¡¡¡Blogoserie a la carta en la Guillermocracia!!!

No lo olvides. Durante Abril y Mayo está abierta la votación para que ayudes a decidir sobre el argumento y características de la blogoserie a la carta que estamos planeando publicar acá en la Guillermocracia. Vota en la parte inferior de esta página, o bien, pincha el enlace para mayores detalles.
- POR ORDEN DEL DIRECTOR SUPREMO DE LA GUILLERMOCRACIA.

jueves, 28 de abril de 2011

Héroes: El día en que los frikis detuvieron la Tierra.


La verdad es que he estado un tanto ocupado esta semana, y eso significa que es hora de ir rescatando material antiguo. Este fue un artículo que escribí para Tribu de Plutón en septiembre de 2007, sobre la primera temporada de "Héroes". Da un poco de nostalgia acordarse ahora de cuando esa serie televisiva era nueva y fresca, y no se había transformado en el desastre incomible que llegó a ser en la última temporada. Según me contaron, porque no la vi, ya que después de seguir estoicamente adelante para ver si las cosas mejoraban y nos regalaban una temporada como la primera, me rendí ante la evidencia y dejé botada la serie. Decisión que no me remuerde en lo absoluto. Más bien me remuerde haber seguido la segunda temporada e incluso la tercera. Pero bueno, menos palabras y... más palabras, supongo. El artículo:


Hace poco llegó a su final, acá en Latinoamérica, la primera temporada de "Héroes", el nuevo barco mediático que nos trae la televisión yanki. Y, ¿qué decir? Agradable sorpresa. Decir que es la mejor serie de TV de todos los tiempos, en superlativo, es probablemente una exageración. Pero si consideramos que el último gran fenómeno fue ese barco agrietado que es "Lost", entonces tenemos bastante que decidir.

La trama de la serie y sus personajes son bastante conocidos para quienes husmeen habitualmente estos temas en Internet o en la revista del cable. En realidad, prefiero hacer un recuento de lo bueno y de lo malo, más que resumir las peripecias de los distintos personajes, aunque esto último quizás en algún minuto lo haga, ¿por qué no? Hubo cosas buenas y malas, por supuesto. De todos modos, a mí no me vale la crítica frikosa de que la serie es mala porque copia descaradamente a otras fuentes. ¿Y...? Créanme que no voy a empollarme los cuarenta años de historias de los X-Men, y si tengo toda la idea condensada en una serie de televisión de frecuencia semanal, mejor que mejor. Sospecho que los frikis están enojados no porque les disguste tener una versión bastarda de los Hombres X en escena, sino que se trata del odio de los tarados encerrados en su torre de marfil, o en la pantalla de su computador, contra todo lo mainstream que invada sus dominios sacrosantos. Les tengo noticias: sus dominios no son sacrosantos, y si tienen algo bueno, es justo que lo compartan con los demás. Si no les gusta, invéntense sus propios universos. A su manera, frikis de los cómics, ustedes también son parásitos de los Hombres X, con el agravante de que ni siquiera los pueden copiar, y por eso están condenados a devorar las historietas de manera pasiva.

Pero vamos al contenido de la serie de TV. Es, en realidad, la vieja historia del grupo de seres normales que de un día para otro descubren tener poderes. Cada capítulo sigue varias historias paralelas, de seis o siete personajes, cuyas vidas se van entrelazando a medida que descubren como usar sus poderes, como lidiar con los cambios que traen a sus vidas, y por qué no decirlo, con la amenaza sobreviniente que ellos, como buenos héroes que son, deberán evitar a toda costa (concretamente, un bombazo nuclear que arrasará con Nueva York en un futuro deprimentemente cercano). Al final, van descubriendo que hay oscuros poderes interesados en que la bomba explote, según ellos por el bien de la Humanidad, y que están dispuestos a sacrificar las vidas de millones para que el resto de la Humanidad "progrese". Bajo una dictadura planetaria, pareciera darse a entender, y es que esta gente piensa que "¡no se los puede dejar solos!". ¡Ah! Por cierto, la bomba que supuestamente debía explotar, en realidad es un hombre con poderes radioactivos. Y sin más preámbulos, que para conocer el resto de los detalles pueden acudir al artículo "Héroes" de la Wikipedia, vamos a la valoración:

LO MEJOR DE TODO.

* Historia plural, con varios personajes. Es imposible que uno, al menos uno, no te guste. Yo me quedo con Nathan Petrelli: es un cabrón miserable, pero es un cabrón miserable con estilo. Hiro, a pesar de sus comienzos patéticos, gana bonos con el tiempo, en particular desde su frustrada historia romántica con la chica que es asesinada por Sylar. También con Claire: es toda una metáfora, esta chica indestructible cuyo punto flaco no son los ataques físicos, sino sus emociones y su sentimiento de no tener lugar en el mundo, ¿qué adolescente no se ha sentido así, invulnerable por fuera y frágil por dentro? Y no olvidemos a su padre, Noah Bennet, interpretado por el gran Jack Coleman, antiguo actor de "Dinastía", reconvertido en uno de los agentes de Primatech, la agencia de vigilancia de humanos con superpoderes, y que aporta el toque de ambigüedad, ni demasiado bueno, ni demasiado malo. Y es que al lado de los chicos buenos idealista siempre tiene que haber alguien realista y con los pies en la tierra, dispuesto al trabajo sucio...

* La configuración de la amenaza. Primero, el pintor que puede ver el futuro, pinta la explosión nuclear. Después, el japonés que salta en el tiempo ve la explosión nuclear en vivo y en directo (y casi perece en ella). Desde entonces es imposible dudar de lo que pasará... Pero el problema es que nadie más lo cree. Tendrán que pasar muchas cosas antes de que el resto de los héroes descubra lo que se viene encima. Y aún otras más, para que decidan salirse de sus propios problemas y ver todo en un marco más amplio: sus problemas personales no son nada frente a un mundo que está a punto de irse al demonio, en particular porque ellos son los únicos capaces de contender con la amenaza.

* No se engolosinaron con los efectos especiales. Lo principal fue siempre los personajes y sus problemas, y no la amenaza del día. Es decir, primó más la historia que el liarse a mamporros entre sí. No se preocupen, de todos modos, porque igual hubo encuentros por aquí y por allá. Pero el tono en general fue reposado, sin abusar de la exhibición de superpoderes.

* Los dos episodios de salto en el tiempo. Uno de ellos, ambientado seis meses antes del eclipse que da origen a la serie. El otro, cinco años después, cuando la bomba ha explotado y se ha impuesto una dictadura fascista apenas disfrazada de democracia. Podían haber sido meros reclamos publicitarios, pero de verdad aportaron a la historia, entregando ángulos nuevos por los personajes. A un nivel más filosófico, es una muestra de cómo nos cambia el tiempo y las circunstancias, y de que nadie es realmente el mismo ya no digamos de un período de la vida a otro, sino simplemente de un mes al siguiente.

BUENO, AUNQUE PODÍA SER MEJOR:

* Peter Petrelli. Al final, este personaje interpretado por Milo Ventimiglia (el hijo de Rocky en "Rocky Balboa") termina ocupando su justo lugar, al centro del universo de "Héroes". Sin embargo, ¡por Dios que es insufrible verlo en los primeros capítulos, en plan "quiero ser especial y no puedo"!

* El final. Fue bueno. Cada héroe tuvo su momento. Pero hubo lastres. Sylar era un desgraciado que no merecía vivir, y dar a entender que sobrevivía anula todo el sentido de la trama. Y especialmente penoso es el rescate de Micah, el chiquitín que habla con las computadoras.

MEDIOCRE:

* Demasiados personajes con superpoderes. Casi pareciera que los "especiales" son los humanos normales y corrientes. Está bien copiar algunas ideas, pero la chica que cambia de aspecto físico y trabaja para los villanos canta a Mystique desde lejos.

* El señor Linderman. Sobre el papel, un villano carismático y amable cuyo espíritu despiadado sólo se ve en sus acciones, no en sus gestos, suena bien. Pero darle el rol a Malcolm McDowell es un abuso. Ya hemos visto demasiado a McDowell en roles de villano, y es imposible zafarse de su imagen. No veíamos al señor Linderman como personaje, sino a Malcolm McDowell interpretando al señor Linderman, y eso es un lastre para la credibilidad de cualquier historia.

DEFINITIVAMENTE MALO:

* El ritmo de la serie. Manejar a seis o siete protagonistas al mismo tiempo, cada uno con su propia historia paralela, es la manera más segura de ralentizar la historia. Podías perderte un par de capítulos, y realmente no sucedía nada. Algunos golpes de efecto para apurar las cosas se notaron demasiado, como el salto de Hiro al pasado para advertir "save the cheerleader, save the world". Y salvo por la trama del hombre invisible, todos los episodios entre el rescate de Claire (episodio 9, si mal no recuerdo) y la aparición del señor Linderman (episodio 19) son, en realidad, relleno. Lo de borrarle la memoria a la familia de Claire fue un alargue inútil de la trama, hecha sólo para poner al señor Bennet todavía más malo de lo que era. Aún así lo queremos: por una buena causa es capaz de matar a sangre fría, y sabe que no siempre se pueden elegir los medios para obtener los fines. Los idealistas son una buena cosa, pero si quieres resultados, a veces tienes que buscar a gente más práctica...




domingo, 24 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 34 - eXperimentos.


La Nueva Ola pretendía romper con todo lo anteriormente establecido en materia de Ciencia Ficción, y el lenguaje era, por supuesto, uno de sus blancos más importantes. Hasta la Nueva Ola, los escritores de Ciencia Ficción tendían a ser tradicionalistas en el uso del lenguaje: eran relatos escritos en primera o tercera persona, convenientemente agrupados en capítulos... Era la novelística de siempre. En ese sentido, la Ciencia Ficción había vivido de espaldas a los avatares que se vivían en las vanguardias literarias del "mainstream", desde el Dadaísmo y el Surrealismo en adelante. Los escritores de Ciencia Ficción, por tener una formación más científica que literaria, estaban a salvo de todo eso, y de esta manera, su prosa había seguido el camino de la prosa directa y sencilla del best-seller, en vez de los recovecos de lo experimental. Hasta la Nueva Ola, cuyos autores sí venían con todo ese bagaje mental en la cabeza, a la hora de sentarse frente a la máquina de escribir.


Uno de los pioneros en la Ciencia Ficción experimental fue Alfred Bester. En 1953, con cuarenta años, publicó su novela "El hombre demolido". La novela refiere la investigación policíaca de un asesinato en el futuro, provocado a primera vista por rivalidades corporativas. El quid del argumento es que en dicho futuro la telepatía es común, y por lo tanto, un asesino lo tiene muy crudo para esconder el crimen o sus motivaciones. Pero desde un punto de vista formal, Bester describió los pensamientos telepáticos de una manera original para la Ciencia Ficción: plasmó dichos pensamientos como letras formando figuras sobre el papel. En ese sentido, dichos pensamientos telepáticos son descendientes de los caligramas de Apollinaire, aplicados a un argumento híbrido entre novela negra y Ciencia Ficción. Para los usos de la época, tal manera de escribir una novela era saltarse todas las reglas del género.


Mencionar las toneladas de literatura de Ciencia Ficción experimental sería demasiado para los límites de estas Crónicas CienciaFiccionísticas, de manera que habremos de conformarnos con algunos ejemplos. Quizás uno de los experimentos más avanzados en este sentido es "A cabeza descalza", de 1969. En un futuro cercano y distópico, se libra una guerra a gran escala en donde la atmósfera es envenenada con agentes alucinógenos. La novela refiere el viaje de uno de los habitantes de dicho mundo a través de dicho mundo postapocalíptico, y está escrito con un lenguaje desintegrado, por expresarlo de alguna manera, que de esta manera refleja también los pensamientos desintegrados de los personajes prisioneros de su experiencia alucinógena forzada.


Un autor que prácticamente se especializó en la Ciencia Ficción experimental, es Samuel R. Delany. En su novela "Babel-17", una guerra intergaláctica utiliza como arma definitiva un lenguaje programado para influir subliminalmente sobre las personas: quien lo vaya aprendiendo, lentamente se irá convirtiendo en aliado de quienes lo han creado (enemigos de la Humanidad, por supuesto). Esta novela obtuvo el Premio Nebula en 1966, y Delany volvió a repetirse al año siguiente, esta vez con "La intersección de Einstein". La novela es un alucinado viaje por un universo futuro que ha construido su propio lenguaje y cosmografía con retazos de la cultura popular y los conocimientos humanos del siglo XX: el título deviene de que dichos habitantes han llegado a la conclusión de que el pensamiento einsteniano se intersecta con la idea de Gödel de que ningún sistema de pensamiento puede anclarse de manera axiomática e inamovible a la realidad. Samuel R. Delany es uno de los pocos autores experimentales que consigue verdaderamente hacer creer al lector que la ardua tarea de leer un texto difícil, y muchas veces a primera vista e incomprensible, es necesaria para entender unos universos narrativos que no podrían ser adecuadamente representados por la manera lineal y tradicional de narrar una historia.


Resulta interesante observar que estos autores tomaron mucha inspiración de una obra llamada "El almuerzo desnudo", publicada por William Burroughs en 1959. Dicha obra fue escrita de manera casi demencial: escapando de la justicia de Estados Unidos por el asesinato de su esposa (estando él drogado), Burroughs se escondió en Tánger y se dedicó a experimentar y consumir drogas a destajo, dejando anotadas sus impresiones. El resultado fue un libro que difícilmente puede llamarse "novela", porque no tiene ninguna estructura o patrón reconocible: es simplemente el diario de las alucinaciones de un adicto terminal a las drogas. Ya hemos mencionado que existe un poderoso nexo entre la Nueva Ola y la cultura de las drogas, por lo que no es raro que dicha obra haya sido tomada como punto de referencia. Lo más extraño es que Burroughs, después, escribió obras de Ciencia Ficción, cerrando así su círculo con los autores a los que había influenciado. En "Expreso Nova", describe la historia de una lucha entre policías y criminales en una futurista sociedad del "control". Dentro de la novela, el lenguaje funciona como virus que pueden llegar incluso a apoderarse de los seres humanos. Consecuentemente con esto, la novela está escrita usando la técnica del cut-up: se toma una obra completa (que puede ser una obra literaria, un recorte de prensa...), se recorta, y se pegan las palabras incluidas en el corte con otras a las cuales en principio son ajenas. Dicha técnica fue explorada por los dadaístas en forma contemporánea a la Primera Guerra Mundial, pero fue Burroughs quien la hizo popular. Hay una asunción implícita dentro del cut-up, que en cierta medida marca lo que después va a ser la autodestrucción de la Ciencia Ficción experimental más adelante: la idea de que todos los textos relevantes ya han sido escritos y no vale la pena escribir nuevos, y el escritor debe contentarse con remezclar lo que ya existe. A la larga, una asunción desesperada como esta es la antítesis misma de la creatividad, y por ende, la explosión de literatura experimental llevaría, cerca de una década después del inicio de la Nueva Ola, a su autodestrucción, en la búsqueda de una salida desesperada por maneras más creativas de abordar el género.

Próxima entrega: "La Ciencia Ficción se ríe de la Ciencia Ficción".

jueves, 21 de abril de 2011

La rebelión entre el Islam y Occidente.


El mundo entero ha reaccionado de maneras muy disímiles ante la crisis en el mundo islámico de inicios del 2011, aunque sea por la manera en que reptan al alza los precios del petróleo, pero hay un denominador común para todo esto: desconcierto. Quien diga que esperaba algo así más tarde o más temprano, miente como un bellaco. El mundo islámico en general, desde Marruecos hasta Indonesia, es una serie de satrapías en donde un consorcio de familias extendidas y más o menos en conveniencia con los gobiernos occidentales manejan a una enorme masa de gente empobrecida y víctima de guerrillas y ayatolas de varios colores y grupos distintos. Porque el Islam, que desde Occidente se ve tan grueso y monolítico, en realidad es una gigantesca bolsa de gatos, partiendo por la división entre chiítas y sunnitas, siguiendo por las sectas más extremas como los wehabitas, y prosiguiendo por naciones más abiertas a Occidente como Egipto. No era tan descabellado pensar que alguna vez, todo eso iba a estallar de un modo u otro, pero... ¿tan rápido?, ¿de forma tan intempestiva...?

A pesar de la visión simplista de las relaciones entre Islam y Occidente que nos aporta el cine de Hollywood, con gente buena y amante de la libertad versus terroristas que ululan en árabe mientras lanzan bombas o se inmolan con ellas, las cosas no son tan sencillas, y ahora hemos tenido otro ejemplo de esto. Se ha insistido bastante en que los rebeldes no son gentes afiliadas a las sectas más extremas del Islam. Los Hermanos Musulmanes de Egipto, por ejemplo, fueron sorprendidos por completo por la rebelión popular que derrocó a Hosni Mubarak, y sólo tardíamente se plegaron a la rebelión, sólo para ocupar un rol de comparsas. Y estamos hablando de un grupo especializado en vivir en la clandestinidad y que suponíamos ávido de aprovechar la más mínima oportunidad. Los rebeldes en general son gentes que aspiran a vivir como se vive en Occidente y están luchando para tener más libertad y más democracia, no para instaurar una dictadura yihadista que adopte la Shariah como Código Penal a la manera de Nigeria. ¿Por qué si Occidente ha sido el gran espantajo de las potencias occidentales, los rebeldes no son islámicos convencidos, sino tibios en el mejor de los casos...?

En realidad, esta rebelión nos enseña que el mapa conceptual es bastante más complicado de lo que parece. Desde el siglo XIX, Occidente ejerce una fuerte atracción sobre el mundo islámico. Occidente se presenta no tanto como un faro de libertad y democracia, como una invitación a tener un mejor estilo de vida. ¿Para qué alguien va a conformarse con ser pastor de cabras en una colina lejana de Asia Central o en un oasis del Sahara, si se puede tener todo el estilo de vida de los culebrones de gente rica y famosa de Estados Unidos? Puede que odien a Occidente por imponerles sangrientas dictaduras en algunos casos (Egipto), permitir o tolerar otras en otros (Arabia Saudita), o no pasar a los hechos directos desde una política de bravuconadas y balandronadas (Libia), pero no podrían odiarlo por su estilo de vida. Desde este ángulo, el islamismo radical la tiene bastante difícil para propagarse, y en los hechos, los verdaderos fanáticos islámicos son más bien una minoría. El Islam llevado a rajatabla, después de todo, obligaría a destrozar cualquier adelanto tecnológico. No en balde, los doctores de la ley islámica han sido tradicionalmente hostiles a la tecnología y al pensamiento científico desde época tan temprana como el siglo IX, cuando en Bagdad se opusieron a los racionalistas de la escuela filosófica de los mutazilíes, y han seguido en esa misma actitud hasta el día de hoy. Y esto, más o menos por las mismas razones que en Occidente los sacerdotes han sido tradicionalmente hostiles al desarrollo científico: porque la ciencia, inquiriendo cosas al universo, podría llegar a probar que lo dicho en las Escrituras no se corresponde con la realidad, y entonces en dónde quedaría la religión (por decirlo suavemente).

Lo divertido es que alguna vez el mundo islámico tuvo los créditos posibles para apoderarse de toda la Tierra. El Califato Abasida, controlado desde Bagdad entre los siglos VIII y XIII, en su apogeo fue la potencia más poderosa de toda la Tierra, con más proyección internacional que China y más éxitos militares y riquezas que el Imperio Bizantino. La seguidilla de guerras que llevó a la entronización de los mongoles entre los siglos XIII y XVII, por motivos que son demasiado largos para reseñar acá, los arrojó por la pendiente del desastre. Cuando pudieron reponerse, ya Occidente estaba pisándoles los talones, y así ha seguido siendo hasta hoy.

Pero para sobrevivir en un mundo tecnológicamente occidentalizado, y también para que emires y pachás pudieran llevar una vida de lujos, debieron asumir la tecnología occidental. Si el jeque decide cambiar el camello por un Rolls Royce, necesita un mecánico que lo mantenga reparado y afinado, y ese mecánico no irán a buscarlo a Inglaterra: será un nativo entrenado y educado en materias occidentales. Si la esposa del jeque desea tener hijos sin riesgo de morirse de parto, deberán buscar médicos occidentales, o mejor aún, entrenar los propios médicos. A su vez, un sistema de gobierno y administración eficiente implica, claro está, tener gente que entienda de contabilidad y finanzas y computación... a la manera occidental. Puede que muchos países musulmanes estén sepultados en la corrupción y en los gastos de las familias reales que dilapidan alegremente los ingresos del petróleo, pero en medio de ese derroche, se ha ido formando una necesaria clase media de mentalidad occidental que preferirían reglas del juego más claras, menos autoritarismo... menos de esos jeques, precisamente. Pero son gentes que tampoco irán a arrojarse a los brazos del ayatola, porque entonces el médico tendrá que aprender Medicina según el Corán, el mecánico tendrá que volver a apacentar camellos, y los contadores deberán aprenderse la rígida, engorrosa y anacrónica legislación económica coránica.

En este juego a tres bandas, resulta temerario decidir quién va a ganar. Después de todo, hay demasiados intereses en juego, incluyendo el petróleo y la geopolítica (Canal de Suez, acceso ruso al Mediterráneo y al Indico, etcétera), como para que nadie se atreva a meter las manos ahí. Pero no está mal para nosotros los occidentales darnos un baño de realidad: el mundo islámico es mucho más complejo que las caricaturas que nos vende la prensa diaria, o las películas de Chuck Norris.

martes, 19 de abril de 2011

"Desde el abismo somos llamados para ascender".


Poema escrito en marzo de 2011:

¿Quién está llamándome?
¿Quién ilumina mi camino?
¿Quién está encontrándome
envuelto en poder divino?
Desde lo más profundo del abismo asciendo
empujado por el deseo irresistible
de encontrar al universo su luz encendiendo
en supernovas de incendio temible.
Es el espíritu de la trascendencia que guía mis pasos
transformando en pura luz la oscuridad alrededor,
armando la sinfonía universal a partir de retazos,
encendiéndola con un único y dantesco fulgor.
El vértigo del universo es tan solo demasiado
para una sola alma solitaria
pero tú y yo perseverantes y no desviados
encontraremos rutas varias
para apuntar con nuestro dedo hasta las distantes estrellas
hasta convertir los fantasmas del pasado en tristes centellas.
Eso se transforma y nos subyuga
en el universo, Bach, una fuga,
una perpetua espiral de música infinita
bañándonos por nuestra entera vida.
Desde el abismo somos llamados para ascender;
Desde la oscuridad encontramos el camino para Ser.

domingo, 17 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 33 - El arquitecto del Multiverso.


Quizás la mayor prueba de que el propio concepto de Ciencia Ficción estaba en entredicho, en los años de la Nueva Ola, es el Multiverso de Michael Moorcock. Ya hemos mencionado en las Crónicas CienciaFiccionísticas la influencia que tuvo Moorcock como editor. Pero también Moorcock ha sido un escritor terriblemente prolífico. Su aporte fundamental, descontando su trabajo como editor, fue haberle dado forma y cuerpo al Multiverso, una de las mitologías más ricas y complejas de la Ciencia Ficción.


En puridad, no puede considerarse al Multiverso como Ciencia Ficción propiamente tal, sino como un constructo en donde confluyen numerosos géneros literarios. El Multiverso no nació de la noche a la mañana, sino que fue edificado a partir de sagas individuales... que no eran necesariamente de Ciencia Ficción. De hecho, las novelas más populares dentro del Multiverso de Moorcock son las de espadas y brujerías a lo Conan el Bárbaro, no las de Ciencia Ficción (en particular el ciclo de Elric de Melniboné y su espada Stormbringer). Cada uno de estos ciclos (Elric, Corum, Dorian Hawkmoon...) puede ser leído de manera independiente porque en el fondo parten con una novela seguida de varias secuelas. Pero Moorcock, a la vez, tejió varios cruces entre ellas, haciéndolas partícipes de un mismo gran universo con múltiples planos entre sí. Cada uno de estos planos es un universo como el nuestro, o más o menos. De ahí que en algunos universos del Multiverso funcionan las leyes de la magia, mientras que en otros rige la ciencia. En términos de género, lo que hizo Moorcock fue básicamente intrincar sus relatos de Fantasía Heroica contra un marco general que pertenece a la vieja teoría de los universos paralelos propia de la Ciencia Ficción a partir de los trabajos de Murray Leinster de un cuarto de siglo atrás.


El hilo conductor de toda la saga es el Campeón Eterno, una especie de espíritu errante que es un héroe reencarnado miles de veces o quizás millones de veces a través de todo el Multiverso: Elric, Corum, Jerry Cornelius, todos ellos no son sino encarnaciones del mismo espíritu a lo largo de los siglos, los años luz y los universos. Dicho Campeón Eterno está llamado a luchar siempre para mantener el equilibrio entre el Orden y el Caos. Este es otro detalle importante: Moorcock consigue romper casi por completo con la influencia de la ética cristiana del bien y el mal. En el Multiverso no hay ni bien ni mal como fuerzas contrapuestas: existe el Orden y el Caos. Ambos deben mantenerse en equilibrio si los universos van a seguir funcionando. Si el Caos vence, el universo en cuestión se destruye, pero si el Orden vence, ese mismo universo se paraliza. De ahí que el Campeón Eterno sea efectivamente eterno: así es como debe permanecer para que el equilibrio sea una y otra vez reestablecido a través de los interminables conflictos internos entre héroes, naciones e incluso dioses.


No es demasiado difícil oler el aroma de la década de 1960 en los planteamientos filosóficos de fondo. La idea del Orden contra el Caos, la negación implícita del Cristianismo (Moorcock no es explícitamente anticristiano, sólo se limita a desconocer el "bien" y el "mal" en la manera cristiana de concebirlos), y la idea de una cosmología en la que no habrá ningún triunfo definitivo y en que todos están condenados a seguir luchando una y otra vez, tiene mucho que ver con las concepciones filosóficas que en esos años venían llegando desde la India. La idea del Campeón Eterno casi sobrehumano es casi un trasunto del Ubermensch (superhombre) de Nietzsche: irónicamente, aunque de manera quizás no demasiado sorprendente, Moorcock profesa ideas colindantes con el anarquismo.


Interesantemente, debido a que cada obra es a la vez una historia de aventuras como los pulps de toda la vida, y una pieza de un entramado superior, ninguna ha conseguido destacarse de manera absolutamente meridiana sobre el resto, y así el Multiverso puede ser considerado como una única gigantesca hipernovela con varias decenas de tomos. Y en su mezcla de géneros, Moorcock sentó las bases para la disolución de los límites de la Ciencia Ficción. En muchos sentidos, el Multiverso de Moorcock abrió el camino para que los fanáticos de la Ciencia Ficción pudieran comenzar a salir del ghetto en que habían vivido durante la Era Campbelliana, aunque al mezclarse, lo fueran a hacer con personas de aficiones colindantes con lo friki, y no todavía con la cultura mainstream.

Próxima entrega: "eXperimentos".

miércoles, 13 de abril de 2011

CIVIMPERIOS - Italia: La lucha por la Modernidad.


Durante siglos, y en palabras del canciller austríaco Metternich, Italia fue sólo una simple expresión geográfica en el mapa. Algo debía saber al respecto este Metternich, uno de los arquitectos del Congreso de Viena de 1815, que reconstruyó el mapa europeo después de las Guerras Napoleónicas, y que cegó las aspiraciones nacionalistas de los pueblos sometidos a potencias extranjeras, entre ellas los italianos. Y sin embargo, en el transcurso del siglo XIX, los italianos consiguieron levantar cabeza y transformarse en una nación europea hecha y derecha. Su historia, acá en Civimperios.

Desde la caída del Imperio Romano en el siglo V, ninguna potencia fuerte había conseguido unificar el territorio de la península itálica desde los Alpes en el norte, hasta Sicilia en el sur. Las más importantes potencias históricas en Italia eran Milán y Venecia al norte, Florencia algo más al sur, el Papado y los Estados Pontificios aún más al sur, y en el extremo, el Reino de Nápoles. Existían varias otras ciudades y estados más o menos independientes, pero en un proceso de canibalización implacable, hacia los siglos XVI y XVII habían desaparecido casi todos. Sin embargo, algunas almas preclaras lamentaban que Italia no pudiera estar unificada, en particular Nicolás Maquiavelo, quien culpaba al Papado de no ser lo suficientemente fuerte como para unificar a Italia, ni lo suficientemente débil como para permitir que otro lo hiciera.

La invasión de Napoleón Bonaparte a Italia, concretada en la campaña militar de 1796 y 1797, remeció a los italianos y ayudó a crear un sordo sentimiento de nacionalismo. En esa época, y desde el final de la Guerra de Sucesión Española (1714), el norte de Italia estaba bajo dominación austríaca. El nacionalismo cundió entre los italianos, y llevó a una sublevación generalizada en el contexto de la gran revolución europea de 1848. Sin embargo en el momento decisivo, el Papado que apoyaba dicho movimiento nacionalista, le dio vuelta la espalda, y las tropas austríacas por su parte, después de varias victorias militares, se impusieron a los rebeldes.

Un nuevo intento se produjo a partir de 1859. Ayudado por Napoleón III de Francia, quien buscaba socavar el poderío austríaco, la dupla conformada por el rey Víctor Manuel II del pequeño reino de Piamonte, y su eficiente ministro Camilo Benso, Conde de Cavour, lideraron una exitosa guerra en contra de Austria. En paralelo, el ejército del general Giuseppe Garibaldi en el sur obtuvo victorias sobre el Reino de Nápoles, y pavimentó el camino a la unificación. En 1860, la unidad italiana era un hecho, y faltaba Roma como último bastión. Sin embargo, Napoleón III cambió de idea y defendió al Papa, para no tener una nación italiana demasiado poderosa. La capital de Italia fue establecida en Florencia, aunque seguía latente el sueño de recuperar Roma. Al final, aprovechando que Napoleón III retiró sus tropas de Roma para luchar contra Alemania en la Guerra Franco-Prusiana (1870), los italianos invadieron Roma. El Papa se rehusó a guerrear, y con ello los Estados Pontificios, con sus once siglos de historia, fueron invadidos y cesaron de existir. El Papa se recluyó en Roma y se llamó a sí mismo “prisionero del Vaticano”, desatando la llamada Cuestión Romana. Los italianos, mientras tanto, fijaron su capital en Roma. La Cuestión Romana duraría hasta 1929, en que por un concordato se creó el actual Estado del Vaticano.


Teniendo una nación unificada, el Reino de Italia se lanzó a la empresa de obtener un imperio colonial, como otras naciones europeas. Sin embargo, había llegado demasiado tarde al reparto, y era demasiado débil, de manera que debió conformarse con Libia, en el norte de Africa, una delgada franja costera de territorio sin demasiado valor. En 1896 intentó invadir Etiopía, pero las tropas nativas, ayudadas por un territorio fragmentado y montañoso, les infligieron una salvaje derrota.

Italia entró a la Primera Guerra Mundial del lado de los Imperios Centrales, pero al año siguiente, en 1915, se pasó al bando de Francia e Inglaterra. A pesar de esto, no obtuvo significativas victorias contra su eterna rival Austria. En la mesa de negociaciones no le fue mejor, y quedó casi al nivel de las naciones derrotadas. Esto llevó a que los italianos apoyaran a Benito Mussolini, quien marchó sobre Roma con sus tropas en 1922, e instauró la dictadura fascista. Bajo Mussolini, Italia emprendió una segunda invasión militar contra Etiopía, en 1936, esta vez sí coronada por el éxito.


Mussolini entró a la Segunda Guerra Mundial al lado de Hitler, e intentó construirse un imperio a costa de Albania y Grecia, fracasando ostensiblemente. Los Aliados invadieron Sicilia en 1943, y saltaron al continente en 1944. Después de varias idas y venidas, Mussolini acabó fusilado en 1945. Al año siguiente, debido a su apoyo al régimen fascista, el rey italiano Víctor Manuel III fue exiliado, y se proclamó la República. En las décadas siguientes, Italia fue escenario de violentas luchas políticas entre la Democracia Cristiana y la derecha por un lado, y las brigadas comunistas, que alcanzaron su punto culminante con el secuestro y asesinato del Primer Ministro, Aldo Moro, en el año 1978.

Con todo, en el intertanto, Italia se integraba en el proceso de unificación europea posterior a la Segunda Guerra Mundial. En 1957, en Roma precisamente, Italia pasó a integrar la Comunidad Económica Europea. Al entrar en vigor en 1993 el Tratado de Maastricht, que creó la Unión Europea, Italia fue uno de los países fundadores. De esta manera se revierte la empresa nacionalista italiana de conseguir una nación con soberanía plena, para rendirla ante el gobierno común europeo. Lo que salga de ese proceso para los italianos, a la hora de escribir estas líneas es una incógnita.

domingo, 10 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 32 - El cronista de la irrealidad.


Aunque numerosos escritores de la Nueva Ola se formaron durante la década de 1950, y algunos comenzaron incluso antes, es probable que quien haya hecho la transición más completa sea Philip K. Dick. Sus primeros relatos tienen el aroma de la Ciencia Ficción clásica, de la Edad de Oro, mientras que en su evolución transitó sin problemas hacia la Nueva Ola, e incluso la sobrevivió. Y consiguió todo esto sin salirse demasiado de sus tópicos y preocupaciones fundamentales. En muchos sentidos, Philip K. Dick era un universo narrativo en sí mismo, y por ende, aunque permeable a las influencias externas, siempre se mantuvo íntegro y su obra está revestida de un sello muy peculiar que le es propio. En ese sentido, Dick escapa también al estereotipo del escritor de Ciencia Ficción, tanto en su vida como en su obra, y por lo tanto, es más fácilmente apreciado por los críticos de la "cultura general", que otros escritores de Ciencia Ficción más incrustados dentro del género.


Philip K. Dick nació el año 1928, en Chicago. Varios sucesos familiares lo turbaron profundamente: la temprana muerte de su hermana gemela primero, el divorcio de sus padres después, y una vida más o menos errante. Todo ello lo empujó a la literatura como medio de escape. Interesantemente, quiso ser un prominente escritor de literatura general, no un autor de Ciencia Ficción, pero a pesar de haberlo intentado, todas sus novelas "realistas" fueron rechazadas, y de hecho sólo una fue publicada en vida del autor. En paralelo, medio para sobrevivir, había vendido algunos cuentos de Ciencia Ficción, a menudo en revistas de última categoría. Nada parecía presagiar por aquel entonces que Philip K. Dick llegaría a ser uno de los autores más celebrados dentro del género. Obtuvo finalmente el reconocimiento cuando en 1963 ganó el Premio Hugo por su novela "El hombre en el castillo". Mirada desde ahora, clasificarla dentro de la Ciencia Ficción fue algo necesario porque en esa época no había donde encasillarla, pero más que Ciencia Ficción, encaja dentro del género de la historia alternativa o la ucronía. La novela se abre con una descripción de la vida cotidiana en la costa oeste de Estados Unidos, en una época contemporánea al texto, como lo haría cualquier novela realista, pero poco a poco, a través de pequeños detalles, el lector descubre que el Estados Unidos que se le describe no es el real, sino uno paralelo en que Japón ha ganado la Segunda Guerra Mundial y ha invadido la costa oeste. Uno de los personajes, por su parte, a través de consultas al I-Ching descubre que quizás la realidad en que vive no sea auténtica, y que en la verdadera realidad, que para este personaje es una fantasía, Estados Unidos habría ganado dicho conflicto armado.


En muchos sentidos, puede afirmarse que Philip K. Dick fue un escritor monotemático, hasta el punto que el lector puede experimentar una sensación de repetición después de haber leído varios cuentos o novelas suyos, no todos ellos igualmente logrados por cierto. El tema omnipresente en casi todo el imaginario de Philip K. Dick, salvo probablemente en sus primeros relatos, es la naturaleza de la realidad. El grueso de los personajes de Philip K. Dick, en un momento u otro de la historia, deben afrontar la evidencia de que quizás su existencia no es como debería ser, y que la realidad en la que viven es falsa, está fracturada, y debe ser de alguna manera u otra recompuesta. La consecuencia es que los personajes dickianos no sólo viven en un estado de constante paranoia, incapaces de distinguir lo que es real y lo que no, sino que además deben dudar de ellos mismos y de su propia naturaleza: en última instancia, la conciencia que tienen de sí mismos y de su propia identidad también podría ser falsa. Dick exploró, explotó y agotó el tema en cuantas canteras se le pusieron a tiro: la idea de que la realidad es creada por los medios de comunicación ("La penúltima verdad"), de que pueden existir múltiples historias alternativas ("El hombre en el castillo"), de que pueden existir máquinas capaces de crear realidades alternativas dentro de la mente de las personas conectadas a ellas ("Laberinto de muerte"... en esto, Dick anticipaba visionariamente lo que después va a ser el cyberpunk, y de hecho más de alguna película del género se basará en una novela dickiana), de que las alucinaciones provocadas por las drogas quizás sean la verdadera realidad y el estado de sobriedad sea una "realidad falsa" (el cuento "La fe de nuestros padres", publicado en "Visiones peligrosas", gira sobre este tópico, en un Vietnam futuro que ha invadido Estados Unidos), de que existe una realidad religiosa y trascendente por encima de la nuestra... No es casualidad tampoco que la obra de Dick sea profundamente contestataria, y que cada dos por tres denuncie a las grandes corporaciones o al Gobierno por conspirar y mantener en la ignorancia de las sombras a las personas comunes y corrientes.


Merced a estos tópicos, Philip K. Dick se transformó en un autor inmensamente popular, en particular después de su temprana muerte en 1982. En el tiempo de su muerte y después, el mundo comenzaba a ser invadido por la gran revolución de las telecomunicaciones, en particular con el nacimiento y desarrollo de Internet. Philip K. Dick había predicho tales desarrollos y el uso que se le iba a dar a tales máquinas, para crear completas simulaciones de la realidad, hasta el punto que los seres humanos se iban a transformar en simulacros. Hoy en día, parte de la existencia de millones de personas se da a partir de avatares en Internet, perfiles de Facebook, etcétera, mientras que expresiones como "si no estás en la televisión no existes", o "si no apareces en Google no existes", son una realidad. De ahí que la obra de Dick haya sido rehabilitada de manera póstuma. De hecho, como observamos, el cyberpunk tiene una enorme deuda con Philip K. Dick, ya que los temas tratados enraizan en este autor, y de hecho la película "Blade Runner", una de las fundacionales del género, se basa lejanamente en una novela de Dick. Por orden más o menos cronológico podemos citar además "El vengador del futuro", "Sentencia previa", "Impostor", "El pago", "Una mirada en la oscuridad"...


Como puede observarse, Philip K. Dick es en muchos sentidos una personalidad única dentro de la Ciencia Ficción. Otros, en paralelo a él, abordarán la Nueva Ola de maneras muy distintas. Y si Philip K. Dick se permitía dudar del universo como un todo, el creador de la Nueva Ola en Inglaterra hará justamente la labor contraria: construir uno de los más vastos universos de fantasía jamás concebidos. Ese fue el empeño en que trabajó Michael Moorcock, y su resultado fue el Multiverso.

Próxima entrega: "El arquitecto del Multiverso".

martes, 5 de abril de 2011

Inicio del Quinto Ciclo de "Corona de Amenofis".


Ayer lunes 4 de abril comenzó, después de una postergación de un mes, el Quinto Ciclo de "Corona de Amenofis". El primer episodio se titula "Irrupción". Se ambienta varios meses después de la Masacre de Guiñaleufú, el evento que cerró el Cuarto Ciclo. En este capítulo se clarifica el estatus de algunos personajes acerca de los cuales se ignoraba si habían sobrevivido o no a la masacre. Además, es la primera vez que aparece directamente un qwindazar en la trama. Y se abre por fin el fragmento de la fortaleza espacial de Megatitlán sumergido frente a la Bahía de Valparaíso, con una gran sorpresa en su interior para los exploradores.

Los siguientes capítulos, segundo y tercero del Quinto Ciclo respectivamente, se titularán "Feral" y "A través del espejo". Cada nuevo capítulo se irá publicando semanalmente los días lunes, en el blog de Corona de Amenofis (http://coronadeamenofis.blogspot.com).

INICIO DEL CAPÍTULO "IRRUPCIÓN":

Los dos jóvenes de ojos rasgados se miraron el uno al otro, sonriendo, y luego volvieron a mirar en el escaparate, no para contemplar los vestidos de alta costura exhibidos detrás, sino para ver su propio reflejo como pareja romántica. El sonrió de manera un tanto tímida, mientras que ella no pudo evitar doblarse y soltar una risilla. Luego, dejando la risa y señalando a una esquina del escaparate, le dijo a su pareja en shanghainés:

–¿Y eso, qué es...?

En el reflejo de la esquina del escaparate podía verse una mancha de intensa luminosidad, tanto que podía sobreponerse a la contaminación luminosa provocada por la luz artificial de la noche de Shanghai, y que no era una estrella porque no tenía forma de punto o esférica, ni un satélite o avión porque no parecía ir de un punto a otro del firmamento. En vez de eso, era una mancha naranja que crecía poco a poco, y de esa mancha naranja salían filamentos de tonos igualmente naranjáceos.

Ambos se dieron vuelta y miraron hacia lo alto.

El cielo de Shanghai empezaba a verse inundado por la presencia de color naranjo, una mancha que seguía creciendo con contornos demasiado definidos para ser una nube, pero demasiado extraños como para ser un objeto de los que el común de las personas son capaces de identificar en la Tierra. Los filamentos iban y venían, en apariencia algo retráctiles, como si se un gigantesco pulpo o calamar se tratara. Algunos de esos filamentos parecían no conectarse con la nube misma; quizás algunas secciones de aquello fueran invisibles, o acaso vinieran de alguna otra parte del tiempo o del espacio.

Los dos jóvenes empezaron a caminar, nerviosos, tratando de alejarse de la zona en donde estaba apareciéndose esa cosa, pero sin largarse a correr aún, inseguros de si esto los haría más notorios. Mientras ella refugiaba su cabeza en el pecho de él, éste miró al cielo una vez más, a tiempo para ver un par de luces blancas que inundaron el cielo con un destello cegador.

De pronto ella se llevó las manos a las narices. Agitando temblorosamente los dedos, los mostró delante del joven.

–Estoy sangrando. ¡Estoy sangrando, estoy sangrando!

El joven descubrió que su nariz también sangraba. Miró alrededor: los peatones también sangraban. Luego miró sus manos: unas feas manchas rojas comenzaban a aparecer, y esas manchas se abrían en heridas como de quemaduras.

Dos nuevas vivísimas luces blancas se vieron en el cielo, y a continuación de ellas, el sangrado y las manchas se incrementaron. La joven, sintiendo que toda su vida se escurría de su cuerpo a través de la sangre que derramaba incesantemente ahora por todos los agujeros de su cuerpo, trató de aferrarse al joven, pero él ya no podía sostenerla, cayéndose él mismo víctima de aquello.

Aunque nadie en las calles o edificaciones de Shanghai podía mirar para atestiguarlo, enfermos como estaban, los filamentos naranjáceos en el cielo retrocedían.

domingo, 3 de abril de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 31 - Revienta la Nueva Ola.


Aunque había escritores que venían siendo precursores desde la década de 1950, como por ejemplo Theodore Sturgeon y Philip K. Dick, ambos más o menos encauzados dentro de la Edad de Oro para después destaparse por completo en el seno de la Nueva Ola, lo cierto es que por la cultura de contención y decencia que imperaba en el mundo anglosajón de ese tiempo, la presión por un cambio se fue encerrando en un dique, reventando apenas por las costuras, y cuando estalló, lo hizo con la fuerza de un huracán. Aunque la Nueva Ola ya existía en cierta medida, dos hitos fueron fundamentales para darle carta de naturaleza y ayudar a cartografiarla de una manera que tanto los escritores como los lectores pudieran entender de qué se trataba el nuevo fenómeno. El primer hito es la asunción de Michael Moorcock como director de la revista inglesa "New Worlds", que impulsó la Nueva Ola en Inglaterra, y el segundo, la creación de la antología "Visiones peligrosas" por parte de Harlan Ellison en Estados Unidos.


A pesar de que suele considerar a "New Worlds" como la punta de lanza de la Nueva Ola, lo cierto es que la revista es tan antigua como 1946. En sus inicios, la revista adoptó una postura hacia la Ciencia Ficción similar a la de "Astounding Stories" en Estados Unidos, lo que significa que en líneas generales adscribía a los postulados de la Edad de Oro campbelliana. El editor durante la mayor parte de esos años fue John Carnell, que pasó a ocupar en Inglaterra un rol similar al que John W. Campbell tenía en Estados Unidos, o sea, ser el faro y guía de lo que debía ser o no la Ciencia Ficción. Sin embargo, aunque Carnell se apegaba a la Ciencia Ficción científica y tecnológica, así como a la aventura pura y dura, tenía una actitud más promisoria hacia la calidad literaria, y de hecho, bajo su dirección se formaron varios escritores que en el futuro integrarían la Nueva Ola: Brian Aldiss, J.G. Ballard, Michael Moorcock...


En 1964, la dirección de "New Worlds" fue asumida por Michael Moorcock, entonces de 25 años, y casi treinta más joven que su mentor. El cambio generacional fue notorio. Moorcock alejó a "New Worlds" de la Ciencia Ficción dura, y en cambio, trató a su publicación como si fuera una revista literaria cualquiera, sólo que su material de base eran los relatos que más o menos estaban vertebrando la Nueva Ola. Comenzó a darse entonces el fenómeno tan característico de la Nueva Ola, en el cual el concepto de Ciencia Ficción estaba tan desdibujado, reacios como eran a la noción campbelliana del género, que empezaron a preferir hablar de "ficción especulativa". Muchas de las obras publicadas como Ciencia Ficción, en realidad es discutible y de hecho se discute su adscripción al género, tan tenues son los lazos con los temas y preocupaciones fundamentales con el resto del género. "New Worlds" se convirtió en algo más genérico, en un bastión de la contracultura inglesa en su ala literaria, y la Ciencia Ficción era sólo un elemento más dentro de la mezcla. A tanto llegó esto, que la publicación de la novela "Incordie a Jack Barron" del nunca demasiado tranquilo Norman Spinrad, en forma serializada, le ocasionó a "New Worlds" problemas con el gobierno de Inglaterra.


Este fenómeno llamó poderosamente la atención de Harlan Ellison, un escritor de Estados Unidos que durante su entrada a la literatura le tocó vivir justamente el período inmediatamente anterior y contemporáneo a la revolución. Ellison se hizo de reputación tanto por escribir cuentos de bastante crudeza ("No tengo boca y quiero gritar", sobre cinco humanos sobrevivientes en un futuro postapocalíptico y a merced de una extraña entidad que los tortura sádicamente, es considerado con justicia uno de los mejores relatos de Ciencia Ficción jamás escritos), como por su trabajo de guionista, incluyendo varios de los más celebrados capítulos de "Viaje a las estrellas", la serie puntera de la Ciencia Ficción de su tiempo. Ellison discurrió crear una antología en que los más importantes nombres de la nueva literatura que estaba emergiendo, estuvieran representados cada uno con un relato. De manera que pidió a varios escritores un relato a cada uno, con dos condiciones: en primer lugar debían ser inéditos, y en segundo lugar debían ser de Ciencia Ficción, pero sobre un tópico lo más alocado y contestatario que se pudiera. Lo llamó, apropiadamente, "Visiones peligrosas". El libro se publicó en 1967, en tres tomos, con 33 relatos en total (uno de ellos del propio Ellison), a los cuales Ellison escribió sendas introducciones que servían más o menos como carta de presentación de los escritores (salvo su propio relato, que fue prologado por Robert Bloch). A su vez, la antología fue prologada por Isaac Asimov, y tuvo el éxito suficiente como para permitir una segunda antología, además de una tercera que jamás llegó a ser publicada. En la rica cascada de nombres antologados figuran Lester del Rey, Robert Silverberg, Frederik Pohl, Philip José Farmer, Robert Bloch, Brian Aldiss, Philip K. Dick, Larry Niven, Fritz Leiber, Poul Anderson, Damon Knight, Theodore Sturgeon, J.G. Ballard, John Brunner, Norman Spinrad, Roger Zelazny y Samuel R. Delany.


La reacción hacia "Visiones peligrosas" fue brutal. Todo el material e ideas que antes andaba disperso por la Ciencia Ficción estadounidense, ahora aparecía condensado en tres volúmenes. La antología cumplió también con ir de frente contra numerosos tabúes: incluye crítica religiosa, comentarios sociales, canibalismo, asesinos sicópatas, etcétera. Pero el más importante y casi omnipresente sobre el libro, probablemente sea el sexo, que se trata abiertamente y sin tapujos, no en su vertiente pornográfica sino en sus múltiples posibilidades (homosexualidad, incesto, relaciones de diferente edad, etcétera). Probablemente el nivel de los relatos sea desigual, y no todos ellos han pasado adecuadamente la prueba del tiempo. Pero el buen quehacer de los mejores escritores del género en su minuto, más lo puntilloso de los temas tratados, y la exploración de posibilidades dentro del género, le han asegurado un importante lugar en la Ciencia Ficción, hasta el punto que no es exagerado afirmar que "Visiones peligrosas" es la más importante antología jamás escrita dentro del mismo.

Próxima entrega: "El cronista de la irrealidad".
Related Posts with Thumbnails

¡Blogoserie a la carta!: ¿De qué género quieres que sea el o la protagonista?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuántos protagonistas quieres que sean?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál será la ambientación?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Contra quién se enfrentan el o los héroes?

¡Blogoserie a la carta!: ¿Cuál es la motivación del protagonista?