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domingo, 20 de febrero de 2011

Crónicas CienciaFiccionísticas 25 - La decadencia de los superhéroes.


Mientras la Ciencia Ficción anglosajona se hacía más madura en la Literatura, e intentaba abrirse paso en el cine, en el cómic estaba a punto de sufrir algunos rudos golpes. En materia de cómics, hablar de Ciencia Ficción era hablar claramente de superhéroes. Y estos superhéroes, tan populares durante la Segunda Guerra Mundial, estaban a punto de entrar en decadencia.


Durante la Segunda Guerra Mundial, los superhéroes habían sido populares gracias a que encarnaban los valores del "Bien" y la "Justicia" en un tiempo, tiempos de guerra, en que tales cosas estaban bien definidas y marcadas. Pero pasada esa confrontación, surgió la Guerra Fría, y con ella, las acciones espectaculares de lucha abierta se hacían menos creíbles. Después de todo, los superhéroes habían ayudado a ganar la Segunda Guerra Mundial, pero ahora, ¿cómo era posible que no pudieran enfrentar al enemigo ruso y derrotarlo, como antaño al enemigo nazi?


Las cosas se pusieron peor con el crecimiento del puritanismo moral, consecuencia casi inevitable del Macartismo. Mientras se concebía al bloque soviético como "el Mal" y el representante de toda clase de malos valores, el lado estadounidense debía por lo tanto reforzarse. Muchas cosas que eran socialmente aceptables antes de la guerra, se tornaron criticables, incluyendo dos clásicas obsesiones de los censores, que son el sexo y la violencia. Y las historietas de superhéroes podían ser muy violentas, y aunque por razones lógicas no incluyeran sexo explícito, sí que poseían entre líneas una carga erógena bastante fuerte. La Literatura se libró porque se estaba haciendo más adulta en un país que, invadido por la televisión, leía cada vez menos, mientras que el cine de Ciencia Ficción se dirigía más bien a los adolescentes. Sin embargo, las historietas se dirigían principalmente a los niños, el pretexto más fácil y desprotegido para la hipocresía de la censura, y por eso iban a ser la víctima propicitaria. En este medio, las "investigaciones" de un sujeto llamado Fredric Wertham, que publicó un libro panfletario llamado "La seducción del inocente", llevaron a acusar a los cómics de pervertir a la juventud. Wertham consideró que Batman y Robin en realidad eran una pareja homosexual encubierta, algo que puede y se ha discutido, pero que Wertham y la mayor parte de los estadounidenses consideraban malo sin más, y se acabó. Superman, por su parte, era según Wertham el reflejo de fantasías sadomasoquistas de poder totalitario y castigo. Y la Mujer Maravilla, a su vez, por su actitud decidida frente al Mal, en vez de ser una chica sumisa esperando a ser rescatada por un hombre, era la encarnación misma del lesbianismo. Ante los reclamos de Wertham, incluso el poder político llegó a tomar cartas en el asunto.


Si bien el golpe de Wertham contra la cultura (de superhéroes, pero cultura al fin y al cabo) fue rudo, en realidad el género de los superhéroes venía en decadencia, y no costó mucho hundirlo casi por completo. Sólo los más fuertes (Superman y Batman, por ejemplo) sobrevivieron, mientras otros fueron derechamente discontinuados, y sus casas matrices quebraron. En su afán de higienizarse un poco, las historietas se volvieron también más descafeinadas y políticamente correctas. Mientras que en sus orígenes Batman era un caballero oscuro, en la década de 1950 pasó a ser casi un payaso en lucha contra estrambóticos elementos alienígenas, que nunca habían sido parte de su trasfondo superheroico. Superman, por su parte, era constantemente ridiculizado en las portadas de su propia serie, muy lejos de aquellos días en que no dudaba en estrellar automóviles con malandrines, como lo era en la mítica primera portada de Action Comics de 1938.


Pero esto no duraría, claro está. En la década de 1950, Julius Schwartz tomó a su cargo la editorial DC Comics, y bajo su égida, los superhéroes empezaron a vivir un segundo aire. Schwartz había trabajado como agente literario de algunos grandes de la Ciencia Ficción (Alfred Bester, Robert Bloch, Ray Bradbury, etcétera), y por lo tanto, conocía los resortes del género y hacia donde evolucionaba. Una vez a cargo de DC Comics, relanzó a un antiguo héroe llamado Flash. El experimento tuvo éxito, y pronto le insufló nueva vida a antiguas glorias como Linterna Verde o Hawkman. Aún era pronto para decir que los superhéroes tenían una segunda gloriosa vida, pero era un comienzo. Faltaba todavía algún tiempo para que los superhéroes se revolucionaran con la llegada de Stan Lee y Jack Kirby, entre otros grandes prohombres, que entre todos levantarían a la gran rival de DC Comics: la Marvel Comics.

Próxima entrega: "El mundillo de las convenciones".

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