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miércoles, 16 de febrero de 2011

CIVIMPERIOS - Atenas: La escuadra que construyó un imperio (Parte 2: La caída).


En el año 478 antes de Cristo, la instauración de la Liga de Delos y su evolución en un sistema en que las islas pagaban un tributo a Atenas a cambio de protección contra el Imperio Persa, dotaron a la ciudad de Atenas de un verdadero imperio marítimo. En lo interno, Atenas se jactaba de su sistema político democrático, pero en lo externo, el descontento contra lo que se percibía como una Atenas abusiva e imperialista, iba creciendo. Por su parte, en lo interno, el partido aristócrata, conservador y defensor de los privilegios, debió ceder al partido popular, partidario de la democracia. El principal líder del partido popular fue Pericles, que aprovechó el esplendor económico de Atenas para dotarla de bellos edificios como el Partenón, y fomentar las artes y la cultura. A esta edad de oro se la llama, no sin razón, el Siglo de Oro de Pericles.


Pero existía en Grecia otra potencia, que era Esparta, y no había espacio suficiente para ambas. Esparta explotó hábilmente la animosidad de los aliados de Atenas contra los atenienses, y en 431 antes de Cristo, con un incidente político menor como pretexto, lanzó una guerra total contra Atenas. Los atenienses se replegaron detrás de sus muros y los espartanos arrasaron con sus cultivos. Sin embargo, los atenienses sobrevivieron gracias a su flota, con la cual se abastecían de alimentos desde el exterior. Pero no pudieron evitar la peste, que se llevó a una gran cantidad de atenienses, incluyendo a Pericles. Esto fue una catástrofe para Atenas, porque Pericles era hábil y moderado en sus políticas, y quienes lo sucedieron eran hombres de talante claramente inferior, y agresivamente militaristas e imperialistas. La conducción de Atenas por estos hombres llevó a una serie de desaciertos, que terminaron dejando sola a Atenas en contra de Esparta. A su vez los persas, interesados en quebrar a Atenas, financiaban a los espartanos.

El año 405 antes de Cristo, los espartanos habían logrado tener una poderosa flota, y sorprendiendo a la ateniense, la derrotaron en plena forma. El asedio posterior de Atenas duró un año, al cabo del cual debió rendirse por hambre. La democracia fue derrocada a favor de un gobierno oligárquico promovido por Esparta, pero éste resultó tan duro, que los atenienses se sublevaron y reinstauraron su democracia una vez más. Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y Atenas, aunque seguía siendo poderosa, ya no lo era tanto como en el período de Pericles.

Así como Atenas había sido temida por su poder, ahora era el turno de Esparta. Los atenienses explotaron el descontento contra las dictaduras que Esparta había montado en las ciudades de Grecia, y se lanzaron a la guerra. En el año 378 antes de Cristo montaron una segunda confederación, y trabaron alianza con Tebas, una ciudad griega que estaba obteniendo resonantes victorias contra Esparta. La hegemonía espartana fue finalmente rota, pero los atenienses no pudieron mantener su liga: una rebelión entre los años 357 y 355 antes de Cristo rompió esta segunda liga.

En realidad, parte importante de esta rebelión se debía a la influencia que ejercía un nuevo poder en el norte: Macedonia. El crecimiento de Macedonia fue observado por algunos atenienses, incluyendo a un gran orador llamado Demóstenes, pero los atenienses permanecieron insensibles ante el peligro cada vez más evidente. En 338 antes de Cristo, una coalición de ciudades griegas fue derrotada por los macedonios en la Batalla de Queronea, y Atenas entre otras ciudades cayó en poder de Macedonia. Aún así, durante algunos años los atenienses no sufrieron demasiado porque el rey macedónico, Alejandro Magno, se lanzó a la conquista de Persia y los dejó más o menos solos. Pero a la muerte de Alejandro Magno en 323 antes de Cristo, una sublevación generalizada de ciudades griegas acabó en fracaso. Demóstenes, el gran defensor de la independencia ateniense, prefirió envenenarse.


Con las conquistas de Alejandro Magno, el mundo griego se había expandido enormemente, y Atenas ahora era una ciudad opaca y de segunda línea. Ni siquiera era la mayor luminaria cultural que había sido durante Pericles, opacada por nuevos centros del saber como Pérgamo o Alejandría. Grecia estaba más o menos sometida al dominio de la Dinastía Antigónida, descendiente de un general de Alejandro Magno que se había hecho con un trozo de su imperio. Atenas, a pesar de su decadencia política, seguía siendo una ciudad de cierta importancia comercial. Sin embargo, ávida de recobrar su pasado político, no se sumó ni a la Liga Aquea ni a la Liga Etolia, contribuyendo así al caos y anarquía que debilitaban a Grecia en conjunto contra Macedonia.

En el año 196 antes de Cristo, los romanos invadieron Macedonia y declararon la libertad de las ciudades griegas; un nuevo conato macedónico fue castigado por los romanos en 168 antes de Cristo. Pero el caos estalló otra vez en Grecia. En 146 antes de Cristo, los romanos ingresaron a saco en Grecia y ésta vez se la anexaron. De esta oscura manera acabó en definitiva la independencia política de Atenas, y la misma fue convertida en la provincia romana de Acaya. Siguió siendo un centro cultural de importancia durante el siguiente medio milenio, pero su carrera política se había terminado.

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