domingo, 3 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 31 - Revienta la Nueva Ola.


Aunque había escritores que venían siendo precursores desde la década de 1950, como por ejemplo Theodore Sturgeon y Philip K. Dick, ambos más o menos encauzados dentro de la Edad de Oro para después destaparse por completo en el seno de la Nueva Ola, lo cierto es que por la cultura de contención y decencia que imperaba en el mundo anglosajón de ese tiempo, la presión por un cambio se fue encerrando en un dique, reventando apenas por las costuras, y cuando estalló, lo hizo con la fuerza de un huracán. Aunque la Nueva Ola ya existía en cierta medida, dos hitos fueron fundamentales para darle carta de naturaleza y ayudar a cartografiarla de una manera que tanto los escritores como los lectores pudieran entender de qué se trataba el nuevo fenómeno. El primer hito es la asunción de Michael Moorcock como director de la revista inglesa "New Worlds", que impulsó la Nueva Ola en Inglaterra, y el segundo, la creación de la antología "Visiones peligrosas" por parte de Harlan Ellison en Estados Unidos.


A pesar de que suele considerar a "New Worlds" como la punta de lanza de la Nueva Ola, lo cierto es que la revista es tan antigua como 1946. En sus inicios, la revista adoptó una postura hacia la Ciencia Ficción similar a la de "Astounding Stories" en Estados Unidos, lo que significa que en líneas generales adscribía a los postulados de la Edad de Oro campbelliana. El editor durante la mayor parte de esos años fue John Carnell, que pasó a ocupar en Inglaterra un rol similar al que John W. Campbell tenía en Estados Unidos, o sea, ser el faro y guía de lo que debía ser o no la Ciencia Ficción. Sin embargo, aunque Carnell se apegaba a la Ciencia Ficción científica y tecnológica, así como a la aventura pura y dura, tenía una actitud más promisoria hacia la calidad literaria, y de hecho, bajo su dirección se formaron varios escritores que en el futuro integrarían la Nueva Ola: Brian Aldiss, J.G. Ballard, Michael Moorcock...


En 1964, la dirección de "New Worlds" fue asumida por Michael Moorcock, entonces de 25 años, y casi treinta más joven que su mentor. El cambio generacional fue notorio. Moorcock alejó a "New Worlds" de la Ciencia Ficción dura, y en cambio, trató a su publicación como si fuera una revista literaria cualquiera, sólo que su material de base eran los relatos que más o menos estaban vertebrando la Nueva Ola. Comenzó a darse entonces el fenómeno tan característico de la Nueva Ola, en el cual el concepto de Ciencia Ficción estaba tan desdibujado, reacios como eran a la noción campbelliana del género, que empezaron a preferir hablar de "ficción especulativa". Muchas de las obras publicadas como Ciencia Ficción, en realidad es discutible y de hecho se discute su adscripción al género, tan tenues son los lazos con los temas y preocupaciones fundamentales con el resto del género. "New Worlds" se convirtió en algo más genérico, en un bastión de la contracultura inglesa en su ala literaria, y la Ciencia Ficción era sólo un elemento más dentro de la mezcla. A tanto llegó esto, que la publicación de la novela "Incordie a Jack Barron" del nunca demasiado tranquilo Norman Spinrad, en forma serializada, le ocasionó a "New Worlds" problemas con el gobierno de Inglaterra.


Este fenómeno llamó poderosamente la atención de Harlan Ellison, un escritor de Estados Unidos que durante su entrada a la literatura le tocó vivir justamente el período inmediatamente anterior y contemporáneo a la revolución. Ellison se hizo de reputación tanto por escribir cuentos de bastante crudeza ("No tengo boca y quiero gritar", sobre cinco humanos sobrevivientes en un futuro postapocalíptico y a merced de una extraña entidad que los tortura sádicamente, es considerado con justicia uno de los mejores relatos de Ciencia Ficción jamás escritos), como por su trabajo de guionista, incluyendo varios de los más celebrados capítulos de "Viaje a las estrellas", la serie puntera de la Ciencia Ficción de su tiempo. Ellison discurrió crear una antología en que los más importantes nombres de la nueva literatura que estaba emergiendo, estuvieran representados cada uno con un relato. De manera que pidió a varios escritores un relato a cada uno, con dos condiciones: en primer lugar debían ser inéditos, y en segundo lugar debían ser de Ciencia Ficción, pero sobre un tópico lo más alocado y contestatario que se pudiera. Lo llamó, apropiadamente, "Visiones peligrosas". El libro se publicó en 1967, en tres tomos, con 33 relatos en total (uno de ellos del propio Ellison), a los cuales Ellison escribió sendas introducciones que servían más o menos como carta de presentación de los escritores (salvo su propio relato, que fue prologado por Robert Bloch). A su vez, la antología fue prologada por Isaac Asimov, y tuvo el éxito suficiente como para permitir una segunda antología, además de una tercera que jamás llegó a ser publicada. En la rica cascada de nombres antologados figuran Lester del Rey, Robert Silverberg, Frederik Pohl, Philip José Farmer, Robert Bloch, Brian Aldiss, Philip K. Dick, Larry Niven, Fritz Leiber, Poul Anderson, Damon Knight, Theodore Sturgeon, J.G. Ballard, John Brunner, Norman Spinrad, Roger Zelazny y Samuel R. Delany.


La reacción hacia "Visiones peligrosas" fue brutal. Todo el material e ideas que antes andaba disperso por la Ciencia Ficción estadounidense, ahora aparecía condensado en tres volúmenes. La antología cumplió también con ir de frente contra numerosos tabúes: incluye crítica religiosa, comentarios sociales, canibalismo, asesinos sicópatas, etcétera. Pero el más importante y casi omnipresente sobre el libro, probablemente sea el sexo, que se trata abiertamente y sin tapujos, no en su vertiente pornográfica sino en sus múltiples posibilidades (homosexualidad, incesto, relaciones de diferente edad, etcétera). Probablemente el nivel de los relatos sea desigual, y no todos ellos han pasado adecuadamente la prueba del tiempo. Pero el buen quehacer de los mejores escritores del género en su minuto, más lo puntilloso de los temas tratados, y la exploración de posibilidades dentro del género, le han asegurado un importante lugar en la Ciencia Ficción, hasta el punto que no es exagerado afirmar que "Visiones peligrosas" es la más importante antología jamás escrita dentro del mismo.

Próxima entrega: "El cronista de la irrealidad".

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