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domingo, 10 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 32 - El cronista de la irrealidad.


Aunque numerosos escritores de la Nueva Ola se formaron durante la década de 1950, y algunos comenzaron incluso antes, es probable que quien haya hecho la transición más completa sea Philip K. Dick. Sus primeros relatos tienen el aroma de la Ciencia Ficción clásica, de la Edad de Oro, mientras que en su evolución transitó sin problemas hacia la Nueva Ola, e incluso la sobrevivió. Y consiguió todo esto sin salirse demasiado de sus tópicos y preocupaciones fundamentales. En muchos sentidos, Philip K. Dick era un universo narrativo en sí mismo, y por ende, aunque permeable a las influencias externas, siempre se mantuvo íntegro y su obra está revestida de un sello muy peculiar que le es propio. En ese sentido, Dick escapa también al estereotipo del escritor de Ciencia Ficción, tanto en su vida como en su obra, y por lo tanto, es más fácilmente apreciado por los críticos de la "cultura general", que otros escritores de Ciencia Ficción más incrustados dentro del género.


Philip K. Dick nació el año 1928, en Chicago. Varios sucesos familiares lo turbaron profundamente: la temprana muerte de su hermana gemela primero, el divorcio de sus padres después, y una vida más o menos errante. Todo ello lo empujó a la literatura como medio de escape. Interesantemente, quiso ser un prominente escritor de literatura general, no un autor de Ciencia Ficción, pero a pesar de haberlo intentado, todas sus novelas "realistas" fueron rechazadas, y de hecho sólo una fue publicada en vida del autor. En paralelo, medio para sobrevivir, había vendido algunos cuentos de Ciencia Ficción, a menudo en revistas de última categoría. Nada parecía presagiar por aquel entonces que Philip K. Dick llegaría a ser uno de los autores más celebrados dentro del género. Obtuvo finalmente el reconocimiento cuando en 1963 ganó el Premio Hugo por su novela "El hombre en el castillo". Mirada desde ahora, clasificarla dentro de la Ciencia Ficción fue algo necesario porque en esa época no había donde encasillarla, pero más que Ciencia Ficción, encaja dentro del género de la historia alternativa o la ucronía. La novela se abre con una descripción de la vida cotidiana en la costa oeste de Estados Unidos, en una época contemporánea al texto, como lo haría cualquier novela realista, pero poco a poco, a través de pequeños detalles, el lector descubre que el Estados Unidos que se le describe no es el real, sino uno paralelo en que Japón ha ganado la Segunda Guerra Mundial y ha invadido la costa oeste. Uno de los personajes, por su parte, a través de consultas al I-Ching descubre que quizás la realidad en que vive no sea auténtica, y que en la verdadera realidad, que para este personaje es una fantasía, Estados Unidos habría ganado dicho conflicto armado.


En muchos sentidos, puede afirmarse que Philip K. Dick fue un escritor monotemático, hasta el punto que el lector puede experimentar una sensación de repetición después de haber leído varios cuentos o novelas suyos, no todos ellos igualmente logrados por cierto. El tema omnipresente en casi todo el imaginario de Philip K. Dick, salvo probablemente en sus primeros relatos, es la naturaleza de la realidad. El grueso de los personajes de Philip K. Dick, en un momento u otro de la historia, deben afrontar la evidencia de que quizás su existencia no es como debería ser, y que la realidad en la que viven es falsa, está fracturada, y debe ser de alguna manera u otra recompuesta. La consecuencia es que los personajes dickianos no sólo viven en un estado de constante paranoia, incapaces de distinguir lo que es real y lo que no, sino que además deben dudar de ellos mismos y de su propia naturaleza: en última instancia, la conciencia que tienen de sí mismos y de su propia identidad también podría ser falsa. Dick exploró, explotó y agotó el tema en cuantas canteras se le pusieron a tiro: la idea de que la realidad es creada por los medios de comunicación ("La penúltima verdad"), de que pueden existir múltiples historias alternativas ("El hombre en el castillo"), de que pueden existir máquinas capaces de crear realidades alternativas dentro de la mente de las personas conectadas a ellas ("Laberinto de muerte"... en esto, Dick anticipaba visionariamente lo que después va a ser el cyberpunk, y de hecho más de alguna película del género se basará en una novela dickiana), de que las alucinaciones provocadas por las drogas quizás sean la verdadera realidad y el estado de sobriedad sea una "realidad falsa" (el cuento "La fe de nuestros padres", publicado en "Visiones peligrosas", gira sobre este tópico, en un Vietnam futuro que ha invadido Estados Unidos), de que existe una realidad religiosa y trascendente por encima de la nuestra... No es casualidad tampoco que la obra de Dick sea profundamente contestataria, y que cada dos por tres denuncie a las grandes corporaciones o al Gobierno por conspirar y mantener en la ignorancia de las sombras a las personas comunes y corrientes.


Merced a estos tópicos, Philip K. Dick se transformó en un autor inmensamente popular, en particular después de su temprana muerte en 1982. En el tiempo de su muerte y después, el mundo comenzaba a ser invadido por la gran revolución de las telecomunicaciones, en particular con el nacimiento y desarrollo de Internet. Philip K. Dick había predicho tales desarrollos y el uso que se le iba a dar a tales máquinas, para crear completas simulaciones de la realidad, hasta el punto que los seres humanos se iban a transformar en simulacros. Hoy en día, parte de la existencia de millones de personas se da a partir de avatares en Internet, perfiles de Facebook, etcétera, mientras que expresiones como "si no estás en la televisión no existes", o "si no apareces en Google no existes", son una realidad. De ahí que la obra de Dick haya sido rehabilitada de manera póstuma. De hecho, como observamos, el cyberpunk tiene una enorme deuda con Philip K. Dick, ya que los temas tratados enraizan en este autor, y de hecho la película "Blade Runner", una de las fundacionales del género, se basa lejanamente en una novela de Dick. Por orden más o menos cronológico podemos citar además "El vengador del futuro", "Sentencia previa", "Impostor", "El pago", "Una mirada en la oscuridad"...


Como puede observarse, Philip K. Dick es en muchos sentidos una personalidad única dentro de la Ciencia Ficción. Otros, en paralelo a él, abordarán la Nueva Ola de maneras muy distintas. Y si Philip K. Dick se permitía dudar del universo como un todo, el creador de la Nueva Ola en Inglaterra hará justamente la labor contraria: construir uno de los más vastos universos de fantasía jamás concebidos. Ese fue el empeño en que trabajó Michael Moorcock, y su resultado fue el Multiverso.

Próxima entrega: "El arquitecto del Multiverso".

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