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miércoles, 16 de marzo de 2011

CIVIMPERIOS - Imperio Inca: Hijos del Sol en los Andes.


Con sus cerca de dos millones de kilómetros cuadrados de territorio, el Imperio Inca fue el más grande y poderoso de todos los imperios precolombinos. Los quechuas, el pueblo fundador del Imperio Inca, fueron los últimos de una larga tradición de civilizaciones que crecieron en los Andes peruanos y se transformaron en focos de civilización para toda la costa occidental de América. A continuación, la historia del Imperio Inca en Civimperios.

Los quechuas residían en el Valle de Cuzco, uno de los varios existentes en Perú, y aparentemente era una de las tantas tribus que más o menos sobrevivían en un estado de semibarbarie después de la caída de otras poderosas ciudades más antiguas, concretamente Tiahuanaco y Huari. Incluso vivían opacados respecto de los chancas, un grupo de belicosos vecinos que los mantuvieron siempre a raya. Los quechuas en esta etapa no parecen haber pasado de ser una jefatura que más o menos controlaba el Valle del Cuzco, y nada hacía presagiar el importantísimo rol que iban a jugar en la historia posterior. En el siglo XV, de hecho, el más importante centro político que existía era Chimor, en la costa peruana, muy al norte de los valles andinos en que se encontraba Cuzco.

A comienzos del siglo XV, el gobernante Viracocha cambió la política de efectuar saqueos en regiones vecinas, y pasó a tentar la anexión directa. Esto hizo recrudecer las tensiones entre quechuas y chancas, lo que llevó a una guerra decisiva en 1438. Los chancas se abalanzaron sobre Cuzco, y ante la amenaza, Viracocha huyó despavorido. Aquél hubiera sido el prematuro final de los quechuas, de no ser por la enconada defensa que emprendió Pachacútec, el hijo de Viracocha, que se quedó en la ciudad y consiguió una resonante victoria sobre los chancas, que ya nunca más serían una amenaza para los quechuas.


Pachacútec siguió de esta manera en el trono, e inició una rápida y agresiva expansión militar. Pero no se limitó al militarismo puro y simple, sino que reorganizó al imperio. De esta manera construyó el santuario de Coricancha, desde el cual reestructuró de arriba abajo la religión para fundar un culto imperial. También organizó administrativamente el imperio en cuatro grandes provincias, por lo que pasó a ser conocido como el Tahuantisuyo, el “Imperio de las Cuatro Regiones”, queriendo un poco también significar la aspiración al dominio universal que pretendía. A la vez, impulsó una política de colonización que implicaba llevar tribus leales a la periferia del imperio, intercambiándolas con poblaciones recién conquistadas para mantenerlas vigiladas en el corazón del mismo. También mandó construir la fortaleza de Sacsahuamán, que protegía el Cuzco, como una manera de impedir rebeliones contra la autoridad del inca.

Túpac Yupanqui sucedió a Pachacútec en 1471, y completó la conquista de Chimor, el último gran reino que quedaba aparte del mismísimo Imperio Inca, por lo que éste pasó a ser una potencia literalmente universal dentro del mundo andino. A su vez, en 1493 fue sucedido por Huayna Cápac, quien en general impulsó un gobierno más tranquilo y estable. Fue bajo Huayna Cápac que comenzó a forjarse la leyenda del Imperio Inca como un paraíso de estabilidad y tranquilidad, lo que en muchos respectos probablemente fue cierto, pero también enmascara el hecho de que el imperio se impuso por el mismo recurso que tantos otros, a saber, despiadadas campañas militares contra todos sus enemigos.


Huayna Cápac cometió un desafortunado error al dejar el imperio en manos de dos herederos: Huáscar y Atahualpa. Pronto, ambos se enzarzaron en una guerra civil que debilitó mortalmente a ambos. Atahualpa consiguió vencer, pero un suceso inesperado torció su destino: la aparición de hombres barbados montados en extrañas bestias venidas desde el norte. Eran los españoles, quienes acaudillados por Francisco Pizarro, tentaron un audaz golpe de mano y se apoderaron de Atahualpa. Y es aquí donde el Imperio Inca mostró una mortal debilidad, porque a pesar de su superioridad numérica, los guerreros imperiales no acertaron a rescatar al Inca, quien luego de pagar un cuantioso rescate, acabó siendo ejecutado de todas maneras por los invasores.

Pero entretanto, los incas habían conseguido organizarse. Francisco Pizarro había instalado en el poder a Manco Yupanqui en calidad de títere, pero éste se sublevó. Los españoles, que a esas alturas habían recibido refuerzos y disponían de mejor tecnología, consiguieron sofocar la revuelta, pero Manco Yupanqui escapó y prosiguió la resistencia contra los españoles desde la ciudad de Vilcabamba, en lo profundo de las montañas peruanas. El Imperio de Vilcabamba controlaba el Valle del Cuzco, mientras que los españoles se habían quedado con todo el resto del Imperio Inca, manejándolo desde la ciudad de Lima, fundada en la costa (en un irónico reverso de los acontecimientos, porque la costa había sido el asentamiento del derrotado Chimor). Finalmente, en 1572, una expedición española consiguió conquistar Vilcabamba, y con ello desapareció el último resabio de independencia de los incas. Con todo, la conciencia incaica no ha desaparecido, y en el transcurrir de los siglos, se ha convertido en un elemento clave del nacionalismo peruano, y más genéricamente, de todos los pueblos indígenas del Altiplano.

2 comentarios:

David dijo...

Quisiera saber acerca de la civilización inca ya que me interesa mucho su historia y por eso trato de aprender constantemente acerca de este tema.

Guillermo Ríos dijo...

Uno de los proyectos pendientes de la Guillermocracia es escribir un artículo más largo y extenso sobre el Imperio Inca, que no en balde fue la más grande civilización autóctona de Sudamérica. Por un motivo u otro no se ha podido, pero sigue en carpeta.

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