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domingo, 1 de mayo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 35 - La Ciencia Ficción se ríe de la Ciencia Ficción.


En algún momento u otro, la Nueva Ola iba a tener que ajustar cuentas con la antigua Ciencia Ficción campbelliana. Para los autores de la Edad de Oro, la Ciencia Ficción solía ser algo bastante serio y autoconsciente: ellos proclamaban ser los visionarios del futuro, los que traían el mundo del mañana al día de hoy. Los autores de la Nueva Ola estaban imbuidos también de una fuerte autoconsciencia, pero ésta operaba en un sentido distinto: al ser más escépticos e incluso nihilistas, y también más literarios y artistas, no pretendían tanto pintar el futuro como graficar lo sicodélico del presente en que estaban viviendo. Los autores de la Edad de Oro habían desarrollado una serie de clichés y lugares comunes sobre los cuales trabajar, y los no demasiado reverentes autores de la Nueva Ola ya se iban a encargar de tomar todos esos lugares comunes y ponerlos de cabeza, subvirtiéndolos a gusto.


Un claro antecedente de este fenómeno es Fredric Brown. Aunque también escribió obras serias, incluyendo un puñado de muy respetadas novelas policiales, el genio de Brown emerge con toda su fuerza cuando se dedica a la parodia y la sátira. Brown es sin lugar a dudas un magnífico cuentista, dotado de buen pulso narrativo y un sombrío sentido de la ironía, pero en el campo de la novelística ha aportado dos obras capitales dentro de la Ciencia Ficción humorística. En "Universo de locos" (1949), Brown explota el tema de los universos paralelos hasta sus últimas consecuencias: su protagonista, por un bizarro accidente, acaba en un universo paralelo en donde todo lo que conoce en la Tierra existe, pero distorsionado de manera muy irónica, incluyendo una guerra espacial idéntica a las presentadas en los pulps, un héroe espacial prototípico, y un final que parece destinado a acabar de un plumazo con todo posible desarrollo posterior del tema del universo paralelo. En "Marciano, vete a casa", por su parte, pinta una aterradora invasión marciana contra la Tierra, en la que los marcianos simplemente se teletransportan a sí mismos a la Tierra, y no intentan conquistarla ni eliminar a los humanos, sino simplemente molestarlos y jugarles bromas pesadas sin que éstos tengan posibilidad de defenderse.


Harry Harrison no puede ser considerado de buenas a primeras como un autor burlesco, y de hecho el tono de varias de sus novelas es bastante desesperanzado. Pero se permitió una salida satírica con la novela "Bill: Héroe galáctico". La novela refiere las peripecias de un modesto campesino que de un día para otro, sin realmente proponérselo, acaba reclutado en el ejército galáctico de turno para librar las guerras galácticas de turno. La novela parodia sangrantemente todos los lugares comunes de la Ciencia Ficción militarista: allí donde ella recurría a nobles e intrépidos héroes luchando contra los malvados enemigos del Imperio Galáctico de turno, Harrison no pierde ocasión de reirse de los militares y poner de manifiesto la brutalidad y sinsentido de la guerra. No deja de ser sintomático que la novela fue publicada por primera vez en 1965, cuando estaba despegando la escalada militar de Estados Unidos en Vietnam.


Aparte de detonar oficialmente y darle carta de nacionalidad a la Nueva Ola en Estados Unidos con su antología "Visiones peligrosas", Harlan Ellison escribió innumerables trabajos, entre ellos bastantes sátiras en contra de muchas cosas, incluyendo también algún que otro cliché de la Edad de Oro. En "¡Arrepiéntete, Arlequín! dijo el Relojero", las emprende contra el clásico orwelliano "1984", incluso citándolo directamente con todo el desparpajo del mundo. El cuento refiere la rebelión que emprende el Arlequín contra una sociedad aburrida y adocenada en donde todo funciona, claro está, como un reloj. Es una sátira social en toda forma, por supuesto, pero en lo que a la Ciencia Ficción se refiere, funciona también como una sátira de la distopía a lo "Un mundo feliz".


La labor de estos autores contribuyó en cierta medida a demoler las convenciones de la Edad de Oro, o al menos a poner en evidencia el descrédito en que habían caído por el abuso reiterado de las mismas situaciones, y de hecho, los autores de la Nueva Ola trataron muy poco a poco y de manera bastante reluctante tales temas, que no volverían a ponerse de moda otra vez sino hasta dos o tres décadas después, y esto por influencia del cine y la televisión. Esto originaría dos fuertes tendencias dentro de la Ciencia Ficción, ambas antagónicas, que no se adueñaron por completo del campo, pero sí que marcaron con fuerza su presencia. Una de esas tendencias es el desdibujamiento de la Ciencia Ficción y su inmersión como un elemento más dentro de la "literatura realista" de la época. La otra es la creación de universos narrativos marcadamente alucinógenos y rupturistas, cuyas máximas cumbres fueron "Dune" en literatura, y "Viaje a las estrellas" en la televisión.

Próxima entrega: "Desdibujando la Ciencia Ficción".

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