domingo, 27 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 26 - El mundillo de las convenciones.


Otro factor que contribuyó a revitalizar la Ciencia Ficción en la década de 1950, cuando parecía que la Edad de Oro se estaba agotando, fueron las convenciones. En realidad, las convenciones de Ciencia Ficción eran cosa de antigua data. En cierto sentido, ya cuatro fanáticos reunidos en una casa pueden considerarse como una "miniconvención". Durante la Era Gernsback, al formarse el ghetto de la Ciencia Ficción, era lógico que los aficionados comenzaran a reunirse en clubes y juntas. El más importante de estos grupos, en tanto sirvió de cantera para numerosos grandes escritores posteriores, fue el de los Futurianos, que ya hemos mencionado varias veces. Pero faltaba institucionalizar el proceso.


En 1939 se realizó la primera de las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción. Como otras empresas, ésta tuvo orígenes bastante improvisados. Fue convocada por Sam Moskowitz en la ciudad de Nueva York, y convocó a una pequeña cantidad de público. Los escritores de Ciencia Ficción no son ajenos a las pequeñas mezquindades propias del alma humana, y como la creaba gracias al Club de Ciencia Ficción de Queens, los Futurianos (rama escindida de ésta) no fueron invitados ni considerados en lo absoluto. Por supuesto que, a la medida en que iba creciendo el fandom (contracción de las palabras inglesas "fanatic kingdom", y que designa a los fanáticos de la Ciencia Ficción, o de la cultura friki en general), estas pequeñas hostilidades y rencillas estúpidas tuvieron que ir siendo dejadas de lado, en pos de la causa superior de sacar avante el género. Las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción empezaron a celebrarse todos los años, salvo 1942, 1943 y 1944 (por el imperativo de la Segunda Guerra Mundial), en el Día del Trabajo, que en Estados Unidos es el primer Lunes de Septiembre. A tanto llegó el éxito, que las Convenciones Mundiales de Ciencia Ficción (abreviadas Worldcon) dieron pie a otras relacionadas, como la Convención Mundial de Fantasía o la Convención Mundial de Horror, ambas acerca de los géneros a que sus nombres remiten.


Ya en la década de 1950, las Worldcon se habían institucionalizado y transformado en una tradición dentro del mundillo de la Ciencia Ficción. Los efectos de esto fueron ambiguos. Por un lado, las Worldcon se transformaron en un caldero hirviente en donde los fanáticos podían retroalimentarse los unos a los otros, en una época en que no existían redes sociales como Facebook, y por lo tanto, constituyeron un vivo estímulo al género. Por el otro lado, la idea de que las Worldcon eran espectáculos para fanáticos, contribuyó a mantener la idea de que la Ciencia Ficción era un ghetto, algo que por el otro lado, por el de las publicaciones de novelas "serias" y "respetables", venía derribándose poco a poco.


En 1953, un aficionado llamado Hal Lynch estaba viendo la ceremonia de los Premios Oscar, y de repente tuvo la idea brillante que, aunque parezca extraño en retrospectiva, nadie había discurrido hasta el minuto: ¿por qué la Worldcon no podría tener sus propios "Premios Oscar de la Ciencia Ficción", por así llamarlos? Así fue como en la Convención de 1953 (la Philcon II, porque era la segunda celebrada en Filadelfia, Estados Unidos) tuvo la primera versión de los Premios Hugo, destinados a homenajear a lo mejor de la Ciencia Ficción en el año. Interesantemente, como algo muy revelador del ethos del fandom de Ciencia Ficción, los Premios Hugo son votados por el público asistente a la Worldcon (con ciertas reglas, y cupos, etcétera). El nombre era por supuesto un homenaje a Hugo Gernsback, que a la sazón en 1953 era un veterano de 69 años, y presencia casi infaltable de lo que en esas fechas, por otro lado, era mirado casi como el Pleistoceno de la Ciencia Ficción anglosajona. Los Premios Hugo se transformaron en el más importante galardón de la Ciencia Ficción en adelante, y después en un reclamo publicitario más, así como los Oscar lo son para la promoción de las películas, cuando la Ciencia Ficción empezó a invadir la cultura mainstream.


Pero probablemente el legado más importante de las convenciones de Ciencia Ficción, sea haber creado, o al menos ayudado a crear, el modelo de friki que se conoce actualmente: el trekkie que va con orejas de vulcano, o el fanático de Star Wars que posa con su sable de luz. En aquella década estaba naciendo un nuevo festín para la prensa sensacionalista, contribuyendo así a mantener la mala imagen popular que tendría la Ciencia Ficción aún por muchos años.

Próxima entrega: "Mientras tanto en Francia...".

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