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jueves, 19 de mayo de 2011

CIVIMPERIOS - Imperio Aqueménida: Tolerancia y civilización.


Antiguamente conocido como Imperio Persa, el Imperio Aqueménida (llamado así por la dinastía gobernante, y cambiado el nombre para distinguirlo de otros imperios persas como el Reino Parto, el Imperio Sasánida o el Imperio Safavida) fue en su tiempo la más importante potencia del mundo conocido. Su historia, acá en Civimperios.

Los persas partieron su carrera histórica como un pueblo indoeuropeo más, que se instaló en las regiones de la meseta irania en que buenamente pudieron. Empujados por otro pueblo invasor, los cimerios, encontraron un nicho después de que el Imperio Asirio destruyó a los elamitas. Ya instalados en Elam, tuvieron salida por primera vez al mar, concretamente al Golfo Pérsico. Sin embargo, estaban sujetos a otro pueblo indoeuropeo, los medos. Media había entrado en una época de esplendor justamente aprovechando el vacío de poder generado por la destrucción de Elam, y aprovechaba dicho vacío para sojuzgar a los persas. Este estado de cosas duró hasta que Ciro el Grande, de la Dinastía Aqueménida, asumió el mando supremo, se rebeló contra Media, y los sometió a su poder. Envalentonado, emprendió campañas militares que le construyeron en veinte años un imperio que iba desde la actual Turquía (en donde acabó con Creso, el rey de Lidia) hasta la meseta de Irán. La clave de sus conquistas fue someter por las armas a Babilonia en 539 o 538 antes de Cristo.

Parte importante del poder de Ciro, venía de una radical nueva manera de hacer política. Entre los pueblos antiguos era costumbre el destruir y saquear las ciudades vencidas. Pero Ciro, quien profesaba una nueva religión humanitarista llamada el Zoroastrismo (por Zaratustra, llamado Zoroastro por los griegos, un profeta persa que vivió uno o dos siglos antes de Ciro), decidió respetar a dichas ciudades y sus derechos, permitiéndoles incluso en algunos casos un cierto autogobierno. Este respeto de Ciro por los pueblos conquistados les ganó o bien su lealtad, o bien al menos la tolerancia de una opresión relativamente benigna.



A la muerte de Ciro gobernó su hijo Cambises, cuyo máximo logro fue someter a Egipto en 525 antes de Cristo. Sin embargo, a la muerte de Cambises en 522 antes de Cristo, el imperio entró en guerra civil. Darío, quien reclamaba pertenecer a la familia Aqueménida sin que sepamos a ciencia cierta la verdad sobre esta reclamación, se hizo con el poder. Debido a que en la guerra civil el imperio estuvo a punto de fractuarse, Darío lo reorganizó por completo, en una veintena de provincias llamadas satrapías, poniendo a un sátrapa al frente de cada una de ellas. Darío reforzó esta centralización, creando un servicio de espionaje llamado “los ojos y oídos del rey”, que le permitió contener sublevaciones contra su poder. El sistema político de Darío le garantizó al Imperio Aqueménida casi dos siglos enteros de estabilidad.

Aunque para el mundo griego las Guerras Médicas fueron un evento histórico definitorio, que marcó incluso el ascenso de Atenas a la calidad de imperio naval, dentro del mundo persa no parecen haber sido sino expediciones militares fronterizas, aunque fracasadas. En lo interno, pese a algunas rebeliones esporádicas, el imperio gozó de una gran estabilidad. Bajo el reinado de Jerjes, hijo y sucesor de Darío, el Imperio Aqueménida siguió viviendo días de bonanza. Los siguientes gobernantes quizás no fueron tan brillantes o no tuvieron madera de estadistas, y han sido considerados a veces como mediocres. Sin embargo, aunque meros administradores de sus dominios, bajo Artajerjes y su sucesor Darío II el imperio vivió días de paz y estabilidad. A la muerte de Darío II, el imperio afrontó una crisis sucesoria en la cual Artajerjes II fue desafiado por el pretendiente Ciro el Joven, quien reclutó un ejército de mercenarios griegos para derrocarlo. Pero la muerte de Ciro el Joven en batalla zanjó la cuestión. El gobierno de Artajerjes II duró casi medio siglo, y se caracterizó por la paz social y el esplendor que se manifiesta en la construcción de muchos grandes monumentos y edificios públicos.

Los sucesores de Artajerjes II fueron mediocres e iniciaron la decadencia. Artajerjes III llegó al trono de manera sangrienta, masacrando a varios otros pretendientes, y falleció asesinado. Su sucesor Darío III afrontó una durísima prueba cuando fue atacado por el ejército de Alejandro Magno. Nadie discute las dotes militares de Alejandro, pero ciertamente ayudó que Darío III le opuso batalla un par de veces, luego se retiró hoscamente a sus dominios, y después debió afrontar el desastre que significó para él la batalla que algunos llaman de Gaugamela y otros de Arbela, en 330 antes de Cristo. Nervioso, se dio a la fuga y le prometió a Alejandro la mitad de su imperio y la mano de una princesa imperial. Pero Alejandro, sabiéndose vencedor, rehusó la oferta, capturó Babilonia sin efluvio de sangre, y luego de conquistar Persépolis, en un horripilante acto de barbarie, mandó quemar la ciudad. Darío III pereció de manera miserable, asesinado por unos cortesanos ávidos de congraciarse con el vencedor Alejandro (quien, en recompensa, a su vez los mandó a ejecutar).



Con la muerte de Darío III llega virtualmente a su fin el Imperio Aqueménida. Sin embargo, mucho de su grandiosa organización social sobrevivió. Cuando a su vez el Imperio de Alejandro se disolvió, el Imperio Seléucida heredó no sólo la mayor parte de sus dominios asiáticos, sino también su maravillosa burocracia estatal. Debieron llegar los invasores partos en el siglo II antes de Cristo para que dicho sistema administrativo se viniera abajo. Y aún así, el recuerdo de la benignidad, el poder y la tolerancia aqueménidas perduraron hasta transformarse en uno de los elementos constitutivos de la moderna identidad persa. Además, el Imperio Aqueménida dejó un recuerdo indeleble en la Biblia, cuyos escritores describen con tintes positivos y entusiastas a sus líderes y organización.

2 comentarios:

George Llerena Torrico dijo...

Wait! ¿O sea que los persas eran los buenos y los griegos los bárbaros? ¿Entonces 300 es puro fake? Me siento estafado.

Jajaja, es broma. Pero ya en serio, estoy seguro que la imagen que gran parte del público tiene del imperio aqueménida proviene de esa película o de los comics. Bueno, ambas civilizaciones tuvieron cosas buenas y malas, como todas en el mundo. Ahora, sería interesante saber algo: dicen que los aqueménidas eran muy tolerantes y respetuosos con los pueblos que conquistaban. ¿Qué hubiera pasado si Leónidas y los atenienses no reusaban entregarles tierra y agua y se rendían? ¿hubiese ocurrido la segunda guerra médica? ¿hubiese esto favorecido a Grecia o hubiesen pasado a la historia? Considerando que todo esto lo sabemos gracias a Heródoto, que los pintó como unos héroes.

Me gustaría saber que opinas de 300, Troya o películas históricas similares, que son blockbusters impresionantes pero se fusilan la historia. ¿Sabes Guillermo? a mí siempre me ha encantado la historia. Me fascinan las civilizaciones humanas. Soy periodista, pero muchas veces he pensado en estudiar historia, pero todo el mundo me dice que no me conviene y que no me dará dinero, así que estoy en duda. Conozco muy pocos historiadores a quienes preguntarles, pero es algo que me gustaría intentar. Me encanta la investigación, el estudio de las distintas etapas de la humanidad, y según lo que tu dices el ser historiador te ayuda a predecir lo que ocurrirá en el futuro. Un consejo no caería mal.

Saludos

Guillermo Ríos dijo...

Nosotros tenemos la impresión de que los griegos eran un pueblo letrado y erudito, y los persas apenas podían juntar palabra con palabra, en buena medida porque los copistas conservaron los textos griegos, mientras que los textos persas se perdieron. ¿Cuántos de ellos? No tenemos idea. Pero si consideramos que en la Biblia a veces se mencionan como fuentes algunos textos persas hoy en día perdidos, o que el historiador babilónico Beroso, cuya obra histórica hoy ya no existe, tuvo que sacar de alguna parte la información para su propia historia, es fácil suponer que dentro del Imperio Aqueménida sí existía una floreciente industria cultural que después, por un motivo u otro, se perdió. Y claro, como conocemos a los persas a través de los ojos de los griegos...

Me da la impresión, y estoy especulando aquí, que si los persas hubieran sometido a los griegos, éstos hubieran terminado un poco como los hebreos, o sea, manteniendo su identidad cultural propia y desarrollando su tradición literaria bajo un gobierno de sacerdotes sin (demasiado) poder político. Es decir, el medio en el cual germinó la versión definitiva del Antiguo Testamento, y se echaron las bases para las doctrinas de lo que después evolucionará en el Cristianismo. No tengo idea de qué clase de mundo hubiera sido ése, pero por descontado que habría sido uno muy interesante de estudiar.

Las películas son películas, y hay que tomárselas como tales. Se las puede criticar por su inexactitud histórica, pero al último el asunto es disfrutárselas como espectáculo; bueno o malo, eso es otro cuento. El mismísimo Homero, por ejemplo, parece haberse tomado un montón de libertades con la Guerra de Troya, y a cambio le quedó una obra literaria que casi tres milenios después, sigue desafiando a los siglos.

Sobre si estudiar Historia o no, me temo que no puedo aconsejar nada. Yo mismo soy un historiador aficionado, y no tuve estudios formales en la materia, más allá del colegio, y algunos ramos en la universidad. Lo que sé de Historia, lo sé porque me he leído una tonelada de libros de cuanto período histórico se me ha puesto a tiro, y trato de compartir lo que sé con el mayor rigor y honestidad que puedo. La Historia ayuda en efecto a predecir el futuro porque ciertos fenómenos históricos tienden a repetirse, pero no es tampoco una varita mágica ni mucho menos. Además, he conocido gente dedicada a la Historia que dan para todo, desde tipos muy sesudos y rigurosos que hacen un excelente trabajo académico, hasta adeptos de doctrinas pseudohistóricas que uno se pregunta cómo es que aprobaron los ramos en la universidad; pero eso no es novedad porque ocurre en todos los campos humanos, después de todo.

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