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martes, 5 de abril de 2011

Inicio del Quinto Ciclo de "Corona de Amenofis".


Ayer lunes 4 de abril comenzó, después de una postergación de un mes, el Quinto Ciclo de "Corona de Amenofis". El primer episodio se titula "Irrupción". Se ambienta varios meses después de la Masacre de Guiñaleufú, el evento que cerró el Cuarto Ciclo. En este capítulo se clarifica el estatus de algunos personajes acerca de los cuales se ignoraba si habían sobrevivido o no a la masacre. Además, es la primera vez que aparece directamente un qwindazar en la trama. Y se abre por fin el fragmento de la fortaleza espacial de Megatitlán sumergido frente a la Bahía de Valparaíso, con una gran sorpresa en su interior para los exploradores.

Los siguientes capítulos, segundo y tercero del Quinto Ciclo respectivamente, se titularán "Feral" y "A través del espejo". Cada nuevo capítulo se irá publicando semanalmente los días lunes, en el blog de Corona de Amenofis (http://coronadeamenofis.blogspot.com).

INICIO DEL CAPÍTULO "IRRUPCIÓN":

Los dos jóvenes de ojos rasgados se miraron el uno al otro, sonriendo, y luego volvieron a mirar en el escaparate, no para contemplar los vestidos de alta costura exhibidos detrás, sino para ver su propio reflejo como pareja romántica. El sonrió de manera un tanto tímida, mientras que ella no pudo evitar doblarse y soltar una risilla. Luego, dejando la risa y señalando a una esquina del escaparate, le dijo a su pareja en shanghainés:

–¿Y eso, qué es...?

En el reflejo de la esquina del escaparate podía verse una mancha de intensa luminosidad, tanto que podía sobreponerse a la contaminación luminosa provocada por la luz artificial de la noche de Shanghai, y que no era una estrella porque no tenía forma de punto o esférica, ni un satélite o avión porque no parecía ir de un punto a otro del firmamento. En vez de eso, era una mancha naranja que crecía poco a poco, y de esa mancha naranja salían filamentos de tonos igualmente naranjáceos.

Ambos se dieron vuelta y miraron hacia lo alto.

El cielo de Shanghai empezaba a verse inundado por la presencia de color naranjo, una mancha que seguía creciendo con contornos demasiado definidos para ser una nube, pero demasiado extraños como para ser un objeto de los que el común de las personas son capaces de identificar en la Tierra. Los filamentos iban y venían, en apariencia algo retráctiles, como si se un gigantesco pulpo o calamar se tratara. Algunos de esos filamentos parecían no conectarse con la nube misma; quizás algunas secciones de aquello fueran invisibles, o acaso vinieran de alguna otra parte del tiempo o del espacio.

Los dos jóvenes empezaron a caminar, nerviosos, tratando de alejarse de la zona en donde estaba apareciéndose esa cosa, pero sin largarse a correr aún, inseguros de si esto los haría más notorios. Mientras ella refugiaba su cabeza en el pecho de él, éste miró al cielo una vez más, a tiempo para ver un par de luces blancas que inundaron el cielo con un destello cegador.

De pronto ella se llevó las manos a las narices. Agitando temblorosamente los dedos, los mostró delante del joven.

–Estoy sangrando. ¡Estoy sangrando, estoy sangrando!

El joven descubrió que su nariz también sangraba. Miró alrededor: los peatones también sangraban. Luego miró sus manos: unas feas manchas rojas comenzaban a aparecer, y esas manchas se abrían en heridas como de quemaduras.

Dos nuevas vivísimas luces blancas se vieron en el cielo, y a continuación de ellas, el sangrado y las manchas se incrementaron. La joven, sintiendo que toda su vida se escurría de su cuerpo a través de la sangre que derramaba incesantemente ahora por todos los agujeros de su cuerpo, trató de aferrarse al joven, pero él ya no podía sostenerla, cayéndose él mismo víctima de aquello.

Aunque nadie en las calles o edificaciones de Shanghai podía mirar para atestiguarlo, enfermos como estaban, los filamentos naranjáceos en el cielo retrocedían.

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