo verlo.


Aún así, las revoluciones en el mundo arábigo nos tomaron a todos por sorpresa. Y el que diga que no, que se esperaba algo así, miente como un bellaco. Pensábamos que era algo propio de la sociedad musulmana y su peculiar relación con el mundo occidental (leer "La rebelión entre el Islam y Occidente" en este mismo blog), y por lo tanto, un fenómeno que no se iba a repetir. Pero se ha repetido. En España surgieron los indignados. Y en Chile, el 21 de mayo pasado, tuvimos alguna noticia de lo que estaba ocurriendo. ¿El denominador común? Las redes sociales. La gente no se organizó a la manera antigua, concurriendo escondiéndose tras gruesas gabardinas en las sombras de la noche a alguna reunión clandestina en algún sótano iluminado por una lámpara de gas, sino conversando de manera descentralizada a través de las redes.

Y en realidad, teníamos que haberlo visto. En el fondo, es lo mismo que pasó en la elección presidencial del 2008 en Estados Unidos: Barack Obama la ganó gracias a Internet. Aquello también fue una ciberrebelión: la gente estaba cansada del mal gobierno de George W. Bush y sus intentos de socavar la democracia para favorecer a unos pocos privilegiados a costa de una dantesca crisis económica, por no hablar de los ataúdes sellados que venían desde Irak o Afganistán. Sólo que en Estados Unidos, con un sistema democrático más flexible, la gente pudo botar a los republicanos para instalar a un demócrata en la Casa Blanca. Que lo haya hecho bien o mal el señor Obama, eso es otro cuento: lo importante aquí es que la ciberrebelión funcionó.


En España (los indignados) o en Chile, las cosas han sido más difíciles. Ambos sistemas políticos son democracias postdictatoriales (Franco y Pinochet, respectivamente), diseñadas con mucho mimo para salvaguardar los intereses de los regaloneados por el Ancien Regimen, y por lo tanto, es mucho más difícil que en Estados Unidos el echar a los políticos contra los cuales se dirige la ciberrebelión. En Siria, ni digamos: allá los muertos en manifestaciones se cuentan por decenas, y el gobierno sirio no da trazas de querer dejarse derrocar. Lo que sucedió en Túnez y Egipto fue casi un golpe de suerte, posible en parte gracias a que la sorpresa y lo inusitado del nuevo panorama cibersocial le impidió a Zine el Abidine Ben Alí y a Hosni Mubarak, apreciar el verdadero tamaño de lo que se les venía encima. En Libia, Gadafi aprendió la lección, y a pesar de tener a la OTAN encima, se ha conseguido mantener en el poder, lo mismo que otras autocracias islámicas.

Aún así, las ciberrebeliones de 2010 y 2011 añaden un nuevo matiz a la política: Internet ya no es sólo un sitio de desahogo para las pasiones frustradas ni un medio de dopaje social para mantener aletargadas a las masas (la visión cyberpunk clásica), sino que gracias a la web 2.0, puede ser una herramienta de poder demasiado peligrosa para algunos. Nadie que esté enquistado en el poder gracias a un sistema político de privilegios (e incluso las democracias más abiertas los tienen) está dispuesto a cederlo de buena gana sólo porque al pueblo se le ocurre que puede mandarse solo, o que alguien los dirija mejor. De esta manera, es posible que las presiones de los poderosos aumenten ahora el intervencionismo sobre Internet.

Pero por otra parte, los gobiernos democráticos o pseudodemocráticos no pueden llegar y cancelar Internet porque sí. De partida, es imposible para un país del siglo XXI funcionar adecuadamente sin Internet: privarse de ella implicaría regresar a la Edad Media y acabar por lo tanto con serias desventajas competitivas respecto del resto del mundo. En segundo lugar, las redes sociales han probado ser un buen medio de desahogo para restarle presión a la caldera social; después de todo, si se priva de Internet a alguien que grita su descontento a través de la red, ese tipo podría sentir la tentación de levantarse de su silla y salir a gritar a la calle, o peor aún, a lanzar bombas. Si para un país autocrático fuera posible desconectar Internet para mantener sumisos y desinformados a sus súbditos, entonces China con su largo historial de encontrones con Google y YouTube hace rato que lo hubiera hecho.


Con todo, el nuevo fenómeno social de la ciberrebelión introduce una buena cuota de incertidumbre en la sociedad. De partida, evidencia que la gente, dentro de todo el aborregamiento y la estupidez promovidos por los medios de masas, aún tiene fuerzas para gritar por su libertad, y está dispuesta a defender sus derechos en contra de élites opresivas y abusivas, sean autocracias abiertas o sean democracias en donde la ruleta está cargada hacia los mismos de siempre. En segundo lugar, los gobiernos y las élites mirarán con mucha mayor atención a Internet, y quizás en los próximos años la red viva guerras aún más intensas por su control: quien domine a Google, dominará el mundo.

Y en tercer lugar, la posibilidad más siniestra de todas es que algunos consideren que Internet es demasiado peligroso para ser dejado a su aire porque le otorga demasiado poder a las masas, y se decidan finalmente por el recurso supremo de un apagón informático a nivel planetario. Se supone que Internet no puede ser apagado porque desde el comienzo fue diseñado de manera descentralizada; no en balde fue creado en los tiempos de la Guerra Fría como una manera de articular a las distintas agencias gubernamentales de Estados Unidos para que éstas pudieran seguir manteniendo el país en marcha en caso de que su centro fuera borrado del mapa por un martillazo nuclear. Pero hoy en día, Internet está mucho más centralizada que hace algunos años atrás: quizás no se lo pueda echar abajo, pero un ciberataque en toda regla contra el imperio Google (que cubre Google, Gmail, YouTube y Blogger), podría crear una brecha a través de la cual alguien pudiera tomar el control de la red en su práctica totalidad, dejando a los rebeldes como marginales dentro del sistema cibernético. Y ya sabemos lo que eso significaría: regresar a la horrible década de 1970 con sus patas de elefante y con la música disco. Eso, y algunas cosas peores también.

domingo, 5 de junio de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 40 - Los viajes de la nave espacial Enterprise.


Así como la Ciencia Ficción se hizo más madura en el mundo de los cómics, y más compleja en la literatura, en la televisión sucedió algo similar. Hubo programas intrascendentes por supuesto ("Mi marciano favorito" por ejemplo), pero también los hubo con un enorme contenido narrativo. El programa "Dimensión desconocida" mezclaba historias fantásticas de todo tipo, siempre bajo la atenta vigilancia de Rod Serling, quien velaba porque las historias tuvieran calidad y peso específicos; y entre las historias explotadas por Serling, varias de ellas se adscribían a la Ciencia Ficción. También merece mención el infatigable productor Irwin Allen, innegable rey de la Ciencia Ficción aventurera en la televisión de su época, que se atrevió con la exploración submarina ("Viaje al fondo del mar"), la aventura planetaria ("Perdidos en el espacio"), los viajes en el tiempo ("El túnel del tiempo") o el conflicto de humanos pequeños contra humanos grandes ("Tierra de gigantes"). Pero sin lugar a dudas, el faraón de la Ciencia Ficción televisiva en la época es Gene Roddenberry y su majestuosa "Viaje a las estrellas".


Gene Roddenberry quiso desarrollar una serie televisiva de Ciencia Ficción que fuera al mismo tiempo una space opera aventurera, y una que le hincara el diente a complejos conceptos éticos y filosóficos. Crearla no fue sencillo. El primer piloto de "Viaje a las estrellas" fue rechazado porque los ejecutivos de la cadena lo consideraron demasiado "cerebral". Un segundo piloto fue encargado, y la serie fue lanzada al aire en 1967. Roddenberry no escatimó en recursos creativos, y se rodeó de un equipo de guionistas conformados por los mejores escritores de Ciencia Ficción por entonces en activo: el listado incluye nombres fundamentales como Harlan Ellison, Fredric Brown o Robert Bloch.


El concepto de la serie original es bastante sencillo y flexible (en series posteriores se haría más complejo). Es el siglo XXIII, y el universo conocido es controlado por la Flota Estelar, una de cuyas naves es el Enterprise. Cada capítulo muestra una peripecia distinta que la tripulación del Enterprise debe afrontar y resolver. Hasta ahí podría ser una space opera vulgar y corriente, pero Roddenberry quiso evitar el esquema "héroe versus villano" y darle en cambio un enfoque más humanista. De partida, la ciencia y la diplomacia tenían tanta importancia como la fuerza bruta o el poderío armamentista para resolver situaciones conflictivas: los héroes no sólo debían ser fuertes y poderosos, sino además inteligentes. En segundo lugar, la tripulación del Enterprise rompía con el estereotipo de que los héroes espaciales debía ser varón, blanco, rubio y americano: aunque el protagonista más o menos lo fuera, dentro de los personajes importantes de la tripulación habían mujeres, negros, japoneses, asiáticos... incluso un extraterrestre de la raza vulcano. Las audiencias más conservadoras de 1967 no estaban preparadas para esto, pero el grueso del público, más sensibilizada hacia los temas relacionados con los derechos civiles, reaccionó de manera favorable. En tercer lugar, la serie era tecnooptimista, con una visión amigable de la tecnología y sus potenciales para mejorar la vida humana. Se ha acusado a "Viaje a las estrellas" de ser demasiado idealista a ratos, y probablemente dicha crítica tenga razón, pero este enfoque inteligente y optimista ayudó a convertirla en una de las series de Ciencia Ficción con mayor contenido de conceptos e ideas en la historia de la televisión.


La reacción frente a "Viaje a las estrellas" fue en general positiva, y no sólo dentro del fandom de la Ciencia Ficción que se suponía era el target original, sino también entre audiencias más amplias. La primera temporada fue muy exitosa, pero la segunda experimentó una declinación en la audiencia. La cadena televisiva optó por cancelarla, y entonces ocurrió lo que hasta la fecha era impensado: los fanáticos, lejos de dejarse tratar como borregos, bombardearon de cartas a la emisora. Sorprendidos, el canal decidió dar luz verde a una tercera temporada, pero para terminar de matar la serie, le redujeron significativamente el presupuesto, y la movieron para el horario del viernes en la noche, tradicionalmente considerado como veneno para la audiencia de cualquier serie. El resultado fue su cancelación, después de una tercera temporada significativamente más pobre que las anteriores dos.


Pero "Viaje a las estrellas" no murió. Fue reemitida con posterioridad, durante la década de 1970, y como resultado se sumaron nuevos fanáticos, muchos de los cuales no tenían edad para ver la serie en su emisión original. Los fanáticos empezaron también a reunirse en convenciones especiales, algo que en esa época era inusitado para una serie de televisión, y granjeándose de paso la imagen de frikis perdedores que desde ese entonces tienen los trekkies, como se llama a los fanáticos. Hubo entonces sucesivos intentos por revivir la franquicia, lo que cuajó finalmente en la película "Viaje a las estrellas", de 1979, transformándose así en la primera serie televisiva en saltar al cine, y la primera en hacerlo con su elenco original (a la fecha de escribir estas líneas, este último récord es compartido sólo por "Los expedientes secretos X"). El desarrollo posterior convirtió a la franquicia de Star Trek en uno de los más conocidos y amplios universos mitológicos de la Ciencia Ficción, con once películas para el cine y seis series televisivas (una de dibujos animados) hasta la fecha de escribir esto, por no hablar de los múltiples spin-off en forma de historietas y novelas. Star Trek se consolidó así como uno de los más representativos fenómenos de la Ciencia Ficción humanista de la Nueva Ola, y que consiguió sobrevivir a la misma.

Próxima entrega: "El cine de Ciencia Ficción alcanza su madurez".

jueves, 2 de junio de 2011

El lanzamiento de la "Segunda Enciclopedia de Tlon" de Sergio Meier.


Hora de rescatar un artículo antiguo publicado en Tribu de Plutón, aunque ahora por motivos adicionales a los de siempre: el 1 de Junio pasado (ayer) se cumplieron cuatro años desde el lanzamiento en Valparaíso del libro "La Segunda Enciclopedia de Tlön", de Sergio Meier. Por lo mismo, aprovechamos para rescatar este artículo antiguo en que hice un reportaje sobre el lanzamiento mismo. Con nostalgia para el maestro fallecido de manera prematura, y cuando tenía todavía tanto por entregar a la literatura chilena y en general.

El viernes primero de Junio el escritor quillotano Sergio Meier, quien por cierto nos honra siendo parte del equipo estable de redactores de Tribu de Plutón, lanzó su novela "La segunda Enciclopedia de Tlön". Terminó así una larga espera, ya que puedo dar fe de manera personal, de lo largo que fue el proceso de gestación de este monstruito literario. El lanzamiento fue en la Sala Rubén Darío, de la Universidad de Valparaíso, y se produjo bajo un lleno total; tanto, que las butacas de la sala no alcanzaron para todo el público, y una buena cantidad de éste se colocó de pie tras la última fila, o en un pasillo lateral. Esto era, desde luego, una prueba del interés que el libro había despertado, algo bastante inédito si se considera que en Chile, los lanzamientos de libros suelen estar visitados por cuatro alegres parroquianos, entre amigos y paniaguados del oficiante, y si se trata de una especie de celebridad, aunque no sea literaria, como es el caso de Sebastián Edwards y su "Misterio de las Tanias", por gentes que de literatura entienden poco, pero que de hacer vida social, relaciones, contactos y zampar una mezcla de canapés con champaña saben harto (si alguien piensa que me estoy columpiando en el señor Edwards y su lanzamiento, deberían leer lo que escribieron al respecto Fernando Villegas en "La Tercera" y Carmen Sepúlveda en "La Nación"). La rareza de las rarezas es que se trataba de una novela (1), una novela chilena (!!) y una novela chilena de ciencia ficción (!!!). Porque no sólo estaba el elenco clásico de cualquier lanzamiento, conformado generalmente por la pareja, los familiares y los amigos más cercanos, sino que también había gente de todo tipo, y particularmente jóvenes que debían estar cursando la Enseñanza Media o los primeros años de Universidad. Algo insólito, por supuesto, considerando que Chile es un país en el cual la gente apenas lee, y que obtiene resultados cada vez más catastróficos en toda clase de pruebas sobre rendimiento intelectual de sus estudiantes, incluido el SIMCE. ¿Será que de verdad los estudiantes actuales rehuyen leer porque prefieren la consola de videojuegos y el Messenger, o se ven espantados de la lectura porque les meten a a la fuerza libros sin ningún interés actual para nadie...?

A pesar de que la convocatoria era para las seis y media de la tarde, y según testimonios confiables había gente incluso antes de las seis, el evento principió a la hora chilena. O sea, cerca de las siete y un cuarto de la tarde. Primero habló Marcelo Novoa, mascarón de proa de esa nao editorial llamada Puerto de Escape (la editorial que ha publicado el libro), haciendo una breve introducción, después de lo cual vino el primer gran tanque de la noche. Bromeando, Marcelo dijo que el libro apenas se estaba lanzando, y ni siquiera había llegado a Hollywood aún, pero ya tenían el trailer de la película...

Y no era una broma, después de todo. Porque después de abrirse las cortinas, contra el telón del fondo de la sala se proyectó un estupendo montaje audiovisual, que de verdad parecía ser el trailer de alguna eventual adaptación cinematográfica de "La segunda Enciclopedia de Tlön". El diaporama era básicamente un resumen del argumento de la novela, con la voz en off del inigualable caballero, don Luis Chandía, quien dicho sea de paso presta también sus irreemplazables servicios como locutor en la Radio Valentín Letelier; todo esto, con imágenes que mezclan a un tiempo la vieja cábala y alquimia con la más moderna estética cyberpunk, y los fractales que confluyen para crear universos dentro de universos, con la música metalera sinfónica de los suecos de Therion como banda sonora. Frente a eso, el trailer de "Papelucho y el marciano" podía irse con calma y a patadas para la casa, y probablemente la película entera de paso. Apenas podamos incluir en Tribu de Plutón una copia del diaporama, lo haremos, pero por lo pronto, ya que éste trataba sobre el argumento de la novela, hagamos un breve esbozo de la misma.

Se refiere "La segunda Enciclopedia de Tlön" a un futuro hipotético en el cual un grupo de programadores llamado los Alquimistas de la Matriz, han creado una serie de universos virtuales, unos encajonados dentro de otros. Paralelamente, un grupo de personajes ha emprendido una larga búsqueda para averiguar la verdad sobre estos universos, incluyendo a las versiones cyberpunk de Isaac Newton y Gottfried Leibnitz, quienes, enfrentados en un titánico duelo intelectual, terminarán por descifrar el misterio que envuelve a todos estos universos -el "paradigma holográfico". Así dicho suena muy sencillo, por supuesto, y cualquiera lo entiende, aunque veremos cuántos no terminan con dolor de cabeza, porque si hay algo que Sergio hizo a conciencia con esta obra, fue empaparse de alquimia y cábala y cyberpunk y Teoría de Cuerdas hasta dejar a Dan Brown y su "Código da Vinci" como un aficionado semianalfabeto.

Terminada esta parte, se abrió una pequeña mesa redonda, en la que hablaron primero Omar Vega, especializado en cuestiones físicas, quien trató sobre los aspectos científicos de la novela, alabándola porque, a pesar de que sus ideas parezcan completamente absurdas, en verdad tienen una sólida base científica. De todos modos, aunque puso todo su empeño en explicar las ideas científicas de la novela, y lo logró bastante bien, su entusiasmo le traicionó, y no logró dar una explicación redonda a cabalidad; problema más que disculpable, por cierto, ya que no es fácil explicar ideas a primera vista tan estrambóticas como las de la novela, y además, como la obra viene con prólogo escrito del mencionado Omar Vega, entonces lo que en la exposición pueda haber quedado cojo, en el libro debería caminar sobre sus dos pies. Luego habló Rafael Cheuquelaf, uno de los miembros del duo electrónico Lluvia Acida, quien recientemente para su trabajo "Audioficciones" creó un tema llamado precisamente "La segunda Enciclopedia de Tlön". En la mesa estaban sentados también Marcelo Novoa como moderador, quien en esta parte sólo habló para entrevistar, y de eso más bien poco, y Sergio Meier, quien definitivamente no habló en esta sección, por el minuto, y lucía una consecuente cara de pesadumbre.

Vino luego una nueva presentación audiovisual, ahora del tema "La segunda Enciclopedia de Tlön" de Lluvia Acida, con su correspondiente videoclip, que también resultó ser un trabajo pulcro, fino y elegante. Apenas podamos subirlo, queda como promesa, estimados lectores.

Y como gran final, al fin, Marcelo Novoa presentó al autor, a Sergio Meier, y le dio tribuna para que hablara extenso y parejo. A partir de ese minuto, operó un cambio en la sala. Previamente el público, y en particular la gente joven que iba seguramente dispuesta con ánimo de carnaval, no habían cesado de susurrar y conversar en voz no siempre baja en medio de todas las presentaciones, pero ahora se impuso un silencio absoluto, casi religioso, como si Sergio fuera el nuevo pontífice predicando una sobreviniente verdad suprema.

Y la exposición de Sergio se redujo, o más bien se extendió, a mencionar el derrotero y ventura de la novela. Partiendo con las ideas de la matriz y del cyberpunk, se preguntó, según sus propios términos, sobre cómo verían unos genios todo el panorama actual. Desechando a Einstein y Galileo, se inclinó finalmente por Isaac Newton, en parte por su doble faz de científico de vanguardia y alquimista medieval, y en parte por su tortuosa vida interior. Luego, buscándole un antagonista, llegó hasta el rival histórico de Newton, quien fue Gottfried Leibnitz, y con eso completó el círculo. A continuación, para diseñar aquellas ideas que esos visionarios habrían visto en esos universos virtuales, recurrió a las más avanzadas teorías de Mecánica Cuántica, Teoría de Cuerdas, etcétera. El resultado final es el libro que fue lanzado, el ya mencionado 1 de Junio. Aprovechó de reirse también un poco, de manera sibilina, sobre el carácter parroquial de mucha producción literaria chilena, señalando que su obra pretendía ser universal, que por eso no tenía miedo de meter elementos foráneos o "gringos", pero que aún así, habían elementos riquísimos en la tradición local chilena que aún no han sido convenientemente explotados por sus literatos, y de ahí que parte de la acción de esta novela, que se ambienta en vastos universos de densa cosmología con naves espaciales estilo art-decó y fenómenos cuánticos, transcurre igualmente en el tranquilo y soñoliento pueblo de Quillota, "mi Providence", como lo llamó Sergio (lo de "tranquilo y soñoliento" es añadido personal, por supuesto, y que Betty me disculpe).

Así terminó todo. Sergio fue a firmar libros y más libros, y de paso recibir los abrazos y palmotadas en la espalda de mucha gente, algunas sinceras y algunas quizás no tanto, tratándose de un país tan verdemente envidioso como lo es Chile. Acabado incluso esto, los últimos contertulios marcharon en dirección a un café, mientras Marcelo se iba a atender sus propios asuntos. Un digno final para un lanzamiento que el propio Sergio dijo, debía ser "una celebración". En verdad lo fue.

Volviendo a la actualidad, sobre Sergio Meier ya escribí un artículo en la Guillermocracia, el cual puede ser consultado con provecho y erudición para el lector: "Una mirada personal sobre Sergio Meier".


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