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domingo, 13 de marzo de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 28 - Detrás de la Cortina de Hierro.


Mientras que la Ciencia Ficción anglosajona, en particular la posterior a la Segunda Guerra Mundial, se extendía como modelo por el resto del planeta, las cosas iban diferentes en la Unión Soviética. Debe recordarse que la cultura de Estados Unidos era considerada como procapitalista y por tanto "enemiga del pueblo" en la Unión Soviética, y por lo tanto, llena de antivalores contrarios a la paz, la solidaridad y la fraternidad universal que deben abrazar los seres humanos (siempre siguiendo la doctrina oficial, por supuesto). Y sin embargo, a pesar de ser un género tan asociado a lo anglosajón, la Ciencia Ficción encontró cultores en Rusia. Pasada la sorpresa inicial, la explicación cae por su propio peso. Después de todo, luego de la Revolución Rusa, los soviéticos habían iniciado la maquinización forzada de toda la sociedad, desde arriba hacia abajo, por vía de represión allí donde fuera necesario, y por lo tanto, la idea de mecanización (mecanización de los procesos productivos, pero en cierta medida también de los propios seres humanos) no era ajena al espíritu ruso del siglo XX. Aún así, los avatares políticos de la Unión Soviética tuvieron mucho que ver con la evolución que el género tuvo allí.


La Unión Soviética fue construida en el período de entre guerras, desde la Revolución de 1917 hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Como puede observarse, este fue justamente el período en el cual el viejo Romance Científico dio paso a la Ciencia Ficción gernsbackiana, y posteriormente a la campbelliana, así como a la construcción del ghetto de fanáticos en Estados Unidos, todo esto por iniciativa privada de escritores y editores y sin intervención del Estado, por supuesto. Pero en el este, y como todas las otras artes bajo el régimen soviético, la Ciencia Ficción también debía ir bajo los dictámenes de la nueva sociedad que el Partido Comunista estaba construyendo. Eso significaba que por un lado, la Ciencia Ficción podía ser un género privilegiado, en tanto podía ayudar a la gente a familiarizarse con las maravillas de la ciencia y de la técnica, pero por otra parte, la Ciencia Ficción estadounidense, la principal rama y la punta de lanza del género, estaba vedada. En lo esencial, se consideraba que la Ciencia Ficción gernsbackiana y campbelliana, con seres humanos henchidos de confianza e individualismo, conquistando un cosmos poblado de extraterrestres inferiores y a menudo malvados, era una literatura imperialista, militarista, racista y facista. Por lo tanto, esa Ciencia Ficción en Rusia estaba prohibida. Si los autores soviéticos querían inspirarse en autores extranjeros, éstos debían ser europeos, ojalá no demasiado influidos por la Ciencia Ficción de Estados Unidos, y en lo posible anteriores a la eclosión del género que vino de manera conjunta con la literatura pulp en dicho país.


De esta manera se dio la curiosa situación de que, mientras la antigua Ciencia Ficción de Julio Verne y Herbert George Wells había sido superada rato hacía en todo el mundo, en la Unión Soviética eran probablemente los autores más populares del género. La Ciencia Ficción soviética de los '50s, con su énfasis hipercientífico y sus valores humanistas, parece una extraña prolongación del Romance Científico del siglo XIX. La fe en el progreso, que inundó al mundo europeo en el siglo XIX, se prolonga en la Unión Soviética del siglo XX, en progreso ella misma hacia una sociedad utópica (o eso trataba, a lo menos), y esto le da algunas características peculiares. La Ciencia Ficción soviética de los años '50s en general es tecnooptimista. Mientras que la Ciencia Ficción estadounidense incidía una y otra vez, y con mayor énfasis a partir de 1945, en el temor atávico del ser humano a la máquina que se descontrola y se rebela contra sus creadores, o a la ciencia que se escapa de las manos y termina destruyéndolo todo, la Ciencia Ficción soviética ponía un énfasis supremo en la tecnología como medio radical para que la sociedad del futuro asegurara la felicidad a todas las personas. Se partía también de la base de que el ser humano es bondadoso por naturaleza, en particular si vive en alguna clase de utopía, y que todos los problemas podían ser solucionados a través de la ciencia aplicada positivamente, el ingenio, el cálculo, el razonamiento, la solidaridad y la hermandad entre las personas, e incluso entre todos los seres vivos.


A partir de la década de 1950, en particular después la desestalinización (luego de la muerte de Stalin, en 1953), hubo otra vez contactos entre la Ciencia Ficción estadounidense y la soviética, cuando los volúmenes escritos en ruso empezaron a ser traducidos al inglés, y viceversa. El encuentro fue algo parecido a dos alienígenas tomando contacto unos con otros. Y, como si de un relato de Ciencia Ficción se tratara, el temor a lo diferente que impregna de manera subliminal buena parte de la Ciencia Ficción estadounidense, la hizo impermeable a la influencia soviética. Por su parte, la Ciencia Ficción soviética sí que resultó más permeable a la influencia estadounidense. El principal problema era el ethos de ambas: mientras que la Ciencia Ficción estadounidense pone tradicionalmente su énfasis en el individuo, a menudo enfrentado al sistema, la Ciencia Ficción soviética de la época no tendía a ver una dicotomía entre ambas, ya que sus héroes solían luchar a favor de un sistema omnipresente pero benevolente para con el individuo. Con todo, la censura oficial hizo que la Ciencia Ficción de Estados Unidos entrara con cuentagotas, y por lo tanto, estos contactos fueron, cuando menos, tímidos.


Aunque el primer gran exponente de la Ciencia Ficción de la era soviética probablemente sea "Aelita" (1923), una novela en la que el protagonista es un ruso que descubre una sociedad semicapitalista en Marte, será Iván Yefrémov el autor más importante de este período. Yefrémov fue un paleontólogo que contribuyó a darle forma a la Tafonomía, disciplina interesada en el estudio de los procesos de fosilización de los organismos vivos. En medio de su copiosa producción científica, Yefrémov se dio tiempo también para escribir algunos libros de Ciencia Ficción. Su obra clave probablemente sea "La nebulosa de Andrómeda" (1956), que describe una sociedad futura que se rige, de manera nada sorprendente, por los parámetros propios de la ideología comunista. La novela es interesante en su mezcla de aventura espacial en la tradición más pulp, con exposiciones didácticas sobre esa utopía ideal en que la Humanidad está integrada con otras razas sintientes del cosmos, y será uno de los referentes de la Ciencia Ficción soviética posterior.

Próxima entrega: "Emerge la Ciencia Ficción en castellano".

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