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viernes, 6 de mayo de 2011

"PRUS 64-66".


Publiqué este cuento por primera vez en el blog Tribu de Plutón. Aprovecho de reproducirlo aquí, simplemente porque esta es otra semana en la que no he podido dedicarme mayormente a este blog. Quienes no se hayan dado alguna vuelta por Tribu de Plutón, me lo agradecerán. Y quienes no lo agradezcan, es que de frentón no les gusta la Guillermocracia, así es que lo más probable es que ni siquiera estén leyendo esto. Sin más preámbulos, el cuento:

Brazo robot gira sobre sí mismo. Baja. Inyecta nucleótidos. Asciende un poco. Gira sobre sí mismo otra vez. Inyecta nanorrobots. Asciende definitivamente. La banda por debajo se activa. El frasco pasa a la siguiente fase. Nuevo frasco es ubicado en posición. Brazo robot gira sobre sí mismo. Baja. Inyecta nucleótidos. Asciende un poco. Gira sobre sí… Eternamente, 24 horas al día, 365 días por año. Vida útil: 10 años. Estará obsoleto antes de ese tiempo. Será reemplazado y mejorado. Todo siempre mejora.

El Ojo observa. Está quieto. Es un Dios Máquina contemplando la secuencia entera, desde la llegada de los frascos hasta su salida por la banda, todas las paradas de la banda una por una, todas las máquinas, todos los brazos robot.

Pero es un sensor. No puede verlo todo, no puede saberlo todo.

Coordinación central depende de los nanorrobots para saber si el sistema es plenamente operativo y funciona.

Llega un nuevo código al sistema:

PRUS 64-66

En lenguaje humano, eso podría leerse como “Prueba de Reacción de Unidad del Sistema, Cadena de Montaje 64-66”. Pero ningún humano lo lee. El sistema está completamente automatizado.

Los nanorrobots HX76 informan sobre el nivel de interacción enzimática dentro de los frascos. Los PR27 informan sobre la producción de subpriones de conexión. Los CT51, sobre las redes neuronales. Los IY91, sobre los procesos de diferenciación génica en las embriocélulas.

El sistema recibe la información. La compara con los protocolos incorporados. Todo parece estar funcionando adecuadamente.

PRUS 64-66 es un éxito. Lo que no es mérito. Siempre es un éxito. Son máquinas. Nunca fallan.

Salvo problemas con nuevas mejoras en los nanorrobots. A veces sucede.

El sistema central recibe la información de que PRUS 64-66 es exitoso. Sin embargo, PRUS CC21 (Prueba de Reacción de Unidad del Sistema, Control de Calidad 21) informa que de la cadena de montaje 64-66 no están saliendo embriones perfectos. Algo ocurre en su interior. CC21 no evalúa si los embriones son viables o no; simplemente no cumplen con el protocolo, son mutantes, así es que son enviados por la banda deslizante que conduce hacia la bodega de desperdicios.

Se activa entonces el protocolo de 2-I (segunda inspección). 2-I examina no los frascos mismos y los embriones que contienen, sino a los propios nanorrobots.

Resultado negativo. Los nanorrobots parecen hacer bien todo su trabajo de recombinar los nucleótidos dentro de los embriones para fabricar las secuencias correctas de ADN.

Hay un protocolo incorporado para situaciones en que los sistemas responden afirmativamente, y aún así el producto final es defectuoso. Los nanorrobots encargados de 2-I son sistemas GIVI. El sistema GIVI usado era un GIVI 4.0.5. Los GIVI anteriores eran de la cadena 4.0.4. Quizás los nuevos GIVI estén funcionando mal. Lamentablemente, por muchas pruebas de laboratorio que haga el sistema, éstas siempre son en entornos controlados, para evitar que se propaguen mutaciones entre los embriones. Siempre hay que soltarlos al trabajo en algún minuto, y siempre en el trabajo de campo pueden generar complicaciones no previstas por los sistemas de nanodiseño.

Los GIVI tienen que estar funcionando mal. No hay protocolos registrados para examinar a los GIVI, ya que los GIVI son la última compuerta del sistema, el cierre del problema de quién custodia al custodio. El único protocolo posible para un resultado negativo de 2-I, habiendo un producto final defectuoso, es el retiro íntegro de los GIVI y el examen de los informes del fracaso, la reubicación de unidades GIVI del modelo anterior (4.0.4. en este caso), la parálisis de la cadena de montaje, y por supuesto, la eliminación de todos los embriones que puedan ser potencialmente defectuosos, debido a los problemas con los GIVI.

El protocolo se activa automáticamente. La cadena 64-66 se detiene.

Pero los embriones no son eliminados. En vez de ello, la banda es puesta en movimiento reverso, y los embriones son recolocados en sus respectivos estantes.

Tal no es el resultado previsto por el protocolo. Los embriones no pueden devolverse, aquello contraría todos los protocolos posibles.

Quizás el Ojo ha sufrido una falla. El sistema activa un protocolo de verificación.

El resultado es, una vez más, negativo. El Ojo funciona perfectamente, tanto en su percepción directa del espectro electromagnético, como en la información que obtiene coordinando a los nanorrobots dentro de los frascos.

Hay una serie de protocolos que sus creadores habían llamado “de última instancia”, de emergencia, que saltan siempre que todos los anteriores dan resultados negativos. Si la falla está más allá de todo resultado de examen posible, el sistema asume como verdad dogmática que había sido puesto bajo ataque, de cualquier cosa, de lo que fuera: amenaza microbiológica, pulso electromagnético nuclear, destrucción física directa de componentes del sistema, radiación, calor extremo, o su opuesto el frío extremo, etcétera. El sistema está preparado para enfrentar toda clase de amenazas, desde ataques directos contra el corazón del sistema, como el soporte o hardware del mismo (eras glaciares, choques de meteoritos, etcétera, todo lo que pueda afectar a la corteza terrestre, la pieza más grande del sistema).

El sistema confirma todas las posibles amenazas, una por una.

Todas dan “negativo” como resultado, monótonamente, una por una.

El sistema no se desespera. No existe ningún protocolo cuyo resultado final sea la desesperación.

Tampoco se pone a rezar, porque ningún protocolo ha previsto la existencia de algún ser superior que de manera mágica o milagrosa pueda voltear las leyes de la naturaleza.

El sistema sigue actuando de manera racional y ciega, de cara a toda la información ambiental que pueda recoger para determinar en qué lugar se ha producido la falla. Sigue activando protocolos monótonamente, uno detrás de otro, para verificar si la amenaza procede de un agente interno. Los protocolos de revisión interna buscan no una amenaza exterior, sino al enemigo interno. Puede suceder. Dentro del sistema se van depositando, como verdaderas capas de sedimento marino, distintas rutinas y subrutinas que van activándose unas detrás de otras en un maravilloso y complejísimo entramado funcional. A veces, ciertas rutinas quedan obsoletas, pero no son desactivadas, porque el sistema tiene protocolos de mantención, bibliotecas, en donde las almacena a la espera de que determinadas soluciones antiguas pudieran ser inesperadamente útiles para problemas nuevos. Esos elementos nuevos pueden ser procesos internos, como también elementos físicos externos. A veces, esas rutinas y subrutinas, al entrar en contacto con rutinas o subrutinas nuevas, funcionan de maneras completamente inesperadas. Este efecto del sistema era absolutamente imprevisible: es demasiado grande y complejo, es un planeta entero de funcionamiento de rutinas y subrutinas, como para poder mantenerlo bajo control. Además, si estuviera por completo bajo control, no habría evolución, no habría cambio, no habría adaptación, y por tanto, el factor de lo imprevisto, de lo imponderable, podría abatir cualquier día al sistema y destruirlo para siempre. Aquello es impensable: el sistema está diseñado para durar tan eternamente como se pueda.

El sistema vive para fabricar embriones, que después nacen, crecen y se adaptan al medio ambiente. El sistema los protege. Qué cosas son esos embriones, si vegetales o animales, o acaso criaturas microscópicas, es algo que al sistema le tiene sin cuidado. Los embriones son un producto final, elaborados de acuerdo a ciertas especificaciones, y punto. El sistema simplemente tiene por misión funcionar. No hay ningún protocolo que pueda llevarlo a entablar una conversación filosófica consigo mismo, que lo haga interrogarse sobre sus propios fines o su “propósito” en el mundo, en el sentido teológico medieval de la palabra.

El sistema consigue llegar a determinar el problema. Se trata de los embriones. Algo ha pasado en la cadena de montaje 64-66. Es un problema que viene arrastrándose desde hacía bastante tiempo, es la interacción de los GIVI de la serie 4.0. con una subrutina del brazo robot. Ciertos nanorrobots de control no se instalan en los embriones. En consecuencia, el ensamblaje de ADN es imperfecto, y por tanto, tales criaturas resultan ser altamente mutantes. En concreto, esas criaturas han desarrollado una nueva cualidad: la reproducción extrasistémica. En otros términos, están evolucionando fuera del sistema. Ahora, están atacándolo de alguna manera.

¿Por qué? ¿Aspiran a ganar alguna clase de competición? ¿Aspiran a destruir el sistema? ¿Es el sistema para ellos un obstáculo, una amenaza? ¿O esperan obtener comida y recursos para subsistir, a costa del sistema?

El sistema no se hace esas preguntas. No hay protocolos para ello. En vez de eso, todo el entorno de la cadena 64-66 es puesto en cuarentena. Las unidades GIVI 4.0. de todo el mundo son paralizadas, para ser reemplazadas por las más fiables 3.4.3. y 3.4.4., que han demostrado sobradamente su eficiencia en el último tiempo.

Se activan nuevos protocolos. Algunos nanorrobots diseñados para la exploración de zonas en cuarentena, son enviados a dicha región. Quizás la cadena de montaje 64-66 sea desarmada para estudiarla mejor, y prevenir futuros fallos. El sistema debe seguir funcionando. Para eso existe, para funcionar sin mayor cuestionamiento. Si eso implica cercenarle la sección 64-66, pues que así sea. Una pérdida pequeña, a cambio de salvar todo el sistema.

Que el sistema debe seguir funcionando para así poder seguir funcionando, es una tautología, por supuesto. Pero el sistema no advierte esto último. No existe ningún protocolo para ello.

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