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domingo, 8 de mayo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 36 - Desdibujando la Ciencia Ficción.


Una de las características de la Nueva Ola en Ciencia Ficción, en su afán por romper todos los límites, es el desdibujamiento de los límites de la Ciencia Ficción. Esto, combinado al hecho de que el futuro descrito en la Edad de Oro se transformaba velozmente en el presente de la Nueva Ola, hizo que muchos escritores empezaran a desdibujar la línea entre "realismo" y "ciencia ficción". Es decir, varios escritores empezaron a escribir Ciencia Ficción como si estuvieran haciendo literatura realista... o escribían literatura realista con elementos de Ciencia Ficción como si fueran parte del paisaje. En la literatura de Ciencia Ficción obraron más o menos como Andy Warhol o el Pop-Art en general, dándole categoría de "gran arte" a los productos de consumo masivo, y tratando a la Ciencia Ficción en esta misma dirección. Puede decirse que mientras otros autores se preocupaban más de sus universos de Ciencia Ficción, o de la irrupción de éstos como algo extraño en la vida cotidiana, esta nube de autores se preocupa más de los personajes viviendo esos elementos de Ciencia Ficción como algo normal y corriente en sus vidas cotidianas, que a su vez, y éste es el detalle, son como nuestras propias realistas vidas cotidianas.


Uno de estos escritores que utilizaron la Ciencia Ficción muy diluida y como parte del cóctel, es Thomas Pynchon. Para quienes sólo le conocen por los episodios de Los Simpsons en donde aparece con un cucurucho de papel para esconder su identidad (referencia a su renuencia a dejarse fotografiar o entrevistar), es difícil dimensionar lo que novelas como "V" y particularmente "La subasta del lote 49" (1966) significaron para su tiempo. En esta última describe la guerra entre dos corporaciones en el mundo de la correspondencia, guerra que es milenaria y que involucra a varios poderes en la sombra, incluyendo la misteriosa corporación Yoyodyne. En 1973 publicó "El arcoiris de gravedad", una complejísima obra en la que mezcla temas filosóficos, científicos y conspiranoicos en su intención de hacer un enorme fresco de lo que podríamos decir la "realidad postmoderna", la fusión y mezcla de elementos en una gigantesca matriz pop.


Algo más cercano a lo que se supone es la Ciencia Ficción convencional, pero no demasiado, es Thomas Disch. Después de escribir un par de novelas algo más convencionales, se dejó caer con "Campo de concentración" (1968) y "334" (1972). La primera obra refiere la historia de un pobre diablo que es metido en un campo de concentración para realizar experimentos científicos con él. En realidad, el ambiente de ciencia ficción es tan solo un pretexto, y si no fuera por la naturaleza de los experimentos, bien podría decirse que es una novela realista de género carcelario. Otro tanto ocurre con "334", que a pesar de estar ambientada en el futuro, a inicios del siglo XXI, y por tanto enmarcarse dentro del género distópico, describe una Nueva York sociológicamente no demasiado diferente a la de 1972, siendo casi un registro gráfico de las miserias de la sociedad hipercapitalizada de Estados Unidos en el presente, más que un intento por predecir el futuro o la tecnología que vendrá.


Pero el autor que quizás llegó más lejos en este empeño, es J.G. Ballard. Nacido en el Extremo Oriente en 1930, le tocó vivir la invasión japonesa y la Segunda Guerra Mundial en dichas tierras (el actor Christian Bale lo interpretó cuando todavía era un niño, en la película "El Imperio del Sol" de Steven Spielberg, basada en una obra autobiográfica de Ballard. Cuando llegó a Inglaterra, ya era un adolescente marcado por las experiencias de la guerra, y aunque se injertó en el vivero cultural que llevaría a la contracultura de los '60s, en muchos aspectos siguió teniendo la perspectiva de un extraño, de un alienado que no creció en dicho medio desde su más temprana infancia. Este sentimiento de alienación se transmitiría después a la melancolía y desesperanza de sus novelas, que son una lúcida crítica del ser humano dentro de la sociedad postmoderna.


No demasiado influido por la Ciencia Ficción "convencional", Ballard pasó olímpicamente de los temas clásicos de la Ciencia Ficción. Le interesó la atomización y desintegración de nuestra sociedad en el presente, y explotando esos temas, los injertos de Ciencia Ficción son casi parte del paisaje. En "El mundo sumergido", su primer gran éxito, publicado en 1961, la catástrofe que aniquila a la Humanidad apenas interesa: el foco de Ballard está puesto en la mente de unos personajes que se han adaptado perfectamente a dicha destrucción. En el fondo, Ballard está escribiendo una metáfora sobre la inconsciencia de nosotros mismos, sumergidos en una sociedad de masas, en que el apocalipsis ya ha ocurrido sin que nos hayamos dado cuenta. Un buen puñado de novelas de Ballard serán igualmente distópicas, describiendo sociedades futuras o alternativas que son un reflejo angustioso de la nuestra presente. En inglés, el adjetivo "balardiano" ("ballardian") es ya una palabra consagrada para describir paisajes o escenarios que no son físicos sino mentales, y teñidos de una profunda melancolía. Donde el enfoque balardiano llegó quizás más lejos, en en su libro "La exhibición de atrocidades". Este libro ni siquiera es una novela en el sentido convencional del término, pero tampoco exactamente un libro de cuentos (aunque nació como una compilación de varios de éstos). El marco general de la obra describe a un personaje que ha sufrido un colapso nervioso, un poco desde la perspectiva de éste. Por lo tanto, nunca podemos estar seguros de qué está en verdad sucediendo: lo que la novela describe ¿sucede en verdad, o es una alucinación dentro de la cabeza del personaje? Y si es una alucinación, ¿estamos viendo al personaje mismo en su interioridad, o estamos filtrándolo a través de imágenes y conceptos procedentes de los medios de comunicación de masas? La obra es una disección dolorosísima de cómo los medios de comunicación de masas han invadido el inconsciente colectivo hasta un punto en que ya no puede hablarse de personas con un pensamiento propio, ni siquiera de seres humanos con una entidad propia a la manera en que eran concebidos por los pensadores de la Ilustración. La autoconciencia en "La exhibición de atrocidades" ha sido reemplazada por un interminable flujo de imágenes y sensaciones que no son propias sino impostadas, que nadie en realidad está controlando, y que sumergidos como estamos en ellas, no tenemos la menor posibilidad de llegar a comprender. No es raro entender entonces por qué Ballard se transformará en un autor de cabecera a la vuelta de una o dos décadas (así como Pynchon y Disch en menor medida), cuando explote dentro de la Ciencia Ficción lo que va a ser el movimiento cyberpunk.

Próxima entrega: "...y Dune es el centro del universo".

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